viernes, enero 07, 2011

También la dignidad


Una vez leí disertar a Carlos Boyero sobre su metodología para componer una crítica. El señor de los excesos afirmaba que prefería no leer ni escuchar las opiniones de sus colegas con anterioridad a escribir la valoración sobre una cinta. ¿El motivo? No quería que éstas le influenciaran o condicionaran. Todos estamos condicionados o influenciados, da igual la fuerza de tu personalidad.

Pero es cierto que tu actitud ante las cosas te puede llevar a elaborar un punto de vista más personal sobre la realidad que miras si te obligas a cometer tus propios errores y aciertos, siguiendo el hilo de tu intuición. Normalmente, me gusta leer diferentes críticas para obtener un caleidoscopio de valoraciones que hagan más completa la mirada. Pero de cuando en cuando me gusta trabajar a través del modus operandi expuesto por el libertario de El País y seguir el curso de mis propias impresiones, sin otra consulta que mis propias carencias y afinación.

Es más fácil hacerlo si acabo de digerir una película que me ha gustado. Decir entusiasmado sería emplear una palabra demasiado grande. ‘También la lluvia’ es una película que será visitada con admiración por los cineastas de finales de este siglo. Relata la historia de un equipo de rodaje en Bolivia. El equipo está liderado en lo artístico por un director mejicano (Gael García Bernal) y en lo operativo por un productor español (Luis García Tosar). El grupo humano tiene chicha y desde el principio apreciamos que van a rodar en un entorno inflamado.

La película discurre en el mismo sentido a través de la ficción y de la realidad. Estamos en el año 2.000 en Cochabamba, Bolivia. La ficción que el equipo pretende plasmar visualmente evoca la conquista de América a cargo de Colón y las huestes españolas. La realidad que envuelve dramáticamente al equipo es la América del siglo XXI, poblada por una multitud indígena harta de que los conquistadores de todos los tiempos esquilmen los recursos naturales de su tierra y, lo que es peor, su dignidad como pueblo.

La historia está llena de ritmo. No tardas mucho en darte cuenta de que no hay dos historias que confluyen. Más bien se trata de un viaje colectivo que tiende a repetirse indefinidamente, con pequeñas variaciones, entre conquistadores y oprimidos. Pero quedarnos en esa lectura de los conflictos sociales que expone la cinta sería simplificarla. Porque la película nos permite explorar los conflictos de los individuos con algunos rasgos admirables (y detestables, gente pues como nosotros, creíble, llena de claroscuros, compleja). Gente que ama su oficio. Gente que sufre. Gente que busca. Gente que sobrevive.

Juan Carlos Aduviri da vida a un trabajador indígena que se rebela contra la situación de saqueo a la que están siendo expuestos los pozos, la tierra de su poblado. Su personaje también interpreta al líder indio que fue incinerado por los españoles, cuando la salvaje imposición de nuestra cosmovisión que perpretamos al otro lado del charco. La mirada de este tipo (un pozo de tristeza y entereza del que es difícil apartar el asombro) y sus hombros ligeramente adelantados componen uno de los grandes hallazgos de este viaje.

Un tipo para resumir una dignidad, que no se puede comprar ni entender a la primera. Poco a poco, ése es el camino que recorre el cínico productor español. El señor Tosar es aquí un tipo aferrado al discurso de "¿cuánto nos va a costar?" Cuya existencia consiste en decir, “pues esto nos lo hemos ahorrado”. Un conseguidor en toda regla, que dirían nuestros primos cubanos. Un hombre resolutivo que eleva la moral de la tropa y que soluciona la vida de la gente que le rodea con un estilo claro, cínico y directo. Pero también solidario. Rugoso y poco refractario a las dificultades.

La pasta es importante, pero hay experiencias y vínculos que no tienen precio. Valor en todo caso. El valor del agua. Agua para fluir. Agua para el cambio. Cómo no identificarse con el instinto de juego del director mejicano (que sí señora, que ya sabemos que es muy guapo, pero deje de exclamarlo cada vez que aparece en pantalla), empeñado en edificar un firmamento lírico con el que explicar las atrocidades del pasado, cuando el del presente está poniendo en cuestión nuestra vida actual. Siempre es más complicado hacer ajustes al ahora.

Por eso seduce esta película. Porque está comprometida con la historia que relata y porque aprovecha las diversificaciones magia del cine dentro del cine. Porque no es maniqueista e hila un relato donde caben todas las miradas, aunque privilegie la que considera más profunda. Porque trata al espectador como un adulto. Porque es agua para el cambio, aunque sea en nuestras conciencias. Porque es un espectáculo para la vista, con una belleza paisajes y expresiones en unos actores en algo muy parecido al trance.

Tosar demuestra que tiene bien ganada su fama de actor del momento. Es un tipo que lo mismo parece que va a arrancar la cara de su mujer a hostia limpia que se transmuta en un músico callejero enamoradizo y sentimental, un tipo que igual puede ser un carismático-tabernario líder de revuelta carcelaria que un fraile amable y temeroso del poder establecido, un tipo que es bueno y malo en la misma secuencia, con un pentagrama de emociones entrecruzadas en una mirada que vale como abrevadero de emociones universales. Un malo bueno, un duro blando como en esta historia donde no va a cambiar el mundo pero quizá sí su manera de relacionarse con él.

La película es un logro de Iciar Bollaín, una tía inteligente que desprende sensualidad como actriz. Y que como directora hace películas raras y pegadizas. Está le ha salido universal. Apoyada en la solidez del guión construido por su marido Paul Laverty (guionista, entre otros, de Ken Loach), ha construido una película que promete varios mundos y teje secuencias para el asombro. En ese capítulo, hacemos una mención especial a Karra Elejalde, un actor de otra liga, un tipo que combustiona la pantalla cada vez que la puebla. Ora como Cristóbal Colón taimado y despiadado, seguro y visionario. Ora como actor en horas autodestructivas que raciona su enorme talento.

La cinta promete varios mundos pero declina en su tramo final. No sabría como explicarlo. Hay gente a la que con frecuencia le sobra la grandilocuencia (estoy pensando en el maestro Coppola). Y otros a las que le falta. Es el caso de esta película, después de todo lo apuntado en el primer tramo de la historia, a la peli le falta metraje para abundar en los conflictos sociales y de personajes que expone. Le falta meterse en las tripas de la historia. Y eso que tiene un final maduro y conmovedor, verosímil y abierto como la vida misma. Pero por el camino se ha dejado algunos costurones abiertos.

No importa demasiado. La película es lo suficientemente interesante como para incluirla en nuestro panteón de preferencias. Y a partir de ahora seguiremos con especial simpatía la carrera detrás de las cámaras de Bollaín. Gracias Icíar. Ahora toca la lluvia de premios. También el baño de dignidad para la gente a la que has retratado y la oportunidad para tomar conciencia para los que nos hemos asomado a esta historia.

5 comentarios:

Chicharros Enlatados dijo...

No me he leído tu crónica por falta de voluntad y de tiempo, pero seguro que coincidimos... pedazo de peliculón! así da gusto ir al cine!

Aurora Moreno Alcojor dijo...

Gran crítica, Peter. Y enorme película. La vi ayer y me encantó. Perfecta analogía entre el ayer y el hoy, y muy buena la complejidad de los personajes, el giro que dan algunos a lo largo de la cinta y las sensaciones que transmiten. Especialmente, lo fácil que es ver las aberraciones de los otros y lo que cuesta ver las nuestras, a las que generalmente siempre encontramos una justificación.

Como única pega, quizás le falta algo de profundidad en las historias propias de los protagonistas: me quedo con ganas de saber más de Karra Elejalde y el origen de su cinismo o de conocer la historia de Tosar, pero creo que es intencionado y quizás sea mejor así.

Saludos!

Pedro Fernaud dijo...

La verdad es que sí Rubens, una película de primera.

Tienes razón Auro, es una película llena de complejidad, con un trabajo muy bien hilvanado de parte de sus dieferentes hacedores.

Yo tb echo de menos algo más de profundidad a la hora de abordar algunos personajes y momentos. Pero supongo que han prefreido acogerse a la máxima de "menos es más".

Me alegro de que tb os haya molado a los dos.

besos&abrazos

Anónimo dijo...

Si que está bien, sí. A mi también me encantó, y Bon Apetit, que ya he visto que la has incluido en tu lista de favourite films ;-)

Soledad

Pedro Fernaud dijo...

jeje, me alegro de que te hayan gustado Soledad, viva la universalidad del cine ;-)