jueves, noviembre 06, 2008

El sabor de las primeras veces


La ciudad empieza a vestirse, como si el verano hubiese sido una noche de piscina y borrachera. Demasiado fugaz, dijo ella. El caso es que los viejos amigos nos hemos reunido para celebrar nuestra amistad y todas las buenas cosas que nos han sucedido. Y las que todavía nos quedan por estrenar. Hemos escogido un bar con nombre de broma portuguesa, el de las miles de anécdotas, porque algo dentro de él nos recuerda nuestro viaje hasta ahora.

Un sitio que durante un decenio nos acogió sin preguntar, mientras nos inflábamos a vinos gallegos y risas, mientras coreábamos consignas de colegio, del fútbol pero también disparatadas ocurrencias propias.
(17-0, 17-0, 17-0, kivi follador, kivi follador, ero, ero, más cojones que el caballo…Y así, ¿quién no ha franqueado alguna vez un seto a la luz de sus propios disparates?)
El lugar donde sedujimos (o por lo menos le intentamos).
Todavía recuerdo cuando ella me lo repitió, ¿jugamos?. Y creéme la mayoría de las estaciones pueden ser una rutina, a veces hasta gratificante, ejercicios de equilibrios.
Lo que me importa es que estoy viendo a mi gente bromear como si lo fuesen a prohibir. Relajados y divertidos como nunca lo estuvimos. De vuelta del qué dirán. Con un inesperado equipaje de dos camisas bien planchadas, un poco de perfume y un puñado interesante de buenos recuerdos.
También con el señor Manolo, alias Bekembauer, dando gracias al cielo por estos muchachos del carajo que le están salvando el negocio mientras aparenta hacer cuentas que sólo existen en su recuerdo. Y fotografiamos la alegría, también la inventiva (y puede que una copa rota) como si lo fuesen a pagar.
Le dimos la vuelta al desfiladero, cada uno supo mirar hacia delante cuando tocó hacerlo y ahora nos alegra hacer partícipes de nuestra fiesta al camarero, un recién llegado, que nos trata con simpatía. El caso es que miro enfrente y veo a un viejo cazador de finesas, tranquilo, complacido como el corredor de triatlones nocturnos que nunca dejará de ser. Al verle, recuerdo a Rafa Nadal y eso de “no me pidas que me ría, porque no es mi estilo, pero créeme estoy disfrutando de cada buena sensación que flota en el ambiente”. Nuestra pista de tenis tiene a un futuro marido portugués que ha ganado elegancia con los años y ha conservado su proverbial buen humor para encajar con deportividad los cánticos que celebran su habilidad para hacer puertas frías. Veo al chico de las consultoras, pensando rápido y hablándolas (las bromas) aún más, le veo contento, con su mujer inspectora y su incansable facilidad para sorprenderse de cualquier ingenio muchachesco. Me descojono con el primer padre de todos nosotros, sacando brillo a su carisma, escenificando su legendario ritmo para invitar a un baile a la noche (y no al revés).
Aquí a la lado, Palop abre brecha por el costado derecho mientras se fuma un puro, se emborracha y ríe como un adolescente tras haberse hecho hombre a fuerza de, coraje, volantazos sentimentales. También veo al viejo Roy, el primero que maduró de todos nosotros, que en estos últimos meses ha demostrado su buen juicio tirando al río su viejo hermetismo y demostrando por qué es conocido como el Auténtico, un tío que sabe sacarle el sí a casi cada momento del viaje. También celebro al tío más agradecido de esta región, el chico con el don de la risa, ese hombre con alma de angelito de Rafael que levanta la copa de sangría como quien se deja nacer. Todos juntos estamos dejándonos flirtear por esas chicas del paraíso de Miami, con tías de competi que diría Consultor, a salvo por lo menos durante unos meses de los huracanes de la vida.
Veo a un poeta sencillamente feliz, celebrando el talento de sus amigos. Imitando a sus hermanos del núcleo fundacional mientras festeja su destreza para ofrecernos un relato.

La noche fluye, loco. Y nos paran los taxistas. Y ahora entrar en la vieja prohibitiva discoteca es muy parecido a calzarse los calcetines. Y Carismático nos enseña un álbum del futuro, con un peque que nos sonríe entre divertido y asombrado. Casi se desploman un par de rubias de al lado. Los músculos se estrenan y el perfume de magnéticas y aceleradas extranjeras se nos mezclan con los brebajes mágicos. Cada uno de nosotros encuentra su ritmo en una pista para la que aparentemente nunca nacimos. Mitos. Tú vales cuanta complicidad seas capaz de sintonizar. Y creedme, puede que tengamos algunas carencias, pero la simpatía está de nuestro lado. La simpatía de los chicos asombrados que han aprendido a hacer las cosas con pasión.

Por eso no me extraño cuando veo a Palop moviendo las manos enguantadas, seduciendo a una chica del sur. A su lado, cara de angelito, manotea en la nube de ron, How can I explain…Y su templado molinillo de manos pone en juego a su otro yo, Chico Risa, para poner en dudas a la pequeña tentadora del ártico. Entretanto, el inminentemente Marido Lisboeta vuela para hablar desde la distancia con su prometida. Y Consultor ya está sacándole cuentas a la inspectora de su felicidad. Y ExCazador de Finesas se vuelve a casa preparando cómo ejecutar sus aventuras cinegéticas con su cómplice gallega. Y Carismático se recuerda como descubridor de cuerpos y le birla copas (también las imposibles) a la camarera. Y Auténtico respira como un búfalo, al son de la melodía Copón, copín y copete mientras estremece a una canadiense de cuyo nombre nunca se acordará. Y veo a Palop, otra vez levantando trofeos, encendiendo el fuego de una salvaje esbelta. Y suena la música y surfeo con las manos. Y la encuentro.
Invoco las olas y ella es rubia y puede que también californiana. ¿Hablas español? Un poquito.
Tiene ojos de tentadora. Y los cuerpos reaccionan de una manera instintiva. Pierdo la noción del espacio. Y no habla ni quiere y simplemente ha dejado de importarme. Un baile como si fuésemos a…Y tenía razón la antigua norteamericana, sólo cuerpo, boy.

El resto de la noche discurre a la velocidad de un blues. Aparentemente, bailamos hip-hop o techno o nos dejamos hipnotizar por las bellezas de plástico. Pero en realidad estamos fluyendo.

Hola, ¿qué tal chicas, cómo lo estáis pasando?
-Muy bien (y sonrisas)

Y Chico Risa baila y se acerca al área pequeña, Rubia Ibérica no deja de invitarle…

-Tu amigo está un poco demasiado borracho, ¿no?
-Menos de lo que te imaginas

Y todo podría haber quedado de leyenda si ibérica no hubiese tenido ya su caballero de gestas.

Justo en ese momento, el viento barre las inseguridades. Y veo a Auténtico navegar con una chica a la que le enseñará, en sentido conversado, el canal de Ámsterdam, sólo en sentido soñado, muchacho.

El viento barre las dudas. Y recorro la discoteca con un sólo sonrío. Te sonrío.

-Tienes swing.

-Y tú imaginación.

Y reímos. También nos interrumpimos. Y te tocas la oreja como quien calma la arena.

Y encojo los hombros. Escoges los hombros. Hablamos del placer. Y de las tardes, de libros. Y de lo que no son libros. Y me gusta cuando ríes porque estás como probando. Hay historias que se tejen cuando menos lo esperas. Y las invitaciones, nena. El viento trae confianza y sólo con pensar en ti alegro estas tardes.
Piel de princesa, tu ropa es una caricia a inventar.

Nadie sabe el sabor de las primeras cosas hasta que las nueva otra vez.

-Lo siento, me gustaría pasar lo que queda de noche con los amigos…

-Claro, disfruta, es vuestra noche. Habrá más viajes.

Y la noche despega como en los viejos tiempos. Con dos hijas de Lesbos pidiéndoles explicaciones a Auténtico por su mirada de bucanero y con Auténtico desplegando sus alas, recién liberadas de la escarcha, dibujando la vibración de la ataraxia. Y con Chico Risa celebrando pechos y con poeta mareado de tanta alegría.

Llegando a casa, Chico Risa le hace un corte de mangas al tópico (puede que también al taxista) y se convierte en nuestro socio capitalista. Y Poeta vuelve a casa cabeceando de risa (todo se pega, menos la decadencia), repartido entre el orgullo por los compañeros de viaje (también los de en viaje) y este nuevo despegue conjugándose.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

La pregunta de cómo se puede convertir en poesía una noche inolvidable queda respondida con este entrañable post. Muchos recuerdos quedarán en la nebulosa del humo de aquel puro, pero lo que quedará para siempre serán esos muchachos caminando juntos sin importarles el qué dirán y mirando siempre al frente a pesar de las cicatrices que ya nos adornan.
Un abrazo amigo.

Palop

Anónimo dijo...

Mereció la pena la espera, ahora todas esas nebulosas nocturnas y etílicas estarán documentadas para siempre.

Lo mejor de esa noche, como en la original, es que daba igual el resultado final. Pasara lo que pasara, estábamos condenados a festejar tanto la derrota como el empate, porque sabíamos que habría muchas más y que aquella solo era el principio de algo mejor.

Roy

Anónimo dijo...

Vas a acabar escribiendo de puta madre (si es que no lo haces ya) al paso que vas. Me he emocionado y todo y eso que la batalla en sí me es completamente ajena. enhorabuena.

Taupaco.

Pedro Fernaud Quintana dijo...

Muchas gracias tíos. What can I say? Os he leído con el sonido de una armónica e fondo (por esta vez no lo digo en sentido figurado). Roy, me alegro de que la espera haya merecido la pena. Palop, esa unión es nuestra fuerza, celebro que el tío con más entrañas del grupo vea las suyas en este relato. Y qué decir del elogio de Taupaco, más que probablemente uno de los tíos con más talento y lecturas con los que he compartido el camino.

Este fin de semana colgaré el cartel oficial (una auténtica cucada que se ha currado el señor Gómez) pero quedan ustedes (y todos los amigos lectores de esta bitácora) invitados desde ya al próximo recital poético que dará este humilde escribano el próximo martes a las 20.30 en la Inquilina (Calle Ave María 39, Metro Lavapiés).

Pásenla grande

Anónimo dijo...

crack, emotivo post del que nos has hecho participes; y todavía resulta más emotivo sabiendo que fui uno de los ausentes a la cita y compongo el puzzle de la noche a través de vuestros recuerdos y vuestros posts.
señor Fo.
pd: Nos vemos mañana en tu recital.