lunes, noviembre 29, 2010

Guardiola, Mourinho, la elegancia



Corren tiempos abundantes en controversias en el fútbol español. La crisis ha acentuado el dualismo de nuestro fútbol en las simpatías y fobias que despiertan nuestros trasatlánticos: Real Madrid y Barcelona. A estas alturas de curso, podemos consignar lo siguiente: el Barça ganó la Supercopa española tras una buena remontada al Sevilla. A partir de ahí confluyen las trayectorias estos dos equipos: ambos están en octavos de la Copa del Rey y ambos navegan también plácidamente en la Champions, donde lideran sus respectivos grupos. El Madrid gobierna el grupo G con cinco puntos más que el Milán, segundo clasificado. Por su parte, el Barcelona encabeza el grupo D con cuatro puntos más que el Copenhague. En la liga, ya sabéis, la cosa está muy igualada: el Real tiene el mando con sólo un punto más que el Barça (32 por 31) cuando se han disputado 12 jornadas.

Llevo algunos días pensando en el proceder de los timoneles de los clubes que más facturan de nuestro fútbol: Pep Guardiola y José Mourinho. Temía caer en la repetición de lo ya escuchado, cuando me guió una vieja amiga oriental. “Lo que buscas está en la dualidad del Yin Yang”. Me hice el escéptico, pero a la mañana siguiente había dejado un manuscrito encima de la mesa de la cocina y no pude evitar leerlo.

El yin yang es un concepto fundamentado en la dualidad de todo lo existente en el universo según la filosofía oriental. Hasta ahí, conforme. El Real Madrid es el orgullo competitivo, el mestizaje de estilos, la búsqueda permanente de la excelencia, un equipo cuya enorme historia hace pensar “nunca es suficiente” a sus miembros y aficionados. El Fútbol Club Barcelona es la estética hecha eficacia, la apuesta por un fútbol coral a través de un modelo definido que se interpreta desde la infancia a la madurez, una manera generosa y solidaria de estar en el campo y en la vida; en el caso del club blaugrana su historia funciona como una precaución: “no acabo de creérmelo”.

Esta teoría oriental describe las dos fuerzas fundamentales aparentemente opuestas y complementarias, que se encuentran en todas las cosas. En todo se sigue este patrón: luz/oscuridad, sonido/silencio, calor/frío, movimiento/quietud, vida/muerte, mente/cuerpo, masculino/femenino…De acuerdo, esta división contiene una cierta carga machista. No hace falta ser un lumbrera para advertirlo. Tampoco para suponer que fue formulada por un hombre con…Digamos poco contacto con el universo femenino.

Por de pronto, diré que para mi la luz, el sonido, el calor, el movimiento o la vida son, por norma general, femeninas.

Volvamos a la teoría oficial. El yin es el principio femenino, la tierra, la oscuridad, la pasividad y la absorción. Vaya, parece que estén hablando del Barça: el grueso de sus jugadores (y jugones) son de la tierra o han sido amamantados en sus pechos desde que eran niños o adolescentes.

El yang es el principio masculino, el cielo, la luz, la actividad y la penetración. Me froto los ojos. No puede ser. Parece que estén retratando al Madrid. A su fútbol vigoroso y vertical. En caso de duda, los jugadores blancos practican un juego directo y penetrante, cuya personificación descansa en Cristiano Ronaldo; siempre activo, siempre ambicioso. Vale, a veces también pasado de vueltas y sobreactuado. A veces. Pero como dirían nuestras abuelas: “más vale que sobre que no que falte”.

Según las ideas de yin y el yang, cada ser, objeto o pensamiento posee un complemento del que depende para su existencia y que a su vez existe dentro de él mismo. Cierto, el Madrid no podría existir sin el Barcelona. Su sentido práctico de la vida (del juego) no podría encontrar tanto sentido si enfrente no tuviera a un equipo de ideales románticos, empeñado en cultivar su singularidad a fuerza de un rara mezcla de geometría en el pase y excelencia a la hora de probar el regate o definir las jugadas.

En el caso de los castellanos, les acecha el peligro de caer en la vulgaridad de la dictadura del qué, ignorando la importancia del cómo. No todo en esta vida es el resultado. Sin belleza, no hay emoción. El riesgo para los catalanes es precisamente una indigestión de arte, la tendencia al barroquismo; entre ambos equipos encontramos una perfección absoluta que acostumbra a estar diluida entre iguales complementarios como estos.

Todos estos matices quedarán concretados en el partido de esta noche. Es el súper clásico con más ingredientes de la historia. Este Barça-Real Madrid aglutinará a tres cuartas partes de la selección que este verano conquistó el Campeonato del Mundo. Por no hablar de los dos últimos balones de oro: Messi y Ronaldo. Para colmo de expectación, ambos equipos proponen una fórmula de juego apetecible para la vista.

El Barça son los Beatles. Es Spilberg. Es Hitchcock. También un oso panda. Hablamos de un equipo diferente y al tiempo irresistiblemente popular. Es una colección de talentos que provocan admiración e histeria a escala planetaria. Son chicos buenos, con una escala de valores irreprochable: humildes, sensatos, solidarios y trabajadores. Su fútbol es yin: el balón fluye a ras de tierra y tienen una filarmónica de jugadas corales que causan tanta fascinación en el espectador neutral como problemas y desajustes en su adversario. Hay tres jugadores que me impresionan en este equipo:

Leo Messi. El talento total. Regatea como Maradona pero con más velocidad, pasa con la clase de Platini y define con la voracidad de Ronaldo (Nazario).

Andrés Iniesta: Mi preferido. Juega con el balón cosido a las botas, cualidad con la que ha cincelado algunas jugadas para la memoria colectiva. Esta temporada ha mejorado su instinto como cazador (cómo olvidar su gol a Holanda) y filtra fases con un toque imprevisible que pone de relieve su aura de jugador mágico.

Xavi Hernández: El metrónomo. Un tratado andante de dirección en la medular. Lo ordena todo con un pase y, cuando llega el momento, tiene el don de la concreción, tanto para dar una asistencia definitiva como para definir cara a la portería contraria.

También es importante aclarar que el Barça no es sólo Yin. También tiene su parte yang (actividad, penetración), concretada en gente como Puyol, Piqué y Busquets. Si sólo tengo que mencionar a uno, me quedo con Piqué: ferreo y determinado jugando, bravucón y espontáneo cuando habla. Imagino que no le hará mucha ilusión escucharlo, pero por su forma de ser (y estar) podría encajar perfectamente en el Madrid actual (para ser justos, el tipo, como jugador, sería un regalo para cualquier equipo).

El Madrid es un tigre. Es fiero. Voraz. Pragmático. Gamberro. Muchas veces ajeno a las sutilezas. Un club totalizador en el que no importa de donde vengas ni de tu ideario. Lo importante es que apliques tu personalidad (y, más importante, eficacia) de acuerdo a un crisol de estilos. Puede que no gustes a todo el mundo, pero cuando gustas, gustas más que la media. Pensad en Di Stefano (cuando alguien dice que era mejor que Pelé, lo afirma con convicción), pensad en Puskas, pensad en Gento, pensad en Juanito, pensad en Santillana, pensad en Butragueño, pensad en Michel, pensad en Guti, pensad en Raúl…

El Madrid son los Rolling. Es Pulp Fiction. Es Marlon Brando. También Vargas Llosa. El Madrid es una leyenda que necesita alimentarse sin descanso, por eso es tan imposible cuajar un sólo método en su cantera, en el primer equipo y en el corazón de los aficionados. El Madrid es mestizo. El Madrid no descansa. Lo quiere todo. Y lo quiere ya.

El Real (me gusta como llaman al equipo los periodistas italianos, denota respeto y admiración) tiene una selección mundial de talentos que han crecido en su marco, amparados por la exigencia de ser siempre número uno. El equipo actual tiene un punto macarra que acentúa la clásica chulería merengue, personificado en Cristiano Ronaldo, un atleta que hace de la excelencia una obsesión. Ganar y ganar y deslumbrar y volver a ganar.

Soy el mejor y te lo voy a demostrar en la cara. Zas. Creatividad. Barroquismo. Concreción. Violencia en el disparo. Gol. Montañas de dinero y deseo distinguen a ese leopardo blanco, tan hijo de este tiempo como plástico en su manera de jugar, tan admirablemente ambicioso como antipático por su egocentrismo.

Este Madrid es un vivero de soluciones. Puede jugar al primer toque como el Barça. O coger el cuchillo con los dientes e inyectar veneno a la contra, a la manera del Atlético de todos los tiempos o del común de los equipos italianos. Seguramente esa segunda versión sea la que veamos esta noche.

También tiene tres jugadores por a los que tengo una simpatía especial.

Iker Casillas: El colega que nunca falla. El novio perfecto. El tipo sensato al que desde el principio se veía que el destino lo había escogido para empresas importantes. Destino que ha cumplido con montañas de trabajo y humildad. Lo que más cautiva de este venteañero mostoleño es su naturalidad para digerir el éxito, siempre con ese punto de viejo anticipado con el que llena sus explicaciones de sentido común, generosidad y un liderazgo inclusivo. Ya adelanto que él es el ying del Madrid, perfectamente intercambiable por Guardiola, Iniesta o Xavi. Casillas es el principio femenino del Madrid, el ‘hombre tierra’ del equipo, el que le confiere la sensatez del aquí y el ahora.

Sergio Ramos: Ramos es una versión del siglo XXI de George Best. Pero en la retaguardia. ¿Quieres un lateral de largo alcance? Aquí está Ramos. ¿Un central de garantías? Pon ahí a Ramos. Es el talento en continua dispersión. También un hombre que simpatiza con la fiesta y con pocos pelos en la lengua. Un corazón salvaje. Pero con discursos de patricio romano. Y detalles brillantes en defensa y ataque. Así hasta que, de repente, comete fallos tontos. Eso sí, por encima de todo, un jugador que transmite sensación de facilidad y elegancia. Caballo loco será capital esta noche, seguro.

Xabi Alonso: El Don Draper de la medular blanca y la selección nacional. Elegante hasta decir fiable. Siempre a un toque. Es Guardiola y Schuster (juego raso, pases largos) fundidos en un solo jugador, cuya experiencia en Liverpool le mejoró en la faceta física y los fundamentos defensivos. Estamos hablando del ritmo y compás de este equipo, cuya serenidad para encajar las adversidades le convierte en líder que predica de obra.

No, sinceramente, no creo que sea casulaidad que mi elección de jugadores sea complementaria en una hipotética selección de talentos universales, el influjo del yin y el yang acaba impregnándolo todo...He dejado para el área de castigo de este artículo a los dos protagonistas del titular que funciona como puerta de entrada a estas líneas: José Mourinho y Pep Guardiola. Resumiré mi opinión sobre ambos a la manera de facebook.

José Mourinho.

Me gustan:
Sus métodos elaborados y concienzudos, donde cada detalle es importante. Su inteligencia para leer las virtudes de sus equipos y construir un método ex profeso para ellos. Sus ruedas de prensa, siempre jugosas en reflexiones. Su capacidad para conectar con sus jugadores y sacar lo mejor de ellos. (Algunas de) sus divertidas salidas de tono, donde se muestra irreverente y sincero. Su carácter perfeccionista y su palmarés. El trabajo que está haciendo con el Madrid, concretado en la mejoría en su gama de recursos que han experimentado jugadores como Di María y Marcelo.

No me gustan:
(Algunas de) sus chabacanas salidas de tono, como cuando fue a por Manolo Preciado, ejemplo de integridad y honradez en este negocio. Su falta de respeto al trabajo de otros colegas y a los árbitros. La manera en la que pone en el disparadero a algunos de sus jugadores. Para todos no funciona el mismo método y da la sensación de que, por ejemplo, está quemando a Canales. Su falta de elegancia en la victoria.

Josep Guardiola

Me gustan: Su discurso matizado y singular sobre los partidos y el fútbol en general. La manera en la que se pone en la diana cuando no le salen las cosas a su equipo. Su valentía para hacer propuestas sugerentes de juego y la cancha que da a los canteranos (también el modo en que mide los tempos de su integración en el primer equipo). Su humildad y su elegancia, especialmente cuando gana.

No me gustan: Sus sobreactuaciones para quejarse de los árbitros o para presumir de lucidez (no es de buena educación contar el dinero delante de los pobres). La manera en la que se ha prestado a ser filósofo de un banco…

Mi cómplice oriental acaba de pasarme una tarjeta con los principios que fundamentan la división de la vida entre el yin y el yan. Hay uno que me parece especialmente interesante para esta noche. Prometedor diría yo (no te extrañes, demasiado me estaba durando este traje de tipo ecuánime).

El yin y el yang se consumen y generan mutuamente. El yin y el yang forman un equilibrio dinámico: cuando uno aumenta, el otro disminuye. El desequilibrio no es sino algo circunstancial, ya que cuando uno crece en exceso fuerza al otro a concentrarse, lo que a la larga provoca una nueva transformación. Por ejemplo, el exceso de vapor en las nubes (yin) provoca la lluvia (yang).

Es decir, el exceso de excelencia blaugrana (yin), con la consecución de ocho títulos de máxima relevancia en la dos últimas temporadas ha provocado que el Madrid se haya reforzado fichando a los mejores jugadores del mercado en las dos últimas temporadas (Cristiano, Xabi Alonso, Di María, Ozil…) y el mejor entrenador que existe fuera del principado blaugrana, con lo que es fácil-lógico deducir que pronto empezara la lluvia de títulos blancos (yang).

Sólo me queda desear que esa transformación encuentre uno de sus primeros hitos esta noche. Disfruten del clásico…

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Gran análisis de los 2 mejores equipos del momento y sus actores principales,lastima que ayer no quedase patente que las cosas son mas igualadas de lo que parecen, pero habra que seguir trabajando.
Señor Fo.

Chicharros Enlatados dijo...

Vale que el madridismo sea especialista en tragarse los globos sonda de Marca, As, Florentino e incluso MOurinho... pero yo pensaba que los tipos inteligentes ya no se lo tragaban, aunque veo que me equivocaba...

"El Madrid es un tigre. Es fiero. Voraz. Pragmático. Gamberro"

Debes estar de coña querido Pet...

Pedro Fernaud dijo...

Grazie Collan, sí señor, habrá que seguir trabajando duro para hacer realidad lo que dijiste ayer en Face: "Gran partido del Barça, demostrando que serán dignos subcampeones de Liga".

Rubens, esto es como todo: los periódicos subrayan las cualidades de los 'preferidos' de su clientela para vender más ejemplares. Desde luego, hoy es un mal día para defenderlo, pero mantengo lo que decía ayer (piensa en todos los partidos previos de Liga y Champions).

Es un momento fastidiado para los madrilistas, pero como dijo ayer Mou, no es momento para llorar. Así pues, paciencia, hablamos al final de temporada y vemos quien tenía razón en relación a los blancos. Por cierto, mi admiración y respeto para el señor Di María por la actitud que mostró ayer.

Un abrazo para ambos

Chicharros Enlatados dijo...

por fortuna, no hay que esperar a final de temporada para afirmar que el barcelona es el mejor equipo del mundo en la actualidad, como no había que esperar a la final del Mundial para saber que el juego de España era el más bonito y, por suerte, el más efectivo.

hacerse eco de cualquier manifestación del tal Mou es algo de lo que prefiero no comentar nada... en mi opinión, este tío está a la altura moral e intelectual de Jesús Gil o Carmen de Mairena

y hablando de Gil, el florentinismo cada vez me recuerda más al gilismo... que dios os pille confesados!