lunes, octubre 08, 2007

Montañas de desesperación


“Si ellos fueran uno de nosotros, también pasarían del tema”. Hace tiempo una amiga me dijo algo parecido para hacerme ver que no es posible cambiar el mundo con pensamientos culpa. El instinto de supervivencia nos lleva a mirar primero por nosotros. Una prioridad que sólo cambia de verdad con los cachorros de la camada. Hay tendencias grabadas a fuego.
Pero asumir ese egoísmo genético no quita para preguntarse por el derrumbamiento colectivo. No sé muy bien de donde recogí esta foto, lo que es seguro es que es una montaña de desesperación. Creo que la acción transcurre en alguna mina de Brasil. No hay horizonte. No hay problemas que no sean apretar los músculos y olvidar el estómago. Es la imposible lucha contra la destrucción. Dicen existen seis mil cuatrocientos millones de seres humanos arañando el planeta. Más de un tercio condenados a la más absoluta pobreza. Y otro tercio largo en una situación muy parecida. ¿Qué se puede hacer?
Apenas sí nos queda conciencia.
Apenas sí nos queda conciencia. Y sus músculos son una revolución derrotada. Ya no cambiaremos el cielo. Sus pensamientos son una roca perfecta. Afilada y vacía donde escupir la desesperación. Siempre hay miedo. Pero a veces sólo puedes concentrarte en tus salvajes vacíos. Blasfemar por debajo de la plegaria y enfrenarte a tu destino con la mejor resignación. Sobreviven no los más inteligentes, ni los más preparados, ni los más fuertes, tampoco los más soñadores, alzan sus brazos de espuma los que tienen una mínima porción de futuro; la salvaje conducción de una chica, el recuerdo de un recuerdo, los que acaban de llegar. Imaginaciones para un tiempo mejor. Siempre es siempre aunque estemos repitiendo desgracias. Porciones de calidez se reparten por mi cuerpo y me dejan tranquilo. Tengo tanto dolor que acabo por no recordarme. Escarbo en la risa de estar broma. El derrumbamiento es mío. Enloqueciendo con toda dignidad. No es cierto. Aquí no hay tiempo para la locura. Si acaso para la extinción. Por eso estoy braceando. Algo me inclina a negarme negarme como aquel abuelo simio, abuelo futuro que algún tiempo atrás le pegó un corte de mangas a las mareas o gigantes animales que cada noche prometían extinguirle.

jueves, septiembre 27, 2007

Las chicas ensimismadas sonríen la mitad de tiempo (III)


–Te voy a llevar a un sitio donde los ciervos se comen bombones de chocolate.
-¿Cómo dices?

Ella rió.
–Sí, es verdad, yo lo vi, una vez, tenía 16 años.

–Vale, continúa tu tomadura de pelo.
–Ey, que es verdad, si no me crees mejor no merece la pena que me acompañes.
-¿Estas loca? ¿Cómo te voy a dejar sola en el parque?

Ella se encogió de hombros con la actitud de quien le parece ridícula la pregunta. Así que no me quedó más remedio que pedirle me contara la historia.

–Sucedió en invierno del 2010, mis padres me habían dejado con mi tía y esta se había dedicado a salir noche sí noche también. Estaba sola. Pero no me sentía sola. ¿Sabes a lo que me refiero?
-Creo que sí.
–Aquella noche fui al cine con un par de amigas. Como ellas tenían toque de queda, y a mi sobraba el aburrimiento decidí acompañarlas. Una de ellas vivía al otro lado del parque. No llegábamos, así que decidimos atravesar el parque con todo. Corrimos como locas. Empezamos a gritar a mitad de camino. No podíamos más. Pero la adrenalina podía con todo. De repente, encontramos una pequeña colina. Y los vimos. Era una silueta demasiado especial. Era imposible. No me costó mucho convencer a mi amiga, otra cabra loca como yo. Subimos muy despacio y cuando los vimos, aquel ciervo estaban urgando en unas bolsas de comida.
–Entonces era el ciervo, no los ciervos.
–Cállate tonto.
-Vete a saber cómo habían llegado hasta allí. Así que echamos mano de los bombones que nos habían regalado a la salida del cine. Y los depositamos en el suelo. Se acercaron y los comieron con una paz que nos dejó emocionadas. El resto del trayecto lo hicimos totalmente calmados. Estábamos contentos. Esa sensación nos duró un par de días. Ya no importaban las broncas de los padres. Ni la opresión que sentíamos en el pecho tan a menudo. Tampoco que no tuviésemos dinero. O las continuas decepciones con los chicos. Llámame loca si quieres, desde entonces me paso la vida buscando momentos como aquel. Instantes perfectos. Y sí ya se que sueno ridícula y que tengo que madurar...
-No lo creo, dije con todas franqueza. El problema es que eres demasiado lúcida. Por eso buscas con tanto ansia remedios contra la tormenta. La mayoría sin embargo nos acostumbramos a sufrir, no intentamos superarlo. Y cuando nos hemos dado cuenta ya no sentimos nada.

Vaya, no pensé que todavía me quedara sed.

–¿Sabes una cosa?
-Dime.

–Hace un rato he sentido esa paz de la que te he hablado antes. Me la has provocado tú. Me gusta cuando te pones melancólico.

Casi no nos conocíamos. Así que todo lo demás sucedió de una manera instintiva. Juntos sí podíamos vaciar nuestro vacío.

Aunque sonrían la mitad de tiempo, las chicas ensimismadas pueden salvarte.

miércoles, septiembre 26, 2007

Las chicas ensimismadas sonríen la mitad de tiempo (II)


¿Y lo de mirar?
-¿Perdona?
–¿Cómo se te da mirar?
-En el mejor de los casos, te diría que miro con los ojos de un niño pequeño. Pero eso no me ocurre con las personas. A veces me pasa cuando me dejo llevar en un parque. O cuando me acerco al ZOO.
–¿No te gusta el campo?
-Claro.
–¿Entonces por qué eres tan dominguero?

No sabía si reír o enfadarme. Aquella tipa no me conocía de nada y ya estaba sacando conclusiones.

–No se, me temo que me he hecho amamantado en los pechos de las chicas del Burger.

Se rió. Su risa se parecía al sonido de una ola desapareciendo. Al salir, justo cuando pensaba en cómo despedirme de una manera no del todo cerrada, ella me soltó

–¿Te apetece dar una vuelta por Park Avenue?


Mire el reloj. Era demasiado tarde para ir a dar un paseo con una chica por el parque sin que algo surrealista o peligroso ocurriera. Pero le dije que sí. No creo que seas precisamente una coleccionista de calabazas. Y reí.

–¿De qué te ríes?
-Nada, estaba pensando en la clase de gente que suele frecuentar el parque a estas horas. –¿Qué clase de gente?
-No se, desperados, extravagantes, vagabundos.
–O gente interesante, terció ella. ¿No te apetece ir?
-Sí, claro.

Supongo que con la sonrisa que puse no le dejé demasiados motivos para dudar. Durante el trayecto, me comporté como un buen chico, escuchando sus opiniones sobre la ciudad y sobre lo que para ella representaba el anuncio de los diamantes.

–Es la ocasión de financiarme las giras con mi grupo para los próximos cinco años.

Me miró.
-Sí, ya lo se lo más probable es que para entonces el grupo no existe, pero la música ahora es mi sueño y no veo por qué no poner todo lo que tengo para que salga bien.

La miré. Y vi que lo decía con toda intención.


-Ojalá tuviese ese hambre.
–Perdona?
-Sí, esas ganas de hacer cosas, esa fe para que las cosas salgan bien.

Casi al instante, ella pasó su brazo por debajo del mío y me arropó como a un cuerpo cálido. Por alguna agradable razón, permanecimos así, en silencio, durante el resto del paseo hasta llegar al parque.

martes, septiembre 25, 2007

Las chicas ensimismadas sonríen la mitad de tiempo (I)


La primera vez que la vi estaba leyendo un libro de Herman Hesse. Bebía batido de fresa con el aire de una oficinista en apuros. Vivía la historia con toda dedicación. Decir eso de una alguien cuando tiene 16 años es decir mucho. Entonces estaba en Lisboa y no sabía que aquella belleza era la hija de uno de los escritores más famosos del planeta.
Pasó el tiempo. Me emborraché demasiadas veces. Y hasta tuve ocasión de perder el miedo. Incluso me gané una reputación como diseñador gráfico de una multinacional de telefonía móvil. Tiene gracia, detestaba aquellos aparatejos, precisamente por eso me resultaba tan fácil encontrar mensajes convincentes para historias impactantes. Niños desnutridos que se salvan a distancia. Mujeres dándose placer hasta colapsar el satélite. O una adolescente que era capaz de mantener despierto a su novio a través de un relato dosificado en 25 entregas. La vida me trataba con displicencia. Y eso, tratándose de mi, era mucho. Había conseguido apagar mi sed.
Bueno, al menos ya no me torturaba con sueños que nunca podría cumplir. Un mirador en Valpraíso era el único factible a estas alturas. Aún así, me encontraba moderadamente contento. Aquella tarde recibí un curioso encargo; al día siguiente tenía cita con Sophie Auster, una estrella del pop independiente que iba a anunciar diamantes.
No me podía sorprender. La chica pertenecía a esa categoría de hembras que son bendecidas sin descanso desde que están aquí. Guapa, talentosa, rica y sin los veinte todavía. En cuanto vi la foto, la reconocí. La misma expresión pero más sombría.
No sabía por qué. Tampoco era la primera ocasión en la que me ocurría algo así. Pero el movimiento de esa chica, sus gestos, se habían multiplicado en mi imaginación. Lo raro era que la hubiera visto una sola vez y hubiera pensado tantas veces en ella.
Algo eléctrico me recorrió el cuerpo esa noche. No funcionaron ninguno de los remedios habituales. Amanecí con la botella de ron vacía y cientos de fotos en el suelo. Fotografía el mundo si no eres capaz de fotografiar tu alma me dijo una vez un viejo explorador. En eso estaba.
Llegué diez minutos antes para que mi maldita costumbre de llegar tarde no pusiera de morros a la niña diamante. Dio igual. Ella ya estaba allí. Otra vez leyendo un libro. Una fugaz sonrisa, con los ojos un poco entornados, fue su saludo. Podía haber sido peor.
Sophie hablaba como calmando el mundo. Detrás de su aparente tranquilidad había un animal confinado en unos labios irrechazables.
–¿De dónde eres?
-De Buenos Aires. ¿Sabes dónde queda?
–¿Por quien me tomas?
El plato de lenguado estaba delicioso. En ese restaurante era siempre de primera. Así que me limité a disfrutar con sus caras de disimulo (no podía permitirse una sonrisa de pescado...).
–¿Qué sabes de mi?
-Que eres la hija de Paul Auster.
–Vaya, veo que eres perspicaz.
Reí.
-He leído el libro de relatos que sacaste el año pasado.
–¿Te gustó?
-Sí, son muy...Urbanos.
–Lo son, sonrío ella.
-Me gusta especialmente la historia del chico que no podía tocar a la gente.
-¿Por qué? No se, supongo que todos nos hemos sentido alguna vez así, como si no pudiéramos salir de la mazmorra. Y por muchos lujos que tengas dentro de ti, necesitas conectar con alguien. Aunque sea para odiarlo. –Veo que no se te mal lo de leer. ¿Y lo de mirar?

viernes, septiembre 14, 2007

Nomadismo





Relacionarse con los jugadores de élite en deportes mayoritarios no es fácil. La mayoría te miran con desconfianza o la típica arrogancia de quien vive en la cima (aunque sean unas laderas muy cerquita de la tierra). Por eso, los sensacionales partidos de Calderón en el Eurobasket me han recordado a un chaval muy majo que militó en el Fuenla hace unos años. Se trata de David Gil.
Fue hace tres temporadas. Los sureños (del estado madrileño) jugaban en la segunda división de nuestro baloncesto y eran algo así como el rival a batir. El caso es que el equipo ganó todos los títulos en liza (Copa Príncipe y Liga LEB) con el consiguiente ascenso a la ACB. En aquel grupo, sobresalía un chico resultón en su juego, que defendía francamente bien y emboca triples en momentos complicados. Pero lo mejor de aquel melenudo era su calidad humana. Nunca tenía un no para la gente que le pedía un autógrafo, una sonrisa o (en el caso del periodista) una declaración. Tampoco estaba nada mal ver a su mujer bombón o las travesuras de su hijo, una simpática replica en miniatura de su papá.
Como sucede con algunos de los héroes semidesconocidos, en los últimos años David ha iniciado un largo peregrinaje por distintos equipos del sur de la Península. Esa piel de nómada le viene de lejos. En la temporada 2000 coincidió con Calde, allí trabaron una muy buena amistad, que todavía hoy perdura. Ya entonces se apreciaban algunas de las cualidades que hoy día distinguen al base extremeño: piernas potentes, buen timming defensivo, capacidad para la entrada a canasta y una cierta facilidad para organizar la manada...El resto de lo que ahora nos asombra en el europeo: su efectividad en el tiro exterior, la lectura más apropiada de cada encrucijada ofensiva, su aura de líder de la camada es adquirido.
¿Se puede adquirir la condición de líder espiritual de un grupo? Al contrario de lo que pensaba hace algún tiempo, la espiritualidad se trabaja. E incluso el carisma. Se trata de horas y horas de trabajo silencioso y paciente. En eso Calde se parece a Garbajosa. Ninguno de los dos tenía un talento superlativo para practicar este deporte. Pero su ética de trabajo y el afán de superación han obrado una llamativa transformación que estos días estamos celebrando. Si la sabes hacerla fluir, la autoexigencia te puede llevar muy lejos.
El partido de ayer ante Alemania es de lo mejor que recuerdo en mucho tiempo. Fue como coger a la selección yugoslava de la frontera 80-90 (ya saben, con un talento apabullante y rastros de genialidad en media docena de jugadores) y agregarle defensa, una mejor actitud y el hambre de quienes quieren ser más especiales. En su momento, dije: Calderón es correcto en el mejor de los casos. Lo retiro después de lo visto estos días. No me hace especial ilusión cambiarme el criterio. Pero también me gusta cuando la vida te sorprende. O asombra.
Hecha esta loa no me quiero olvidar de mi venerado Sergio. Ya saben, el base chicharrero lleva más de un año penando en la NBA y ahora con la selección. Está desdibujado, sin confianza, precipitándose. Supongo que todos (hasta los genios) necesitamos una temporada de dudas e incertidumbre para crecer en nuestro juego, por eso esta tarde estoy más convencido que nunca de que Sergio triunfará en el mundo de la canasta. No merece otro destino un tío que se baja a jugar al básket a las dos de la madrugada. Ya sea en Madrid o en Pórtland. Sergio dice que nunca ha sentido miedo jugando en una cancha de baloncesto. Lo creo. Ha nacido para esto y de momento ya nos ha regalado algunas de las acciones (caños imposibles) o pases (magia sin precedentes) que siempre nos acompañarán en la fascinación hacia este juego.

jueves, septiembre 13, 2007

Josep Pastells, el lobo con mirada de hombre


Intelectual hipermusculado, novelista verosímil, lobo civilizado, francotirador compasivo o catalanista madrileño. Todo es posible en la figura de Josep Pastells.

Imaginen un mundo donde la ficción de tus creaciones se confunde con tu propia vida. Eso es lo que le ocurre a Josep Pastells, un tímido dedicado al arte de restaurar recuerdos. Un tipo al que le sobra imaginación y empatía. Buena memoria y facilidad para la fabulación, a través de estos ejes, Josep construye un mundo de inadaptados brillantes y simpáticos, gente de vida desordenada que busca su propia porción de felicidad a través de su facilidad para el sexo, la lucidez y los ideales.

Yo soy Madame Bobary, decía en su momento Gustave Flauvert. Algo parecido puede decir él de sus criaturas. Está en ellos, pero su vida y sus experiencias van más allá. El señor Pastells reúne suficiente valentía como para ignorar la dictadura de qué dirán, para explorar a fondo los mundos que conoce, con la lógica inducción a la duda.

A veces, uno tiene la sensación de que trayectoria vital y literaria de nuestro protagonista es fragmentaria. Antes de 2003, nunca había publicado en castellano. Y tenía una sólida trayectoria como novelista en catalán, donde ha publicado seis novelas, todas ellas distinguidas en diversos certámenes literarios. Se trata de ´Nus´, finalista del Premi Vila d´Ascó 1997; ´Rere el mirall´, Premi Cafè 1929 del año 2001; ´Wole´; Premi Narcís Oller 2001;´Witxi´, finalista del Premi Just Casero 2000 ; ´Pell de cilici´, Premi Just Casero 2002, o ´A la recerca de l´equilibri´, Premi Joescric.com 2004.

Pero no se equivoquen. Esa fragmentación es una falsa idea. Porque en el universo de Josep caben toda clase de paradojas. Cuando era joven, competía con relativo éxito en las pruebas de triatlón. Ya en la madurez, provoca el desánimo en sus compañeros de gimnasio cuando lidera el levantamiento de pesas en improvisados concursos.

Simpático Fracasado es una disparatada recopilación de relatos donde se refieren diversas anécdotas de Robert Mankel, un escritor sueco abonado a los pequeños fracasos, siempre en apuros, con una inseguridad y curiosidad infinitas que le llevarán a toda clase de situaciones comprometidas.

La última creación de Josep es Héroes Flacos, editada por Lobohombre, una parodia y recreación del mito quijotesco. Su protagonista es Alfonso Quimera, una suerte de Quijote de nuestro tiempo, a medio camino entre la genialidad y la esquizofrenia, entregado a la literatura como religión. La obra ya tiene trazas de algo grande: humor, entretenimiento, absurdo y brillantez, dosificada en una artesanía de sentencias que deja cautivado al lector. Entretenimiento inteligente que dicen los televisivos. Ahora toca disfrutarlo y aguardar a que nuestro héroe no se deje vencer por el funcionariado del periodismo y siga su escalada de asombros narrativos.

lunes, septiembre 10, 2007

Anónima


A principios del siglo XXI la sociedad estaba sedienta de vibración. La gente entregaba su vida al trabajo y la televisión con absoluta naturalidad. El resto del tiempo lo empleaban en colapsar su cerebro repitiendo agobios a propósito de una hipoteca que, en el mejor de los casos, les acompañaba de por vida. A mediados de la centuria, más de la mitad de la población española había cedido su piso al banco a cambio de no ir directamente al penal. En mitad de esa vida monolítica, llena de impulsos eléctricos (internet, móvil, microondas, almohada) y un estilo de vida básicamente sedentario, no tardaron mucho en normalizarse las enfermedades del sistema nervioso: entre las que se enmascaraban cientos de frustraciones, con el juego y el sexo como verdaderos apaciguadores de desesperación.
A su manera, la postmodernidad seguía adorando el poder y el dinero, como en cualquier otra época. La única diferencia estaba en la religión. En un mundo donde por fin el hedonismo había dejado de estar bajo sospecha, el fútbol se había entronizado como el mayor motivo de adoración para millones de personas. Un deporte, una religión, donde la salvación estaba al alcance de cualquiera: altos, flacos, atletas, artistas o ambiciosos. El único lugar del mundo donde la mayoría podía saborear espasmódicamente el sabor de la victoria, la complacencia o la autodestrucción”.
Tanto vacío programado a duras penas se veía interrumpido. En realidad, la salvación estaba dentro. Tan sólo había que mirar.
Una chica aplaza el cansancio con unas gafas de diseño. Deja caer el cuerpo en mitad de la pequeña pendiente que conduce a la piscina. Su ropa es holgada y mínima. Y trata al mundo con la condescendencia de una antigua princesa. Sin embargo, sus labios están llenos de expectación.
Pero es su olor, como de fruta despierta, lo que llena el cerebro de mareos. Es una sensación desagradable y placentera. Lo importante sucede por dentro. Ella lo sabe, para sorpresa del chico, responde en español y habla en francés. Su amiga es más bohemia pero también más aburrida. Ella prefiere la compañía de un libro que consume como el oxígeno, con ansiedad, antes de que el sol arruine su misterio. A veces merece la pena arruinarse. Sobre todo si tienes belleza para sentirte observada.
La mujer nada, la chica ríe, la mujer aparenta normalidad, la chica se atormenta, la mujer prueba coreografías abandonadas con la elegancia de sus piernas. Al final resulta que las sirenas tenían piernas. Y sonríen. Pero esas cosas no interesaban demasiado entonces.

miércoles, septiembre 05, 2007

Descubriendo naufragios


Una mujer con los ojos grandes y el misterio de una sonrisa a medio dibujar. Algunas sillas detrás, un hombre desocupado, un buen tipo, la escruta con la mirada de quien no tiene nada que perder. Muchas veces la situación no pasa de un leve centrifugado de deseo. Pero el protagonista de la escena, Coy, es bendecido con la oportunidad de salvar a la misteriosa, repentinamente en apuros. A partir de ahí, todo ocurre a la velocidad de una canción de jazz.
Hay más piezas en el tablero. Una mafioso italiano, con algo entrañable. Y un ex torturador argentino, con algo monstruoso. De esa situación, nace una aventura que mece al espectador en la cadencia de un océano furiosamente contenido, el encarnado por Tánger, mujer sirena, mujer negocio, decidida a satisfacer una ambición modelada a través de la cartografía y la crueldad más engañosa.
La carta esférica, título homónimo de la exitosa novela de Pérez Reverte, supone un nuevo acierto en la filmografía de Imanol Uribe (Días Contados, el Viaje de Carol). Es una película entretenida, a ratos emocionante, donde Carmelo Gómez (marinero en paro) conmueve con su integridad de héroe aletargado. Y Aitana Sánchez Gijón (sirena manipuladora) fascina con el manejo de los silencios. Entremedias, una historia seca, donde la gente llora riendo. Es lo que ocurre cuando uno busca sin miedo ni esperanza.

jueves, agosto 30, 2007

El corazón embarrado


Las ocho de la noche. Es invierno y apenas quedan un par de amigos con los que regatear a las sombras. Ríen mientras el padre de uno de ellos espera pacientemente para volver a casa, donde su mujer, la mamá, ha preparado un pollo asado con la guarnición más rica que uno recuerda. No es muy difícil imaginarlos después, bromeando, mientras inconscientemente uno de ellos, o los dos, proyectan la arquitectura de jugada perfecta por banda izquierda.

Ya de mayor, los pocos partidos que lo vi me dejaron la sensación de un tío con mucha clase. Que se iba fácil por la banda. Con potencia y valentía. Por lo que me han contado, de un día para otro pegó un estirón en su juego. Algo parecido ocurre en el camino hacia la madurez. Te pasas la vida pegándote cabezazos contra algunas limitaciones y de repente las superas y eres un tío un poco más feliz.
Y el chico pasó a ser muy importante. Debutó en el Sevilla sin los veinte. Y llegó a estrenar la roja. Uno de los grandes de este negocio, el señor Caparros, le dijo que si no perdía la actitud sería titular en la selección. Y actitud no le faltaba. “Hasta para saludar al último mono de la ciudad deportiva”, como señala uno de sus padres deportivos. Era uno de sus tíos que no se deja arrancar la piel de la normalidad.

Los que le conocieron hablan de un tío simpático, propenso a la broma. A mi me ganó cuando recordó a su abuelo (que había muerto casi catorce años atrás y era sevillista irredento) con nostalgia, con la pena de quien quiere ofrecerle un triunfo, un homenaje a alguien a que guardas infinito cariño ya no está aquí. Me resultó familiar.

Tenía 22 años y estaba saliendo (gracias, Silvia) con una chica que casi le doblaba la edad, con dos nenas. Le quedaba un mes para ser padre. Es una de las cosas que me admiran de los deportistas de élite. O padres precoces. O mujeriegos, por no decir puteros, impenitentes. No conocen el termino medio. Tanta adrenalina exige el caos o el universo ordenado.

Siempre que le preguntaba al tío Fran por Navas, el me la devolvía con la misma frase: “Puerta, Pete, el bueno es Puerta”. No era una respuesta lanzada al tun tún. El señor de los excesos se traga con cuchara casi todos los partidos, oficiales o no, de los de blanco. El si que es sevillista hasta la muerte. Uno de los peores días llegó con el descenso de su equipo a la segunda división. Así que no es muy difícil de imaginar cuales han sido algunos de los más felices.

Estos días me he acordado de la frase que en alguna noche de la prehistoria me confío Comendatore: “Los mejores siempre son los primeros en irse”.

Su tragedia ha sido en cierto modo la nuestra. Nos ha recordado la fragilidad de nuestros sueños. O, mejor, de nuestra estructura. Porque su alma, desde ahí arriba, ya está generando algunas buenas noticias. Como hermanamientos insospechados. O una mejora de la conciencia (y los medios en la lucha contra la fatiga del corazón).

El mejor epitafio para su vida lo dejó el otro día David Belenguer, el capitán del Getafe: “Si yo tuviera un hijo y se me muriera con su edad, me gustaría que hubiera conseguido, y viviera con la intensidad, con la que lo ha hecho él”.

Descanse en paz, Antonio Puerta.

miércoles, agosto 29, 2007

Cuatro descubridores de tierras chicharreras


Davide


Ojos de Bogart

y empuje de romano.

Comendatore.


Lerus


Cara de bueno.

La búsqueda es un juego.

Alma de bueno.


Fran


Rey de la broma.

Celebrar y excederse.

Corazón puro.


Luigi


Bailar y sentir.

Los pequeños placeres.

Amigo hermano.

martes, agosto 28, 2007

Tenerife


Novias del sol.

Aventura por dentro.

Segunda casa.

domingo, agosto 12, 2007

Roma


Mirada eterna.

Gladiadores creando.

Despertar riendo.

Ocho haikus para ocho compañeros continentales


Óscar

Hambre de vida.

Creador de acercamientos.

Buscaencantos.

Tete

Alma gladiador.

Sonrisa sin fronteras.

Juego con clase.

Fini

Risa universal.

Fascinarse ligando.

Tipo grandioso.

Manga

Duro de palo.

Relámpagos de ingenio.

Bromas y carisma.

Jaume

Adrenalina.

La aventura es el camino.

Vivir y ayudar.

Tuki

Galán europeo

convoca fiesta y bromas.

Improvisación.

Bou

Jefe comensal

y nobleza de héroe.

Corazón blanco.

Manu

Niño gigante

prueba bromas y asombro.

Trae alegría.

Interlaken (visión panorámica)

Calma y deporte.
Nueva ansiedad de estrellas.
Chicas acuáticas.

miércoles, agosto 08, 2007

Camino de Roma

Tres horas de sonrisas celebrando a Federica.
La ragazza que nos enseno el estremecimiento
a traves de sus ojos:
las ventanas mas hermosas del alma.

Ninas fiesta (Malaguenas)

Las hijas del sol preguntan al firmamento.
Su sonrisa es su pasaporte.

Primera Suiza

Prados azules.
El carino de siempre.
Chozas de ensueno.

Florencia

Estatuas que te
buscan con la mirada.
Hostal nocturno.

Munich

Birra y salchichas.
Olimpismo platonico.
Avenidas luz.

Austria fronteriza

Cena en el cielo.
Fiesta en el salon chil-out.
Serenas guapas.

Interlaken (Suiza)

Mares destello.
Rubias drogandose.
La paz del agua.

Praga

Noches eternas.
Calles como museos.
Almas cautivas.

Poema para una chica norteamericana

The sound of the lake is the sound of your soul.
I celebrate your eyes like the first light.

It's rare but I believe in the magic of your hands.

miércoles, agosto 01, 2007

Brujas

Palacio de agua.
Casas de chocolate.
Sonrie Julie.

Amsterdam

Tentacion blanda.
Freneticas las gentes.
Van Gogh es sueno.

Manga

Duro de palo.
Relampagos de ingenio.
Bromas y carisma.

Berlin

Llueven memorias.
De puro majestuosa,
lates minimo.

domingo, julio 29, 2007

Paris


Rios luz fluyen

en el primer estanque.

Belleza nieve.

Nocturno de Copenhague



Bici complice.

Gestos para inspirarse.

Sin azucar (besos).

miércoles, julio 25, 2007

Malmo

Rubias azul calman
el cielo con sus parques.
Hay jazz en el alma.

Copenhague (Christiania)

Suenos murales
confinados en postal
evocan futuro.

domingo, julio 22, 2007

Brujas sin evocación

Colores inverosímiles que desafían el cielo,
gente tímida proclive a la broma

y casas cubiertas de bombones
y elegancia...

Así hasta que el cielo se nubló lo suficiente como
para que una preciosa nos descubriera en su

carruaje acuático donde los amantes se cumplen
gracias a unos pies desnudos en luz.

Amsterdam

La tentación es un escaparate que nunca se podrá consumar.

(cuando la prohibición no prohibida).

Somos seres fronterizos.

Intimi-dación y después cansancio...

Ahora lo veo:
las modelos también en las revistas,
y las cuevas me surgen tinieblas
y este concreto ailsamiento distorsiona la imagen
de una ciudad a medio

descubrir.

May be, some day también I Am-sterdam

Entretanto, rezaré para no bajarme de la lancha.

Brujas

Definitivamente
el principado del agua me recuerda a ti:

con cisnes en lugar de gondolas,
castillos encantados
y casas de chocolate habitadas por gente buena
con la risa a punto...

Buenas noches, Julie meridional

París

Piensa en los mejor de cada ciudad que conoces.
Ella es la inspiración de cada uno de esos aciertos.

París es un gigantesco guetto que da cuerda al mundo.

También una quimera de avenidas llenas de sangre

y promesas.

París es una chica blanca como una diosa
que se deja retratar por los desconocidos
a condición de que no intentes acaprar su luz.

El mejor resumen lo ofrece esa chica italiana
que sonríe enigmática en el fondo de su pirámide traslúcida:

no nací aquí pero sólo con mi inspiración podrás robarle el candado al

sueno.

miércoles, julio 11, 2007

Blues del revolucionario


Con el paso cambiado,
casi a cualquier hora de la noche,
levanta su maceta de whisky hirviendo.

Con toda facilidad,
apura el cigarrillo
mientras conduce la camioneta
hacia veredas imposibles:
un poco de rabia, algunos lo llaman rock,
algo de risa, mucho de risa espontánea,
a punto de crear nuevas escenas para la utopía.

Él sabe cómo hacer normal una revolución.
En su corazón las envidias son absurdas,
todo lo que necesita es una identidad
(mejor republicana)
y la terraza cubierta de Aurora.

miércoles, julio 04, 2007

Fracaso y atracción


Un niño viaja en metro con su madre. Está pendiente de todo. La diferencia está en su silencio. Es importante que espere y actúe. Su madre es carterista. Tiempo después, el chaval sale de un hogar de acogida. Pero hay impulsos que nunca desparecen del todo.
Jaime Marqués (premiado en diversos festivales por su labor como cortometrajista) se estrena en el mundo del largo con una pieza cautivadora en su propuesta estética. Es la historia de un chico condicionado por sus fantasmas. Con una coartada llamativa: el oficio de un ladrón a pequeña escala. Sus técnicas. Sus motivaciones. Y con algo más interesante: la historia de dos chicos que rompen los pronósticos y aprenden a cegarse.
Nadie sabe si Juanjo Ballesta será actor cuando cuarentón. Pero a día de hoy seduce a la cámara con una mirada llena de miedo y curiosidad. Gracias a esa facilidad conquista a una chica de familia bien confundida hasta límites un tanto autodestructivos. Quizá por eso sus cuerpos y sus miradas conectan. María Valverde tiene mucha culpa. Su personaje, ella misma quizá, reúne suficiente frescura y belleza como para hechizar con sus ganas de probarse y probar el mundo. Ambos buscan sentido a su hambre interior.
Hambre por encontrar un sitio. Hambre por no dejarse domesticar por el sistema.
Y la historia funciona, por concreción y ritmo, en su parte central. Pero falla en el nacimiento y desenlace; de postal. No obstante, la apuesta por el drama es plausible en un momento donde poca gente reniega del camino fácil. La música contribuye a la turbiedad, el magnetismo o lirismo, dependiendo de la fatalista irrealidad. Es pues una cinta llena de fascinación ante el determinismo animal que vincula a dos personas cuando el deseo crea una historia irrepetible. También resulta una novela negra algo superficial sobre como el instinto de autodestrucción nos lleva a repetir, una y otra vez, la misma estrategia a favor del fracaso vital. ¿La clave? Galaxias de cuando pequeños…

martes, julio 03, 2007

Vestida de negro

Vestida de negro se me olvida que tengo que estudiarte.

Tu piel prueba nuevos recorridos difíciles de negar.

Vestida de negro tus palabras siguen temblando y ya no
vértigo.

Tu piel es la de un animal impertinente
con la que quiero derrotar incertidumbre.

Cuando camino por la calle,
la gente me envidia en voz alta
por haberte engañado.

No se cómo devolverte a la tierra de las musas.

En el préstamo de tu talento
las chicas del poema respiran despacio
cómo si el cuarto fuera realmente un palacio.

Y las grutas se ponen melancólicas,
cómo si los pensamientos
tuvieran la creatividad de tus manos.

En aquel momento,
los lampiños atracadores de banco te querían
arrancar las gafas
y aquel otro mordía (silencio)
mientras improvisaba sabor de la Pampa.

Pero lo importante sucede entre tú (silencio)
y todos esos acaparadores del talento.

Déjame envolverte la cintura
mientras esquivamos los despacios de la muerte.

Vestida de negro eres la portada de mi sueño.

miércoles, junio 27, 2007

Hace once años


Hace un decenio, once veranos para ser exactos, un adolescente madrileño se pasaba la mano por la cara, invadido por el sol cuando hacía un par de horas que se había caído la noche.

La timidez estaba siendo de nuevo una tela de araña insaciable en sus atenciones.


Atenciones. Una chica irreverente con una brizna de viento solar en la nariz se acerca su amigo. La chica sonríe, con el ritmo despacioso de las actrices que engullen los focos. Cabecea.

Hubiera estado bien que sonara esta canción. Ceniceros de esperanza.

El niño, prematuramente lúcido, mira para todos lados. Y comprende que la maquinaria de la noche tiene su propio ritmo.

-¿Te lo estas pasando bien?

-Sí, muy bien, sonríe con una mezcla de timidez y belleza. (Tu amiga parece sacada de una revista).

Tantea también a la del anuncio de cosmética, pero algo de esa chica le dice sigue hablándome.

El niño, prematuramente asustado, se pierde en la brillantina de su cara y la calidez de su acento. Él no sabe que ella, su hermana y esa belleza de postal son unas transgresoras hirviendo de peligro. Y afincadas en firmamentos en forma de clandestinos apartamentos no muy lejanos de ahí.


-¿Alguna vez te has preguntado de donde vienen esos parpadeos de la techumbre?

El niño, prematuramente fascinado, improvisa una teoría sobre la gente buena que se va antes de tiempo y los seres de otros mundos aterrados ante la posibilidad de la incomprensión.


Tiene una cara limpia. Y los ojos asombro. Cuando parpadean se parecen a las luces de arriba. Y parece buena gente. Al principio me ha parecido que miraba con algo de condescendencia, pero se ha relajado y arrastra sus ideas de un modo inimitablemente ingenuo. Y sugerente.


El niño, prematuramente quemado, ya sabe que el baile no es lo suyo. Por eso prueba con poses conmovedoramente absurdas. Parecerse a Jhon Wayne.

Esa chica será la primera de una no demasiada extensa lista con la que conectará de verdad. Ella se ríe de un modo desmayado ante cualquier tontería que se le pasa por la cabeza.

Las guitarras encienden un escenario en forma de playa. Con un taxi emergiendo del océano para llevarse a las tres elegantes actrices isleñas.

-Espero que nos veamos pronto. Me ha encantado conocerte.

-A mi también. (Pero no creo vuelva a encontrarte).

Once veranos después, los niños siguen dudando. Y riendo. Hoy la chica es mamá de una bebita increíble llamada Nora. Sigue derrochando ternura y un humor absurdo y contagioso que contagia de buen rollo a cualquier desconocido. Es feliz junto a su chico, un simpático futbolista retirado antes de tiempo por la economía y los idiomas. Un chico de carisma con el que es fácil sentirse cómodo.

La nena es ésa que mira con asombro al viejo amigo que mira detrás las palabras.

miércoles, junio 20, 2007

Cielos con maquillaje japonés


Estas mañanas son como un video musical.

Me siento protagonista
y choco medio desnudo con mujeres decoradas de azul.

O de rosa. Ya no recuerdo.

Mis músculos son un pensamiento en fuga.

Al principio me cuesta
pero no tardo en resbalar sobre el movimiento.

Interpreto mi propio jadeo
y lo convierto en un signo de elevación.

Al poco
estrecho mi timidez
contra esa despaciosa,
la misma a la que el otro día casi ahogo.

Suenan desencantados británicos en mi cabeza.

La caja sentimental irradia futuro en cada en uno de
mis inaugurales músculos.

Ni siquiera tengo que girarme.

Belleza en movimiento.

Metido en esta rutina
me parece que el camino del agua
es el único momento del viaje
donde interiorizaré mi salvación.

Fluyendo con estos peces de titanio
se me olvida que tengo que preocuparme.

Puede que ni esté en el futuro.

Pero me buceo la conciencia
con el mismo éxito de cuando tumbaba olas de pequeño.

Y casi me ahogo de placer
con la espalda liberando tormentas.

Ojalá algún día yo también sepa cómo salvar a Kumiko.

sábado, junio 16, 2007

Carlos Boyero cabecea los jueves



En los peores momentos
leía a Mr Boyero


(uno de los sobrevivientes).

Ese tipo ha tragado cine para varias
generaciones

y de vez en cuando
proyecta algo
de esa luz
y su desgastada vida

en alguna frase innumerable
marcada por el ingenio, la inteligencia y
una desolación que ayuda y ayuda.

Todos los jueves
-ofrece esa voz desangelada-
es preguntado lo mismo cientos de veces
-así entrevistan ahora-

y responde

y confesa vicios que hace tiempo abandonó
por el gusto de jugar, recordar y quien sabe si reivindicar.

Reivindicar por ejemplo la tragedia de un crítico de cine
cansado del cine-casi todo-
pero cansado de la vida-casi toda-.

Y cansado como está,
sugiere mundos

sugiere mundos

lugares
donde
acercarse al
placer, la locura y los breves compases de completo delirio
-poco importa ya si sexual,
intelectual o al alcance de cualquiera-.

Lástima le pueda
a veces
la esclavitud
(el personaje)
y se pierda en fantasmas
o entre en absurdas provocaciones.

Poco importa,
estos jueves
una anónima tribu de inadaptados y
anhelantes
le preguntan
le preguntamos cómo

vivir.


(Para David)

lunes, junio 11, 2007

Cuando yo era negro


Cuando yo era negro
los taxis me ignoraban
no conseguía llegar al trabajo
tampoco encender mi rabia
y, sin darme cuenta,
una chica se estremecía.

Apaga la cámara
enciende la cámara te digo
trágate mi tristeza
porque a mi ya no me respira éste pegamento.

Eso es,
peces carnívoros
para vaciar mis lagos.

El firmamento promete extinción,
la jungla es una humana desgastada
y la locura unos ojos desiertos.

En este sitio no hacen faltas dudas.
El futuro es una perfecta negación.
Por eso, mi madre se está prostituyendo

y la barriga cada día se me hincha más

y todavía me acusas
porque
hoy me has visto
sonriendo.

De donde yo vengo
la televisión es el asombro
y el psicólogo un maestro melancólico.

Hablo de cuando
la noche significaba algo.
El mejor intercambiador de fuego,
cuando aprendíamos a soñarnos
camuflando nuestras memorias
con viejas leyendas afinadas por venerables.

Cuando yo era negro
me prohibían el acceso a las tiendas
y me enseñaban, lento pero lento,
la desconfianza con cara de normalidad.

El continente quedaba
a dos tres generaciones
casi tan lejos como esta cancha

donde la gente ahora me quiere

de rubias sedientas, piscinas y,
lo siento,
una vanidad con la que quiero relajarme quiero
después de tantas humillaciones.

Cuando yo era negro,
no tenía un pavo
pero maravillaba a algunos jóvenes
del Lavapiés o el Dos de Mayo.

Ya sabes, esa pelota de plástico
con la que estos días Josephine y yo mejoramos
el futuro de los nuestros.

Cuando yo era lejos,
sabía, no se como pero lo sabía,
que algún día pondría toda estas ganas de superficie sobre el cambio.

Un aullido.
Aullido humano.
El futuro de los nuestros.

miércoles, junio 06, 2007

Y el transgresor electrónico


¿Existe algo mejor que Paris celebrando tu talento? Algo así debe pensar estos días Javi Martín, el alma mater de Ultraviolet. No hace ni dos semanas decenas de franceses coreaban los estribillos de su segundo disco, Dos. Se acercaban medio intimidados a pedirle un autógrafo o una foto.Y quedaban alucinados con su simpatía. “No podía reaccionar de otra forma. Toda esa gente te hace sentir músico”. Y ya está de vuelta en casa. Este jueves, día14, actúa en La Sala, en la calle Nuestra Señora de Fátima 42 de Madrid (Metro Eugenio de Montijo, Línea 5).
Su estilo es rock electrónico, un género alumbrado en Inglaterra a mediados de los ochenta que hoy día arrasa en Europa central, sobre todo en Alemania. La música de Javi no entiende de barreras. Ha escogido el esperanto de nuestro tiempo, el inglés, para expresar con desgarro y un optimismo a prueba de lugares comunes su mundo íntimo. Ese lugar donde el amor tiene distintas velocidades. Una para cada estado de ánimo. Para eso sirven sus canciones. Para recuperar el tacto de una noche. Las bromas recientes. La melancolía de luego. O un lunes nuevo a estrenar con su chica. También hay acordes para blasfemias elegantes contra la violencia que ahoga al planeta. Y tantos interiores. En un tiempo donde reina el cinismo, él se dedica a componer odas cotidianas. Sencillas y emocionantes (gracias, en parte, a la expresividad de su voz). Con este segundo disco ha ganado madurez. Se nota en la música, con arreglos más sofisticados y originales. Se percibe en las letras. Canta a lo bueno que ya sucedió. Con sencillez y la sugerencia de una música electrónica que aquí es transgresión.

martes, mayo 29, 2007

Excursión/Incursión


Excursión es cuando dos timbrazos de una chica de catálogo te impulsan a mirarla a poco centímetros mientras inventas frases poco convincentes para seducirla.

Incursión es cuando piensas “tienes una cara perfecta. Y triste, como si te hubieran robado la luz. Y tu curiosidad me pone más curioso”

Excursión es una cena diez años después de haber dejado el nido. Un lugar inexistente, porque ese patio y la gente con la que sueñas hace tiempo han dejado de existir.

Incursión es la pereza de revisar las celebraciones y miedos del pasado. Al final, comprendes, es un problema de actitud. No siempre tienes la confianza suficiente para seguir tu camino. Menos aún con diecisiete años.

Excursión es una noche con los muchachos. Un lugar donde te sientes cómodo, disparatado o impredecible. Pegando bromas por las cabezas de todos tus viejos amigos.

Incursión es cuando agradeces tantas frases irónicas sobre lo que no está sucediendo. Y una particular reivindicación de la creatividad de unas copas, una canción o, claro, unos pechos batallando con la blusa recién manchada.

Excursión es tomar la cámara y probar encuadres imposibles que sólo salen bien en tu cabeza. Besos arrebatados de una antigua compañera. Caras de enfados simulados. Manteamientos al chico más carismático y fustigado de la camada.

Incursión es pensar ha merecido la pena viajar a esta noche. Por ejemplo para confirmar las risas y anécdotas de ese viejo amigo que había desparecido del mapa. Uno de tus compinches de cuando una mesa de escritorio hacía de helicóptero y te cagabas de risa inventando un programa de radio contracultural en un colegio de curas.

Excursión es hacer el tonto como en la universidad. Pelear con el aburrido de turno para que a tu amigo le dejen sacar la copa medio lleno, quizá la décima, aquí sí, de la noche. Cuando todos sabemos que ahora viene el camazo.

Incursión es pensar “que bien te queda el rojo”, o “me gusta cómo te ríes” cuando conoces a la chica buena de la película. Esa con la que hablarás de debilidades, mientras algo te dice sigue acercándote, y compartirás bailes y paseos marítimos. Hasta que sus amigas de la alejan de la galaxia. Quizá para siempre. Todo en la misma noche.

Excursión es guardar en la maleta los buenos recuerdos. Las pequeñas fiestas con los de baloncesto, los disparates absorbentes de cuando proyectabas cimbreantes escenas con algunas de las mejores desconocidas en cada uno de los recreos. El temblor de las primeras borracheras, cuando nos estábamos inaugurando. Algún destello de calidad en clase de literatura o historia.

Incursión son tus amigos. Tu gente. Los que te han visto perder el control, llorar en silencio o levantar la copa. La gente con la que te formaste, hermanos, tíos con las que puedes reírte por lo más absurdo y emprender las mejores pequeñas hazañas. Los que te acompañan en el hospital o celebrando el humo de algunas fugaces en los recitales.

Excursión, también incursión, es escuchar al señor Johnny Cass a las tres de la madrugada de un lunes cualquiera, cuando acabas de estrenar trabajo. En armonía.
Por fuera. Y por dentro.

martes, mayo 22, 2007

Dentro de su falda

José Hierro y Claudio Rodríguez tienen compañía. En vida ya fueron amigos de Ángel García López y ahora el Centro de Poesía José Hierro de Getafe ha decidido hermanarles con la edición de una antología homenaje para cada uno. La última en salir a la luz es la de García López, un tipo que escribe con la mayor sencillez posible para robarle besos a las desconocidas que prueban alguna de sus historias en el metro.
A los 72 años, el poeta sabe bien de la importancia de decir las cosas en voz baja. Como si la luna hubiera exprimido la luz en alguno de sus versos: frases sencillas depuradas en la música de un soneto, imágenes llenas de insinuación con las palabras de toda la vida. Son historias al alcance de cualquiera y, al mismo tiempo, exigentes. Demandan toda la concentración y sentimiento.Lo mejor de este bardo es su aparente falta de pretensiones. A través de ese disfraz despliega su ironía, esa medicina para el alma, y convierte cada declaración de amor en una carga de profundidad. Recuerda el mundo y sugiere lo mejor de varias ciudades para descontar alegrías a los recuerdos, materia esencial de sus sueños, estos cantos donde convergen soles profundos y blusas descubriendo el verano. A veces, tienes la sensación de que es una poesía mil veces gastada, bella pero con un deje tópico o melifluo. Por suerte, esa impresión queda desterrada cuando encentras pequeñas maravillas como Trasmundo, Memoria amarga de mí o Himno para empezar la primavera.Última luna tiene la frescura de quien recurre a la naturaleza como la paleta de colores más elocuente. Algunos de los versos asombran a la memoria (“Esta tarde, no hay duda, está bien empleada./ Estuve paseando detrás de una muchacha/ que, al andar, deslumbraba por dentro de su falda”). Supongo que la poesía sirve para eso, para dejarnos con la boca abierta cuando alguien recuerda algo de todos y filtra unas notas de luz para explicar con belleza, desde un encuadre inédito, la violencia del deseo.Para los que prefieren entristecerse: “Ya ves que no soy yo./ No soy el mismo./ Aquél que fui no está. Se fue. No existe./ Soy otro. Soy mi sombra. Un espejismo./ Soy un dolor con el pijama triste”. Una crítica, se supone, es una pequeña nota escrita en el mejor de los casos con un poco de criterio, sobre los atrevimientos del de al lado. Pero, por suerte, a veces podemos abreviar los pasos y soltar algunas ventanas abiertas con palabras gastadas donde el amor, la fiebre o el cansancio suenan a descubrimiento.

viernes, mayo 18, 2007

Cuerpo hambriento


Al sur de Madrid acaban de ser editadas las notas de un náufrago. Su nombre resultará familiar a los lectores de este periódico: Eugenio López García, el escritor maldito de Griñón, el hombre lobo de nuestros tiempos. De día, educado librero; por la noche, escritor voraz. Entre medias, mujeriego melancólico. Con un estilo sencillo, Eugenio retrata al detalle la conquista del cuerpo femenino. Una excusa para fijar su adoración por la inocencia de las adolescentes, la derrota de las meretrices y los mejores arañazos junto a su compañera.
No sé si alguien se animará, pero López merecería una película como Ed Wood, aquella genialidad de Tim Burton en la que se daba cuenta de la vida de un cineasta lleno de ingenio, un tipo entregado a su obra, tan involuntariamente desastre como el autor de Nada de nada (Ediciones Calipso). La experiencia es la gasolina de estos relatos pero no es la vida de su autor. Más bien, es la disección de sus obsesiones. de ahí esa mujer repentinamente confinada en un asilo. O los guiños a sus hijas. Estremece esa historia donde sentimos, simultáneamente, como un secuestrador y su víctima. Hay demasiada repetición, pero, de repente, surgen deslumbramientos como un “miedo nuestro que estás en los cielos”, el monólogo de una cabeza sin cuerpo o una autoparodia quijotesca.

lunes, mayo 07, 2007

Donde no pasa nada


Tumbado donde hace cuatro siglos jóvenes escogidos por el absurdo impresionaban a las cortesanas con algunas bestias, un par de apenas lagos y la altura de unos árboles entristecidos. No me gusta alardear de ello, pero hoy día esos dominios me pertenecen. Me basta con preguntarme por aquello que no funciona, es suficiente con respirar, un sitio del que no he tenido que huir, un palacio donde cualquier seducción funciona. Payasos dudando, universitarias emborrachándose o niños filmando. Si me dejan elegir, me quedo con el sonido de los europeos africanos convocando una danza multitudinaria. Me quedo con esta gruta a la vista de todos. Uno de esos sitios donde mezclas expectativas con tierra mojada. El lugar donde no pasa nada porque es lo justo. Y lo exacto.

martes, mayo 01, 2007

¿Nos cansamos juntos?


Teatro es lo que sucede en el descanso
entre tú (silencio) y los acaparadores de niebla.

Teatro también el modo en que te recoges el cuerpo
mientras los esperas con severidad
a través de tu pulsera de espuma.
En el tobillo.

Teatro es la insistente imaginación
de tus labios impacto y esponja labios medio sonriendo.

A la salida, jugueteo con los cristales de la timidez.
Pero no me animo a girar tu sistema solar.
A la próxima probaré con una servilleta cualquiera.

jueves, abril 26, 2007

Perder ( 3. No lograr lo que se esperaba o se necesitaba)


Resopla, con el cigarrillo a punto de ser salvado. Lo está pasando bien. El local tiene suficientes brumas y, más importante, movimiento. Belleza. Locura conteniendo los dedos. Las bromas nacen con facilidad mientras disparata sobre la noche bonaerense del tío Calamaro o la indeterminación de la falda de la chica francesa. Esa que se tumba y se sienta todas las tardes a horcajadas. Ahí, en el centro cósmico de un lago que nunca visita. Otro trago. Otro. Algo violento y dulce como los mejores incompletos. Evocaciones. La liturgia diaria de Palop, su paciencia, los reflejos para evitar la caída de esa amazona en su safari por la pista de baile. Esa en la que prueba la perversidad de unos inocentes dedos. Pocas aficiones, depuradas hasta el fanatismo. Cine de maleantes carismáticos. Baloncesto. Comida napolitana. Sin saberlo, o haciendo como que no, está en pertenencia de un tiempo no existe. Un mundo de apretón de manos, donde cada fiesta es un cielo del sur cubierto de tentación. Y el sonido de la guitarra pone alfombras para derribar a los amigos con otra colleja y la misma broma cincelada hasta el absurdo. Y la risa. Esta luz es una batalla de cuerpos postrados. Conjurar el miedo. Apariencia. Y el miedo. Una imprudente. Tiene cuerpo de rubia y labios de pruébame.

El ruido de la cabeza contribuye a la dedicación.
Y en la parada hacia ninguna parte relaja
sus besos
buscando

la confirmación de su cuerpo.

Mañana me deprimirá conocerte.
Pero hoy no pararé

sacudamos el universo.

(Para Fran)

miércoles, abril 25, 2007

En sus mágicos bolsillos (mejor cosidos)


Esquinando rascacielos
descuenta temblores a la belleza
con el mismo asombro
con que roba chocolatinas a los fantasmas.

Adolescente
confinado en las cansadas paredes de su piel
invita a probar todo el humo
del incendio en el azul de su házmelo.

Ella le ignora con los ojos bien abiertos.

Y Don José musica sus alucinaciones
para disimular el la vergüenza
de quien apenas contiene la vida sublevada.

En sus mágicos bolsillos
palabras como economía, sordera o
dinosaurio
fermentan en una lluvia de imágenes
aún por descifrar.

jueves, abril 19, 2007

Temblando


Nombrando la multitud en silencio,
escoltada por ella,
la chica proyecta su asombro
sobre el enfurecido trovador.

Sus ojos comprenden rápido,
como dos sonajeros de luz
abandonados a su buena suerte.

No hay por qué decirlo,
pero la chica ha organizado el recital
y se refugia en el encuadre antitelevisivo de

la esquina.

Tiempo atrás
alguien
entrega la piel de su alma
al muy joven desgastado
que prueba engaños múltiples
ante los focos de

la ambición.

Al contrario de las otras,
a ella le hacen gracia los verbos equivocados
a través de los que filmar recuerdos en el futuro
(como para cambiarlos).

Lástima
no le haya salido bien la preferencia de
la esquina
y un recién llegado
no tarde mucho en
fascinarse ante su fascinada

forma de temblar el cuerpo.


Instintiva conmoción
idéntica
a la empleada por las ondinas cuando
llenan de lluvia el cuerpo de su

ex-ángel.

miércoles, abril 18, 2007

Preferencias y encierro


A veces las películas reciben una promoción desmesurada. De algún modo, los espectadores se sienten obligados a probar suerte; algo de eso sucede con Pudor, la primera película de los hermanos Ulloa (David y Tristán). Cuando termina la proyección, una chica se queja del dolor de cabeza que le ha entrado. No extraña demasiado. Porque por encima de otras consideraciones, esta historia produce una sensación de asfixia interior. Es la consecuencia de poner la cámara (y el corazón) tan cerca de los miedos y el aislamiento de los miembros de una familia.
La coherencia entre el título de la cinta y el encierro vital de sus protagonistas es irreprochable. A través de un puñado de arquetipos (un adicto al trabajo, un ama de casa incompleta o una adolescente confusa hasta la perdición), el espectador no tarda demasiado en encontrar alguna identificación con su estancamiento. Pero las cosas no fluyen como deberían. El aire de tragedia oprime; casi no hay humor. Aún así, la cinta ofrece destellos. La mirada de la quinceañera (Natalia Rodríguez) vale un mundo. Y la manera de hundirse de sus padres (Elvira Mínguez y Nancho Novo) estremece. Por no celebrar las peripecias de los pequeños rebosando simpatía y naturalidad. Así las cosas, el segundo tercio de la historia tiene momentos logrados a través su tensión narrativa y el lirismo de sus imágenes. Pero no es suficiente. El final se entrega a un tremendismo poco creíble, convirtiendo la película en un exceso de flagelación existencial. Los directores podían haber prescindido de tanto énfasis. Es una cuestión de preferencias. Y de inicios. Al principio, queremos subrayarlo todo. Para la próxima, harían bien en confiar más en el espectador.

martes, abril 17, 2007

De la tortura no mencionaban mucho


El Quijote del siglo XXI también tiene
pequeñas intolerables dosis de genialidad y locura.

El Quijote del Siglo XXI frecuenta varias cárceles para
su cuerpo, cada día más cerca del mástil.

Me lo encuentro de cuando en cuando,
siempre con prisas y una melancólica broma a punto.

El Quijote del Siglo XXI
es un visionario de la arquitectura
que bebe coca cola
y habla como un poeta romántico
mientras gana y gana premios.

Prefiere no enamorarse,
ahora lleva gafas
y aspira humo prohibido
para liberarse la cabeza de otros sueños y otros tiempos.

La humana prueba de que a veces es
mejor no contarlo todo.

martes, abril 10, 2007

En sus mágicos bolsillos




(A José Hierro, en la noche donde esta playa celebra sus primeras 100 miradas)

Esquinando rascacielos
descuenta temblores a la belleza
con el mismo asombro
con que roba chocolatinas a los fantasmas.

Adolescente
confinado en las paredes antiguas de su piel
invita a probar todo el humo
del incendio en el azul de su házmelo.

Ella le ignora con los ojos bien abiertos.

Y Don José musica sus alucinaciones
para disimular el la vergüenza
de quien apenas contiene la piel sublevada.

En sus mágicos bolsillos
palabras como economía, sordera o
dinosaurio
fermentan en una lluvia de imágenes
aún por descifrar.

Un tipo raro
este dibujante
de olvidos.

Sus ojos proyectan kriptonita
y deseo.

Kriptonita para palpar a las camareras,
esa cara hirviendo que reblandece

promesas.


Deseo para conciliar conciencia y vacío
en un futuro cargado de revoluciones
con la noche y el disparate
como únicas banderas.

jueves, marzo 29, 2007

Confusión y energía


“No tengo miedo a perder, pero tampoco a ganar”. La frase, la convicción, pertenece a Cesc Fabregas, uno de los jóvenes más talentosos del fútbol español. Una sensación trasladable a los personajes de Atlas de la Geografía Humana, la nueva película de Azucena Rodríguez. La cinta narra las dudas y logros de Ana (Cuca Escribano), Rosa (Montse Germán), Marisa (María Bouzas) y Fran (Rosa Vila). Cuatro amigas (y compañeras de trabajo) que se encuentran en una situación de incertidumbre. Las casadas están asediadas por la monotonía y la infidelidad. Las solteras mueven su vida en un páramo sentimental del que no parece sencillo salir.
Sin embargo, casi sin darse cuenta, las cosas empiezan a cambiar. Aparentemente, es una suma de giros sexuales alumbrados por la suerte. En realidad son su ganas por tomar el rumbo de sus existencias. Ellas saben lo que es tener ganas de que pase algo. Y de un modo más o menos velado, salen de una larga tregua, esa en la que se confunden las memorables experiencias de juventud y la instalación definitiva de la madurez.
La historia se mira con interés, es entretenida y resulta sencillo identificarse con algunos de los sueños y temores de sus cuatro protagonistas. Es una buena adaptación del novelón (más de 600 páginas) de Almudena Grandes, una de las mejores escritoras españolas vivas. El ritmo en la gran pantalla a veces tiende demasiado a la corrección, pero esa sensación de planicie queda compensada por el acierto de algunas escenas.
Los personajes masculinos no tienen ni la mitad de empaque, pero por lo menos no sufren el maniqueísmo de buenos y malos del cine de Almodóvar. Las actrices bordan su papel. Y en el caso de Cuca Escribano, uno tiene la sensación de estar viendo a la chica que mejor ríe del cine español. A veces seductoras, otras contradictorias, muchas veces vulnerables, pero siempre vitales, estas mujeres llenan la cabeza de buenas ideas.
Aprenden a convivir con la frustración y también a superarla. ¿Les suena? No les extrañe, la historia está concebida para provocar la identificación. No es una peli de, por y para mujeres. Sino de seres humanos que se atreven a seguir creciendo, encarando los desafíos cotidianos, con el ímprobo trabajo de una cartografía mundial y sentimental como nexo de unión. Rodríguez consigue trenzar con maestría una historia entretenida, sin artificios. No es deslumbrante. Tampoco muy original. Pero conmueve y cubre de optimismo. Porque, a veces, cuesta creerlo, pero a veces las cosas cambian.

martes, marzo 27, 2007

Al sur del tiempo


Al sur del tiempo
los días tienen cara de sí.

Al sur del tiempo
el desorden guarda armonía.

Al sur del tiempo
los perros contagian tristeza.

Al sur del tiempo
caben noches de rock, rías ignotas y disfraces cayendo.

Al sur del tiempo
la cama está deshecha y se trata de ponerla frenética.

Al sur del tiempo surge la oscuridad más cálida.

martes, marzo 20, 2007

Donde no pasa nada


Escondido en un parque donde hace apenas dos siglos chicos escogidos por la fortuna impresionaban a las cortesanas con algunas bestias, un par de pequeños lagos y la altura de unos árboles entristecidos. No me gusta alardear de ello, pero hoy día esos dominios me pertenecen. Soy capaz de llenarlo de otoño en cualquier momento. Poco importa sea verano. Me basta con preguntarme por aquello que no funciona, es suficiente con la respirar, un sitio del que no he tenido que huir, un palacio donde cualquier seducción funciona. Payasos, universitarias emborrachándose, niños grabando su primer película. Si me dejan elegir, me quedo con el sonido de los europeos africanos convocando una danza multitudinaria. Me quedo con esta gruta a la vista de todos. Uno de esos sitios donde mezclas incertidumbre con romanticismo, tierra mojada y antiguos resplandores. El lugar donde no pasa nada porque es lo justo. Y lo exacto. Principio de principios.

jueves, marzo 15, 2007

La alfombra roja de Málaga


Primera película. En seguida te llenan la cabeza con recortes. Todo fluye. Y llegará el recibo. Amenazando. Y hablaremos. Sin embargo nadie puede negarte. Esos chicos. Admiración y risa. Desgastar vidas mientras algo especial dentro. Ellos no lo ven. Pero en tu cerebro, con insistencia, sí con insistencia, suena la mejor navegación de los Nada (surf), ese refresco con el que convocas la revolución de los pequeños placeres. Está bien verlos de cerca. Altos, apuestos. Fascinante. Y estúpidos. Alguno con una estupidez más interesante que otra. Y ellas... Y sin embargo, como flotando, dos cómplices. Algo para siempre. 21 años. Una cicatriz memorable. Y un abusivo pasado en la gimnasia. Separados. La elegancia de hace mucho tiempo. En permanente duda. Y ya no importa. Esta noche. Es bonito sentirse. Inmerecidamente. Reina. Por qué no. Te ríes por dentro. Tantas Laias por descubrir. Sólo una pequeña porción tuya y del mundo. No está mal este disfraz de chica dulce. Tantos solitarios por. Conmocionar.

miércoles, marzo 14, 2007

Atlántica


Descubriéndose
sobre estas madrugadas flotantes.

Abre las respiraciones del mundo

Atrás quedaron jaulas y momentos prohibidos

Su niña (a punto de llegar) apacigua la rabia del planeta

Smile woman se entristece en una taberna futurista

Simile mueve el cuerpo solo con mirarte

Smile está llena de zen


Nadie como ella envuelta de nieve

jueves, marzo 08, 2007

When the stars go blue


Un parado rebusca en el naufragio de sus recuerdos. Algunas bolsas de basura después, encuentra un manojo de entradas amarillentas. Una punzada de alegría. Temporada 86-87. La primera entrada. Evoca la imagen de su padre, divertido, con una gorra de la Unión Deportiva Las Palmas, él que era chicharrero pero por encima de todo insular, en el sentido más interesante. También recupera la emoción de saberse en el mismo lugar de los ídolos. Viendo la soledad del portero, casi en el medio del campo, esa soledad nunca ha interesado a la televisión. Los mismos jugadores a última de la temporada le harían llorar por la derrota ante esos mismos. Cómo olvidar la colección de insultos. A aquellas lejanas figuras de blanco se les podía llenar de escombros y celebración. Pero lo mejor no se ha despegado del tatuaje de la memoria. Cinco goles. Tres a dos. Emoción. Y sobre todo. Las bromas y la celebración. Aquella noche el padre festejó todos los goles. Y aguantó, divertido, el pique con su hijo, camino de casa, con la satisfacción de que a veces un acercamiento a las estrellas no resulta del todo decepcionante.

Inadaptados y brillantes


“Somos seres mentales. Somos memoria. Somos imaginación. Lo que realmente vale es lo irreal”. El autor de esta insinuación es Alfonso Quimera, el protagonista de Héroes Flacos, el segundo libro en castellano de Josep Pastells (Girona, 1966), redactor jefe de El Iceberg. Quimera es una suerte de Quijote de nuestro tiempo, a medio camino entre la genialidad y la esquizofrenia, entregado a la literatura como religión. Las cosas no le marchan demasiado bien. Tiene sexo pero ni un atisbo de paz interior. Posee la clarividencia de los elegidos pero es un marginado social. Está enfermo de literatura y celos, pero a cambio cuenta con una amistad plena, la de Peter Nijinski; ser analítico que se esfuerza a fondo para ganarse el cariño y respeto de su compañero de desvaríos.
Hace niebla en esa búsqueda, los dos quieren premios, pero sobre todo aspiran a seducir la vida. Mejorarla. Captar su esencia con una elucidación brillante. Y lo consiguen a través de una artesanía de sentencias que deja cautivado al lector, enganchado a un estilo adictivo, donde, simultáneamente, se entremezclan filosofía y turbiedad, literatura y revelación. Tal vez algunos monólogos suenen reiterativos pero por encima de todo se impone la sensación de proeza narrativa. La escritora Pilar Adón lo presenta el día 15, a las 21.30, en el Fender Club de Getafe, ahí donde se confunden arte, humo y licores.

miércoles, marzo 07, 2007

Las tres Gracias


Nadie sabe como, pero el amigo Peter Paul veía cosas de inicio del XXI a mediados de 1625. Veía por ejemplo a tres mujeres muy parecidas a las diosas, con la gran pega (o acierto) de que cada una de ellas estaba limitada por algún miedo que hacía más especial su resplandor. Hablo de un lugar muy cercano a Getafe. La diosa de la izquierda era la amante predilecta del escritor, su novia oficial. Con ella la vida parecía hasta sencilla: buen sexo, buena cabeza y la promesa de envejecer juntos. Sin embargo no se veía con ganas de resbalar junto (a de para) ella en la cima de la ola.

En medio, estaba la diosa del cielo platónico. Bella, arrebatada, inestable, furiosa en su manera de probar las sábanas. Rompiéndose hacia dos lados en una duda apenas soportable. En segundo plano, con la serenidad de la mística y una de las mejores risas del lejano océano, una rubia de ojos increíbles y conversaciones sedantes (en sugerente sentido).
La coherencia de este laberinto de deseos aguardaba en alguna esquina del escritor. Pasota profesional, padre carismático, periodista eficaz, amante sucesivo mismo tiempo casi espacio mismo. La solución al embrollo narrativo nace en algún descanso de su cerebro, pero quién quiere delimitarse cuando tres diosas hacen un completo. El señor Rubens lo anunciaba.
Y quizá las cosas no hayan cambiado tanto.

jueves, marzo 01, 2007

Sin agua mineral


Tiendo a la idealización de los ochenta. Ese tiempo donde todavía quedaba espacio para la rebelión y el misterio. Días donde surgían plantones injustificados y el temblor de las transgresiones todavía no estaba bajo sospecha.

Hasta que aterrizas en la República Democrática (cada vez soporto peor el sarcasmo) Alemana. Avenidas amplias llenas de un silencio como no recuerdo. El color tristeza del otoño y los coches artesanales. Algo familiar. Con la diferencia de que entonces la gente se aferraba allí a la inercia con demasiado tiempo para consumirse. El arrepentimiento. Un cielo plomizo dispuesto a pulverizar la angustia de los cráneos.

Y el imaginario de mitos que alguna vez tuvieron algún sentido en un puñado de hombres. Algunos de los mejores de su generación. Progresos comunitarios. Poesía. La perfección practicada hasta el enfriamiento. ¿Capaces sois de numerar toda mi existencia? La gente confinando sus vidas, con insistencia, en la geografía del miedo.

Aterra nuestra capacidad para hacer lo correcto. Un día es denunciar al viejo de al lado. Otro es la hipoteca en el murmullo ajeno. Mañana jóvenes, productivos y guapos. En ese mundo donde el estado es un dios miseria implacable. En ese mundo donde se paralizan las emociones. Una actriz guarda en su cuerpo las neuras, medicinas y adoración de su chico. Cachorro condecorado del régimen, poeta desde donde no llega la memoria, un hombre bueno, deshilachado y con suerte. Con talento para con sus manos convocar la tristeza de Beethoven, inmune a las balas entrando a pulmón.

También se puede, se puede, vivir (a veces respirar) con pequeñas muertes rodeando la cintura. No digo sea fácil. Pero espacio todavía queda. Rebelión y misterio.

Sexo en los ojos



Ya se. Esto no lo tendría escribir. Ella desfila con elegancia y condescendencia cuando la rutina quiebra la mayoría de los cuerpos. Podría (no puedo) hablar de sus civilizados bamboleos. Pero es la luz de su ojos entrecerrados lo que proyecta algo irresistible sobre mi barcaza de marinero anhelante. Algún día Helen nadaba con falda y una agitación apenas disimulada por las calles de una Inglaterra que estaba estrenando su decadencia.

No era la más guapa. Tampoco la más simple. Había algo en esos ojos. Una manera maliciosa de torcer las conversaciones que dejaba fascinado. Las ganas rebasaban los límites de su ya muy desarrollado entendimiento. Y empezó a practicar el placer de entristecerse con palabras de otros mundos. Lugares donde las chicas podían concentrarse en una sola prohibición. Algo sucede entre ti y todos esos desconocidos.

Cayó seguro el príncipe de Dinamarca. Tampoco se ahorraría el sufrimiento de los héroes de las viejas cavernas al sur de la isla. Ni la arrogancia de los que venía con el futuro mejorado. Pasaron decenios. Aquella chica cambiante dejó paso a una mirada llena de variaciones. En una misma tarde era la más chistosa y casi sin tiempo la más profunda. Su manera de entrecerrar en los ojos. En mi cabeza. Manos, vientre, here.

Tanto como para que me parecía ridículo una justificación por el dinero o un superpoder con desesperados en la primera película francesa (no podía ser de otra manera) crucé mis primeras miradas con ella. Ayer el día desaparecía con su imagen estampada en los periódicos. Estaba contenta. Pero no se traiciona a sí misma. Hay algo definitivamente provocador en la manera en la que reivindicó la gelidez de la reina. Hoy he dejado de creer en la falta de magnetismo de las chicas con el pelo nevado.