lunes, enero 17, 2011

Sueño de una noche de invierno


Algunas veces la realidad impresiona por lo mucho que se puede parecer a un sueño. Este domingo el Baloncesto Fuenlabrada (todavía sin patrocinador) tuteó al Real Madrid en un partido para el recuerdo colectivo de la ciudad (205.210 habitantes, según registro del INE en 2010) de la que toma el nombre. El equipo dirigido por Salva Maldonado cogió el mando del partido a través de una eficaz mezcla de intensidad en defensa y atrevimiento en ataque. El despegue del encuentro condujo a una ventaja máxima de 9 puntos (2-11) para los visitantes de la Caja Mágica (hasta ese momento, fortaleza inexpugnada en Europa y en España para los adversarios del equipo blanco). El equipo de Salva Maldonada ejecutaba con sincronía y acierto las acciones de dos para dos, en las que ‘Titán’ Ayón demostró ser un depurado ‘culminador’ gracias a su valentía y capacidades físicas.

Enfrente, el Madrid titubeaba. No acaba de creerse que un equipo tan esquilmado por las carencias económicas, y lastrado a consecuencias de éstas en el equilibrio de su juego, estuviera jugando tan rematadamente bien, con tanto orgullo y eficacia. Por suerte para los blancos, poseen a un jugador que es el hilo conductor con su historia de leyenda. Se llama Sergio Llull y juega al baloncesto con la velocidad de un avión.

El escolta menorquín achuchó sin piedad a los jugadores fuenlabreños en defensa y cuando tocaba elaborar en faenas ofensivas lo hacía con una velocidad supersónica, que invitaba a la solidaridad (ayudas de los hombres interiores) de los jugadores fuenlabreños, que de repente vieron cómo la mente maquinadora de un viejo general del ejército del baloncesto, Ettore Messina, todavía ofrece momentos plenos de lucidez, ya que al poco (apenas cuatro minutos) de apreciar la tendencia al fallo de Velickovic, dio entrada a Nikola Mirotic, que volvió a convertirse en el mejor jugador de su equipo (esta vez sólo en las facetas ofensivas, según subrayó su entrenador en la rueda de prensa posterior al encuentro, donde sumó 19 puntos y 20 de valoración). El técnico italiano echó de menos la prestancia defensiva que ‘Miro’ ofreció en Sevilla, neutralizando a un hasta entonces iluminado Paul Davis.

De todos modos, en el fragor de ese intercambio de golpes, donde el Madrid no tardó mucho en equilibrar la contienda -(25-25) en el ecuador del segundo acto-, el Fuenla (re)descubrió un muro con la ilusión de un joven guerrero africano. Responde al nombre de Bismack Biyombo y volvió a demostrar grandes dosis de personalidad y facilidad atlética para poner hasta tres gorros a los jugadores merengues (dos de ellos a Felipe Reyes, uno de ellos antológico, que hubiese hecho sonreír al mismo Serge Ibacka, el prodigio de los Oklahoma Thunder con el que los más atrevidos comparan al jugador fuenlabreño estos días). Biyombo también se reveló como la kriptonita más eficaz contra el juego de Mirotic, al que intimidó en dos o tres ocasiones.

En total, el chico que tuvo un pequeño conflicto fraternal con su padre para mantenerse firme en su decisión de dedicar su vida al baloncesto anotó 6 puntos (dos de ellos en forma de plásticos mates), puso 3 tapones y cogió 2 rebotes en los 13 minutos de acción que disfrutó. Algo más de protagonismo sí que mereció pero Salva Maldonado, el técnico fuenlabreño, se mantuvo firme en su ideario de respetar las jerarquías del equipo. Esta decisión, unida a la efervescencia del ataque blanco, donde Prigioni y Llull anotaban tiros largos con la delicadeza de unos violinistas de este deporte y Reyes y Mirotic exhibían los recursos de su buena mano, estiraron el marcador a favor de los blancos con un parcial que parecía la crónica de una muerte anunciada (55-43).

Pero en esos momentos en los que realidad parecía imponer su lógica implacable de presupuestos y supremacías físicas y técnicas, algo cambió en la mente y el corazón de los jugadores fuenlabreños. Leo Mainolidi se puso ese traje de héroe que ya se ha enfundado en dos o tres partidos de esta temporada y empezó a enchufar triples como si lo fuesen a prohibir.

Maldonado demostró los reflejos que le hacen uno de los técnicos más respetados de la ACB e instauró una defensa zonal (2-3) con la que preservar la zona naranja y de paso disuadir las acometidas de Tucker y Llull (que luego por la tarde pudieron presumir con sus colegas de que los fuenlabreños habían hecho también una defensa mixta –cajita zonal y defensa individual sobre uno de ellos, dependiendo del ataque-en honor a sus capacidades). Sea como fuere, quien mejor personificó el corazón fuenlabreño en defensa fue Ferrán Laviña, alias lobezno, que estuvo vibrante en su manera de defender, contagiando de este modo su rabia y orgullo a sus compañeros.

En ataque, el equipo naranja abrió su panoplia de recursos. Valters y Ayón volvieron a bordar el dos para dos, con el mejicano como estilete, hasta el punto de que completó su mejor partido como jugador ACB (23 puntos y 6 rebotes).Jon Cortaberría demostró por qué es el jugador más elegante (y acertado desde más allá de la línea de 6’75, donde promedia un 44 % de acierto) del equipo y anotó dos triples capitales para seguir remontando el curso adverso del río. Por un momento, la realidad se había convertido en el sueño de una mañana de invierno. Valters anotó un triple colosal para poner por delante de los suyos (71-73).

En una de las esquinas de la cancha, un narrador porteño confería una inolvidable emoción a su relato radiofónico. El Fuenla estaba dos centímetros por encima del cielo (que según el eminente teólogo alemán Hans Kung no es un espacio físico, sino una forma de ser).

Lo que sucedió después responde a un triple discurso. Por un lado, al de la infamia arbitral (no molestemos al poderoso en su casa señalando la verdad de lo que está sucediendo). Por otro, al de las erróneas decisiones del Fuenla; Valters se precipitó gastando -con un tiro triple fuera de toda sensatez cuando tu equipo gana por uno y restan 35 segundos de partido- la valiosa posesión que había obtenido al robar el balón a Carlos Suárez. Tampoco anduvieron finos los fuenlabreños al gastar su última falta de no bonus con cinco segundos por jugar. Sea como fuere, el factor decisivo para definir la suerte del partido estuvo en la clase y determinación ganadora de Sergio Llull, que, a falta de un segundo, se disfrazó de Chris Paul para anotar una canasta por elevación simplemente magistral, que permite conservar la imbatibilidad a los blancos en la Caja Mágica (nueve triunfos en nueve partidos en esta temporada ACB).

El sueño de invierno vino por la noche, cuando un hincha fuenlabreño soñó lo que pudo haber sido y no fue. Soñó por ejemplo que el árbitro principal, Xavier Amorós, dignifica su profesión y pitaba el flagrante agarrón que cometió Carlos Suárez sobre Kris Valters cuando éste –a escasos centímetros del trencilla-acababa de birlarle la pelota al alero ribereño e iniciaba la acción de ataque.

Soñó por ejemplo que Maldonado obviaba las leyes de la continuidad y apostaba por Biyombo para que el pívot congoleño preservara la zona de su equipo y, llegado el caso, colocara un tapón a Llull en su decisiva entrada a canasta, emulando así la gorra que había colocado a Reyes en la primera mitad. Soñó también que el trío arbitral se armaba de valor y lucidez y pitaba la postrera falta a la que fue sometido Leo Mainoldi en el último lance del partido, cuando Clay Tucker cometió infracción (palo decíamos cuando jugábamos en el patio del colegio) sobre el ala pívot argentino.

Soñó en suma que su equipo obtenía el merecido premio a su espléndida primera vuelta. En ese trance, cogía el tren de cercanías y luego el metro para ir hasta el Palacio de Deportes, escenario copero de este año, donde se hermanaba con las aficiones de otros equipos (sobre todo con las del Caja Laboral y el DKV, con las que la gente de su peña siempre tuvo una relación especial…). Pero mientras estaba en esa confraternización previa al primer partido copero, soñó el despertador y tocó vestirse con la dignidad de todos los días para ir a trabajar a Madrid, ataviado con una mezcla de orgullo y tristeza que no le abandonará en toda la semana.

Por el camino, el hincha, recordó aquello que decía Don Pedro Calderón de la Barca “…y los sueños, sueños son”. Lo que ya nadie podrá robar a este equipo es su dignidad. Su manera valiente y entregada de haber completado una primera vuelta de ensueño, con 9 victorias en su zurrón. El hincha intuye algo parecido a lo que expone Kung. Y piensa que el cielo debe ser un lugar donde siempre habrá hueco para el corazón competitivo de Laviña, la elegancia en progresión de Cortaberría, la creatividad en los pases de Colom, los supersónicos tiros de Valters, la valentía y acierto de Ayón, el desparpajo y los muelles de Biyombo, la determinación triplista de Mainoldi…

2 comentarios:

Sergio "Fraude" Rodríguez dijo...

Excelente crónica señor P., digna de la sección de baloncesto de Marca. Nada que ver con lo que hay que leer en la prensa deportiva. Enhorabuena. Veo que no haces referencia alguna al fichaje de campanillas de la sección, ¿acaso has abierto los ojos ante este fracaso anunciado?.Sergio Rodríguez terminará jugando más o menos los mismos minutos que Sergi Vidal. Si juega es porque tienen ordenes del "Ser Superior". Ríndete ante la evidencia ;) Saludos.

Pedro Fernaud Quintana dijo...

Gracias por los elogios a la crónica 'Sergio'. Tu tocajo no jugó nada mal ese partido (terminó con 6 asistencias y 6 puntos). Creo que hay pocos jugadores con su talento y con el tiempo, y un poco de paciencia, será un jugador protagónico en la liga y en Europa.

Tiempo al tiempo :-)