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jueves, noviembre 18, 2010

Constelación de los personajes: una relación específica con el mundo


Cuando uno se propone modelar personajes, es pertinente traer a colación la reflexión que Miguel de Unamuno hacía respecto a dos formas de afrontar las historias. Don Miguel diferenciaba entre escritores ovíparos y vivíparos. Distinción que, explicada con sus propias palabras, implicaba lo siguiente:

Escritores ovíparos: “Cuando se propone publicar una obra de alguna importancia o un ensayo de doctrina, toma notas, apuntuaciones y citas, y va asentando en cuartillas cuanto se le va ocurriendo a su propósito, para irlo ordenando de cuando en cuando. Hace un esquema, plano o minuta de su obra, y trabaja luego sobre él; es decir, pone un huevo y lo empolla”.

Escritores vivíparos: “No se sirven de notas ni de apuntes sino que lo llevan todo en la cabeza. Cuando conciben el propósito de escribir una novela, pongo por caso, empiezan a darle vueltas en la cabeza al argumento, lo piensan y repiensan, dormidos, y despiertos, esto es, gestan. Y cuando sienten verdaderos dolores de parto, la necesidad apremiante de echar fuera lo que durante tanto tiempo les ha venido obsesionando, se sientan, toman la pluma y paren. Es decir, que empiezan por la primera línea, y, sin volver atrás ni rehacer lo ya hecho, lo escriben todo en definitiva hasta la última línea.”.

Don Miguel prefería la segunda especie. Consideraba que a través de ese método se expresaba con mayor precisión el yo íntimo, desplegando a chorro las emociones, miradas y pensamientos que el alma de cada personaje porta dentro de sí. Como constructores de guiones, nuestro método se perece más al de los ovíparos, pero es obvio que en plena tormenta creativa los gestos de nuestros pensamientos y anotaciones tienen mucho también de vivíparos.

Hecha esta introducción por mi cuenta y riesgo, paso a consignar las líneas maestras de lo que Elisa Puerto, inspiradora esencial de estas reflexiones sobre el guión, nos contó respecto al troquelado de los personajes de nuestra historia.

CLAVES DEL DOSSIER DE NUESTRA HISTORIA

1.- Descripción de personajes. Su pasado y su presente. Estamos en esa fase en la que conocemos la historia que queremos contar. También los personajes que la conforman. Pues bien, la función que cumple este dossier es la de indagar en la personalidad de cada una de nuestras criaturas. Si reflexionamos sobre su pasado (experiencias) e indagamos en los rasgos principales de su carácter, ambiciones, clase social pasada y/o presente, nos resultará más sencillo y orgánico entender por qué se comportan de tal o cual modo, al tiempo que tendremos el ‘empedrado de conducta’ sobre el que, por coherencia, se moverán.

2.-Relación entre personajes. Muy interesante. Este escribano todavía no lo ha hecho, pero sospecho que si realizamos este ejercicio con la gente que está más próxima a nosotros, encontraremos algunas claves importantes de hacia dónde se dirige nuestra historia y quiénes (y por qué) son los actores importantes de nuestra trama vital. El ejercicio consiste en nombrar la clase de relación que tiene cada uno de nuestros personajes con el resto de actores que conforman nuestra historia.

A grandes rasgos, estos son la clase de relaciones que pueden tener entre sí los personajes:

-Amistad
-Indiferencia
-Antagonismo (mal rollo)
-Amor sin sexo
-Afecto con sexo (amor)
-Sexo sin afecto

Llegados a este punto, tenemos que hablar de los roles actanciales. Elisa nos los explicó con una metáfora lobezna que funciona muy bien. La idea es cortesía del guionista chileno Julio Rojas.

Los roles actanciales a través de la manada de lobos

-En una manada, el lugar protagónico por excelencia siempre lo ocupa el macho alfa, que es el encargado de gobernar y guiar al grupo; el individuo que toma las decisiones que velan por la supervivencia de su comunidad.

-Entre sus aliados, cuenta con los machos cinegéticos (cazadores) que velan por la pervivencia de la manada en virtud de su instinto killer para proporcionar alimento a sus congéneres.

-El aliado mayor es el macho protector, que se encarga de guiar y orientar al macho alfa. En la misma línea funciona el alfa viejuno, cuyos momentos de gloria ya pasaron pero que acumula en sí suficientes experiencias y sabiduría como para asesorar con mucho criterio al macha alfa. Eso por no hablar de las lobas que se beneficia a cuenta de su privilegiado status (¿os suena el nombre de un tal Favio Briatore?).

-La bruja es la seductora. También estéril. Hablando en un modo coloquial, podemos decir que ‘pone brutos’ a sus compañeros de manada, que finalmente se descargan con la princesa lobo, que es la ‘proceadora’ de la manada.

-Princesa es pues la ‘suministradora de cachorros’ de la manada, con lo cual apenas puede darse respiros en el noble arte de juntar su cuerpo con el de todos aquellos que quieren tener una descendencia especial. Conviene recordar que estamos hablando del mundo animal, donde primero se hace y luego se pregunta…Un estado en el que muchos humanos todavía flotan-flotamos.

-Dentro de de este ecosistema también juegan un papel importante los machos beta lobo, que pretenden el poder y éxito reproductor del macho alfa y los cinegéticos, pero a los que la madre naturaleza no ha bendecido con un cuerpo tan grande como el de ellos, ni con un pelaje tan bonito, ni con unos colmillos tan ‘inspiradores’…

Como toda caricatura-esquema, esta ecuación funciona como mapa ilustrador de nuestra constelación de personajes en la media en que simplifica los roles de los personajes y los animaliza. Afortunadamente, en el mundo humano los machos beta tienen bastantes vías para acceder al poder y el éxito con independencia de su físico (poseen herramientas como la inteligencia, la labia, cualidades personales…) y la loba bruja no suele estar estéril y tampoco es tan bruja; normalmente, es un estado anímico transitorio del que sale si topa con el macho apropiado…Y del que si no sale, si por bruja entendemos a una mujer seductora y promiscua, mejora el mundo para muchos de sus congéneres.

3.-La premisa temática, en la que se explica el sentido-moraleja-esencia de la historia con una o pocas frases. Hay un método elegante y sintético para solventar este punto, se trata de escoger una cita que se adecue a la naturaleza de nuestra historia y que la desvele y enmarque con la sofisticación de quien explica las cosas con una sentencia con vocación de aforismo.

4.- Explicar el conflicto del protagonista central.
Para encontrar y desvelar este conflicto basta con que giremos en esta doble dirección; por un lado, que comparemos lo que desea nuestro personaje principal (superficial, evidente, él es consciente de ello) y lo que necesita (inconsciente, profundo, motivación interna que lo mueve). Por otro, que tracemos la relación conflictiva que mantiene con algunos de los personajes o estamentos que modelan su historia.

5.-Primera versión de la escaleta.
Es decir, una primera aproximación a la arquitectura concreta de la historia, sobre este particular indagaremos en próximos artículos.

6.-Story Line.
Cinco líneas describiendo la trama de la historia que vamos a relatar. Es importante hacerlo con sencillez, precisión y sugerencia. A fin de cuentas, esas cinco líneas constituyen la invitación de entrada con la que vas a vender tu producto. Con la que vas a generar interés en el productor que se interesa por tu historia.

7. Sinopsis.
3-10 páginas. Se relata el audio y lo visual. Se relata, se transmite todo lo que pasa.

8.-Tratamiento argumental.
Varía entre 40-60 páginas y 8-12 páginas, dependiendo de la longitud de la película. Permite indagar en las intenciones del personaje. El subtexto. Explora la vertiente emocional de los personajes. Por eso se redacta a partir de verbos viscerales como: replica, afirma, odia…Estamos hablando de las intenciones de los personajes, lo que hay por debajo de todo. También aquí es clave el racionamiento de la información. Más allá de la estética, dibujamos el ritmo y el tono de nuestra historia.

Las anotaciones que uno toma en un papel tienen algo de caprichoso pero a veces también algo de iluminador. Por eso me permito compartir con vosotros el contenido los últimos trazos que dibujé en los papeles de esta clase. Se trata de las recomendaciones literarias que dos buenos amigos, Raquel y David, me dieron tras la obra de teatro a la que asistimos (en mi caso, gentilmente invitado por mi amiga directora).

Todavía no he podido ‘visitar’ estos textos, el grueso de los cuáles pertenecen a la dramaturgia. Pero conociendo el criterio y la sensibilidad de mis camaradas, pronostico buenos momentos si os acercáis a ellos:

-‘Calígula’ del Albert Camus.
-‘Crimen y Castigo’ de Fiodor Dostoieski.
-‘La casa de los espíritus’ de Isabel Allende.
-‘Un trabajo muy sucio ‘ de Christopher Moore.
-‘After Sun’ de Rodrigo García.
-‘El carnicero español’. Rodrigo García.
-‘Mi relación con la comida’. Angelica Lidell.
-‘Y cómo no se pudrió Blancanieves’. Angelica Lidell.
-‘Perro muerto en la tintorería’ Angelica Lidell.
-‘Y los peces entran a combatir con los hombres’. Angelica Lidell.

miércoles, noviembre 17, 2010

La presentación de los personajes: el arte de la sugerencia


Antes de entrar en materia, una aclaración importante sobre la esquiva definición del antihéroe: estamos hablando de un personaje marginal y que tira por la no acción. La aclaración vino de parte de la generadora de estas reflexiones, Elisa Puerto. E se pasó la semana dándole vueltas al escurridizo concepto del antihéroe y nos regalo dos importantes matices: éste nunca elige, se deja arrastrar por la corriente. Asimismo, tiene una peligrosa tendencia a hacer o decir algo inapropiado en la común de las situaciones, con una inevitable tendencia al escapismo. Por ponerle nombre a esta especie, podéis pensar en la mayoría de los personajes interpretados por Woody Allen en sus películas.

Es decir, estamos hablando de aquél que va a destiempo. El que no aspira a más. El que es conformista. Si pensamos en la adalid de las antihéroes femeninas, surge Bridget Jones V 1.0: gordita, bebedora, hedionda y con incontinencia verbal…

Si pensamos en masculino, un paradigma podría ser: Edward Norton en el primer tramo de ‘El club de la lucha”, cuando se manifiesta como la viva imagen de la resignación y el conformismo y pide ayuda para dormir. En suma, estamos hablando del antihéroe como sinónimo de perdedor. Las circunstancias no le dejan cambiar. Cede a la resignación y deja de tomar decisiones.

Aclarado esto, despegamos con el trazo de cómo presentar a un personaje. Cuando organicéis una escena, es importante que tengáis en cuenta que estamos hablando de una unidad dramática. A la hora de escribir, debemos estructurar el párrafo en esta triple coordenada: temporal, espacial y de acción. Tenemos la opción de realizar el cambio de espacio a través de una elipsis. A nivel simbólico, es importante pasar de un espacio a otro. Por ejemplo, para representar la soledad de nuestro personaje podemos colocar ésta en el dormitorio. Ah, y ya sabéis, varias escenas componen una secuencia.

El estilo con el que debemos configurar una escena haría sonreír a gente como Azorín. Debemos escribir de manera impersonal. Nada de valoraciones. Describiendo lo que se ve. Relatando los hechos, no haciendo interpretaciones. Además, es importante formular nuestras frases en estilo directo.

En cuanto a cómo presentar un personaje, empezaremos con una obviedad: éste debe estar bien construido. Para ello debe tener ingredientes como estos:

-Cualidades
-Defectos
-Círculo social
-Tics
-Manías

También es clave que el guionista escoja meticulosamente el momento de la vida del personaje en que lo presenta y lo inserta en su historia. Por ejemplo, en Titanic, se nos presenta al personaje de Jack (Leonardo di Caprio) como a un muchacho que cree en la vida. Con poco oficio y menos beneficios pero que contempla la existemcia como regalos. Como oportunidades. Intuiciones así flotan en la manera en la que él se relaciona con el mundo. La presentación de un personaje siempre debe ir ligada con la trama de la historia que estamos relatando.

En la primera y segunda secuencia de un largometraje deben introducirse la temática y los personajes. Resulta esencial definir con tiento los gestos, colores y postura ante la vida. Es importante escribir escenas sin diálogos. El cine, como la vida, es más interesante cuando entran en juego variables como la sugerencia, las no aclaraciones, el misterio. En esa línea, para definir un personaje es importante perfilar lo siguiente:

-Su manera de hablar
-De moverse
-Los colores que lleva en su ropa, por la carga simbólica que estos comportan.
-La clase social

Se trata de presentar su personalidad de un modo orgánico. A través de su comportamiento. Y de no tomar por tomar por idiotas a los espectadores. Lo mejor es ir racionándoles la información. La idea es ser sutiles, no abusar en el perfilado de los personajes. Si nos excedemos con los subrayados, el espectador percibirá a nuestras criaturas (aunque sea de un modo inconsciente) como burdas y acabará desconectando.

También es importante elegir la estancia donde presentamos al personaje. Por ejemplo, la habitación-puede que salón donde el señor Sherlock fuma en pipa- es una proyección de su mente. Inquirida por un par de ejemplos modélicos de cómo introducir un personaje, nuestra sherpa apuntó dos: ‘Azul’ y ‘Deseando Amar’. En ambos casos, queda de relieve que la esencia de una presentación radica en sugerir. Hablamos de luces. Microcosmos. Arcilla. Entorno. Atmósfera.

Es importante definir bajo qué luz se presenta a los personajes. El mundo en el que viven. Y los colores que definen su mundo y vestimenta. ¿Y a todo esto, qué agrega la dirección? Un componente orgánico fundamental. Hechos. Gestos. Textura. E considera que el cometido primordial de un director consiste en dirigir, guiar y orientar a sus intérpretes para que den el máximo de verosimilitud y sustancia a la historia.

¿Y después? ¿Cómo movemos a nuestros personajes? A través de una sinfonía de preguntas. No podemos dejar un solo hueco sin una sola pregunta. El plan es que el espectador no quiera dejar de mirar hasta el mismo final de tu historia.

Por el camino, hubo tiempo para preguntar por los colores. ¿Cómo saber lo que representan en un mundo que tiende a multiplicar y diversificar sus interpretaciones? Aquí van algunas sugerencias a tener en cuenta.

El rojo puede ser sinónimo de mentes que se estropean. De tensión y de peligro. Tendencias que aparecen magistralmente representadas en ‘El sexto sentido’. Pero si buscamos algo así como un baremo incluyente de las representaciones que pueden tener los colores principales, merece atender al ejercicio de condensación que nos ofreció E.

Rojo

-Eros (atracción sexual, amor, sexo)
-Pasión
-Vida
-Empuje
-Promoción de la estirpe
-Thanatos (muerte no violenta)
-Peligro
-Seducción
-Locura (ejemplo, amenaza psicótica)

Blanco

-Muerte
-Pureza
-Virginidad
-Simpleza
-Ingenuidad
-Inocencia

Negro

-La luz
-Pulcritud
-Control

Verde

-Esperanza
-Creatividad
-Espiritualidad
- Armonía con su naturaleza

Azul

-Tranquilidad
-Hogar
-Serenidad
-Nobleza

En concreto, el azul es el color más profundo. Da cadencia al sentimiento. Tranquiliza y seda. También proyecta alegría. Pero, al tiempo, en según qué circunstancia, también puede transferir sufrimiento y dolor. Es capaz, por ejemplo, de cobijar todo el dolor de la protagonista de la película de Krzystof Kieslowski. Estamos hablando del color más completo.

Asimismo, cuando hablamos del perfilado de personajes sería importante realizar un acercamiento competente al mundo de la psicología, para conocer así los principales modelos, esquemas y prototipos en los que está cartografiada la psicología humana. Tampoco está de más bucear en disciplinas como derecho y criminología. De todos modos, a la hora de abordar este trabajo E se refirió a un manual de referencia: ‘Estrategia del Guión Cinematográfico. Viaje del Héroe’, de Antonio Sánchez Escamilla.

¿Qué más darle a nuestro personaje? Meter dentro de él lo orgánico. Por ejemplo, el Gran Lebowski es un perdedor (palabra muy grande que podemos cambiar sin grandes pestañeos por la de pasota) pero cae simpático. Su presentación, al inicio de la película que lo incluye y baquetea, es de manual. Los hermanos Cohen no necesitan diálogos para decirle a los espectadores: señores, van a viajar ustedes con este personaje.

Con sus pantuflas. Su barba de siglos y su pelo de la edad antigua. Su andar perezoso, arrastrando los pies. Sus movimientos de ‘preferiría no hacerlo’. Su patanería para sorber algo de leche. O su excentricidad: el pago de una pequeña cantidad con cheque. También la tele que, temáticamente, no sitúa en el contexto de la película, con George Bush padre alentando sus ejércitos contra el Irak de principios de los 90… O la falta de sintonía entre ‘El Gran’ y la cajera, mientras que el primero prueba un flirteo, la chica que lo atiende ha puesto su mirada en modo evasión…. También merece la pena ver la presentación de ‘Lolita’ en la versión que Kubrik hizo del mito de Nabokov; en palabras de E “son infinitas las presentaciones de personajes que merecen la pena”.

Seguidamente, vimos diversos pasajes del arranque de la película ‘En la Ciudad’. Ejercicio muy recomendable para adiestrar la mirada y entender mejor cómo los pequeños detalles componen las realidades de unos personajes y los entornos en los que se desenvuelven. Por contra, si queréis contemplar un drama (literal) de presentación de personajes, escoged ‘Mi gran boda griega’, donde se satura al espectador de torpezas y subrayados en la introducción de los protagonistas.

La clase culminó con el visionado de dos momentos dicientes de ‘Apocalipsis Now’, esa obra cumbre del maestro Coppola. El primero, la presentación del Vietnam donde una generación de lugareños y estadounidenses se dejaron el alma. Y en bastantes casos la vida y también algún trozo importante del cuerpo y la salud mental. El despegue de la historia es espectacular. Grandilocuente. Sensual. Los helicópteros surfean sobre las olas. Hay magnificencia. Imágenes y sonido. Los diálogos estarían de más. Por eso es cine soberbio. Sugerencia donde la belleza del mar y la vida tranquila de los asiáticos está a punto de saltar por los aires al entrar en colisión con el virus de la guerra transportado por los norteamericanos.

La cumbre de lo sugerido en esa primera secuencia llega, unas cuantas decenas de sensaciones después, con la aparición del Coronel Kurtz, interpretado por Marlon Brando, que es tanto como decir hombre-dios hombre-abismo. Kurtz concentra en sí mismo una cantidad impensable de mitos: es la cueva más profunda, también el mayor miedo, un monstruo; pero al tiempo su personaje funciona como princesa que el protagonista debe rescatar. K ha estado omnipresente en toda la historia. Es un oráculo. Es vidente. También druida. Por supuesto chamán. Ha trascendido su humanidad.

K es el superhombre de Nietschze, aquella propuesta hiperrealista de un mesías. Asimila el dolor como parte de la vida y lo mira cara a cara. Un tipo que ha perdido la cabeza y la escala de valores que le convertían en alguien admirable cuando estaba en el trance diario de la vida occidental. Ha enloquecido, sí. No busca ser juzgado por nadie. Ni siquiera por sí mismo. En mitad de la violencia y la muerte, ha depositado su espíritu en un lugar llamado cinismo. Es un maestro de la lucidez, también un príncipe del sinsentido. Y del desencanto.

Él es el dolor, el dolor se lo ha tragado; lo ha bebido trago a trago hasta instaurarse en rey de su propia existencia. Se ríe del absurdo, se ríe del orden con el que se mueven las guerras. Horror. Horror. Se ríe de todo. Se ríe del ser humano. Está quebrado.

Y tiene el poder de objetivizar a las personas:

Coronel Kurtz: “Eres un chico obediente”.
Conciencia del capitán Villard (Martin Sheen): “Si yo seguía vivo era porque él quería”.

Un personaje convertido en guionista de su propio destino y el de su comunidad. Supongo que por eso triunfan esa clase de iluminados. Porque pasan de contar historias y prefieren la textura de la realidad para vivir su propio delirio de complacencia y satisfacción. Malos llenos de aristas. Malos que, en algún momento-varios momentos, caen simpáticos. Malos para la identificación. Por ahí funciona la cadena evolutiva de los guionistas. Personajes autosuficientes que transgreden la academia para dictar su propio lugar en el mundo. Buscad. Busquemos.