martes, octubre 31, 2006

Retratarse retratando


“Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio.” Desde luego, Truman Capote (1924-1984) no conocía la contención cuando se trataba de hablar de sí mismo, una honestidad y una brillantez que tampoco le faltaban cuando miraba por la ventana del papel en blanco y vertía sus testimonios sobre la vida que discurría ahí afuera.
En su momento, a Capote se le estudiaba como uno de los referentes del nuevo periodismo, esa escritura donde convergía la verosimilitud de los reporteros y el arte de los creadores. Ahora se intenta explorar su personaje con películas notables donde queda de relieve su hambre de reconocimiento y la entrega con la que se abandonaba a la literatura y los excesos.
Pero sí de verdad quieres conocer al ser humano, a ese escritor que rebosaba frescura y acierto a la hora de filtrar sucesos y conciencias con las palabras, leelo. Visita por ejemplo Música para camaleones, un muestrario de cuentos, rarezas, reportajes y autoconfesión que conmueven e inspiran casi sin descanso.
Surgirá algún pero, claro. El exceso de localismos o algunas pegajosas obsesiones: los asesinos y sus motivaciones o el envanecimiento personal. Pero apenas si se nota, porque lo importante discurre durante una lectura donde te puedes sentir más inteligente, más sensible, más desolado también, más lúcido y consciente en suma. Y el mérito corresponde, claro, a esa implacable retratista del mundo real, el señor Capote, el tipo que crea relatos fantásticos y sugerentes solo con ejercitar la memoria y su talento para la puntuación y los diálogos.
El libro contiene vida y desgarro en cantidades industriales, pero hay dos piezas que conmocionan por encima del resto: Día de trabajo y Hola desconocido. En la primera, acompaña a una mujer de la limpieza durante su jornada. Lejos del aburrimiento, Capote compone un fresco lleno de sugerencia (por los sitios que visitan) y ternura (por la latina mujer que se confiesa). La segunda, rezuma inquietud y poesía con una rara conexión personal entre un cuarentañero y una quinceañera.

domingo, octubre 29, 2006

Entra frío


Algunas veces
algunas noches

la memoria me inventa días felices

instantes donde reíamos por todo lo que no sucedía

lunes eternos

donde nos caían cervezas
como latigazos de luz,

mientras nos abandonábamos
a la rotunda relajación de un secreto
o el sabor de unas bravas.

Tres amigos, unas pocas notas de rock
y la sensación de que todo debería ser así de despacio.

Esos momentos.
Cuando se escapan un par de alegrías,
el calor de tu piel detenida en unos ojos profundos y tristes.

También las bromas del escritor con mejores ambientes
alguien con quien explorar salvajes princesas

noches en las que me quedaba mirando pared
confiando en que los dibujos detuvieran su movimiento

mientras estos miedos
me seguía desenjaulando

todos.

No digo que no me estuviese haciendo daño
ya sabes
por dentro.

Pero nos bastaba con la luz del parque
en
cualquier duda de Aluche.

Las ventajas del cartón de vino y
la certeza de que nuestros cuerpos no podrían
soportar tantas incertidumbres.


No eran los mejores tiempos
pero sirven para venerarlos
porque eran los nuestros.

La risa de cuando disparatas,
sus despistes cargados de genialidad
o el modo en que ignorábamos las tormentas.

Poco aire

parecida tristeza

y la rabia de
cuando nos hemos
ignorado con tanta tarde esta cordialidad.

Tarde que ya no puede ser noche.

Supongo
no era para tanto.

aunque a veces

siga entrando frío.

lunes, octubre 23, 2006

Niños llave


Los niños caminan lentos
lentos
como si el mundo se hubiera televisado sin descanso.

Toda la prohibición
surge sin condiciones
basta la electricidad
de un pensamiento.

El reflejo movimiento de una curiosidad


(antipoderes del ordenador)


¿De dónde vienen esos adultos prematuros?

Una mujer joven y madura
los protege con su

tristeza de lunes reciente.


Pero no es fácil
despertarse con la voz metalizada de una
rock celebridad.
Sigue siendo un despertador.

El problema de cuando
la radio
habla por los que no conoces.

Meditabundo como
un adelantado.

Sólo.

Mareado por una responsabilidad con la calle

Y continúa

sin hermanos tampoco.

Esta gente con la llave anclada en el pecho.


En fin que nueve años es
demasiado rápido
demasiado rápido para entristecerse sólo.

Vacío


Ya no cuentan los años. Ni siquiera la expansión de las decepciones. Mirando esta agua irreal que arañaste de la realidad puedo descansar. Descanar del mundo. Descansar de mi. Cuarenta años y un hijo y un par de novelas. Pero no puedo librarme de tu recuerdo. De tu tacto. Por eso esta noche me pienso refugiar en el calor de esta botella. Y no, no te creas tan importante. Es sólo que las ruinas están aquí dentro.

sábado, octubre 14, 2006

Animal sagrado


La mirada de la Mujer de Agua explora la belleza de otros cuerpos. Mujeres con la piel tersa y el cerebro hecho de laberintos. Arquitectura de infinitas invenciones que cuando baila parece un mito en movimiento. Y esta ejecutiva intocada también es infiel con la mirada. Y por dentro. Con convulsiones de deseo. Dos mujeres distanciadas en el espacio se recorren esta noche con el despacioso tacto de las bailarinas en ascensión. Y algo te impide dejar de escucharlas.

Algo parecido a la felicidad

Aplastada en las rutinas de la familia
y la moral miseria de
una industria en declive
sonríe con miradas tristeza
una chica con alma cristal
de Bohemia.

Desde el principio,
casi desde cuando no acierto a recordar
el niño la mira con
secreta fascinación como
quien divisa una promesa
en medio del océano

allí donde ella le pide que siga el juego.

El chico es bueno
muy bueno
pero tiene agallas
y una de esas miserias
que acaban no importando.

Su manera de inclinar la espalda
como si todo le sobrepasase
le consume en un orgasmo de ascensor.

El chico bueno
con la melancólica mirada que
inventa los monstruos más interesantes
para el nuevo y mejor día de los
peques desamparados.

Y puede que nada salga como en las
leyendas

quizá porque esta es una leyenda
tan sutil

que lloras por dentro.

Y lo haces porque estas
con esa expectante silencio
de los instantes en que sientes
liberación




Y más contento
trabajas duro para impulsar una
Granja
mientras te lías un porro
y la chica que deseas
la chica que te incendia
se enamora de cada detalle

Y afirma con la mirada
y niega con las palabras.

Cómo no vas a ensoñarte
de esos azules
con los que ella no detiene la fascinación
mientras cubre de ternura
el sueño de los enanos.

Hay tanta incertidumbre
y una de esas borracheras
esclavizando te acaba

En el piso de sesentañeros
se extinguen sin descanso

Pero la historia de Monika
sin treinta todavía
te libera,
esa manera en la que mueve las manos
me ha permitido fotografiarla
esta noche
en un breve resplandor.

La leyenda lo insinúa

Y cuánto vale una insinuación

con tu insinuación sobra para todo
para mi al menos
será que no tengo no me importa una checa corona
será que mi corazón sigue sin llenarse
o que no puedo parar de celebrarte
y tu me lo notas

más que mis carencias
notas
el increíble cambio
esa manera en la que podemos hacernos

esa manera en la que nos contagiamos la risa



A veces hace falta eso
unos cuantos momentos
unas manos te santifiquen la espalda
y la sola insinuación de ese tren que has cogido
Un tren que vale por lo que hubo

y todo lo que habrá

jueves, octubre 05, 2006

La niña de las preguntas imposibles


Cuando su padre se descuida, ella trepa por su pierna como si fuera el único rascacielos que la puede proteger del jabón que le está picando en los ojos. Natalia sonríe al verla así, hecha un guruño que no deja de trastear mientras le pasa nuevos playmobiles a su hermano Javi. Cuando se quedan juntos, no necesitan más de un par minutos para vivir una historia con el barco que les regalaron los reyes el año pasado. Con el mismo final de siempre: la barcaza hundida y los muñecos por los aires mientras compiten por ver quien es el que se pone antes el pijama. La pequeña Natalia sale corriendo a la cocina y mira como hipnotizada a su madre. Cuando cree que está suficiente ensimismada, le pregunta. ¿Mamá por qué no puedo casarme con el primo cuando sea mayor? Una mezcla de sorpresa y ternura la recorre. ¿Te gusta? Sí, mucho. Natalia se conmueve. Recuerda como cuando pequeña le pasó algo parecido. Pero nunca se hubiera atrevido a decirlo. Así que decide actuar justo de la manera en la que seguro no lo hubiera hecho su madre. Primero la sonríe, luego le acaricia el pelo y enseguida le explica que no se puede casar con él porque si no sale de casa nunca podrá encontrar al chico con el que mejor se lo pasará en toda su vida. Complacida, la pequeña Natalia le suelta un beso y le dice, casi sin pensarlo, sabes mamá, a veces tengo miedo que se me rompa el corazón, porque os quiero tanto a ti y a papá, bueno y también a Javi que no se…Mira, mira, tócamelo, a que parece va a estallar? Con los ojos bañados, Natalia la levanta muy alto y sonríe y…Pero qué personaje que estas hecha y empieza a morderla..Ay no, mamá para, para, mientras ríe con esa magia con la que deben estar hechas las fibras de los movimientos más afortunados del universo.

martes, octubre 03, 2006

Fuera de ti


Si miro las inscripciones de tu piel, debo pensar en ti como una mujer elegante. Inconclusa por elección. Vives en Nueva York porque todos necesitamos alguien enigmático y atormentado que sacuda la rutina de nuestras tristes mañanas de triste. Hasta alguien americano como Hopper. Y sí, te conozco. Bella como para provocar diferencias. Inteligente como para asustarte por todo lo que no sientes. También desgarrada como para temblar dentro. Dentro. Aquí, tal vez. Una sola vez. Apretando los labios traes momentos. La risa y el escándalo serán nuestra única salida. No dejo de mirar esos pies desnudos. Puede que notes enseguida mi impostado acento, pero ahora sé que no puedo indiferenciarme ante tus expectativas enjauladas. Simplemente no saber donde estas. El anhelo que te electrifica los pulmones. Mientras imaginas. Unos instantes. Ya no lo intentas. Tan sólo te sabes. Tus emociones y tu esclavitud. Con suerte, no seremos mucho más que eso: esclavos cardiacos de las estrellas. Pero ya no podré rescatarte de aquel cine saqueado, en el que la energía de tu silencio sugiere un lleno de vacío y placer. El alma de una coleccionista de detalles. Detalles para reír más, lástima ese cazador de angustias haya atrapado también el placer de tu cerebro. Ninguno conocerá ya tu sala de cine. Esa en la que a veces no puedes aguantar la historias porque liberan tu cuerpo y con él la tristeza de todos los momentos prohibidos. Esa en la que a veces yo también pruebo a refugiarme olvidando todo lo que podría haber sido.

viernes, septiembre 29, 2006

No lo pienses, hazlo


Superado el vértigo, vive en Barcelona y gana una cantidad de dinero algo más que razonable. Ha conseguido dejar de lado la angustia. Angustia por todo lo que jamás será capaz de alcanzar. Angustia para paralizarse por las cosas cotidianas: afeitarse, comprar todo lo necesario del super, enfadarse. Le gusta esta ciudad. Con esas avenidas donde mujeres elegantes beben con descuido la luz de los sábados. A media tarde. Las risas con los amigos recientes. Gente con la que las bromas ofrecen un juego continuo. Ya por la noche, transportado por una serenidad apenas inaugurada. Sentado. Como si de repente se hubiese apaciguado el brillo del lobo. Hambriento. Vitalista también. Sucede entonces, la música se desmorona y las conversaciones fragmentarias marean. Al salir del baño. La reconoce. Parpadea y sonríe con esa extrañeza que inspira a la gente que vive de madrugada. Le hace gracia que él se dedique a la publicidad. Pero no sé inventar un eslogan para que la gente sonría sin pensarlo. Miente. Ella lo sabe. Declinan los bares y alguien interrumpe. Parece que lo está pasando bien. A punto de quedar sin sangre. Casi toda atragantada en su sonrisa. La mira. Se miran. Demasiada luz. No te vayas. Intenta no detenerse. Las sombras interiores. Se acerca. Ella parece un hermoso ciervo. Ya no sonríe. No averigua nada. Despacio. Noche en los ojos. Sangre fluyendo. Quiero llevarte a un sitio. Y ella no necesita palabras. Ninguno las necesita ya.

viernes, septiembre 22, 2006

City of blinding lights




Algunos días resulta divertido ser estrella del rock. Esas canciones con las que puedes hablar de ti mismo con algo de distancia y alegría. Un ciclo que encuentra la cima en esos encuentros con el público. Momentos en los que te entra frío y una desconocida te sonríe como si te conociera de antes. Intentas entonces, sí lo intentas, entrecerrar el horizonte con todo lo que podría cambiar y bailas con una energía invencible. Te cubre el cielo de Berlín. En ese instante te recuestas en la butaca y te enamoras de la equilibrista, cómo detener el estremecimiento de esa bella criatura recostándose sobre la cama. Melancólica cuando se alegra, una niña cuando ríe. Princesa cuando apura la copa de vino frente a un desconocido. Es extraño. Nunca imaginaste fascinarte con un cineasta yankee enfermado con la poesía visual de los europeos. Win Wenders. Y en alguna fracción de segundo te parece que sus imágenes y tu cultura de los resplandores diarios encajan. Arrodillado, con una ciudad hambrienta y legendaria, la encuentras mirándose en el espejo. Viene del futuro. Y cuando te sonríe otra vez decides hacer todo lo posible para hacerte el encontrandizo. Aunque sea a costa de quebrarte las costillas en tu descenso desde el cielo.

jueves, septiembre 21, 2006

El desplazamiento de los dioses


Alguien algún día te prometió el gobierno de los días. Una situación en la que las tardes se inclinaban sobre tus rodillas, mientras despachabas casi sin pereza a las princesas que requerían tus favores. Una mezcla de pasado y promesas incumplidas. Hasta que una noche te levantas impulsado por un malestar incurable. El universo ha decidido que el único vehículo para tu progreso será el sufrimiento. El sufrimiento hasta límites incontenibles, cuando te acercas a la barra y ya no te llega la borrachera. En el olimpo ya no te reservan el palco para conmoverte con la insistencia de los humanos por destrozar sus límites y sus cuerpos. De repente, se te agotan los sueños. Descubres por ejemplo que esa sirena no gastaba sonrisas tan especiales y que ni siquiera era capaz de hacerte estremecer cuando os abandonabáis en las ruinas de la espuma. Ha sido un largo viaje. Momentos donde la conciencia no inventaba palabras, ni cuerpos, ni emociones. Los ojos impedidos para pintar nuevos estados del alma. Instantes en las que sentiste que la desolación sería definitiva, como esa foto que William Blake te tomó en mitad del XVIII. Y, sin embargo, esta noche la has encontrado envuelta entre las sombras. Inesperada. Vulnerable. Fascinante. Una humana que no te confunde con un dios. Una cómplice, al fin.

lunes, septiembre 18, 2006

Liberación concéntrica (II)


Sí, hay turbación en esas habitaciones. Mujeres que se replantean el sentido de sus existencias lejos de casa. La desesperación y algunas de las historias más interesantes surgen con la placidez del descanso o la abundancia. Por el camino, intuimos algo de las gentes de México. Su habilidad para sentirse cómodos y taciturnos en el silencio. La naturalidad con la que celebran las pequeñas alegría y destierran la ansiedad porque las cosas no salgan bien (casi siempre). El misterio de unos ojos profundos. La desinhibición de unas aldeanas que como sus numerosas familias han aprendido a conciliar con naturalidad religión y pobreza, incertidumbre y armonía, sexo y supervivencia.
Para relatar estos contrastes la autora prescinde de barroquismos, pero no se rinde al lugar común. Y con esa voz propia articula una sucesión de narraciones, donde se entremezcla la mirada de la exitosa madre de familia, la mujer invisible de puro convencional, la chica americana ingenua o la brillante y autodestructiva intelectual enganchada al alcohol. Pero no cae en la trampa de los arquetipos, explora a fondo los sueños y logros (además de las insatisfacciones) de unas mujeres en permanente repentina búsqueda. Hermanadas al fin por una unión prohibida, que crea a su alrededor una onda concéntrica de liberación mental y física. Para emprender un nuevo rumbo que puede conducirlas a la extinción, la duda sistemática y la esperanza. Un viaje que inquieta y emociona.
(Por cierto: El único tío con el que hay un poco más de implicación, podría convertirse en un referente muchachesco. Escéptico, reflexivo, hedonista y divertido. En apariencia, un poco apocado y algo perro. Pero con buena mano para encontrar su sitio en el trópico, con noches fermentadas en el sexo y la placidez de las cervezas que vive junto a sus chicas, un conjunto de mujeres con el sí a punto con las que el mundo se vuelve en un lugar sólo con presente, donde el placer y el abandono nos envuelven mejorando el precedente de aquella cuna donde te pasabas comiendo y durmiendo todo el día).

Liberación concéntrica (I)


Al otro lado del océano existe un universo paralelo donde la gente también se enfada y celebra en castellano. Con la diferencia de que allí hay mucha más gente y energía, con ese impulso propio de las naciones adolescentes, de reciente civilización occidental, con infinitas posibilidades derivadas de sus no demasiado explotados recursos naturales.
En ese ambiente, se estiran países como Méjico, el lugar donde surge el amor y engaños de esta historia. En algún lugar de esa tierra, allí donde hay riqueza natural y no muchas comodidades, una empresa establece una colonia de sus trabajadores para que desarrollen una presa que suministre agua a la región.
El modus vivendi de los habitantes, en su mayoría españoles, depende de si son o no parte activa de la empresa. Dicho en plata: ahí los que trabajan son los hombres, que se pasan toda la semana laborando en la presa. Entretanto, durante cinco días plácidos y aburridos, las esposas tejen una red de contactos sociales tan convencionales como para que una recién llegada traductora de textos, esposa de uno de los ingenieros, sea expuesta a la insaciable curiosidad de la mayoría.
La encargada de concebir el drama y aventura (el libro se llama 'Días de amor y engaños') en esa situación es Alicia Giménez Barlett, la misma que ha creado la exitosa saga de Petra Delicado, la detective más famosa de la novela negra española. Así pues he de confesar que, fiel a mi trabajada ignorancia, la única referencia con la que contaba de esta autora era la cara de Ana Belén poniendo escepticismo y sugerencia a Petra (compañera en el santoral) en una serie de corto recorrido que emitió Telecinco 5. (La semana pasada conocí a Giménez Barlett gracias al periódico y me ha parecido una señora -aunque ronde la cincuentena, transmite jovialidad- agradable, cercana, con lo que se redondea la buena impresión sobre el libro).
Pronto se disipó la nebulosa; la novela está notablemente escrita. Sin artificios. Con una precisión que maravilla, sobre todo a la hora de reproducir con palabras los estados mentales de las mujeres protagonistas; más densas, complejas y turbadoras que sus esposos. Y engancha. Hasta el punto de que cuando te quieres dar cuenta no eres tu el que buscas la lectura, es la historia la que te encuentra. Es muy raro que te ventiles un tocho de casi cuatrocientas páginas en apenas tres noches.
El motivo de esa voracidad es que Giménez Barlett conoce con bastante detalle las frustraciones del alma humana. Así como las facultades de nuestro deseo, con esa facilidad de la piel por sublevarse, que cambia las inhibiciones de la mente por una sobredosis de vitalidad. Algo que acaba causando estragos en una sociedad donde (y apenas reparamos en ello) parece estar consensuado un solo camino para moldear las inquietudes de decenas de miles de individuos.

jueves, septiembre 07, 2006

Alma de lobo (2)


Hay muchos lobos con talento. Fuertes. Valientes. Potentes. Grandes. Y también los hay un poco demasiado pequeños para la supervivencia. A esos, Pepu les dijo: si somos más pequeños, tendremos que ser más rápidos. Y España reventó a Grecia. De todos ellos, Gasol ha recibido con merecimiento el MVP. Por sus números y por su inspiración. Ha estado en sus estadísticas NBA, pero ha jugado con una determinación y corazón que emocionan. Como si a Fernando Martín le hubiesen sumado diez centímetros. Con la gracia que tiene ver a un tipo a medio camino entre vagabundo y grunchero atender con amabilidad a todo bicho viviente. Navarro se ha confirmado como una versión amable de Drazen Petrovic; hay jugadas, hay momentos en los que parece que sus canastas y sus movimientos no son mejorables. Garbajosa lo hace todo bien menos jugar de pívot (de espaldas al aro). Ni falta que le hace: ningún pívot actual tira y pasa como él. Calderón nunca se podrá reprochar nada cuando llegue a viejo: pule al detalle cada acción. El problema es que a veces compite con demasiada ansiedad; lo malo de gastar tanta autoexigencia. Pero hacía tiempo que no veíamos a un base con tan buena lectura del juego y ese don para dejar bandejas. Jiménez: el señor de los intangibles: rebañando rechaces, generando espacios, leyendo pases y apurando en defensa. Del resto, no es fácil ser rápido. Rudy nos hace dudar de la existencia de atmósfera; un proyecto de Kobe a la europea. Berni: anima una jartaá y cuando sale lo hace casi todo bien. Cabezas: se pone nervioso con la roja, pero con confianza no hay dios que detenga su entrada a canasta y aplicación defensiva (verdad Mister Papadoukas?). Mumbrú: Chicho Sibilio en blanco, un buen exponente del suavemente me matas, el único de este grupo que tuvo el buen gusto de nacer en el 79. Marc Gasol: si no se duerme, seguirá cerrando muchas bocas. Felipe Reyes: ardor guerrero, su canasta tras rebote luego de tiro libro fallado define su carrera. El triunfo del instinto. Y he dejado para el postre el jugador que más me ha impresionado en este negocio: Sergio Rodríguez, la genialidad hecha baloncesto. El tipo que crea pases para el deslumbramiento donde otros solo ven laberintos.
Entretanto, Pepu a duras penas lograba contener la emoción en sus ya de por sí brillantes ojos. Lo había logrado, había pulverizado el miedo, había hecho realidad el sueño. Ampliando las rotaciones, haciendo sentir importantes a cada uno de sus hombres. Doce años de Estu, una Copa del Rey y un subcampeonato de Liga y de ULEB después había llegado a la cima de la satisfacción. Y del prestigio. Pero la calma ya no estaba ahí. Recordó entonces, cuando de pequeño, su padre le llevaba al Bernabeu. Y evocó también como cuando se puso la pintura de los dementes, escogió bailar el ritmo loco y desorganizado de los indios. Se hizo del Atlético. Pero esa era lo de menos. Como hermano mayor que había sido, lo que ya no podía sacudirse de la memoria eran los buenos momentos que había pasado junto a él. Así es la vida. Nunca hay emociones puras. Al menos nos queda el recuerdo de esa persona que un día nos enseñó a reír, a mejorar anécdotas o a no defraudar demasiadas promesas mientras compartía nuestro asombro por estar aquí.

Alma de lobo


Cada uno ama, siente un equipo por un motivo diferente. En los años ochenta, cuando los seis o siete años, empecé a fascinarme con el Real Madrid y sus triunfos (Liga, Copa de la UEFA…) y casi más con su mítica. Recuerdo preguntarle a mi padre acerca del imperio de las cinco copas de Europa. Y los de la Quinta siempre perdían en la comparación, quizá eso me ayudó a entender mejor las tres semifinales continentales que al poco tiró a la basura esa generación. Hubo incluso un tiempo en el que quise cambiarme de equipo, ser del Atlético y tal y tal, con el deslumbre de sus fichajes. Pero como no ganaban, el atrevimiento me duró un par de semanas. Por eso soy del Madrid: ya hay demasiadas derrotas en la vida como para seguir sufriendo con el fútbol. Y eso que últimamente los de blanco sólo nos dan disgustos. Pero ya es tarde para mí.
Como lo es para Pepu. Sí, el seleccionador nacional de baloncesto. Ese tipo que se ponía la mano en el pecho, ahí arriba en el podium de Japón, para que no se le reventara el corazón. Su padre había muerto la noche anterior y el tío estaba aún más emocionado por la tristeza que por la gloria. Una nueva demostración de que su alma es la de un muchacho. A veces, también la de un lobo. Una de esas criaturas que progresan porque su honestidad, su hambre de gloria, su humanidad es salvaje. Al contrario que otros entrenadores de élite, este tío te parece íntegro, de una pieza, capaz de atender con el mismo respeto y atención a un periodista de la SER que a uno de una emisora confinada en el sur de Madrid.
Al contrario que a la mayoría de la gente con poder, a Pepu no le ha entrado el miedo a ganar. Ese vértigo que hermana a pusilánimes y brillantes a la hora de escoger una táctica ganadora, gestionar un problema en casa o seducir a una desconocida. Pepu ha sido fiel a sí mismo. Ha analizado a sus lobos, les ha recordado el placer de cuando el corazón bombea la sangre conforme te acercas a la presa y les ha dicho: sé tú mismo, por eso te escogí para la manada. Por eso, España ha arrasado.
La selección ha ganado todos los partidos del mundial y la preparación (18). Y menos en el partido de Argentina, donde por fin nos tocó la suerte de los ganadores, lo ha hecho con diferencias favorables por encima de los diez puntos. Encima, ha jugado bonito, abarrotando los partidos con mates, tapones, contraataques plásticos y triples en desequilibrio (cortesía del señor Navarro). Son talentosos y encima estaban hambrientos. Consecuencia: han jugado como los genios balcánicos, pero sin su marrullería y mal ganar, añadiéndole al asunto un toque insaciable a lo Carpanta (nunca nos habíamos zampado una de oro) o a lo Merckx (yo no soy culpable de tu incapacidad para zafarte de mi cuerpo a cuerpo).

(Continuará)

martes, septiembre 05, 2006

Promesas y melancolía


Casi sin darse cuenta, mucha gente funciona con las vacaciones como eje vital. El verano como fuente de descubrimientos, recuerdos casi perfectos y la expectativa de noches eternas. O el descanso que bordea el tedio. Sobre todo al principio. Por ejemplo, al principio de la juventud de los tres hermanos protagonistas de esta historia (23, 26 y 28 años). Boris (Óscar Jaenada), Carlos (Javier Ríos) y Álex (Javier Pereira) veranean siempre en un pueblo (suave belleza la de Ferrol, donde se rodó la historia). Allí disfrutan de la compañía de amigos y amigas, sobre todo amigas, con las que se divierten, enamoran y también llenan de incertidumbre. Ocurre entonces que tu vida cambia en una fracción de segundo. Y casi sin pensar, tienes que seguir adelante.
A veces, una tragedia, como aquí. Otras, una presión demasiado razonable. Cuando los tres hermanos se reencuentran, siete años después, sus horizontes vitales y laborales se han teñido de melancolía. Demasiado mayores para seguir abandonándose a la música y los licores, demasiado jóvenes para convertirse en unos resignados.
Por eso engancha esta historia, porque narra con verosimilitud las dificultades que implica la conquista de una madurez. La idealización de verano y la despreocupación. Y también, la fraternidad y tensiones de los vínculos entre hermanos. La narrativa es fluida y los diálogos tienen algunos golpes logrados de ingenio y humor. También hay demasiados arquetípicos en el dibujo de los personajes (el rebelde, el indeciso o el romántico) y la historia resulta previsible por momentos. Pero por encima de todo, se impone la sensación de encanto propia de las historias cargadas de promesas, donde las cosas no discurren exactamente cómo esperabas, pero donde siempre quedan espacio para la risa, la ternura y, por qué no, las segundas oportunidades. Es la vida, quizá. Es el cine, seguro. Y nadie más promisorio y melancólico que Iván Ferreiro (ex líder de los Piratas) para poner letra y melodía a ese sentimiento con una canción (Días Azules, el nombre de la película) que ofrece continuidad y magia a este viaje de iniciación. ¿Una musa? Ella se llama Celia Freixeiro.

jueves, agosto 31, 2006

Furia y esperanza


Las uvas de la ira. 1940. Una película donde se entrecruza la precisión narrativa del John Steinbeck (Premio Nobel de Literatura) y el talento fílmico de John Ford (4 Oscars al Mejor Director). Su humanismo y excelencia impulsan la desolación y lírica que conforman el alma de estos fotogramas. La irrepetible mirada de Tom Joad (Henry Fonda), ese destello de furia y esperanza. Una mirada que no se acostumbra a la miseria en la que ha quedado recluida su familia y sus semejantes, condenados a vagar a la deriva en la búsqueda de supervivencia. Y el alegato final de Tom, un canto para inspirar y reconfortar a los desheredados; a los que llegan ahora a nuestro lado.

sábado, agosto 26, 2006

Señora (nuestra) de los Buenos Aires


Avenidas espaciosas como para prescindir de árboles. Una inventiva no conoceremos coronando de reclamos los edificios congelados en el tiempo. La prometedora apariencia de las fachadas parisinas. Y los carteles y la histeria y la vida. La energía de Nueva York tamizada por el acento canción italiano. La verba lúcida de los taxistas o el fanatismo de los hinchas consagrándose a una religión donde cada destello de clase es venerado como una prueba de no hace tanto ellos tenían, experimentaban, celebraban. El mejor. Las carencias espíritu de quien siente cercana la genialidad pero no encuentra inercia adelante para salir adelante. Esa naturalidad sí surge para agasajar a un sajón o desparramar simpatía en una llamada de teléfono mientras convierten cada adversidad en una broma. Buenos míseros desesperados interrogan a la basura en la férrea lucha cotidiana contra el robo del algunos otros no se sustraen. Los artistas se sobrevuelan en San Telmo o la insinuación de un paseo por la moderna y hambrienta Puerto Madero. Bellas mujeres te ignoran con absoluta delicadeza. Frenéticas, concentradas en algún punto imposible del horizonte. Cálidas minas te miran inventando tu deseo. Respiración como nadie nunca casi. Descubrimientos nunca te abandonarán la piel.

miércoles, agosto 23, 2006

Mr. Z (Sin permiso)


Podía haber nacido en cualquier parte; su patria son los libros, donde encuentra su hogar…
Tengo un amigo que persigue a la vida continuamente. De mirada distraída recorre las calles haciéndolas suyas y pensando que este mundo tiene una velocidad más que él, se distrae con cualquiera, se enamora de un detalle y se encarcela con un gesto que le regale ternura.
No tiene miedo a soñar, posiblemente por que no tiene miedo a que la brutal realidad le despierte, prefiere pensar que el ensueño vivido fue maravilloso… Unos podrán pensar que lo que no sabe es medir las consecuencias de la caída, él piensa que la subida mereció la pena y que si hubiese medido la altura, jamás se hubiese dejado volar.

Allá afuera donde la vida pasa demasiado rápido, él es un ajeno, no entiende de formalismo, de relojes, ni casi de obligaciones. Pero cuando entra en una librería y recorre con la mirada todas esas estanterías llenas de letras, se siente en casa! Escrutina con la mirada cada rincón y selecciona de un vistazo un montón de librillos apilados en un cajón. (Ahora es la vida la que se ha detenido y el tiempo allá dentro no corre para él) Recorre con los dedos los lomos de los pequeños ejemplares de bolsillo, piezas incompletas, relatos seleccionados, versos escogidos? “Me los llevo todos” y acaba saliendo cargado de aventuras que devorará en un par de noches en vela.

Es por esa forma tan distinta de vivir, de ser, que siempre pienso de él que no tiene mesura, ni remedio, ni perdón… en realidad no se sabe lo que tiene pero seguro, tiene un Don.

Gracias crack. Y perdona el allanamiento de tu blog…
Debí pedir permiso (también para hacer la foto) pero no hubiese sido lo mismo ;)

Señor Boggi

lunes, agosto 21, 2006

¿La pasaron bien, chicos?


Ha sido un aventura inlovidable, sí. Gracias a todos por animarse a compartir nuestra emoción a través de estas filmcaiones de la memoria. Argentina es un lugar donde sentirse en casa. Desgarrándose con su miseria y algunas de sus varias desilusiones. Pero sobre todo fascinándose con la inventiva y la iniciativa de su gente. Hablan como nadie el castellano, con un deje lírico que nunca te deja de inspirar y divertir. La gente está cargada de sueños, y sí es cierto: acá puedes hablar en altos vuelos (por su parte, claro) de literatura o política con los taxistas, mientras que las mujeres son bellas como en ningín sitio y el fútbol es una religión que ni podemos imaginar en nuestro país, porque ellos lo viven como una fiesta suprema y como un refugio donde afianzar la identidad. Hay tanto por contar, quizá caigan un par de poemas sobre este viaje de iniciación. Y gratitud especial al señor Boggi por su generosidad, buen humor y complidad.