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Mongolito Gómez es el bar de un nombre que
quizá nunca exista.
También el emblema de una luz.
A mi amigo Luis no le gustan ni los haikus
ni las ausencias de rimas.
No es fácil conseguir una buena rima en este viaje.
Luis es prolongado y se parece a un guerrero mineral.
Bromas instantáneas, sentido del ritmo y
la mirada láser definen sus merecimientos.
El tío Luis hace apología de la amistad
y descifra encantos en los gestos de las sin nombre.
La apología la detalla con
su generosidad.
El tío Luis bromea el mundo, comprende relámpago
y reconoce cuevas de la gente.
Cuando se toma una copa,
la indeferencia no existe.
Y Mongolito se parece a los sueños que se comprenden.
(Para Luis, con dos días de adelanto en relación a su prometedor 31 cumpleaños).
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