lunes, marzo 10, 2008

Chica en vuelo se prepara


Hay quien no quiere aventura en un sitio póster. No sé muy bien a que se refieren. Sito póster es la playa de Taganana, un sitio escondido entre montañas donde las olas se ponen cachondas antes de tumbar con dulzura a una chica francesa que se ha tostado en su primer día. La chica se llama Natalie y sus ojos se parecen a Isla James.

Este mediodía un camarero con la cabeza llena de pájaros (cuentos en forma) ha visto los coches que pasaban a su alrededor con los ojos de un artesano del siglo XII. Casi se desploma del vértigo, pero al rato ha sentido una rara mezcla de miedo y excitación al ver a animales con piel de acero moviéndose de un lado para otro en un silencio misterio.

Dos monatañas allá, escucha un sonido como de oso gigante. Sigue caminando y divisa torres de apariencia aburrida pero tranquilizadora. Puede que haya humanos, después de todo. Nuestro despistado héroe se ha sonreído pensando en los elefantes del altiplano africano. Los seres preferidos por los conquistadores que se forjaron en un planeta donde el cielo varía de humor en función de los gestos de la chica del súper.

jueves, marzo 06, 2008

La corona del señor Basquiat


Hubo un tiempo en que los príncipes tenían su corona, disfrutaban en vida de la fruta y las mujeres. También las estrellas. Podían saciar sus apetencias y vivían felices. Pero cayeron los siglos y se cumplió un ciclo de reencarnaciones que desbordó todas las previsiones. Ya no había suficientes cuerpos para tantas almas.

¿Qué haremos con los príncipes? Quizá nos hemos equivocado con ellos. Les hemos regalado cantidades enormes de risa, placer y sueño (ese agradable sopor que sucede a la siesta o los juegos del cuerpo). Pero a cambio ellos se han convertido en animales del aburrimiento. No inspiran y cada vez están más taciturnos.

Este es el nuevo trato: tendrás imágenes y ganas y una habilidad especial para expresarlas. Pero olvídate de la riqueza o las comodidades o la armonía.
Tu mente se convertirá en una centrifugadora de emociones, pensamientos y desgarros (también de alegrías) que a duras penas te concederá tregua.

Te llamarás Jean-Michel Basquiat y será raro el día en que no creas enloquecer. A cambio, tu pintura embadurnará el alma con un brebaje tormenta. Serán dibujos de apariencia infantil y llamadas de auxilio.

Estarás solo en una gigantesca torre.
Permanecerás enjaulado.
Pero no temas, hijo mío, porque el sonido de tu corona percutiendo contra los barrotes creará una música que calmará el alma de los treintañeros que necesitan esas imágenes para coger las próximas olas de luz.
Y ese sonido acabará por convencer a alguien de que a veces los príncipes hacen merecimientos para serlo.

miércoles, marzo 05, 2008

En mitad de la corriente


Socialistas que te piden el voto con el mismo ceremonial que un obispo, conservadores en cuyo cerebro solo caben cuatro ideas y tres son negativas. Tanto ruido.

No obstante, hay rendijas para la insurrección y también para la arquitectura de buenas noticias. Por ejemplo, un país donde la mayoría gente puede comer caliente día sí día también. Derechos civiles que se expanden disolviendo la sombra de la dictadura, adioses de violencia machista, paciencia de violinistas que componen energías renovables o las ventajas de celebrar nuevos horizontes para niños con la piel tiznada y el corazón lleno.

lunes, marzo 03, 2008

cuando masajeas el mar


la noche echaba sus últimas espumas
y una pelirroja con los ojos infinito
se cruza
se asciende bamboleando el alma desde su tejado

"Tienes una mirada con carisma"

(y a mi me gusta tu desconcierto)

(sobre todo tu invitación y esa manera
valiente de tocar los cuerpos)

miércoles, febrero 20, 2008

Borges baila un twist en una vieja cervecera madrileña

Cada gran escritor tiene un mito. Esa imagen se compone de una extravagante combinación de anécdotas, lecturas, pose y apreciaciones de amigos. Algo como que Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986) vivía feliz en una biblioteca donde consumía libros a modo de oxígeno.

Es fácil imaginarlo como un profesional de la memoria, riendo, proyectando a través de su cerebro complejos mecanismos para explicar el universo, también el rostro de una bella muchacha o la lucha en algún arrabal porteño de finales del siglo XIX, donde luego ubicaría algunos de sus poemas. Sus escritos son misteriosos y exigen máxima concentración.

La leyenda habla también de que tanta exigencia le hacía un hombre poco sociable.Pero los mitos están para desmontarlos. O para relativizarlos. Por eso funciona tan bien la exposición que la Comunidad ha organizado en el Complejo El Águila (en el intercambiador de Delicias emerge esa antigua fábrica cervecera remodelada como funcional centro de exposiciones). Se trata de la muestra fotográfica El Atlas de Borges, un conjunto de imágenes donde se aprecian los últimos viajes de este buscador de historias.

En las fotos se ve a Borges en plena senectud, acompañado de quien primero fue su secretaria y luego su esposa, María Kodama.El genio está erosionado, camina con bastón y ya no ve. Pero todo eso es una impresión superficial, porque Borges está más contento que nunca. Se nota en el pulso de los textos que completan las fotografías.

Maravilla su habilidad para captar la esencia de un sitio en un solo párrafo. ¿La receta? Mezcla unas gotas de historia con un toque de humor y una pizca de sensaciones en primera persona. De tal forma que, no se sabes muy bien cómo, pero te encuentras bailando un twist con el viejo maestro, riendo fascinado.

martes, febrero 19, 2008

¿Es un genio?


La pregunta, están en lo cierto, atañe a Rudy Fernández (Palma de Mallorca, 1985), el hombre de moda del baloncesto nacional y el último verdugo del Alta Gestión.

La actuación en el partido del sábado del escolta verdinegro nos permite calibrar su grandeza como jugador. En un día aciago en el tiro exterior (1 de 8 en triples), Rudy se las apañó para estar casi en su media anotadora (sumó 18 puntos, cuando promedia 20) y sacar nota en el resto de los capítulos estadísticos: 7 asistencias, 5 rebotes, 4 recuperaciones y, por qué no decirlo, 9 tiros libres anotados sin fallo.

Así las cosas, la valoración (esa entelequia que los matemáticos han diseñado para pesar la magia de un jugador o un equipo) dice que Rudy estuvo por encima de su media (29 por sus habituales 25). Para sumar esa cantidad hay que hacer muchas cosas bien si eres un escolta, con el camino complicado para coger rebotes o las canastas fáciles. Con lo cual, parece razonable argumentar que Rudy es el jugador más valioso de la liga, por delante de Marc Gasol, que lidera el ranking con una media de 25,8 de valoración.

Para responder a la pregunta que encabeza esta reflexión, me remito a las palabras en el diario Marca de Ramón Trecet, ya saben ese tipo que reinventó la narración del baloncesto cuando la NBA era terreno mitológico en España: “Rudy es tan superior sobre el parquet a cualquier otro, que me recuerda al Drazen Petrovic de la Cibona. Mete triples de ocho metros. Cuando penetra, ¡puede cambiar de ritmo tres veces!...”. Hay queda eso. Lo compara con el más grande virtuoso jugador ofensivo alumbrado por el viejo continente. Con la particularidad de que Rudy entiende más el juego y defiende bastante mejor.

La valoración de este sabio nos permite enfilar la respuesta hacia un sí. Sí, Rudy tiene un talento descomunal para practicar este juego. Lo demostró en el 2004, cuando, con 19 años, deslumbró a todos con su repertorio de mates, entradas a canasta y triples insolentes. Eso es el don.

¿Pero qué ocurre si al duende le sumas la capacidad de trabajo de un inconformista? Que aparece el genio. Jordan no era ni de lejos el mejor jugador de su país cuando jugaba en el instituto. Pero su afán obsesivo por mejorar le llevó a ser el más grande de todos los tiempos.

Nosotros, más humildes, nos conformamos con que Rudy haga caso al cineasta Tim Burton: “no permitas que nadie te marque un límite desde fuera, simplemente dedícate a explorar el tuyo”.

miércoles, febrero 13, 2008

La imaginación humana se ha extinguido


Un silbido agudo, entrecortado y tenue fluye por
la coca cola cenagosa del río.

Largos hocicos tienden a pedir cielo
pero a veces se extravían
a causa del ruido constante o de la vibración de las excavadoras.

No escuchaban los mensajes de sus compañeros de manada.

Un delfín blanco
perdido
aterrado
probando músicas
músicas sin respuesta.

Sin silbidos con los que abandonar su ensimismamiento.

Música ahogada por las manos de un simio cerebro,
simio moderno escogido por el planeta para ser de nuevo planeta desierto.

¿Qué siente el último anciano de la última tribu?
En algún lugar de las aguas del Yangtsé ha sucedido

o está sucediendo.

(Para Raúl B, el hombre niño que todavía habla con los perros y que un día me contó la historia de los delfines blancos, a los que los humanos también hemos encontrado un cromo en el álbum de la extinción)

lunes, febrero 11, 2008

Tengo sueño, tengo sueños


Y la parada rubia me sonrío con forma de chica

martes, febrero 05, 2008

callejón


Mensajes de humor
(el contraste entre palabras repeinadas y grandilocuentes
y la miseria que las envuelve) si no fuera porque

miles de islas sufren totalitarismo alma

lunes, febrero 04, 2008

Princesa gótica

¿Te apetece?


me preguntó entonces
con la misma picardía de la que hacen gala sus heroínas…

lunes, enero 28, 2008

Los cielos del Cairo son ruidosos


Miro dentro de mis vísceras y emerge una ciudad llena de de faraonas semidesnudas. Esas chicas miran con extrañeza a las mujeres arena que apenas tienen ojos. Cabecean y sonríen con la relajación de los que han aprendido a resumir el mundo con respiraciones.

Dentro del salón, Emir se rasca la barriga y mira uno de sus tebeos preferidos. Dentro de media hora, empieza el partido del Barcelona, que para los egipcios de este futuro medieval es lo que para nosotros un día representaron los Boston Celtics. Héroes con tanto talento para jugar como atormentada relación con la gloria.

Entretanto, un poeta cántabro roba una lámpara del palacio chino y la mezcla con los cielos del Cairo, donde debajo de una superpoblación de antenas parabólicas se esconden unos pocos adoradores de estrellas.

sábado, enero 26, 2008

¿Señor García?


La azafata, una chica guapa y algo estressada, mira al cielo, hace la pregunta y se encuentra con un tipo tímido, medio canoso, que va camino de los 31 años (los cumple el 23 de febrero). Nunca se anima a preguntarlo de viva a voz, pero esa chica sospecha que el hombre debe ser jugador de baloncesto. Aunque si prescindiéramos de su altura, podría ser perfectamente un vendedor de seguros o el panadero de al lado de casa.

Es verdad que el señor García es un tipo sencillo, que ama por encima de todas las cosas a su mujer, de quien dice se parece a Penélope Cruz, y a sus dos hijos, uno de los cuales le tiene muerto de risa por su ocurrencia de querer ser torero. Al señor García le gusta el cocido maragato y una copa de ron añejo. Es un hombre con gustos comunes aunque elevados, como su preferencia por el cine de Meryl Streep y las playas de Punta Cana.

Pero hay detalles que no se aprecian en el primer flash. En esa fotografía difusa de una mañana en el aeropuerto de Barajas o la estación de Atocha, no se ve al adolescente cordobés de 13 años cargado de ilusiones rumbo a la capital, donde se formó en la cantera del Real Madrid e incluso debutó con la selección nacional sub-22. Aunque no tardó en llegar la puerta abierta de una ristra de equipos humildes donde aprendió a ganarse la vida haciendo lo que mejor se le daba. No era malo. Tenía agallas en defensa. Y raptos de inspiración en el tiro. Pero siempre parecía faltarle algo para echar raíces.

Así las cosas llegó al Baloncesto Fuenlabrada en otoño de 2004. Para la mayoría de la afición era un perfecto desconocido. Pero no tardó en quitarse el celofán de hombre corriente para jugar algunos partidos más que notables. La apuesta salió bien y el equipo recuperó la jerarquía. ¿Pero este tío tiene calidad para jugar en la ACB?

Tres temporadas después, el señor García se ha convertido en el mejor desconocido jugador de la categoría. Tiene un porcentaje de acierto en triples (48%) del que no pudo presumir ni su tocayo Garbajosa en los momentos más brillantes. Convierte cada una de sus defensas en un tratado de instinto y astucia. Y a veces prueba cosas maravillosas que no vienen en el guión, como ese semigancho. Definitivamente, el señor García tiene una vida como para sentirse importante, pero prefiere hacerse el distraído y llevar el traje de timidez los sábados por la mañana. Y, como sucede con el panadero cuando enferma, es ahora que está lesionado cuando más se valora su tarea esencial.

jueves, enero 24, 2008

Cuando las mujeres se piensan con el cuerpo




La Tana es un bar situado a cinco minutos escasos de la estación de Cercanías de Pinto. Está decorado con buen gusto, en sus paredes se alternan retratos pop de celebridades con los cuadros de talentos emergentes de la zona. A esa categoría pertenece la pintora Virginia Aguilar (Pinto, 1977), que ha escogido ese enclave para organizar su primera exposición.

Después de varios años creando un universo propio, Virginia se ha decidido a enseñarlo. Está contenta y emana serenidad. “Bueno, ahora me ves tranquila, pero pasé unos días de nervios y bastantes dudas escogiendo y titulando los cuadros. Por suerte, conté con la ayuda de mi hermano José Antonio”.

Hay quien dice que la felicidad es el momento previo a una experiencia largamente deseada (la imaginación se dispara sólo de pensarlo). Según esa teoría, cuando se cumplen tus sueños sientes una extraña mezcla de alegría y vacío. Aguilar parece inmune a ese vacío, al menos en la mañana en la que tiene lugar la entrevista. Bromea con las camareras del bar donde expone, que son amigas, y a pesar de que ahí fuera llueve, irradia una ilusión parecida a la que suelen tener las niñas cuando estrenan ropa o acuden por primera vez a un club de equitación.

Las paredes de La Tana tienen estos días un trozo del Parque Güell de Barcelona, la mirada de una chica que es maltratada o el relajante baño de una mujer enroscada en su placer. Todo es posible en unos cuadros que ofrecen la crónica de las pequeñas alegrías y reveses cotidianos.A la artista le encanta mirar cómo la gente observa sus cuadros.

En cuanto te descuidas, pregunta qué te han parecido o qué interpretación das a la escena. La mayoría de las veces se sorprende: “El otro día un señor me dijo que por qué colocaba una cara de lobo como sombrero”. A la persona que estaba a su lado en ese momento también se lo pareció, aunque sea una cara superpuesta sobre una cabeza. Es la magia de su manera de filtrar la vida por un dibujo. Su universo remite a las caricaturas de Sciammarella o los personajes de Tim Burton. Pero tiene algo único.

En el mundo de Virginia, las mujeres se piensan con el cuerpo. Si están melancólicas o aburridas se estiran. Si por el contrario viven contentas o asustadas lo sabes por su cara. La ternura y el deseo se transmiten a través de los colores. En sus palabras, “la calidez es un color”. Se nota en el abrazo entre abuela y nieta.

Las ilustraciones de Aguilar cautivan en el detalle; hay que mirarlas despacio para comprender sus historias, cuyo contenido se percibe a través de un gesto, el cambio de unos colores o una mirada. Sus creaciones están disponibles (la mayoría de las obras expuestas están a la venta) en La Tana hasta el 31 de enero.

miércoles, enero 16, 2008

Probando el vuelo


Este viernes a las 21.00 horas cita con el desconcierto. La señorita Torvisco y este humilde minero de la espuma recuperamos historias y proyectamos asombros (los nuestros, no se apuren). Amigos, amigos nacientes, amigos invisibles o misteriosas. Todos están, estáis invitados. El lugar se llama Club Bukowski. Es fácil caer en su cueva, según se sale del metro Tribunal (el de Bilbao tampoco cae mal). Calle San Vicente Ferrer, orilla de la izquierda, no hay que remar mucho; es la madriguera de un drácula con ínfulas de escritor maldito norteamericano. Decidan lo que decidan...

Gracias por estar ahí.

Torvisco y Fernaud

Pedro tardó en dar sus primeros pasos, lo hizo al año y medio, apoyándose en la pared, impulsado por la emoción de ver a una de sus tías canarias. Ya de mayor, olvidó los buenos hábitos y los años de esfuerzo practicando deporte para castigar algunas barras de bar. Lástima que sobre todo castigara su estómago y haya tenido que reciclarse como tenaz bebedor de zumos. Un día se enfadó y se lió a insultos, y pensó, no se me dan mal las palabras, así que empezó a perder la virginidad. Misteriosas, confesiones, tristezas protesta, pequeñas historias de lo cotidiano, mujeres preguntándose, tipos fronterizos...Escribe sobre lo que le interesa o se interesa sobre lo que escribe. Ya no lo sabe, hasta el punto de que a veces se ha sorprendido sintiendo cosas que no sabía que sentía. O que pensaba. Supongo que para eso sirve la escritura, para conocer nuevos territorios dentro del último continente desconocido: nuestra conciencia.

Vestida de negro

“Vestida de negro se me olvida que tengo que estudiarte.

Tu piel prueba nuevos recorridos difíciles de negar.

Vestida de negro tus palabras siguen temblando y ya no

vértigo.

Tu piel es la de un animal impertinente

con la que quiero derrotar incertidumbre...”

María

Escribe para negar el ruido de lo cotidiano.

No sé si se quebró la luz

o fue el hielo,

al congelar mi retina,

quien me enseñó la negrura de la noche.

martes, enero 15, 2008

Alex de la Iglesia ronca


¿Qué como lo sé? Todo empezó este domingo, en el preciso instante en el que mi bolígrafo dijo hasta aquí hemos llegado. Y no me quedó más remedio que ponerme cómodo, reclinando mi cabecita contra el generoso regazo de una de las azafatas. Cuando me quise dar cuenta, vislumbré al famoso director vasco. El tipo que tenía al lado dijo sí que se parece. A lo que le repliqué: es él. A veces mola parecerse a Jhon Wayne.

Al minuto se confirmó la sospecha. El tío que nos ha regalado El Día de la Bestia, 800 balas y Crimen Ferpecto iba acompañado de su buenorra esposa, la hermana de esta y dos nenas encantadoras. La más pequeña, Claudia, se puso con su papi, lo que él celebró con un sentido del humor que hizo que me cayera bien.

Buen tipo este de la Iglesia capaz de convertirse en una suerte de Don Pimpón humano (con el carácter de un niño rebelde y amable, es lo que no tienen los niños de cuarenta) para delite de sus niñas. Después de un poco de persuasiva comedia, Don Alejandro (zapatillas de adolescente) miró por la ventana de una revista e inmediatamente cayó fulminado por un reparador sueño.

De manera instintiva, Claudia escondió su cabeza debajo del frondoso ala de su papá, todavía con la piruleta en la lengua. La hermana de la morena estilizada demostró que el papel de tía solícita no se ha perdido todavía en esta generación y le evitó a Claudia una sobredosis de azúcar. A cambio, disfrutó de una piruleta casi intacta que saboreó con fruición para deleite de los imaginativos. Antes de todo esto, De la Iglesia preguntó:

-¿Quien va aquí?

A lo que la morenaza contestó con una risa cómplice, ni idea.

-Lo va a pasar mal, porque ya le estoy colonizando...

Ciertamente, el viejo seminarista no cabe en sí, pero regala una escena entrañable. Como de adolescente que ha sobrevivido aferrado a los cómics formato biblia y un sano escepticismo, sin necesidad de adaptarse al molde. No parece que le haya ido mal. Ayer leí a uno de los héroes del Hombre Elefante decir algo así como que es “persuasivo y magnético”. Es lo que tiene el sentido del humor y una inseguridad bien digerida.

A todo esto, el tipo del asiento contiguo resultó un perfecto estúpuido. Y ahí es cuando el autor de mirindas asesinas hizo honor a su currículo y le lanzó una mirada que valía por todos los insultos, pero contra lo que no se podía poner denuncia porque era eso, código animal del que de vez en cuando es indispensable echar mano.

Cuando me quise dar cuenta, casi me tropiezo con él a la salida de la aeronave. A Claudia le había entrado la llorera al descubrir que ya no estaba en el mágico Bilbo. Por suerte, ahí estaba su papá doblando el lomo para acordonar unos zapatos rebeldes. Inspira cuando ves cómo un padre todavía puede regalarle a sus pequeños un cuento para dulcificar el mundo.

sábado, enero 12, 2008

Ingrávido

¿No te ocurre a veces? De repente parece que no sabes nada. Las cosas te fascinan como el primer día. Te quedas mirando animales salvajes y pasas la mano por el vientre de una desconocida como si tu toda mano fueses tú…

…un tío sueco con pinta de malas pulgas cuida a su nena con un lenguaje delicado de sonidos y muecas. En uno de tus viajes fuera de la nave espacial una chica comienza a gustarte, y piensas a veces uno por uno es flotando.

Quizá sea esa manera de bromear

sales a jugar al fútbol y dejas de sentirte un maldito. Si tienes alma de boxeador lo mejor será ir a por todas. Pegar empujones, caer al vacío como una pluma que está sobrecargada de tinta. Enseñar los dientes y nadar en barro. El dolor en esta flotante cubierta de césped pasa en poco tiempo. Sólo necesitas un motivo para encender tu rabia.

Una carrera y te robo la pelota. Otra carrera y me como tu autopase. A la siguiente casi me rompo el tobillo (en realidad casi ni le he rozado). Aunque lo más probable es que me rompan una costilla. O no. Si vas con convicción la gente se acaba achantando. Lástima que haya perdido 15 kilos por el camino. Echo una mirada a lo que ocurre fuera del campo y nadie hay motivante…Recuerdo un partido en el que nos llamaban de todo menos guapos.

Daba igual.

En el banco había un ángel de esas que piensas por qué no se cruza en mi camino.
No es del todo verdad.

Ángeles hay ceca. Alguna hasta me ha prestado alguna vez sus alas. Pero lo que me ha gustado de verdad de esta tarde es he sentido una alegría contagiosa desafiando mis límites.

Ingrávidas y copazos de oxígeno

Ahora más que nunca levanto mansiones de espuma e invito a los amigos para que nos asombremos por todo lo que nos reservan las ingrávidas de Andromeda...

ya no estamos tan lejos

jueves, enero 10, 2008

¿El mejor momento de esta semana?


La calle cubierta de una niebla como la que envolvía a las mujeres de los burdeles londinenses en el siglo XIX. Caminas despacio y es agradable cuando una chica bonita te sonríe sin aparente motivo. Dentro del restaurante, despliegas el diario Marca, donde Santiago Segurola, ese profeta del periodismo deportivo, explica como no lo harían cinco entrenadores germanos superpuestos, por qué el delantero holandés es el mejor del momento o cómo viven y se hacen grandes los mejores atletas del fondo mundial. Abres mentalmente Fake plastic tree, la canción que Incantevole te ha regalado anoche. La camarera, que es la chica más simpática del planeta sur, te trae tu desayuno favorito: un vaso de leche caliente y un par de croissants. La garganta tiembla de calidez, estás contento porque después de unos días taponado puedes saborear el bollo. Me gusta el sabor de los bollos. Y esa sensación dulce y rotunda del estómago contagia al resto del cuerpo para acabar escalando el monte de la repetición con una sonrisa.

viernes, enero 04, 2008

Comer caliente y reventar cráneos


Ridley Scott tiene setenta años. Es un director del que en realidad no sabemos casi nada. Sus películas hablan por él. Sin forzar la memoria, señalo Blade Runner y Thelma y Louise; los adolescentes del siglo XXII seguirán descargándolas de internet.

A mediados del siglo pasado prosperó un mafioso negro. No tenía rollos con los señores de la cosa nostra. En realidad era chófer de uno de los capos de la forma bronx de hacer pasta a través de negocios turbios. Durante un par de decenios aprendió que el mundo lo entiende siempre si se lo dices con un par de hostias. Aunque la opción de meter un balazo nunca debe ser descartada. Es una forma de intimidación que funciona bien si lo haces a la primera. Luego, el miedo construirá por sí solo el imperio.

De eso habla American Gangster, una historia dedicada a celebrar algunos de los lugares comunes de las pelis de mafiosos. Ya saben, el ambiente adverso, las mujeres bellas, el chico modelado en el odio que se hace a sí mismo. También a pulveriza algunos de esos tópicos porque está edificada a través de una situación verídica.

Los gangsters en la vida real se dedican a trabajar como personas serias y respetables. O se hacen pasar por locos, como nos contó Enric González en sus historias neoyorkinas. En la vida real los mafiosos son serios, desconfiados, trabajadores y tienen un código moral que básicamente sirve para tener contentos, muy contentos a los suyos. Denzel Washington es el gran jefe malo de esta moderna peli de indios y vaqueros. Pero en el siglo XXI los indios también se ganan la simpatía de los espectadores.

Pondré un ejemplo. La noche está a medio batir pero tú estas fatigado (todos los días te levantas a las cinco). En tu club todo el mundo quiere chuparte. En sentido real y figurado. Pero también ser un dios cansa. Lo que no pierdes son los impulsos primarios. Cómo no sentirse atraído por la portorriqueña que te alumbra desde lejos. Son sus ojos. Ojos que saben mirar y descansar, ojos para enloquecer. También sus curvas elegancia lenta.

-Buenas noches
Hola
-Lo estás pasando bien?
Sí, mucho. ¿Eres Frank Williams?
-El mismo. ¿Me sueltas la mano?


Sí pero no. No pero sí.


-¿Adónde vas?
A dar una vuelta...
-¿Necesitas alguien que te acompañe?

Una sonrisa resume el sentido del éxito para la mayoría del planeta: trabajo duro, superación, crueldad, montañas de dinero, mansiones, piscina, una forma arbitraria y seca de ordenar el mundo. Y la familia. Todo por un sueño, la admiración instantánea.
Has ido a por la materia prima al lugar de origen. Te has cargado todos los convencionalismos y ofreces mercancía el triple de buena a la mitad de precio. Así son los pioneros. También en el imperio de las sombras.

En el otro lado del ring, Russell Crowe, un policía que devuelve un millón de dolares “porque es lo correcto”. Un estudiante cuarentón que come fritangas a deshora y adora a su hijo. El mismo tipo que levanta pesas como coches mientras empotra contra el mobiliario de su casa a todo pibón que se cruce en el camino. Azafatas espléndidas y un matrimonio roto, con una esposa despechada y lúcida, que le echa en cara su vida desordenada, su incapacidad para hacer bien las cosas.

Malos que se ganan simpatía y terror. Buenos desastres que luchan por encontrar el camino. Porque en medio de todo este carrusel de descalabros, Crowe se granjea la desconfianza de sus compañeros, pero también conquista la admiración para dirigir una unidad especial y ganarse el derecho a hacer realidad su sueño de abogado.

La historia no es el colmo de la originalidad. Pero engancha. Y en muchos tramos convence, porque los monstruos tienen detalles humanos y los héroes se dejan masajear por las debilidades. Todos estamos en el camino.
Y cada uno saborea como puede su porción de sol.

Una de dos o Washington y Crowe se tomaron medio frasco de tranquilizantes, o tienen alma en unas caras que necesitan mover muy pocos músculos para transmitir expansión. No todo el mundo sabe ser torturado, carismático y cabrón en la misma jugada.

Tanta guirnalda contiene dosis de amargura. Es verdad: el sistema tiende a corromperse. También vacía el cinismo de una madre adorable e hipócrita en cantidades bíblicas.

El tío Davide dice que a la historia le falta épica. Pero es lo que ocurre cuando decides prescindir de los trajes de Armani, los toques teatrales y la taquigrafía sentimental (no muy diferente a los culebrones venezolanos) de genios como Coppola o Scorsese. Es lo que ocurre cuando miras a un barrio donde el orden llega de un tío que lo mismo te regala un saco de comida que mata a tu hijo de una sobredosis.

jueves, enero 03, 2008

Mi primer día como aprendiz de héroe


La chica está nerviosa. Puede desmayarse en cualquier momento. El murmullo es una ola a punto de romper. Y por momentos me convierto en un rapero o en un velocista que mira desafiante a la cámara. Pero no, aquí estamos hablando de una experiencia más parecida a un largo mantra donde debo afrontar mi tendinitis mental, esa que a veces me hace resistente al miedo y otras me enjaula.
Cuando quiero darme cuenta, la música me envuelve. Con ella y este frío mi cuerpo está preparado para temblar y también para probar nuevos límites. ¿Qué diablos es eso? Pantalones, cariño, son pantalones. Y sudaderas. Montañas de camisetas, bufandas y pantalones. Es un sueño, imagino a decenas de mujeres semidesnudas fumando al lado de un inmenso lodazal. Joder, que casi me sacan un ojo. La gente ha enloquecido. A la chica han terminado por sacárselo (el ojo). Temo acabar sepultado por todos estos kilos de ropa. La situación lleva melancolía. Pienso en nuestros abuelos. Esa gente que hacía largas colas para conseguir algo de comida. O que dormía envueltos oscuridad y frío. Bueno, supongo que no hay que ponerse tan dramáticos. Ellos serían los primeros en reírse de alivio si supieran que en el lugar donde ellos sobrevivieron la gente acabaría pegando brincos al ritmo de unos irlandeses futuristas.
He estado a punto de no empezar. Durante el entrenamiento ya estaba cansado. Pero ahora voy bien. Me pica un pezón. No es coña. Pero por encima de todo estoy contento. Estoy suave. Me gusta estar. También recibir el cariño de la gente. Mis rodillas rugen. Soy un tío con propensión a la derecha. No te asustes. Mi cuerpo se tuerce hacia ese lado. Pero lo estoy arreglando: dormir mirando las estrellas.
Recorremos las calles de los ricos céntricos. La gente se vuelca. Es simpática. Lanza piropos. Aunque lo más divertido es chocar las manos con los enanos a un lado del río. Cinco kilómetros, puede que ahora me desmaye. Me comunico por señas. Estoy gobernando mi cansancio. Alegre. La chica lo está aún más. Y mi amigo Rulo, el verdadero instigador de esta locura, cabalga con un entusiasmo contagioso. Es un gamo. Podría dejarnos tumbados, pero prefiere olvidarse de todos los pequeños esfuerzos de Asturias, Santander o León y disfrutar del momento. Disfrutar de las carantoñas de las cuarentonas, fascinarse con las luces del Prado o hacerse el muerto en plena subida para insuflar ánimos a su viejo camarada. Así las cosas, continúo por todas esas mujeres (ellas animan más, quizá por madres, tal vez por luchadoras). Robamos amapolas a las compradoras compulsivas de la Castellana. Y hago mi primer avioncito de la noche con la Puerta de Alcalá tentándome con un dulce abandono.
Pero resisto. Y contrariamente a lo que esperaba Vallecas y su gente es la zona yerma de ánimos. En la cuesta penúltima, la mitad de los vagones de descarrilan, pero cuando sabes que algo llega se te dobla la energía y empiezo a silbar. Planeo inspirado por un viento silencioso. Cuando me quiero dar cuenta, galante Rulo espera a la chica, para que ella (50 años, mamá de rockero, mujer exigente) se una a nuestra reverencia final a la madre de todas las San Silvestres. Un par de horas más tarde tendré agujetas hasta en la barriga, pero ahora que bebo agua, me siento como un gladiador que ha recuperado el sabor de la cerveza. Serán los efluvios de la hazaña (10 kilómetros sin entrenamientos ni aditivos). Una hazaña de andar por casa. Pero una hazaña.

miércoles, diciembre 26, 2007

Empapelamos los vacíos con tus protestas


Melancolía en el país de las mañanas. La gente quiere cargarse la navidad a hachazos y no se cómo pedirles un poco de calma. Me refiero al vaso de leche que me acaban de servir mis manos. Miro a través del sueño y veo a un hombre nieve, hombre con gorro y un suave deje de amargura pero también de dignidad. Está solo. Pide su café y lo toma con gesto despacioso reconcentrándose en los bonitos ojos de la camarera. Bonitos ojos le dice con su sonrisa y ella, princesa del barro y el buen humor, le devuelve el gesto con una timidez supersónica en los labios. No se por qué, pero el hombre se empeña en duplicarse y se sienta cerca. Habla con su hijo, o no, es su hijo el que le comenta una incertidumbre y ese hombre está más contento que nunca. Contento de no ser un perdible y contento de que su nene padre acuda a su choza como si fuese un borges de barrio y su cabeza contuviese casi la mitad de las respuestas. Al menor descuido, me vuelcas negaciones sobre la falsedad y la fiebre que llena todas estas mareas. No hay espíritu. Lo hay, respondo sin mutarme. Pero quizá no en proporción supermercado. Revisa relatos, tus relatos, de estas semanas. Mira dentro: mineros pacientes de la alegría. Es novedad y estamos los dos solos en mitad de la calle. Sonríes y miras el cartel. O es el cielo. Los dos solos. Empiezas a cantar y nunca te había escuchado esa canción. Quiero todas tus (también protestas) para mí.
Es navidad dentro de tu cuerpo.

martes, diciembre 25, 2007

Voltereta acuática

El camino está lleno de hojas derrengadas. Un chico despistado, un chico contento vuelve al escenario donde los cambios se volvían ciclón y sonríe despacio. A unos pocos centímetros, le acompañan un coro de patos, a cual más naranja. Su sonrisa es la de un recién premio. Una mezcla de alegría y vacío (como cuando tiemblas y se te cumplen los sueños). Navega sobre la fluidez, pero su amigo el pato punk no es de la misma opinión: se afila la cresta y empieza a girar sobre agua en sí mismo. Transparente está helada pero a él indiferencia. Es diversión. Repite y repite hasta perder el contacto con el grupo. ¿Por qué el resto de patos no le acompañan? El humano azul tuerce el pico de sorpresa y se divierte viendo su amor a la ola, aunque le vaya a costar una pulmonía. Cuando quiere darse cuenta, tiene calor en el barrizal de un ático en Menorca. Ella le roza. Sólo la piel. Y la fascinación dura hasta la noche cuando descubre la inaugural de ojos increíbles. Eso ya es otra historia.
Porque a veces una mirada resume el universo.

martes, diciembre 18, 2007

Belleza y repetición


Me gusta cuando miras porque estas como soñando

lunes, diciembre 17, 2007

Belleza y repetición



Me gusta cuando sueñas porque estas como mirando

jueves, diciembre 13, 2007

Aprende a comer bombones


No te digo que te empaches, que me pruebes alto todas las noches. Pero aprende a relajarte. Aprende a decir no con una sonrisa. O sin ella. Quiero que me hagas temblar sin que me de cuenta. Y quiero que te pierdas. ¿Serás capaz de reírte sin pensarlo? Me gustaría que una noche me llevarás a la piscina a robar peces de colores. Con las manos. Me encanta esa manera de mirarme. No pierdas el asombro. Tu asombro me provoca perdidas. Perdidas de frío. Escóndeme en un tu caja y pruébame a traición, como si fueras a comerme. Y bébeme. No te pediría todo esto sino fuera porque se que nos vas a hacerme ni caso. Quiero que me improvises. No quiero nada. Sólo morderte la sonrisa.

viernes, diciembre 07, 2007

Canción secreta de Pep


¿Mis alicientes?
Convertir sus pechos
en dos olas embravecidas
y abandonarme a su arrastre.

¿Mis satisfacción?
Los músculos fatigados
adiós de pensamientos invernales
con helado de premio y los pies del mar.

¿Mi descanso?
Mi hijo durmiendo,
unas ignotas lectoras liberando
y la paz animal de unas sábanas.

martes, diciembre 04, 2007

El mejor poema tiene 37 años


Bebo tus cantos y blasfemias
y me sientan como una carcajada de cartón.
Este envase, tu envase está lleno de grumos poéticos,
versos blancos medidos con el esmero de un estraperlista.
Blasfemias que today son un ídolo rock estadounidense.
En mi mundo ya no hay provocación, bucanero, por eso tus maldiciones
me provocan ternura.
Y una sonrisa.
También de admiración porque
en tu tiempo cazaste bisontes con un frasco de absenta.
No, amigo, ni siquiera, aunque sean lo mejor, tus colores
gastan fascinación
(aunque me gustan).

Toda tu
mejor inmemorial la viviste
recibiendo balas de amantes diabólicos
y creando catedrales de espuma.

Esa tarjeta postal de un adolescente cambiando la energía.
¿Después cómo?

copiado como un beatle.

Todo tu
también
tiempo para
traficar con cuerpos y armas

Y no se por qué pero gracias quiero gracias
por mearte en el catálogo de temblores oficiales
y llenar los labios con frutas prohibidas.

lunes, diciembre 03, 2007

Noches como locomotoras


Niña, enséñame las mariposas de tu garganta.
Ponte a cuatro ideas
y ensuciemos juntos el libro viejo de nuestro futuro.
Sólo tres viajes
y me dura la sensación de vela incendiada
en algún lugar de la piel
que sólo acierto a sentir cuando te tengo delante.

viernes, noviembre 30, 2007

Hijo del viento


La música sonaba en el coche y eso le llevó la tristeza sin tiempo para preguntar. Es un sentimiento. Algo se suspende en tu estado de ánimo y parece que los músculos se van a convertir en natillas. Es extraño. Pero se alegró de entristecerse. Se alegró de tener tiempo y serenidad para saber que aquella melancolía no sería definitiva. Su vida era una existencia insólita pasada al ritmo de una pantalla gigante. Creció en un bosque de Menorca, en un ambiente de caras cerradas, mucha tierra roja y el cariño de los abuelos. Lo que en aquel tiempo equivalía a un tazón de leche caliente. Con su imaginación era capaz de ser protagonista de cualquier escena. Esta tarde, lechero. Antes, salvaba vidas en algún poblado de Siberia. Mañana le robaría la timidez a la primera camarera que le sonriera. Quemó las hojas del calendario y se descubrió dejándose llevar con la amiga de su prima. La más triste. También la más interesante, con un cuerpo de efigie y la cara de una belleza tan evidente que se notaba en sus ojos, en estado de alerta. Se dejaba llevar. Y empleaba sus manos con una diligencia que inventó nuevos acercamientos.
Aunque aquella tarde los dos estaban envueltos en un estado de vergüenza y adoración. Son cosas que pasan después de moverte como un animal complaciente. Animal y complaciente. A veces era de esa especie. Y otras prefería esconderse en sus pensamientos, a ratos de cansancio hacia el mundo, a veces conmovido por las cosas pequeñas. Por eso aquella canción de Dylan le había convertido en un ser de luz y deseo. Estás muy cerca. Se concentró un poco y pudo sentir el tacto airado de su espalda. Nadie diría que habían pasado quince años. Delante de sí tenía una larga autopista, uno de sus mejores momentos de confianza y un puñado de sueños.

jueves, noviembre 29, 2007

Cuando lo tienes claro


Se levanta tarde, llega también tarde a los entrenamientos. Y los sábados después de los empates (también de las victorias) se infla a fumar a la manera de un búfalo vaciando la charca. Le encanta esconderse detrás del peinado pop mientras engaña a alguna rubia de la comuna.
Su nombre tiene carisma. Y sobre el terreno de juego es lo más parecido a un poeta maldito. Inventa espacios, detiene el tiempo y se aburre con facilidad. Hasta que empieza a pasárselo bien. Le basta con pintar la pelota y abrir formas geométricas de extraña belleza. Todo vale para una maravilla.
Algún tiempo después le dirá a su mediocampista más talentoso: ponte de lateral derecho y harás girar el mundo. Ocurrencias así solo salen de un visionario. Lo cortés no quita lo imprudente. El tío tiene cambios de humor, es egocéntrico y despiadado con los jugadores que no entran en su plan. Pero a cambio revolucionó el fútbol en los años setenta. Inventó regates que estiraban la persistencia del tiempo. Se dormía flotando en champan en las vísperas de una final de Copa de Europa. Y su banda era capaz de componer una sinfonía con 24 toques en menos de un minuto y la mirada (nunca el robo) de los germanos. Holanda perdió el campeonato mundial y se ganó un espacio en la leyenda.
Los más románticos dirán la belleza de la derrota. Y los más listos, soltarán y un carajo. Bien por los eurocaribeños porque luego el tío ganó tres Copas de Europa, no se cuentas ligas holandesas (alguna española?) y ya como entrenador, ya en España, una Copa de Europa, una Recopa y cuatro ligas.
Pero lo mejor de las leyendas (aunque su historia esté medio inventada como es el caso) es lo que no se ve en la inscripción de la estatua. El tío conquistó a la diosa nórdica, cambió los cigarrillos por el consumo compulsivo de piruletas y creó una filosofía para el Barcelona. Juego porque quiero fascinar, sería el lema blaugrana. Jugadores en campo abierto, muchos pases, balón corriendo, piensa rápido, cánsate poco. El motor final del sapiens. Y el caso es que hoy día los chicos de la cantera embaucan como algún día les enseñaron en el campo de cuando alevines. Hemos perdido la improvisación y el genio. Hemos perdido los adoquines del barrio y el sabor de los retos. A cambio, los chavales llegan más centrados. Hacen más felices a su gente, pero faltan dificultades para el solista inolvidado. Llámalo Johan. Llámalo genialidades.

jueves, noviembre 22, 2007

No hay rencor


En mi mundo las mujeres son completamente sábado.
Seducen desconocidos con su cara de Halle Barry,
estrechan su cuerpo furioso furiosas te estrechan
y traen fascinación con sus ojos de cazadora ártica.

De donde yo vengo las perdidas son una cena de compromiso
¿repostáis combustible para vuestros carros eléctricos?
Pues nosotros dormimos del mismo modo.

La procreación es el pago de un impuesto:
intercambiamos cromos genéticos con nuestros preferencias.
Todo lo más te provoca un leve cosquilleo.

No existe dolor en mi mundo.
Somos gente feliz desde el principio.
No hay envidia, no hay rencor, todo fluye.

El único problema es el aburrimiento.
Nos lo curamos explorando otros mundos.
Lugares y estados de conciencia difíciles de imaginar para seres tristeza
esclavizados al nunca, jamás, muerte.

Lo nuestro es una conciencia colectiva donde nadie se siente desamparado.
Es un mundo perfecto.
Y al contrario de lo que tú crees, poeta, la perfección es fría.

Por eso he venido a tu mundo, para conocer cómo fabricáis belleza
de los derrumbamientos o las limitaciones.

Me llama
ese ruido interior que os causa tanto sufrimiento,
con la vida funcionando, os obstináis en averiaros,
también me conmueve eso de vosotros.

Poco claro cómo superáis el dolor
y provocáis lluvia en mitad de los cuerpos.
O cómo vuestros cachorros privaciones son los que más ríen.

En mi mundo no hay rencor.
Pero a cambio nada nos hace temblar.
Y al contrario de lo que tú crees, poeta, la perfección es fría porque no tenemos sueños como los vuestros.

lunes, noviembre 19, 2007

Completamente sábado

En mi mundo las mujeres son completamente sábado. Sonríen a los desconocidos con su cara de Halle Barry, te prueban con su cuerpo de Sofía Loren y traen la fascinanción con sus ojos de diosa ártica. De donde yo vengo las cenas son un gasto innecesario de tiempo, nos alimentamos del mismo modo que vosotros repostáis combustible para vuestros carros eléctricos. La procreación es una necesidad fisiológica, del mismo modo que vosotros dormís, nosotros intercambiamos cromos genéticos con nuestros cerebros. El dolor no existe en mi mundo. Somos criados en un una bañera de opiáceos donde la gente es feliz desde el principio. No hay envidia, no hay rencor, todo fluye. El único problema es el del aburrimiento. Un tedio que nos curamos explorando otros mundos. Lugares y estados de conciencia difíciles de imaginar para seres que siempre están peleando por un territorio. Lo nuestro es una conciencia colectiva donde nadie se siente desamparado. Es un mundo perfecto. Y al contrario de lo que tú crees, poeta, la perfección es fría. Por eso he venido a tu mundo, para conocer el modo en cómo fabricáis belleza de los derrumbamientos o las limitaciones. Ese ruido interior que os causa tanto sufrimiento, esa incapacidad para comunicaros y contentaros con lo elemental, con la vida funcionando, es lo que me conmueve de vosotros. Me fascina cómo superáis el dolor y construís la solidaridad en mitad de la catástrofe. O cómo vuestros cachorros con más privaciones son los que más ríen. En mi mundo no hay rencor. Pero a cambio nada nos hace temblar. Y al contrario de lo que tú crees, poeta, la perfección es fría porque no tenemos sueños como los tuyos.

viernes, noviembre 16, 2007

¿Me das un muerdo?


De acuerdo, lo suyo sería que te lo diera yo, que para eso soy una lujuriosa abandonada a su sed. Pero francamente no tendría mucho mérito. Soy guapa, puedo llegar a voluptuosa sin mover un músculo y conseguiré que la sangre no me inyecte los ojos. Bastará con que te enloquezca la mirada. Pero yo quiero algo más de ti. Quiero que me tomes tal y como me ves ahora, histérica, descompuesta, llena de tiniebla. Quiero que me quieras en mi peor versión. Sólo de esa forma sabré si todavía puedo sentirme viva. De qué me sirve envenenar el cielo, salvar a los suicidas o emborracharme a los pies del Sena si no soy capaz de inspirarte ternura.
Sí lo eres. Te he estado observando, por eso te he escogido. Tienes suficiente miedo. Y suficiente humanidad como para ponerte en la piel del otro. Te gusta leer los periódicos en la terraza de tu novia. Y abandonarte al placer. Y a las tormentas. Pero también eres un equilibrado, de los que se esfuerza por tener una palabra agradable o que riega todos los días, podrían ser noches, sus pasiones. Te gustan los soles eléctricos, lo se, también conozco tu manía de entristecerte con lugares que posees en tu memoria. Aunque sea una memoria que no te pertenece. Por eso te he dejado leer mi historia. Esta noche, cuando abra el balcón, no dudes. Hagas lo que hagas no dudes. Simplemente te prometo que te prometerás para siempre. Ya lo sabes, o me salvas y nos salvamos para esta semana. O nos hundimos. Y nos condenamos para el próximo rato.

miércoles, noviembre 14, 2007

¡Me están estressando!

Qué demonios hago yo aquí. Vale que mamá me quiere mucho y que estas señoras son molto amorosas y mola que me estrechen contra sus pechos. Pero me están llenando de agua hasta convertirme en un pez y francamente todavía no estoy preparado. Lo de menos es ese quiriqui que veis en la foto, mola darse un aire al abuelo (que a fin de cuentas es el único que me dejará tomar leche condensada ).
A todo esto, me han interrumpido el vaciado que estaba haciendo de la piscina. Nada me gusta más que esta pala. Al menos, ahora, que son las cinco de la tarde de este verano romano. Bien mirado, estas madonnas son consideradas, no quieren que me convierta en un bebé K.O en el primer asalto. Pero se les va la mano, no obstante confieso que me encanta cuando las miro y me sonríen, haga lo que haga, ya sea echarme un pedete o poner cara de niño selva...Me gusta esa amiga de mamá que lleva los pies desnudos, ojalá todo el mundo fuera tan surfera como ella y se dejaran llevar por las ganas de sed. En realidad ahora estoy muerto de agobio y con la incomodidad de que te quieran ahogar en barro. Pero me gusta ser un pequeño emperador acuático que todavía no tiene miedo para ir detrás de las cosas.

sábado, noviembre 10, 2007

Tren atardecido


Ocho de la noche. Invierno. La mayoría de los pasajeros nos sentamos sobre nuestro cansancio. Suena mi móvil. No es mi móvil.

-¿Sí? Soy Guillermo. Bueno, pues su hermano gemelo (risas).

…………

La voz joven, como de corredor de triatlones, pertenece a un chico con dos mechones canosos y la cara congestionada por la coca cola.

-Eso no me lo puedes decir por teléfono (voz grave).


-Esas cosas se dicen a la cara. Tienes que mirarme para saber si me pongo rojo. O nervioso. Por teléfono no tiene mérito.


Y el equilibrista lo sigue pasando bien.

entretanto, la locomotora tiembla con la mirada de una chica
chica del continente luz.

viernes, noviembre 09, 2007

La reina de los excesos


Siempre se vio guapa en el espejo. Las niñas del cole querían regalarle su sándwich y tenía tiempo hasta para inventar nuevas modalidades de salto a la comba. En casa, sus padres solían andar a la gresca. Papá alcoholizado todo el día y mamá neurótica con sus tetas y los potingues de la cara. Había algún momento bueno, como cuando se comían la tarta de chocolate y abrían los regalos de la tía de Shangai.
A los doce años, los chicos de quince se la comían con los ojos. Su cuerpo se sacudía por oleadas intensas de rubor y placer. Los pechos le crecieron a la edad justa, suficientemente tarde como para no ser la primera y lo bastante pronto como para seguir jugando en primera división sin bajar de categoría. Por el camino, mamá la seguía colmando de cariño y sobreatenciones. Todo por su nena artista. Le pasaban los libretos y no le costaba memorizarlos. Un par de horas y caían las diez hojas del capítulo, interpretadas con la mezcla justa de naturalidad, control y seducción delante de una cámara que le hacía feliz. Siguió creciendo y la meca del cine la cubría de ofertas. Las pelis cada vez eran mejores. Los chicos se volvían locos contigo. Pero tú siempre querías tener todo bajo control y, al tiempo, vivir fácil, sin pensar. Dejando a la piel todas las ventajas del hedonismo. Por eso la diosa se calza las copas con una cantidad prohibitiva de lujuria. Alguien se la encuentra un día en el pasillo de una fiesta casera. Vestida de princesa punk sonríe con la mezcla justa de picardía y desinterés. Hablar con ella es fácil y tentador. Le gusta besar. Le gusta provocar. Su cuerpo se tensa como una estatua de mármol y le entra el pánico. Pero lejos de dejarlo prueba el más rápido como un animal salvaje. No es fácil ser una diosa de excesos. La gente te envidia. La prensa te bromea y las drogas son el único combustible para estar siempre a punto.

martes, noviembre 06, 2007

La barriga ardiendo


Esta sensación nunca desaparece. Un día tienes un montón de calles escalando en tu conciencia. Hace frío y mamá ha disimulado bastante bien pero a ti no te engaña. Pronto te entran ganas de vomitar, pero no eres el único y esa limitación te envalentona. El vértigo es una cuestión de elección. Y créeme sólo hay una respuesta, en casa te han enseñado a no quejarte. Y John, uno de los capataces, es buena gente, por eso nos cede la media hora de rigor para echarnos los primeros pitillos y ahuyentar los fantasmas de lo que pueden estar viendo o sintiendo los hermanos enviados al abismo. Nada como esa taza de leche hirviendo que te ha hecho entrar en acción. Camino de la tortura, el alma se alegra con las pequeñas cosas, como esa mujer de la ropa que canta como si la hubiesen tocado para ser un ángel. O esa estanquera, chica maravilla, mujer inaugural, que no se corta con las sonrisas. El mundo puede ser oscuro como una enfermedad sin segundas oportunidades. Pero también puedes ser rabiosamente feliz con las fiestas del barrio o los regalos que abrirá mañana, día de San Jorge, tu hermano pequeño. Cosas que no aparecen en esta foto. Pero hay cosas que sólo el alma puede eternizar.

viernes, noviembre 02, 2007

Desordéname


La chica que lleva ropa interior en sus pensamientos activó una suma de recuerdos difíciles de mejorar. Vio a una ojos azules pidiéndole que acelerara y se encontró a punto de desplomarse desde la cima de unas vallas. Estoy hecha de luces y sombras, por favor ponte esto. Y los cuerpos hechos de madera se curvaron hasta empezar a llover.

martes, octubre 30, 2007

Involuntariamente brillante



Cuando empiezas a leer te quedas fascinado con el estilo incansablemente brillante de gente como Umbral. Cada una de sus frases es una pequeña explosión de belleza que acaba llenándolo todo de ingenio, sugerencia y hasta desasosiego, porque ya se sabe que alguien que se empeña en llamar la atención todo el rato acaba cansando. Pasa el tiempo y maduras. No es que le reproches nada a aquel viejo escritor castellano, aprendes a valorar más incluso la cantidad de talento y trabajo que convocan cada una de sus sentencias pero comprendes también que detrás de sus provocaciones se esconde un alma resentida con el mundo, que necesita aprobación en cada paso.

Todas la necesitamos y el propio Umbral decía admirar la contención. Por eso supongo que, esté donde esté (apostaría a que en una tasca metiendo mano a la diosa del vino) no se enfadará mucho si hoy señalo a Enric González como un referente.

A fuerza de pegar algunas piezas de su biografía lo imagino como un tío infinitamente curioso, con facilidad para beber lo que sea, escéptico de los que se curan con una ironía, elegante y lo suficientemente obsesivo como para relatar historias al detalle.

A veces ese gusto por el dato satura la lectura, pero otras le da una extraña forma poética, el lirismo de los niños cuando diseccionan algo desde una perspectiva olvidada o inédita. Hace un par de semanas leí uno de los libros más consumidos de este periodista catalán: Historias de Nueva York. Digo consumidos porque sus páginas se leen del tirón. No son muchas, pero se dejan querer. Con razón, el tío Enric confiesa que si por él fuera lo condensaría todo en epigramas. Tiene guasa viniendo de alguien con la memoria tatuada de referencias variadísimas que descolocan y cautivan al que se acerca.

En este libro González, que tiene la mala cabeza de ser hincha del Inter y el Espanyol, escoge un puñado de historias para dejar su impresión de la capital del mundo occidental. Queda la sensación de una ciudad donde todo es posible. Concebida por los libertarios holandeses, la naciente York (luego llegaron los guiris) americana no tardó en convertirse en un foco de inmigración de un buen puñado de pueblos europeos: irlandeses, italianos, escoceses...Sobre ese pastiche cultural, combinado con los nativos, hispanos y afroamericanos, se ha cincelado una urbe llena de energía, donde los sueños se cumplen a fuerza de voluntad y resulta fácil deprimirse si uno está desorientado.

Un lugar donde los rascacielos se convierten en las catedrales de nuestro tiempo (a quién no le gusta el dinero y el éxito) y los deportes nos conectan con nuestro viejo vicio de la supervivencia y celebración. Por eso quedan tan bien las historias de mafiosos que empobrecen el mito. O que lo mejoran, como aquel chiflado que espantaba a los transeúntes de Little Italy, así durante decenios, para acabar siendo descubierto como capo número uno de un gigantesco emporio de negocios turbios.

Hay más, claro. Filántropos o magnates como Hearst o Murdoch, tipos con una buena neurosis, que vendieron a su madre para prosperar. Son historias que definen un pueblo.
Pero lo que de verdad interesa de este libro son las vivencias del autor. Dispersas en un puñado de frases que amenizan y conmueven. A través de ellas conocemos el alma atormentada de Ricardo Ortega, aquel periodista de Antena 3 que murió asesinado en Haití. Un tipo que hablaba ruso y “un inglés aproximativo”, que relató el drama de Chechenia y que gustaba de beber licores imbebibles mientras buscaba huecos que no había en una agenda siempre a punto para nuevas conquistas femeninas. También se traza un boceto del hambre y promesa que arrastraba Julio Anguita Parrado, otra víctima de la guerra, esta vez de la de Irak.
Para ser honestos, los relatos de González son tan prolijos que a veces no tengo más remedio que desconectar. Demasiado detallista, consigue que te quedes ajeno al relato. Pero de repente encuentras frases perfectas: sencillas y brillantes.

Porque hay que decirlo, detrás de la aparente falta de pretensiones de González hay muchas horas de trabajo o de lecturas o de talento, vaya usted a saber.

Sus relatos son entretenidos pero no superficiales, están depurados con las dosis justas de melancolía, precisión, ironía y estilo. Conoces las anécdotas con una sonrisa. Una anécdota que te lleva a comprender mejor un momento o una sociedad gracias a su tono dialéctico. Pero de repente se te hiela la sonrisa. “No pude llorar por la muerte de Ricardo. Tampoco pude, ni puedo llorar por la muerte de mi hija. Sin embargo, lloré, y mucho, por la muerte de mi gato. Debo de tener algún problema en el lagrimal”. A veces escribes para eso. Escribes para curarte. No se te ocurre otra forma de si quiera drenarte el alma. Con las palabras escasas el tipo conmueve cien veces más que si hubiera empleado un tono sentimental o sensiblero.
Para eso se escribe. Para dejar a la vista tormentos que de otra manera acabarían pudriéndote. Enamorado de la nieve que cubre las calles neoyorkinas. Insinuando que nunca volverá a la gran manzana y apareciendo por allí a los pocos meses. Así es Enric González, el tío que te cuenta cómo es la vida en Italia a través del fútbol, el chico que pocas veces se cansa de mirar el mundo, el vagabundo que pocas veces se siente solo porque le pagan por aprender a memorizar (y celebrar) el mundo.

lunes, octubre 29, 2007

Azul


El sitio que nunca conoceré está en algún lugar del trópico. Allí la gente se deja hacer en español mientras las mujeres toquetean. El lugar al que yo pertenezco no lo conoceré en vida porque tengo demasiada facilidad para preocuparme. Pero eso no quita para un mental. Veo unas barcas y con ellas la posibilidad de encender estrellas a las horas más turbias. La veo a ella, preocupada y desinhibida, haciéndonos perder el equilibrio mientras el agua nos descubre. Quizá lo que no veo es porque todavía no lo he encontrado. Al menos de esa manera (aquí dentro). El lugar al que yo futuro es un sitio en el que tengo hambre y me permiten saciar la sed mientras los miedos se me relajan y las adolescentes me cubren de tierra tibia. El sitio que nunca conoceré está más allá del recuerdo y tiene una gruta con una inmensa charca tan pronto se llena de pompas como recibe un coro de amazonas. Esas chicas tienen dos pieles, a veces hasta tres (relajaciones) y relatos que nunca se repiten. Me refiero por supuesto a la respiración.

lunes, octubre 22, 2007

El sabor de una coca cola


Casi no queda tiempo, pero conviene asegurar la posesión. Hay nervios pero sobre todo ganas de recibir la pelota. Jorge se abre al otro lado del campo. Agacho el espinazo y pido la pelota, el movimiento mil veces ejecutado con la imaginación, amago hacia un lado me muevo hacia otro y surge el semigancho que toca la tabla y entra la canasta. El éxtasis. Y salimos corriendo hacia todos lados. Los compañeros fundidos en un abrazo donde descubres un oxígeno desconocido. Estoy muy contento. Estoy entusiasmado. Por momentos como esos uno juega al baloncesto.
Los mejores los viví con mi amigo Jorge cuando teníamos once años. Aquel año no perdimos ningún partido. Escuchábamos como a un maestro zen al entrenador. Cada pequeña lección sobre el juego y los estudios era grabada a conciencia. Nunca podré olvidar el mejor cansancio de cuando el míster nos regalaba una coca cola y unas papas fritas mientras comentábamos entusiasmados la mejor jugada o las dificultades de tipos que ya entonces eran gigantes. Tampoco borraré aquella victoria contra el Estudiantes (C) con ocho puntos de cada uno. O la manera en la que los dos nos crecimos en la final del torneo del Stella Maris, donde aprendimos a superar la presión ambiental.
Si tienes coraje se puede mirar hacia el cielo. Jorge era, en cierta manera, lo opuesto a mi. Tenía altura (entonces yo no andaba mal de eso) pero sobre todo tenía mucha clase. Jugaba con el gusto diletante de los que van a hacer algo diferente. Por amor a la virguería. Nunca perdió esa preferencia. Por eso veneró hasta la broma a Míchel, aquel tipo que hizo grande el callejón del 8 en un Madrid que todavía hoy es recordado con nostalgia por la calidad de su juego.
Con el tiempo llegaron las borracheras y las distracciones. Pero Jorge nunca se dejó tentar. Los suyo era fascinarse delante de una pantalla gigante de cine, mientras seguía interiorizando la elegancia y una broma como mejor válvula de escape a las situaciones más exigentes del día a día. Era un tío tranquilo dispuesto a sacarle las mejores cuentas al mundo: un partido del Madrid, primeros amores fugaces, goles desde el medio del campo como portero y sobre todo la risa. Además de una extraña forma de cumplir con brillantez en los apuros académicos cotidianos.
No dejaba de sorprenderme porque en la universidad seguía saliendo ileso de apuros que antes o después nos desgastaban al resto. Por aquel tiempo dejó destellos de lo que podría haber sido un nuevo grande. El suyo era el sello de gente como José María de la Casa o Jose Manuel del Toro. Puro sentido común que, generación tras generación, construye una sensación de que todo puede y a salir bien.
En la universidad exploró el mundo y le dio tiempo para entusiasmar a una chica de calendario a la que prefirió no destrozar el corazón. Él prefería otras mujeres. Todo o nada. Y el todo se estaba haciendo de rogar un poco. Hasta que apareció Carmen. Tardé un par de años en conocerla. Pero mereció la pena. Carmen es una de esas chicas que te hacen sentir cómodo casi desde el mismo momento en que la conoces. Simpática, atenta y con la timidez justa como para pensar en ella como alguien excepcionalmente agradable.
Hace ya dos semanas navegan juntos por toda Argentina, el país de los extremos donde pacen los mejores cuentistas del planeta. Tuve la suerte de asistir a su boda y sentirme como un personaje de Scott Ftgerald mientras sonaba jazz y probaba canapés de salmón. Casi me quedo en el techo mientras los amigos nos dejábamos llevar por la juerga y la camaradería en una serie de manteos de la que tampoco se libró el novio... La ocasión sirvió para hacerme moderadamente feliz mientras los veía ejerciendo de perfectos anfitriones, con esa armonía contagiosa. Felicidades, amigo.

viernes, octubre 19, 2007

17-0


Se supone que anteayer por la noche cambié un aquaruis por unas líneas. Se supone que yo ahora debería estar rebanándome los sesos por cincelar un par de páginas de cultura para el diario donde me pagan los vicios. Se supone también que esta botella tenía que estar en circulación desde el miércoles. Pero así son las cosas. El mecanismo de la memoria tiene sus propias reglas.
Esta noche asistiré a una cena. Allí me encontraré con un puñado de grandes amigos, gente que ha estado en las mareas y las celebraciones. Todo empezó hace diez años. Éramos tres chavales con ganas de revolucionar el mundo. Pero aquella tarde (todavía funcionaba la inercia del toque de queda) cogimos varias botellas de varios licores y nos plantamos en el mítico parque de Tribunal. Eran los cumpleaños de Davide y Fran. Su estreno en la mayoría de edad. El sol nos cegaba y nos dedicamos a rememorar anécdotas de fútbol, sexo y del instituto. Poco a poco empezamos a proyectar mejoras y curiosidades, la actividad por excelencia muchachesca.
Las estrategias competitivas de los genios de la NBA y alguna anécdota que ilustraba la grandeza de su carácter. Las bromas alrededor de los adultos que se encastillaban en su aburrimiento y paranoia. O la textura de los muslos de alguna ninfa de otras edades (nunca tuvimos suerte con la suerte de las de nuestra quinta). Seguro que más de la mitad de lo que evoco en este pergamino es pura invención. Lo que es seguro es el recuerdo de la piel: el efecto de la bebida relajando el cuerpo y la euforia llenando la cabeza. La convicción de ser indestructibles y la confianza de que podríamos cambiarlo todo. El calendario estaba lleno de playas y triunfos inminentes. Aquel día hasta nos animamos a bromear con algunos malotes del instituto mientras seguíamos con la ingesta suicida de ron, ginebra y whisky. Tres muchachos (Fran, Davide y este cronista) y un objetivo: vaciar cinco botellas. Cuando Nacho (señor Chete para los amigos, señor Kiwi si solo atendemos a su preferencia) llegó ya sólo veíamos a princesas pijas moviendo a velocidad imposible el caballito que adornaba sus furiosos pechos. El resultado era tan previsible como una rabieta de Shuster: acabamos desvariando. En el caso de Fran también echando la papilla, mientras se iniciaba en su facilidad para crear disparates memorables; a su lado, Comendatore, el hombre que con el paso del tiempo bebería más y mejor, probaba lo que luego serían avioncitos (dícese de la habilidad de Davide para desplegar las alas mientras ingiere alcohol sin piedad). Y nos reíamos. Quizá no fueron los mejores tiempos. Pero eran los nuestros. Y a la mínima los recordamos con añoranza. Después vinieron infinidad de aventuras, con más muchachos que en realidad siempre estuvieron ahí. Pero esa ya es otra historia (que por cierto ha documentado con gracia insuperable el tío Davide en una de las ventanas que tenéis a la izquierda, la de lo importante no es dormir). Esta tarde quería acercaros al mito fundacional del grupo. O dicho de otra forma: quería que entendieseis el significado de ese cántico de casi todas las noches: La-araraaralara-larararararararara 17-0, 17-0, DIEEECISIEETE OOOO.
El día que aprendimos a caer con estilo.

jueves, octubre 11, 2007

La mejor noticia




No se me ocurre ningún otro momento más especial. Ayer mi viejo amigo Alex me contó que va a ser papá. El muy zorro había escondido la buena nueva durante siete meses con todas sus lunas, en las que su novia Elena estaba alentando el milagro con toda la dedicación de las mamás primerizas. Enhorabuena a los dos. Lo mejor del viaje empieza a ahora. Todo han sido cambios en estos días para mi amigo. También se ha marchado de casa y ha creado su propio lugar en el mundo, algo que no se reduce solo a gastar toda la pasta gansa que tienes (y la que no tendrás).
Don Alejandro (ya no te podré mirar con los mismos ojos compañero) siempre fue un pionero para algunas cosas. El primero en echarse novia formal. El que más rápido se sacó el carnet de conducir. El primero en plantearse retos imposibles (una vida entregada a las causas humanitarias, argumentar la lógica de robots que todavía no existen...). Y, por qué no decirlo, el primero en flirtear con quinceañeras incautas cuando las salidas discurrían al ritmo del calimocho.
Pasó el tiempo. Nos hicimos mayores. Se nos desplomaron algunos sueños. Y nos refugiamos en la noche. También ahí se notó el carácter excesivo del señor Echeverría; no he visto a nadie con más sed en mi vida. Y no sólo en el sentido literal (esos rones caribeños). También en varios coincidentes. Mujeres y lugares. Aventuras y mujeres. Anécdotas y mujeres. Fue el primero en sistematizar un método para sacar el sí que todas las chicas llevan dentro. Lo tenía todo para lograr el objetivo: gracia, inteligencia, atractivo...A veces le perdía la sed, pero rápidamente giraba sobre sí mismo y seguía convirtiendo la broma en una guía para no aburrirse.
En algún momento lo noté perdido en su desfase, pero siempre supe que tenía una energía especial que salir adelante y convertirse en alguien más completo.
Particularmente, tengo un buen puñado de buenos recuerdos que no serán fáciles de perder. Como cuando llegó al equipo de baloncesto, desgarbado y talentoso, haciendo coreografías improbables alrededor del aro. El cabrón tenía clase, pero nunca llegó a implicarse demasiado en el equipo, supongo que es lo que tiene ser nuevo en el instituto y que la gente de un grupo se conozcan desde hace demasiado tiempo. Aún así recuerdo con cariño el buen rollo que generaba a su alrededor. Su llegada supuso un reto para espabilarnos y personalmente gané un amigo, un tío con el que era fácil bromear y hablar de temas profundos sin tener la sensación de ser un extraterrestre.
Ya de mayores, es uno de esos tíos que te inspira cuando hablas con él, porque siempre está cargado de proyectos...No para. Y lo mejor es que sigue siendo muy fácil reír con él por cualquier tontería. Seguro que sabrá transmitir esa energía a su nene. Entretanto, ha sido (joder, no dejas respiro) el primero en cargarse el rollo peterpanesco de que los muchachos tenemos miedo al compromiso.¿La clave? Esa energía especial a la que antes me refería. Si tienes un sueño, no lo dudes: fluye con él. Mi amigo sabe cómo.