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lunes, junio 29, 2009

Desanclar en nosotros una materia que quiere soñar



Madrid tiene unas gotas de sudor. Madrid se desordena y es elegante. Madrid está cansada. Pero sonríe viendo a la gente a medio camino de la libertad. La plenitud de gente que descansa, tiene un cigarrillo a mano y prefiere olvidarse de todo riendo con los colegas, justo en ese momento en el que la cerveza absuelve la garganta.

En algún lugar de ese centro gastado y con predilección por los artistas, existe una gruta. Es una cueva gestionada por insurgentes. La gente camina con despreocupación, pisando con delicadeza las emociones de un puñado de desconocidos.

Dentro no hace mucha luz, pero gobierna un calor imbatible. El público se ha puesto de acuerdo para robarle espacios al escenario sumergido en las alas de la contracultura. Las sillas están completas y la gente se asienta encima de la espalda del desconocido.

Sale a escena un chico desgarbado. Tiene la mirada de un conquistador extremeño. Pero el corazón de un mago fascinando quizá en la época equivocada. Tiene sentido del humor y lo emplea para presentar a sus alumnos. Probablemente, con cada pausa que hace, cuatro o cinco ideas le circulan por la cabeza. Al final, suele optar por la opción más enigmática. En ese ambiente, comienza la función.

La primera en salir es Marisa. Lo hace desde un asiento esquinado de la última fila. Prefiere que su poemario abreviado hable de ella. Se llama ‘Otra noche en urgencias’. Belleza infartada. Es un relámpago de sugerencia. Sus palabras son la crónica de alguien desbordado de sensibilidad. Buscando algo hermoso donde otros sólo ven aburrimiento. Así es Marisa, cuyo poemario disfrutó de la elegancia de una pieza de jazz. Pero a quien estos eventos no acaban de hacerle justicia, porque su ingenio para hacer maravillas con los objetos quiebra la rutina y abre el día a las posibilidades.

Después, entra Malicia. Alicia tenía el corazón abarrotado de sensibilidad pero la vida se puso fiera y le obligó a cambiar la postura. Ahora ofrece recitales llenos de exceso, donde ruge con una delicadeza que cautiva la atención. Habla en inglés, pero su lenguaje es de todos los mundos: amor en cantidades imposibles, simpatía, ritmo y la imprevisión de una creadora extrema, que pone swing a la noche.

El chico miradas sale con cierta timidez. Pero pronto se da cuenta de que la táctica no cuela, porque la chica de los silbidos le está coloreando. Se siente nerviosamente cómodo; el micrófono le permite suspirar mientras cincela, milagro, las palabras. Palabras que vienen del barro, palabras que buscan cómplices. Sensaciones seducciones secretas. Retratos tropicales de compañeros de viaje. O restauraciones de recuerdos. Y, por qué no, algo de futuro: invocaciones a una noche neoyorkina que algún día vivirá.

Entonces toma posesión del ambiente un consolidado a quien la vida no ha podido robarle vibración. Al contrario, conforme discurren sus experiencias, se afina su talento para revolucionar la imaginación de la gente con palabras ignotas. Su reino es el de la precisión elegancia. Relata con la cadencia de un melancólico e impacta a las mujeres por su habilidad para poner versos al sentimiento que ellas acostumbran a esconder. También hace gala de talento ajedrecista, cuando pone juego al poema para clarificar situaciones y ejerce el sagrado oficio del ritma-ritmo-espectáculo.

Suddenly, aparece ella. Ella es mejicana, pero podría venir de cualquier sitio porque se le entiende a la primera. Ella se llama Anel y tiene un apellido imposible que para algunos ha sido algo más que un dulce presagio. Anel no habla, Anel bromea.

Es una seductora que baila con el público, también lo desconcierta. Cuando nos queremos dar cuerda, tiene a tres talentosos que están poniendo música y movimiento a unas palabras que triplican su belleza gracias al desgarro de la trovadora que los alumbra. Anel tiene chiste y confunde a la gente.

Pero detrás habla una mujer sabia que está dolida, pero que por encima de todo es una experta en celebraciones. Mujer inteligente ha decidido exponerse, cuentan sus labios, y el escenario se llena de condones, antidepresivos y el encuentro de quien permite a su piel y palabras sublevarse. Con el inevitable contagio.

Cuando parece que estamos en la cima de ese momento llamado Madrid, aparece Sara. Hay mujeres cuyo nombre sugiere una imagen inconfundible. Sara pertenece a esa estirpe. Sara es alta como una amazona en rebeldía, Sara es singular a través de su elegancia. Elegancia que se prolonga a su manera de mirar y escuchar.

Lo más interesante es que esa cadencia descubre nuevas sugerencias en sus versos. Pose princesa en rebeldía, Sara compone imágenes arrebatadas. Momentos de descontrol, que ella exprime al límite de la belleza y vibración. Es una estrella de rock por su pose y sus palabras, pero también la amiga de barrio que te da confianza y provoca ternura. Mujer izándose.

La liturgia tiene a una poeta en letras capitales como punto hasta luego. Se llama María y sus ojos son una ventana encendida en medio de la madrugada. Domina la escena, pero le gusta vestirse de tímida.

Cuando recita poemas, su privilegiado discurso encuentra la mecha y hechiza a las edades de toda la tribu. María es parsimoniosa en su declinación, pero es su forma de ser profunda. Agita el árbol absurdo de la existencia. Compone himnos para las compañeras africanas. Pero al tiempo es una mujer ciudad que nunca bajará la cabeza ante las injusticias.

Su sonrisa es un himno a la multiplicidad de miradas; así hasta poner todo patas arriba, dar la vuelta a las cosas y ponerlas a gritar de belleza.

(Para Cristian, amigo talento, compañero de búsquedas, con el cariño de quien aprende con su temprana afición por la vida y sus músicas. Para Roxana, compañera de versos que en cualquier momento puede volver. Para Gonzalo Escarpa, enorme poeta, sabio maestro y generoso compañero de fatigas líricas. Para mis compañeros de taller, por haberme regalado tantos buenos momentos y permitirme la alegría de compartir el lado asombro de este viaje).

“La primera tarea de un poeta es desanclar en nosotros una materia que quiere soñar”. Gastón Bachelard.

miércoles, febrero 18, 2009

Una noche con dos talentosos


Será este jueves, día 19 según el postromanus calendar. Justo en el momento en que el río marque las 20.30 en su melancolía de agua cansada. En ese momento, dentro de una gruta llamada OxígenoLíquido saldrán a escena tres personas con aspecto de asombrados.

Enfrente de ellos, habrá alguien. Quizá no muchos. Quizá curiosos. Posiblemente, habrán llegado a través de un dragón metálico que les dejó en una estación de paso para comer alfalfa (los dragones del siglo XXI buscan meterse en el menor número de problemas posibles). La estación se conoce como Noviciado. Una vez allí, evocaron a los románticos del XIX para acabar en la gruta, que emerge en una calle llamada Pez, número 40.

Uno de los desconocidos tiene 17 años. Es espigado y sus ojos lo conocen casi todo con un par de segundos de anticipación. Las chicas africanas lo adoran por su sentido del ritmo. Y de la pausa. En el lugar del que él viene, lo conocen como el Leo Messi de los versos.

El otro de los desconocidos suma medio siglo y parece un estudiante a punto de comerse la noche. Por suerte, hace ya tiempo que lo hizo (el mundo) y ahora se conforma con llenar la imaginación de los desconocidos con palabras medio ignotas que cubren de sugerencia los cuellos de las asistentes. Por si fuera poco, el hombre es exceso en la generosidad.

El tercer diletante sonríe con la alegría de un pescador. Le encanta cambiar cromos estelares con sus amigas las buscadoras. Como ellas, busca sencillas (palabras) para un mundo desafiante y cálido, dependiendo del momento y el recuerdo. También disfruta del instante. Sobre todo, de la suerte de que el río les haya prestado su celebración para montar esta fiesta.

jueves, noviembre 06, 2008

El sabor de las primeras veces


La ciudad empieza a vestirse, como si el verano hubiese sido una noche de piscina y borrachera. Demasiado fugaz, dijo ella. El caso es que los viejos amigos nos hemos reunido para celebrar nuestra amistad y todas las buenas cosas que nos han sucedido. Y las que todavía nos quedan por estrenar. Hemos escogido un bar con nombre de broma portuguesa, el de las miles de anécdotas, porque algo dentro de él nos recuerda nuestro viaje hasta ahora.

Un sitio que durante un decenio nos acogió sin preguntar, mientras nos inflábamos a vinos gallegos y risas, mientras coreábamos consignas de colegio, del fútbol pero también disparatadas ocurrencias propias.
(17-0, 17-0, 17-0, kivi follador, kivi follador, ero, ero, más cojones que el caballo…Y así, ¿quién no ha franqueado alguna vez un seto a la luz de sus propios disparates?)
El lugar donde sedujimos (o por lo menos le intentamos).
Todavía recuerdo cuando ella me lo repitió, ¿jugamos?. Y creéme la mayoría de las estaciones pueden ser una rutina, a veces hasta gratificante, ejercicios de equilibrios.
Lo que me importa es que estoy viendo a mi gente bromear como si lo fuesen a prohibir. Relajados y divertidos como nunca lo estuvimos. De vuelta del qué dirán. Con un inesperado equipaje de dos camisas bien planchadas, un poco de perfume y un puñado interesante de buenos recuerdos.
También con el señor Manolo, alias Bekembauer, dando gracias al cielo por estos muchachos del carajo que le están salvando el negocio mientras aparenta hacer cuentas que sólo existen en su recuerdo. Y fotografiamos la alegría, también la inventiva (y puede que una copa rota) como si lo fuesen a pagar.
Le dimos la vuelta al desfiladero, cada uno supo mirar hacia delante cuando tocó hacerlo y ahora nos alegra hacer partícipes de nuestra fiesta al camarero, un recién llegado, que nos trata con simpatía. El caso es que miro enfrente y veo a un viejo cazador de finesas, tranquilo, complacido como el corredor de triatlones nocturnos que nunca dejará de ser. Al verle, recuerdo a Rafa Nadal y eso de “no me pidas que me ría, porque no es mi estilo, pero créeme estoy disfrutando de cada buena sensación que flota en el ambiente”. Nuestra pista de tenis tiene a un futuro marido portugués que ha ganado elegancia con los años y ha conservado su proverbial buen humor para encajar con deportividad los cánticos que celebran su habilidad para hacer puertas frías. Veo al chico de las consultoras, pensando rápido y hablándolas (las bromas) aún más, le veo contento, con su mujer inspectora y su incansable facilidad para sorprenderse de cualquier ingenio muchachesco. Me descojono con el primer padre de todos nosotros, sacando brillo a su carisma, escenificando su legendario ritmo para invitar a un baile a la noche (y no al revés).
Aquí a la lado, Palop abre brecha por el costado derecho mientras se fuma un puro, se emborracha y ríe como un adolescente tras haberse hecho hombre a fuerza de, coraje, volantazos sentimentales. También veo al viejo Roy, el primero que maduró de todos nosotros, que en estos últimos meses ha demostrado su buen juicio tirando al río su viejo hermetismo y demostrando por qué es conocido como el Auténtico, un tío que sabe sacarle el sí a casi cada momento del viaje. También celebro al tío más agradecido de esta región, el chico con el don de la risa, ese hombre con alma de angelito de Rafael que levanta la copa de sangría como quien se deja nacer. Todos juntos estamos dejándonos flirtear por esas chicas del paraíso de Miami, con tías de competi que diría Consultor, a salvo por lo menos durante unos meses de los huracanes de la vida.
Veo a un poeta sencillamente feliz, celebrando el talento de sus amigos. Imitando a sus hermanos del núcleo fundacional mientras festeja su destreza para ofrecernos un relato.

La noche fluye, loco. Y nos paran los taxistas. Y ahora entrar en la vieja prohibitiva discoteca es muy parecido a calzarse los calcetines. Y Carismático nos enseña un álbum del futuro, con un peque que nos sonríe entre divertido y asombrado. Casi se desploman un par de rubias de al lado. Los músculos se estrenan y el perfume de magnéticas y aceleradas extranjeras se nos mezclan con los brebajes mágicos. Cada uno de nosotros encuentra su ritmo en una pista para la que aparentemente nunca nacimos. Mitos. Tú vales cuanta complicidad seas capaz de sintonizar. Y creedme, puede que tengamos algunas carencias, pero la simpatía está de nuestro lado. La simpatía de los chicos asombrados que han aprendido a hacer las cosas con pasión.

Por eso no me extraño cuando veo a Palop moviendo las manos enguantadas, seduciendo a una chica del sur. A su lado, cara de angelito, manotea en la nube de ron, How can I explain…Y su templado molinillo de manos pone en juego a su otro yo, Chico Risa, para poner en dudas a la pequeña tentadora del ártico. Entretanto, el inminentemente Marido Lisboeta vuela para hablar desde la distancia con su prometida. Y Consultor ya está sacándole cuentas a la inspectora de su felicidad. Y ExCazador de Finesas se vuelve a casa preparando cómo ejecutar sus aventuras cinegéticas con su cómplice gallega. Y Carismático se recuerda como descubridor de cuerpos y le birla copas (también las imposibles) a la camarera. Y Auténtico respira como un búfalo, al son de la melodía Copón, copín y copete mientras estremece a una canadiense de cuyo nombre nunca se acordará. Y veo a Palop, otra vez levantando trofeos, encendiendo el fuego de una salvaje esbelta. Y suena la música y surfeo con las manos. Y la encuentro.
Invoco las olas y ella es rubia y puede que también californiana. ¿Hablas español? Un poquito.
Tiene ojos de tentadora. Y los cuerpos reaccionan de una manera instintiva. Pierdo la noción del espacio. Y no habla ni quiere y simplemente ha dejado de importarme. Un baile como si fuésemos a…Y tenía razón la antigua norteamericana, sólo cuerpo, boy.

El resto de la noche discurre a la velocidad de un blues. Aparentemente, bailamos hip-hop o techno o nos dejamos hipnotizar por las bellezas de plástico. Pero en realidad estamos fluyendo.

Hola, ¿qué tal chicas, cómo lo estáis pasando?
-Muy bien (y sonrisas)

Y Chico Risa baila y se acerca al área pequeña, Rubia Ibérica no deja de invitarle…

-Tu amigo está un poco demasiado borracho, ¿no?
-Menos de lo que te imaginas

Y todo podría haber quedado de leyenda si ibérica no hubiese tenido ya su caballero de gestas.

Justo en ese momento, el viento barre las inseguridades. Y veo a Auténtico navegar con una chica a la que le enseñará, en sentido conversado, el canal de Ámsterdam, sólo en sentido soñado, muchacho.

El viento barre las dudas. Y recorro la discoteca con un sólo sonrío. Te sonrío.

-Tienes swing.

-Y tú imaginación.

Y reímos. También nos interrumpimos. Y te tocas la oreja como quien calma la arena.

Y encojo los hombros. Escoges los hombros. Hablamos del placer. Y de las tardes, de libros. Y de lo que no son libros. Y me gusta cuando ríes porque estás como probando. Hay historias que se tejen cuando menos lo esperas. Y las invitaciones, nena. El viento trae confianza y sólo con pensar en ti alegro estas tardes.
Piel de princesa, tu ropa es una caricia a inventar.

Nadie sabe el sabor de las primeras cosas hasta que las nueva otra vez.

-Lo siento, me gustaría pasar lo que queda de noche con los amigos…

-Claro, disfruta, es vuestra noche. Habrá más viajes.

Y la noche despega como en los viejos tiempos. Con dos hijas de Lesbos pidiéndoles explicaciones a Auténtico por su mirada de bucanero y con Auténtico desplegando sus alas, recién liberadas de la escarcha, dibujando la vibración de la ataraxia. Y con Chico Risa celebrando pechos y con poeta mareado de tanta alegría.

Llegando a casa, Chico Risa le hace un corte de mangas al tópico (puede que también al taxista) y se convierte en nuestro socio capitalista. Y Poeta vuelve a casa cabeceando de risa (todo se pega, menos la decadencia), repartido entre el orgullo por los compañeros de viaje (también los de en viaje) y este nuevo despegue conjugándose.

domingo, septiembre 21, 2008

El día que llovieron ranas de nieve


Hace un rato la tormenta dibujaba sugerentes en el cielo de la ciudad. Al lado, acuática se demoraba en las palabras y jugueteábamos como viejos.

Ya dentro de la sala de cine, he odiado a un tío como hacía tiempo no lo (hacía). Alguien con todo a su favor, pero con las garras de la vieja dama en la piel. Cuando averiguas esa extinción, absorbes su comportamiento. Y respiras con él a la espera de capturar ese lucio que tanto se resiste.


Serenamente respirado, conquistas el océano con la mirada. A veces un silencio también puede ser una señal de valentía. Aunque personal impersonalmente me quedo con la hojarasca de la broma. Bailamos como aparentando que nos abrazamos. Y el cielo se permite nuevos rugidos.
Es verano. Todavía. Y el corazón, en calma.


Me gusta el balanceo del suelo, cuando caen las primeras lágrimas. Niños, también de felicidad. Azules ojos sonríe enigmática y la humedad se reparte entre la ensoñación y la experiencia. El saurio metálico rojo me propone un paseo de quince minutos.
Suenan irreverentes americanos en mi cabeza. I heard myself tonight.


Y de repente. El cielo cambia las lágrimas por cubos de agua. Y no siento incomodidad. “Evoca aquella dehesa extremeña”. Y extiendo las alas. Río, puedo sentir mis tripas dejándose. Dejándose.

Todo lo que no sé se me cae encima con una melodía violenta que me conduce al portal de esa que princesa nunca conoceré (no se han encontrado princesas en la palabra sinónimo).


El mar se da la vuelta y por un momento imagino que podré nadar hasta las manos de la panadera. El diluvio sube su volumen. Diría que hasta se enfurece. Puede que sólo sea un pensamiento. Y los del coche se toman con humor y miedo el asfalto de nieve. Las ranas deben de estar a punto de caer. Respiraciones fuertes.
Como disfrutando de la confusión.


Entretanto, las castañas de nieve concentrada rebotan contra los cubos de basura. Y por un momento siento a la princesa que nunca conoceré esperando, de espaldas, al otro lado de la evanescencia.


Y las guitarras del Freyr (ese nórdico descatalogado dios) descargan una nueva tromba de agua sobre mi cabeza. Estoy solo. No me siento. Ni siquiera solo. De alguna manera estoy fundido con la tempestad callejera. Y encuentro el ritmo. Oh, sí, lo encuentro. Abro otra vez las velas. Y el imperio de la oscuridad me hace una leve reverencia (también ellos aflojan).
Y los tambores se me reparten por los músculos.


De repente, la veo al fondo del banco, mirando la carrera. Deteniéndola con su sonrisa. Es la rebelde del relato de Bradbuy. ¿Por qué esa obstinación en no humedecerte?
Y el león de dentro bendice mi ropa manchada de alegría.

sábado, septiembre 06, 2008

Tu manera abatible de mover el cuerpo


Imagina que, por una noche, tienes la energía y el hambre de los quince. Añádele unas dosis de sabiduría y confianza. No sé las cantidades. A veces conviene darle un corte de mangas a la tormenta.

Es viernes y el vagón está atestado. Una gorda te pega un empujón y algo te dice que será como una travesía por aquella charca senegalesa (diferente, peligrosa, emocionante).
En honor a aquellos 90, descorchas un par de sonrisas de Barceló en un sitio llamado San Mateo, aquella gruta donde las chicas impresionables te llenaban los labios de irreverencia y sal. Da igual cuantas tempestades puedan azotar tu cancha, porque algunos amigos arrimamos el hombro cuando el océano se revoluciona.
Tu camarada ofrece filosofía y honestidad al destino. Así que le escuchas y agradeces que el Sanma ahora sea lo más parecido a un club de jazz en la espalda de la Catedral acuática de Mallorca. Compartiendo impresiones, ladrillos y vuelos.
At the same time.

Un momento es muy poco tiempo. Cuando nos dimos cuenta, dos rones con limón caían por el sumidero de la primera playa. Sonaban los Smashing, The Editors o algún grupo perfecto que no serás capaz de recordar. Los dedos entonan su propia sinfonía. Y ya no sabías si las pibas te miraban o simplemente las adorabas. Dos cosas que no quiero que me robe la marea: asombro para seguir descubriéndote y fe para ver lo mejor de cada compañero de viaje.
Cabeceamos como si las olas no estuviesen derritiendo la escarcha de chicos felices. Sí, nena, eso debe ser lo más parecido.
Ahí arriba, en el cielo de los bohemios, las ángeles tienen bkinis sesenteros. ¿Algún sitio en este barrio? Traficante de ideas, te has fijado en lo rubia que puedo llegar a ser. Bailemos. Cinco nombres. Una mujer sabe cómo demorar el licor y no soy quien para interpretar el camino.
Ahí abajo, en el infierno del tupper con el que nuestras abuelas mantenían alerta el sueño. Flúyeme, parece decir la incierta parisina. Me desconciertan los chistes de su amiga venezolana. No sé donde cojones aterrizo. Pero lo interesante es que esto solo acaba de despegar y mi viejo camarada y yo llenamos brillantes páginas de la literatura del sumidero que nunca tendrán ventana. Así son las mejoras. Mañana tenemos que fregar la plaza mayor con las manos. ¿Me das un beso de despedida?
Lo siento, pero aquí no pegan tus vocales de rock. El otoño está al lado, pero por esta noche Davide y buscador le damos largas. Llegado el momento, designamos a la princesa de las fresas como musa del rap. Como si ella nos hubiese escuchado, le pregunto por el tamaño del palacio y a cambio me señala eternidad. Qué importa sean dos instantes. Sugerencias sobre el mestizaje. Tienes una manera abatible de mover el cuerpo. Y se lo digo con las manos.
Llueve como si el verano se arrepintiese de tu palabra de honor. Gente como Enric González o Carlos Boyero son entronizados por su disparatado sentido del resistencia. Las chicas quieren antorcha. Nos la jugamos a pares o nones. Ya no sé si ella quería velocidad ahí dentro.
Hablamos de conejos subsahariano y nos enredamos entre lo falso y lo divertido, lo real y lo poético. Por un momento tengo la sensación de que la broma es un bonito enredo. Como si el ruido, sinfonía de desencantados británicos, fuese la receta del consuelo.
Preguntamos a un par de apariciones bellamente desquiciadas, pero nos orienta un sobreviviente del sueño español, que no ve el momento de zamparse aquello le ha sido prohibido durante la luz de arena.
Llueve. Pero seguiremos riéndonos por todo lo bueno que ha sucedido por el camino. Igual vale una cena de diez años por el instituto que una redención en forma de viaje neoyorkino, donde se aprende del lado cómplice de la capital del mundo.
Nos quitamos el sobrero de cowwoys. Y aterrizamos en un lugar llamado barco donde las rubias beben daikiri con la misma prisa que la actriz daba por encendida la tarde madrileña. Estamos en un escenario ambulante de indígenas colocadas.
¿Cómo te lamas? Laura, estamos pidiendo una canción para cambiar la temperatura. Y me dan ganas de decirte tengo ganas, pero a cambio muevo, simpático, la mano.
Y qué pocas veces una caribeña te da su invitación. Muy pocas vibras con la alegría de que todo es posible. Poquísimas no pareces un niño dormido.

Te admiro loco, nunca dejes de explorar, hay que montarse en esa serpiente y tener el estómago preparado para los próximos virajes.
Entretanto, escucharemos el mejor rock cincelado por las subversivas de peluche.

Vuélvete a nacer y mira por asombro. Un choque de manos en forma de viejo abrazo. Y la convicción de que, después, esas uvas pueden bailar en los muslos de wonderwoman.

Nena, suenas como no recuerdo.
Me gusta cuando miras, porque estás como robando estrellas.

Y lo mejor es que puedo también oh sí puedo reír por todas esas viejas anécdotas mientras cabalgamos la ola. La ola y sus próximos sabores. Toca explorar.

Con Rosario vibrando todo será menos abismo.

martes, julio 22, 2008

Confraternizando con la España profunda


Hubo un tiempo en el que sólo me sentía catalán. Suena a broma, pero no lo es. Detrás de esa imagen arquetípica que asocia al polaco con un agarrado y un insolidario emerge una cultura llena de seducciones y vanguardia. Uno de esos lugares que fascina por su conciencia cívica. Una de esas conciencias colectivas que atrae por su manera algo ingenua e idealista, pero sobre todo, tenaz de buscar el pacifismo, una identidad propia, una creatividad en permanente reinvención…

En suma, un lugar donde lo sofisticado y el inconformismo lo mismo se funden en un parque de bicicletas que te dejan turulato con los edificios borrachos de lascivia de un tal Gaudí.
También podría hablar de su estadio olímpico, de sus chicas de ojos nórdicos o de esa manera inconcebiblemente moderna con la que sus jóvenes renuevan la elegancia. Pero son virtudes pegadas a otras limitaciones como una cierta curvación al victimismo y el aire adolescente de los que prefieren dar la espalda a una parte de su entorno.

Por eso me ha gustado visitar esta mañana el Viso de San Juan, en Toledo. El Viso es un pueblo de poco más de 2.000 personas. Elena es una madre que puede que no se llame así y que tiene una niña dispuesta a depositar caramelos en forma de risa a los desconocidos del ayuntamiento. El caso es que mis desempeños periodísticos me obligan últimamente a explorar el lado caricatura de nuestro centro país. Esa postal que habla de un pueblo pequeño y acogedor, cargado de banderas españolas y repentinamente colonizado por decenas de coches de recién llegados. Tengo que hacer un periódico de 14 páginas. Y aquí me han exigido hacer el trabajo mirándoles a los ojos.

Lo entiendo. También me gustaría tener tiempo y paciencia y sentido diplomático para explicarles que no siempre esos deseos pueden cumplirse. Pero prefiero sonreír a Marimar, una chica de cuarenta y tantos que ejerce de concejala de hasta tres departamentos distintos. Marimar se esconde en su personaje de me agobia todo, para hacerlo casi todo (la sensación es que razonablemente bien). El buen humor no para de saltar en su cara. Si ella es traviesa, María José es seria y responsable y ya tiene una niña que estudia arquitectura y le cubre el despacho homenajes a Frank Lloyd Wright (tan bueno es Tito Fran?).

María José es guapa, me gusta esa manera de cruzarse el pelo y mordisquear una de sus dos gafas. El caso es que la música desliza sus dedos por sus detalladas explicaciones, salpicadas de divertidas interrupciones (reconozco que esta noche tuve una buena almohada). Pero no, no me voy a poner ese disfraz. El pueblo. Sí se supone que lo tengo que llamar municipio, pero esto es un bolg y en el blog se pueden decir cosas como Charlize Theron es una diosa con las alas rotas y sus ojos homenajean a la calmada furiosa ola africana.

El caso es que he presenciado a muchas personas, he aparentado muchas cosas, he sonreído unas cuantas veces y alguna menos he reído como si fuese un delfín. Por eso puedo decir que a veces algo funciona y esta gente es más educada y relajada que los humaoides, la mayoría de humanoides que habita la ciudad.

Lo importante es no vacilar en el fraseo, me dijo el rapero venezolano y entonces se me apareció Sara Da Pîn Up y construyo esta abstracción para, centrémonos, percibir y celebrar una sincera alegría de querer hacer las cosas bien en estas mujeres con estructura de mujeres sujetadoras de vida.

Son amables de una manera rugosa y espontánea. Como si la no agitación del suburbano les hubiese privado de lo poderes de la imaginación pero les hubiese regalado la habilidad de ser agradables como un ser de agradecimientos. A veces la educación es algo más que un formalismo. Se puede sentir.

El pueblo era ese lugar donde emborracharse lanzando viejos conjuros de calimocho frente al frontón. El lugar donde recuperar el sentido primigenio de una cueva (charla y diversión, vino y divagación, whisky y sorpresa). Quiero un ritmo. Miremos para adelante. Lucen estos híbridos. Y ya no queda pasta. Entretanto, se vendieron algunas parcelas que sirvieron para que el ayuntamiento sea un elegante coladero de luz. También se emergió un pabellón, se mejoraron futuros con colegios y guarderías y PAUs y sabe dios qué más (aquí no parece, y como esto es un blog me permito el lujo, aquí no parece arraigado el chanchulleo).

La música me está santificando el estómago Puede que también otras cosas. Y la mitad del día hace parada en el bus bar donde una señora te trata como un día cálido. Mientras, sorbe un ligero sorbo de queja hacia un entorno cincelado con sol del Sahara. Y, lo reconozco, este bocadillo de bacon con queso, mezclado con inverosímil aquarius tiene uno de los sabores más conciliadores que he probado en mucho tiempo.

Y sí, sigo sintiendo catalán, sigo un poco seco y entrañable como de Toledo y otro poco desordenado y prometedor como de la capital. Seguiremos aspirando. Dale ronquera.

lunes, julio 21, 2008

Refrescos pendientes




El verano despega con una sabiduría más templada, quizá menos reluciente, pero definitivamente más divertida. Hace tres o cuatro semanas se cumplieron los sueños de dos, tres generaciones y España levantó la copa de los campeones del Viejo Continente. España, ese equipo de perdedores talentosos, le dio calabazas a su destino y ganó generando belleza. Como se supone que no se puede, según los aguafiestas purpurados.

Refresco es un pase de Cesc Fabregas deteniendo el tiempo, doblando el tobillo de goma mientras silba, mirando a la rubia rusa de la grada mientras comba la pelota para que Guiza se gane el contrato de su vida embolsando la pelota, creando una vaselina como quien se bebe el rebujito de media tarde.

Refresco es ese casi adolescente de Arenys del Mar hablándole a la pelota, con el estadio de 80.000 almas volcando sus expectativas mientras él libera de complejos a su gente y de paso invita a los italianos a tragarse su fanfarronería. Seguro que a partir de este verano su ya discutible índice de éxitos con las nuestras morenas empieza a declinar. Gol de manual: Bufón a un lado, la pelota a la otra esquina en virtud de un disparo raso. Sencillo como hacer las cosas y no pensarlas más de la cuenta. Sencillo como el arrebato de inspiración del señor Collan elevando a una neumática quinceañera en el concierto de Pereza, mientras esos rockeros mascota nos demostraban que la fiereza de postal no está reñida con la camaradería con los tuyos. La plaza se llenaba de chicas pijas pintadas como guerreras y groupies de treinta mientras los príncipes del preferiría no hacerlo reventaban el escenario con sus letras desencantadas y optimistas.
En esta España que causaría asombro a nuestros abuelos seguimos buscando, pero cada vez con mejores argumentos. Davide desnuda algunas de las ciudades leyenda del planeta con sentido del humor, familiaridad y precisión (Lo mejor NO ES DORMIR). Precisión de doctor que tiene claro el conjunto de contraindicaciones y que sin embargo consume los licores más desgarrados para que su chica no pase por alto ninguna de las maravillosas posibilidades de Alexander Platz. Momentos envueltos en una música especial, donde Casillas evoca a sus ancestros de la sierra y pone cara de mala uva cuando le hablan de El Dorado. Así, cuando toca alegrarse, no puede salir de su calma zen y el mundo vibra con sus estiradas imposibles. Un chico de barrio que simboliza a una selección de la que sentirse orgulloso. También importa el cómo. A Torres le pueden llamar lelo, malqueda o tímido. Pero el tío metió el gol definitivo porque tuvo fe, coraje, determinación y dejó sin adherencia a Lahm en una carrera donde agregó a sus condiciones de felino el toque visionario de los grandes.

Tres semanas antes dos rockeros politoxicómanos emocionaban a decenas de centenares de desconocidos con unos retratos musicados del nirvana sentimental. Sensaciones familiares. Cuando estas bien con tu piba y al tiempo estás aburrido. Explosiones de placer y miedo a que todo deje de ir tan bien. Quién no ha sentido alguna vez algo así. La luna deslumbra a un grupo de buscadores y engullimos perritos calientes con la alegría de los inaugurales mientras hay tiempo para debatir sobre el hambre de los bostonianos o las bellezas de Argentina.
Refresco es celebrar un título con más amigos que nunca. Pakillo, el culé; Luisito el colchonero y los clásicos de las celebraciones merengues, todavía me acuerdo de cuando Collan, Luisja y este recolector de alegrías colonizamos la Cibeles a la salud del señor Herreros…Y el país se llenó de banderas y altavoces y tías y tíos borrachos de felicidad. No se por qué, nena, no se por qué, pero intuyo que esa lista es solo el principio del despegue. Próxima estación: Cambados, donde brindaremos por los bikinis caribeños, las gallegas ignotas y la próxima genialidad de un tal Ricard Rubio.

martes, enero 15, 2008

Alex de la Iglesia ronca


¿Qué como lo sé? Todo empezó este domingo, en el preciso instante en el que mi bolígrafo dijo hasta aquí hemos llegado. Y no me quedó más remedio que ponerme cómodo, reclinando mi cabecita contra el generoso regazo de una de las azafatas. Cuando me quise dar cuenta, vislumbré al famoso director vasco. El tipo que tenía al lado dijo sí que se parece. A lo que le repliqué: es él. A veces mola parecerse a Jhon Wayne.

Al minuto se confirmó la sospecha. El tío que nos ha regalado El Día de la Bestia, 800 balas y Crimen Ferpecto iba acompañado de su buenorra esposa, la hermana de esta y dos nenas encantadoras. La más pequeña, Claudia, se puso con su papi, lo que él celebró con un sentido del humor que hizo que me cayera bien.

Buen tipo este de la Iglesia capaz de convertirse en una suerte de Don Pimpón humano (con el carácter de un niño rebelde y amable, es lo que no tienen los niños de cuarenta) para delite de sus niñas. Después de un poco de persuasiva comedia, Don Alejandro (zapatillas de adolescente) miró por la ventana de una revista e inmediatamente cayó fulminado por un reparador sueño.

De manera instintiva, Claudia escondió su cabeza debajo del frondoso ala de su papá, todavía con la piruleta en la lengua. La hermana de la morena estilizada demostró que el papel de tía solícita no se ha perdido todavía en esta generación y le evitó a Claudia una sobredosis de azúcar. A cambio, disfrutó de una piruleta casi intacta que saboreó con fruición para deleite de los imaginativos. Antes de todo esto, De la Iglesia preguntó:

-¿Quien va aquí?

A lo que la morenaza contestó con una risa cómplice, ni idea.

-Lo va a pasar mal, porque ya le estoy colonizando...

Ciertamente, el viejo seminarista no cabe en sí, pero regala una escena entrañable. Como de adolescente que ha sobrevivido aferrado a los cómics formato biblia y un sano escepticismo, sin necesidad de adaptarse al molde. No parece que le haya ido mal. Ayer leí a uno de los héroes del Hombre Elefante decir algo así como que es “persuasivo y magnético”. Es lo que tiene el sentido del humor y una inseguridad bien digerida.

A todo esto, el tipo del asiento contiguo resultó un perfecto estúpuido. Y ahí es cuando el autor de mirindas asesinas hizo honor a su currículo y le lanzó una mirada que valía por todos los insultos, pero contra lo que no se podía poner denuncia porque era eso, código animal del que de vez en cuando es indispensable echar mano.

Cuando me quise dar cuenta, casi me tropiezo con él a la salida de la aeronave. A Claudia le había entrado la llorera al descubrir que ya no estaba en el mágico Bilbo. Por suerte, ahí estaba su papá doblando el lomo para acordonar unos zapatos rebeldes. Inspira cuando ves cómo un padre todavía puede regalarle a sus pequeños un cuento para dulcificar el mundo.

martes, julio 18, 2006

Consumiendo la madrugada


Existe una ley no escrita que exhorta a los poetas a cincelar sus composiciones en la clandestinidad de la noche, presas de la fiebre o la inspiración. Todo nace de un deseo intenso, concretado o no. De una fantasía donde se entrecruza todo lo que podría haber sido y todo aquello que ya no podrás borrar. Nada se dice de los encargos en ese país del lugar común poético. De escribir, por ejemplo, porque un amigo quiera embellecer el recuerdo de una de sus derrotas nocturnas.
Pero el otro día en mitad de una charla llena de bromas y melancolía, Davide me pidió una nota para evocar la madrugada en la que Roy Keane cayó fulminado por el empuje de Steven Gerrard. Y aunque se supone que debería haber rechazado cortésmente el ofrecimiento, nada me costó saltarme la ley que a fin de cuentas fue construida para, llegado el momento, ser ignorada de la misma manera en que algunas veces las chicas bellas y altivas bajan la guardia.
Roy Keane tiene el mentón marcado y la mirada profunda. Le gusta el whisky escocés. Durante la semana se levanta a las siete de la mañana. Los sábados nunca se acuesta antes de esa misma hora. Tiene a gala no fallar a los amigos. No obstante, no es un tipo de palabras gratuitas, castiga la barra de un bar con la misma tenacidad con la que se niega a mover los pies en unos bailes en los que no cree. Lo suyo es acción, reacción. Lo mismo escribe un tratado perfecto sobre como discurre un día cualquiera en Boston que revisa hasta la extenuación la saga del Padrino. El tío Roy no entiende de términos medios.
Por eso, en su día flirteaba con cualquier desconocida a condición de que fuese lo suficientemente bella y misteriosa. Porque no sabe lo que es la contención engulló hasta diez copas seguidas en aquella noche gastada en uno de los templos pijos que tanto adora (las pijas guapas, faldas rosas, risa floja, las pijas monas nunca te decepcionan, nunca te prometen más de lo que aflojan, me dijo una vez).
La noche empezó suave como una pinta irlandesa. Una camarera, amiga de uno de sus mejores camaradas en el centro del campo, le invitó a un par de emparedados etílicos que le pusieron a punto para el derrumbe. Entretanto, una bella pija no dejaba de regalarle su falda rosa; aquella coreografía era como para marearse. El tío Davide reía, con esa carcajada del que ha decidido que por esta vez será ella quien se quede con las ganas. Está demasiado divertido, lento como una burbuja y locuaz como en los mejores días, empieza a evocar sus mejores recuerdos en el campo del juego. Reparte tres o cuatro pases para llenar de simetría el juego de sus compañeros, pero empieza a notar la carga de no haber probado bocado desde las tres de la tarde.
Al lado, enfrente, quien sabe ya, un joven espigado y fuerte, llamado Steven Gerrard se quita el traje de la timidez y empieza sus recorridos de ida y vuelta. Está hastiado de tanta timidez, de ser conocido por sus compañeros como el único que no ha besado los labios de una mujer a los veinte. Tiene condiciones. No me lo imaginaba tan guapo, le dijo una vez una novia de uno de ellos cuando se enteró de que no había averiguado mujer todavía. Esa época ya ha pasado.
Steve embiste como un toro. La genética le ha bendecido con un gran saque y comienza a ganar terreno. El tío Keane está con los plomos fundidos. Entonces llega el inevitable traspaso generacional. Steve empieza a reír y hace un par de bromas respecto a su rotundo bajón. Ya no estás para estos trotes, dice tras haberle robado un par de sonrisas a una atrayente morena. No va a pasar nada, masculla entre dientes Keane, nunca liderarás un gran proyecto. Lo dice sin rabia. Al contrario. Rebosa dignidad y no puede evitarse la lucidez de quien ha protagonizado un puñado pequeño pero memorable puñado de momentos gloriosos.
Steve recula un poco. Se da cuenta de que el viejo toro lleva catorce horas sin probar bocado. Cualquiera se resentiría jugando 90 minutos tras dos meses de inactividad. Gerrard tiene planta y condiciones, golpea bien a la pelota. Cuatro o cinco años después ganará la copa de Europa, celebrará su amor de película y será envidiado por la dulzura, elegancia y belleza de su emperatriz.
Pero nada de eso es comparable al humor y el espíritu emprendedor de Keane, que puede tenga sus accesos de carácter o no tenga el pase más preciso, pero que nunca permitirá que los suyos pasen ridículo. Él prefiere los desafíos, las frases definitivas y los licores densos. Gracias a su sangre de conquistador, conocerá nuevos mundos, trabará amistad con indígenas y fundará una forma de mirar el mundo llena de ironía, valores y la risa de quien sabe como estremecer a una mujer guapa como pocas y cariñosa como ninguna.

sábado, julio 08, 2006

A un centímetro de la gloria


Vamos a suponer que trabajas en una empresa de cuarenta personas. Vamos a pensar que 26 de esos 40 individuos deciden participan en una porra respecto a quien va a ser el campeón del mundo en el Mundial de fútbol, que se celebra en Alemania en plena canícula de 2006.
Ya se, es un poco adolescente, pero vamos a suponer un poco más. Decides participar, porque aunque no te entusiasmen esos juegos (te han llevado a más de un callejón sin salida) tienes que reconocer que alguna vez te han reportado una importante suma de adrenalina.
Puestos a jugar, entran en concurso las primeras dudas. Apuestas con el cerebro para que cuando eliminen a la selección te quede la aspiración de seguir deseando la victoria de algún combinado, aunque su juego te haya provocado siempre alergia. O dejas que fluya tu corazón, pones tus preferencias en armonía con tus simpatías y escoges a aquellos que respetan la belleza del juego, incluida tu melancólica, perdedora y destelleante selección.
Después de unas breves ráfagas de incertidumbre y evocando pasajes pasados, decides seguir la corriente a todas tus paradojas: el poco cerebro que te queda (datos objetivos que permiten inferir alguna probabilidad mayor que otra), intuición (la situación límite de un fútbol, la clase de un centro del campo) y una buena dosis de deseo (que la cabeza no te obligue nunca a ir contra el corazón) en la misma jugada.
Resultado: contra todo pronóstico, pasas a encabezar la porra a partir de octavos de final. La gente te jalea. La gente te envidia. La gente lo celebra contigo. Conforme discurre la gloria, te corresponde una de las partes más cuantiosas.
Quedan dos partidos y llevas nueve puntos de ventaja al segundo. Pero ya no puedes sumar más créditos y el segundo ha designado al alemán Klose como máximo goleador del torneo; es más que probable que reciba diez puntos éste domingo. Resultado: te quedas a un centímetro de la gloria. La gente te afea el desconsuelo, te dicen que pienses en los 24 de detrás, en los 50 euros que te vas a embolsar (170 para el primero).
Qué importa eso, rabias sin demasiado convicción, a nadie le gusta caer en el último minuto de la prórroga. Entonces recuerdas, el único tachón, cuando te sentiste arrogante europeo y pusiste Paraguay en lugar de la Suecia inicial. Con ese sentimiento de culpa que te sigue condenando. Hay, sin embargo, varios motivos para llenar el cuerpo de serenidad. El recuerdo de Arsenio, aquel viejo lobo gallego, cuando asumió con estoicismo la desgracia de quedarse a un paso del olimpo. Con el corazón roto, dijo algo así como es un juego, la vida sigue, sin ninguna convicción pero con toda elegancia. Caer de esta forma le da un aire memorable (la pequeña y llevadera tragedia del Depor nunca se borrará) al asunto (simpatía por los perdedores). Adiós al engorro organizativo de invitar a los cuarenta tíos en un acto en el que no crees demasiado (las invitaciones deben ser espontáneas, y cercanas). La suerte como porción fija que acaba llegando: si esta vez la fortuna te ha dado la espalda con tanta convicción es porque todavía te guarda una porción de sorpresas para por ejemplo este verano. En fin, la derrota es uno de los mejores argumentos para llenar unas líneas, quizá un corazón, tal vez una sonrisa triste.

miércoles, junio 28, 2006

Azul de tristeza


En tiempos de amargura (la selección ha vuelto a ser asesinada a mitad de película), queda el arte. El arte con sus infinitos bálsamos. En esta ocasión, se me ha aparecido un cuadro de la etapa Azul de Pablo Picasso: La vida.
Por aquel tiempo, el genio se hallaba enfrascado en una etapa de tristeza. Esa mirada se aprecia en un estilo impregnado de azul melancólico, alargadas figuras (deudoras quizá de la fantasía del Greco) y rebeldía ante todas las miserias que acaban conquistando una existencia cualquiera: la vejez, el desamparo sentimental, la mendicidad, los inadaptados, la muerte…
En esa línea funciona esta lucidez pictórica, el ser humano y su errabunda búsqueda de la armonía. En primer plano, una pareja joven, los dos vigorosos, bellos, llenos de posibilidades y aún así, desangelados, esclavizados a un trabajo, a una inminencia perpetua: comer, dormir, laborar, a duras penas soltar una broma tras medio día de fuera de casa. Y vuelta a empezar. Quizá hayan tenido ya su primer pequeño. Y que más da. No sirve más que para constatar el absurdo de sus vidas. No pueden cuidarlo. Quien si puede, es una severa cuarentona cargada de manías y puede que resentimientos. El niño crecerá sin referentes, sin la mitad de afecto o juegos que merece. La situación tampoco mejora con el discurso de los años, declinan los músculos y las ilusiones y en el mejor de los casos quedas arrumbado en algún lugar de tu choza, rezando porque el catarro sea el motivo del malestar que sientes esta mañana. Azul de desolación.

A veces, el arte funciona como terapia de choque. Picasoo estaba inspirado. Su devastada revisión del ciclo vital tiene algo fascinante. Belleza Derrotada. Pero, como todo, aquello fue un ciclo de lunas. Algunos meses después se enamoró e inició su etapa rosa. Llena de luz, cotidianidad y payasos. Me gusta pensar que dentro de no demasiadas lunas esa etapa rosa también pueda aterrizar en este dietario.