Mostrando entradas con la etiqueta NELSON MANDELA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta NELSON MANDELA. Mostrar todas las entradas

martes, enero 06, 2015

Ubuntu: yo soy si nosotros somos

Ubuntu es una filosofía que se fundamenta en la unidad de todo cuanto nos rodea. En esencia dice: yo soy si tú eres. Yo soy, si nosotros somos.


Algunos de vosotros estáis familiarizados con este término porque es el nombre de un sistema para ordenadores bastante exitoso. Por lo que sé, el sistema honra su nombre porque es un software abierto, disponible para todos.

La primera vez que escuché hablar de Ubuntu fue en un artículo de Miguel Ángel Paniagua para la revista Gigantes. Después, he escuchado asociar ese término a Nelson Mandela. Tanto es así que Wikipedia define este concepto como “una regla ética sudafricana enfocada en la lealtad de las personas y las relaciones entre éstas. La palabra proviene de las lenguas zulú y xhosa”.
 
Ubuntu es visto pues como un concepto africano tradicional. El propio Mandela define esta filosofía con una experiencia: en uno de sus viajes de juventud, recibió agua y comida de una familia que estaba bastante escasa de recursos. Y ese dar para que tú estés mejor, aun cuando yo esté bastante limitado de recursos, nos engrandece a los dos y amplía nuestra humanidad.

En esencia, Ubuntu habla de velar por el bienestar de la comunidad como eje que fortalece a uno mismo. Gracias a películas como Avatar (algunas cosas buenas también tiene el cine palomitero), ideas como esa se van grabando en un inconsciente colectivo más amplio.
Hay otra anécdota que ilustra esta práctica. Se trata de un experimento que puso en práctica un antropólogo francés. El hombre se fue a un poblado africano y propuso a un grupo de niños el siguiente juego: una carrera con tarta como premio final. El primero de ellos que llegara ganaría y disfrutaría él solo de ese manjar. Los chavales aceptaron la propuesta y acto seguido entrelazaron sus manos y fueron al encuentro de la tarta.


Cuando el antropólogo les preguntó el porqué de su conducta, los chavales contestaron que para ellos la felicidad era/ tiene que ser de todos. No podían imaginarse disfrutando de la tarta sabiendo que el resto de sus amigos no lo estaban haciendo o estaban pasando hambre.

Esta anécdota ilustra con claridad el germen de una filosofía que hunde sus raíces en diversas tradiciones ancestrales de las tribus africanas. A saber: la idea de que cuando nace un niño, debe ser cuidado por toda la tribu para crecer en armonía y desarrollarse con vigor, cultivando todas sus cualidades.

En esa sintonía funciona también el canto como manto de protección para niños y adultos. La idea de fusión con la naturaleza como elemento de vida: aprendiendo a respetarla y cuidarla, mientras ella nos ayuda a vivir más equilibrados, más armoniosos y mejor sintonizados con nuestra esencialidad personal y colectiva.



También la importancia de cuidar y velar por cada integrante de la tribu, envolviéndole con el canto cuando se ha equivocado, centrando la atención en reprochar sus actos aberrantes pero brindándole todo el cariño, el apoyo y la atención que necesita en ese tramo de su vida para que se cure del descontrol que ha generado ese daño. El canto pues como herramienta de sanación y camino de regeneración.

Dos últimas notas sobre Ubuntu.
1) En una primera capa, todos necesitamos el amor y la protección de todos nuestros semejantes. Sería algo así como prolongar la incondicionalidad que nos tienen nuestros abuelos, padres y (con suerte y buena disposición de las dos partes) hermanos a círculos cada vez más amplios. Ubuntu también se puede interpretar como “todo lo que es mío es para todos. Yo soy lo que soy en función de lo que todos somos” (máxima que aplicaron al milímetro los amigos de Wall Street o el asceta Francisco Granados…).



Y, algo muy interesante, Ubuntu (y la tradición tribal africana más estimulante) también condensa una filosofía de respeto, conocimiento, cuidado y relación con el mundo natural que nos recuerda que todo está conectado…
En suma, compartir es un enlace universal que a todos nos conecta. ¿Cómo se facilita esta disposición? Cultivando tu humildad, haciendo crecer tu empatía. Mandela nos dio una vivencia extraordinaria http://aedipecv.com/noticias/entrevistas/381-entrevista-a-john-carlin-autor-del-libro-qel-factor-humanoq-.html con el logro que articuló con el Mundial de rugby que organizó (y ganó) su país, como emblema de reconciliación nacional.

La definición de Ubuntu de Desmond Tutu creo que condensa muy bien esta filosofía: “Una persona con ubuntu es abierta y está disponible para los demás, respalda a los demás; no se siente amenazado cuando otros son capaces y son buenos en algo, porque está seguro de sí mismo ya que sabe que pertenece a una gran totalidad, que se decrece cuando otras personas son humilladas o menospreciadas, cuando otros son torturados u oprimidos”.
 
Todos, en suma, formamos parte de una gran familia, la familia humana (sí, también el mamón de tu colega de curro que sólo conjuga el yo-mi-me-conmigo). Es decir, todos estamos enlazados universalmente. Cada vez que uno de nosotros progresa y crece, también lo hace la familia humana. Y a la inversa, cuando una persona se deja llevar por el odio, se abandona a la autodestrucción, agrede o daña a un semejante, la especie se debilita.

2) En un segundo nivel, Ubuntu reconoce el grado de desempeño, de aportaciones que hace una persona a la comunidad. Este crecimiento nos fortalece a todos. Una idea, por cierto, que entronca con una máxima que solía repetir Gandhi: la esperanza y las posibilidades de desarrollo de nuestra especie deben medirse por la labor los mejores ejemplares de la misma J
Pd: Gracias al Bosque Habitado, por su inspiración africano-ecológica

Pd2: Gracias a Auro por contagiarme su pasión por el continente africano

Pd3: Gracias a You Tube por nutrir un par de los ejes que integran este relato
Pd4: Gracias a Wikipedia por ‘arborear’ las definiciones de Ubuntu

Pd5: Lo sé, pensabas que este gracias no llegaría, pero te lo mereces por haber leído hasta aquí. Grazie, merci, thx, danke, mahalo J

domingo, febrero 10, 2013

Just the way I'm feeling

Asentir, maravillarse,
felicitaragradecer.


Nodding, marvel,
congratulations, thanks.


lunes, febrero 01, 2010

Invictus: ni la mitad de grandeza que el libro, pero entretenida


Se ha convertido ya en un lugar común inclinar la balanza a favor de un libro cuando éste se compara con su hija cinematográfica. Invictus, la nueva película de Clint Eastwood, no escapa a esa tendencia general, pero se deja ver y contiene la interpretación colosal de Morgan Freeman, que le coge prestada el alma a la persona (viva) que quizá ahora mismo sea más admirada en el planeta: Nelson Mandela.

Mandela permaneció encarcelado durante 27 años. ¿Su pecado? Protestar airadamente contra la segregación racial, que modelaba el sistema político, social y económico del país en el que le tocó nacer: Sudáfrica. En aquella primera época, Mandela escogió a veces el camino de la violencia. Pero ya entonces se podía vislumbrar que aquel simpático abogado emanaba un aura especial.

Con la sonrisa como primer argumento, el joven Mandela tenía porte para lucir elegantes trajes con los que buscaba inspirar a los suyos y cambiar las reglas de juego. Pero ese atrevimiento le costó caro: pasó casi tres decenios entre rejas. Ante una situación así, lo más normal hubiese sido abandonarse o llenar el depósito del odio. Pero Mandela hizo justo lo contrario: salía a correr todas las mañanas cuando el alba todavía no había despuntado y se puso a leer con vocación enciclopédica.

El principal objeto de sus lecturas pasó a ser la cultura de los afrikáners (esa minoría blanca de origen holandés que gobernaba su país y detentaba las ventajas de quien figura en lo alto de la pirámide social). Aprendió sus costumbres, su cultura y su lengua. Comprendió incluso la trascendencia que para ellos tenía el rugby.

En aquel tiempo, Mandela reinventó el fresco de su alma y concibió un plan hacia la reconciliación: buenas dosis de generosidad, inteligencia vital y perdón (la venganza más noble según el señor Cantona).

Una vez llegó a la presidencia del país (arrasó en las primeras elecciones en las que la población negra tuvo derecho al sufragio), concretó todas esas cualidades en una estrategia tan imprevisible como emocionante: hacer todo lo humana (e imaginativamente) posible para que su país se convirtiera en campeón de la Copa del Mundo de Rugby, que se celebró en territorio sudafricano en 1995. Y convertir esa epopeya en sinónimo de reconciliación (y unidad) nacional.

Sobre ese empeño, sobre el carisma de uno de los genuinos padres africanos, gira la película ‘Invictus’, que tiene ritmo, contiene secuencias épicas y cómicas, emocionantes y líricas, pero que tiende a la superficialidad. No digo que sea fácil plasmar la hondura de la complejidad del conflicto sudáfricano, pero ‘El Factor Humano’, libro de John Carlin en el que está inspirado la película, es bastante más interesante.

La película, no obstante, vale como videocilp de una historia que renovó el alma de su país. Merece la pena verla en V.O (qué cercano resulta el acento de nuestros primos del sur hablando la lengua del pirata Drake). La composición que Freeman hace de Mandela es una genialidad (su forma de moverse, de sonreír, de dudar) y Damon cumple con nota en su papel de capitán de la selección sudáfricana. A veces el relato peca de exceso de azúcar en el dibujo de los personajes y algunos momentos, pero acaba no muy lejos del notable por el humor que brota en algunos diálogos y situaciones, porque contiene la intensidad y aliento poético (música y malabarismos de cámara mediantes) de ese maestro artesano del cine que es Eastwood.

El libro lo devoras como si fuera un thriller, pero con el valor añadido que ofrece una lectura atractiva y desenfadada del que quizá sea país más occidental del continente africano. Carlin no cae (del todo) en la hagiografía de Mandela, nombra también sus carencias familiares y sus limitaciones como hombre, pero por encima de ese peaje construye un luminoso retrato sobre un tipo que fue capaz de tomar las riendas de su destino, con un coraje, determinación y generosidad que todavía hoy asombran a la gente.

Paralelamente, retrata los claroscuros de un país lleno de contrastes. De algunos personajes que tuvieron que dar lo mejor de sí para evitar la guerra civil. Como hilo conductor, traza la narración de una competición deportiva que puso de relieve el genio político de un hombre que guió a su nación hacia un futuro mejor, lo que no quiere decir que pudiese librarla de la delincuencia, así como de importantes capas de corrupción, retrasos sociales y pobreza que hoy día la asedian.

Pero al menos ‘El Factor Humano’ cumple su objetivo: relata una realidad (más o menos) ajena a nuestro país, divulga y conmueve. En cierto punto, inspira, igual que la película, pero convendramos que ese mérito pertenece al verdadero protagonista de la historia, un tal Nelson. El mismo que cuando estaba viendo la película, se giró hacia al viejo actor afroamericano y le dijo: “este tipo me suena…”.

A sus 92 años, el señor Mandela conserva la lucidez. Puede que ya no le respondan las piernas. Pero sí la cabeza y el corazón. Milagrosa longevidad. A veces la vida ofrece merecida gratitud a la gente que se atreve a inventar un mundo mejor.
Gracias Nelson.