jueves, marzo 08, 2007

When the stars go blue


Un parado rebusca en el naufragio de sus recuerdos. Algunas bolsas de basura después, encuentra un manojo de entradas amarillentas. Una punzada de alegría. Temporada 86-87. La primera entrada. Evoca la imagen de su padre, divertido, con una gorra de la Unión Deportiva Las Palmas, él que era chicharrero pero por encima de todo insular, en el sentido más interesante. También recupera la emoción de saberse en el mismo lugar de los ídolos. Viendo la soledad del portero, casi en el medio del campo, esa soledad nunca ha interesado a la televisión. Los mismos jugadores a última de la temporada le harían llorar por la derrota ante esos mismos. Cómo olvidar la colección de insultos. A aquellas lejanas figuras de blanco se les podía llenar de escombros y celebración. Pero lo mejor no se ha despegado del tatuaje de la memoria. Cinco goles. Tres a dos. Emoción. Y sobre todo. Las bromas y la celebración. Aquella noche el padre festejó todos los goles. Y aguantó, divertido, el pique con su hijo, camino de casa, con la satisfacción de que a veces un acercamiento a las estrellas no resulta del todo decepcionante.

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