martes, agosto 08, 2006

Las quilmes se caen a nuestros pies


Después de 25 horas de (todo hay que decirlo) surreal y divertida espera, conseguimos embarcar en un vuelo transoceánico. Nos vamos a saltar todas esas pequeñas desesperaciones y bromas acerca de nuestra persistente espera, para situarles en una escena digna de Independence Day. El público lleva horas derrengado sobre los asientos, algunos dormitan, otros se aburren y tres de ellos (Ra, Luciano y Peter) terminan de definir los boliches (discos) de moda, cuando, al fondo del pasillo mecánico, se atisba la figura del comandante y sus azafatas. Toda una promesa. Para quien no haya tenido el buen gusto de visitar las páginas de Aerolíneas Argentinas, decirles que en la cubierta aparecen dos minas de locura. Envueltos en uno de esos silencios que acompañan a las estrellas del rock, llega el destacamento, placido, sin prisas ni remordimientos. Presas del síndrome de Estocolmo, el público viajero rompe en aplausos y vítores. Ahora sí empieza la aventura.
A estas alturas de relato tendrán un par de lógicas dudas: ¿Quién coño era Luciano? y ¿Por qué la gente aplaudía? Luciano era un chaval (20 palos), gaucho de Rosario Central, seguidor de los de su tierra y aficionado al buen hablar. A lo segundo no hay dios que responda, ni argentino que lo psicoanalice (una de cada 90 argentinos es psicoanalista).
Doce horas dan para mucho: aficionarte al jazz, ver Novia Cadáver o convertirte en consumidor compulsivo de guías argentinas. Pero al turrón. Mientras recogían los restos del (ajustado) yantar, como si de una providencia se tratase, se cayó una cocacola al suelo que casi nos baña y, oh sorpresa, una reluciente quilmes (patrocinadora de la selección argentina) aterrizó en nuestros pies para inaugurar oficialmente la singladura de los muchachos. Para los bien pensados, aclarar que Quilmes es una suave cerveza pampera. Ah, y para los que habían pensado en otra segunda pregunta ahí arriba: las azafatas eran educadas y amables, pero no cumplieron las expectaivas…Miento, cuando uno de nosotros esperaba en el baño, descubrió a la chica de la foto: dulce, misteriosa, sonrío con sus ojos verdes para indicarnos que el baño estaba abierto. No se apuren, en próximos ratos les contaremos nuestras primeras andanzas por La Argentina.

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