un medallón de luz disuelve su fuerza,
como agua abandonada en el cielo,
mientras
desciende
con
elegancia
también
aceptación
Haikus, liras, sonetos, submarinismo emocional...cine, series, baloncesto y algo de literatura; arrebatos y destellos para darle arraigo a la posibilidad. Lo mejor está por venir. A través de esa idea, vivo, disfruto y ordeno la realidad, que construimos juntos cada día :-). Un blog de Pedro Fernaud Quintana
miércoles, julio 30, 2014
La chica del bikini rojo
Era rubia como un géiser inverso, con un descenso proporcionado y provocativo, como la invitación que ceñía sus poemas. Era silenciosa como lo es el monte cuando quiere que te centres en su belleza. La chica del poema rubio tenía la risa amplia y un cuerpo lleno de atardeceres, que sólo movía, divertida y burlona, para invitar al chico de la moto nueva a que dibujara mejor los caballitos. Cerca, en el centro de su risa, sonaba la siguiente posibilidad hacia el poco a poco de sus poemas.
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chica del bikini rojo,
poema de una rubia
Cuando el amor crecía en la ausencia
Mujer con el horizonte en la mirada.
El gesto lánguido.
El alma hambrienta.
La belleza de la desocupación...
Cuando el amor crecía en la ausencia.
El gesto lánguido.
El alma hambrienta.
La belleza de la desocupación...
Cuando el amor crecía en la ausencia.
el comienzo de una leyenda
La mujer desnuda se quita la sensualidad para interesarse por ese pequeño heredado de la ternura, transportado por el río con la suavidad de un destino inmune al odio. Dos madres con disfraz de esclavas lo protegen en el comienzo de un giro favorable. El pequeño nos recuerda que sentir si la vida se pone fácil: dejarse navegar, dejarse abrazar...
miércoles, julio 23, 2014
lunes, julio 21, 2014
domingo, julio 13, 2014
sinfonía diaria
conforme ordenas el cuarto, se limpian tus pensamientos
conforme vacías tus emociones, nacen las posibilidades
es una tarea cotidiana, es un trabajo para toda la vida
sábado, junio 21, 2014
Continuidad y cambio: lecciones que da el deporte y la vida
Todo empezó en el corazón de mayo, en Milán, esa ciudad
donde il Duomo acapara su mayor cuota de belleza, las mujeres beben despaciosas
en la medianoche a la vera del río y los hombres cuidan más su despeinado
peinado que las propias donas. En ese escenario, nos ilusionamos
con la inyección de baloncesto que el Madrid le metió al Barça (37 puntos de
ventaja en semifinales) y nos vinimos abajo (no tanto como para renunciar a una
hamburguesa posterior) con una final
donde la cenicienta hebrea, ese clasicazo europeo llamado Maccabi, nos mojó la oreja para levantar su sexta Copa
de Europa tras ganarnos en la prórroga.
Esa derrota dejó cicatrices que el Madrid todavía está
curándose. Tras un play off bastante errático, el primer partido de la final de
la Liga Endesa ha deparado un Barcelona más fluido, que viene de menos a más.
La historia del deporte, como la de la vida, está llena de redenciones, de cantidad
de micro-aprendizajes que de repente se plasman en algunos logros llamativos. Los abonados del
baloncesto merengue mantenemos la fe en el equipo, aunque los primeros indicios
de esta saga no hayan sido muy alentadores. En esa línea meto la décima Copa de Europa en
la que el Madrid de fútbol ganó en Mayo, con una demostración del material del
que están hechos los más grandes.
El Real compitió en aburrimiento contra el Atleti en una
primera parte que no hizo honor a los momentos de brillante fútbol que ambos equipos
han encadenado a lo largo de la temporada. La segunda parte fue otra historia.
Isco y Marcelo pusieron la poesía y Ramos hizo una oda al orgullo competitivo
con uno de esos cabezazos ganadores que se graban en la memoria colectiva.
Mientras hay vida, hay oportunidad para la plenitud. Después, concretaron Bale,
Marcelo y Cristiano (que dejó a Miley Cyrcus en una aprendiz de la
provocación). Espacio y tiempo para un momento competente de serenidad, dominio
y acierto personal y colectivo.
Ramos no tiene buena prensa. Al menos no entre buena parte
de mis amigos, algunos de ellos miembros ilustres de la yihad merengue. Hacen
chanza de su dispersión y sus meteduras de pata en las redes sociales. A mí sin
embargo se me hace simpático. Es un tipo que va de cara. Es capaz de reírse de sí
mismo y ha demostrado valentía en los momentos importantes de la selección y el
Madrid. Valentía y decisión, un binomio que mezclado con trabajo, confianza y
unas innegables condiciones físicas, técnicas y, por qué no, mentales (“el
resentimiento es para los perdedores, las excusas son para los que bajan los brazos”), le han llevado a ser
considerado por muchos uno de los mejores centrales del mundo, si no el mejor.
Ya sabemos, no obstante, que ese maravilloso estado de forma
no ha cuajado en el mundial, donde nuestra selección ha vivido una pesadilla
que parece inversamente proporcional al trío de coronas del que veníamos. Así
es la vida. Buen momento para tirar del manual de Carlo Ancelotti “cuando estoy
contento, procuro vivirlo con serenidad, sin grandes euforias. Disfrutándolo
pero tranquilo. Y cuando las cosas vienen mal dadas, busco no deprimirme demasiado”.
Llámalo equilibrio. Una tendencia que
Davide y yo identificamos con nuestro libro de estilo particular con la ataraxia,
que heredamos de los abuelos griegos y el tío Dean Martin: “un camino de
equilibrio emocional, control de las pasiones y afirmación del ánimo”.
Respecto al batacazo de la selección, sirve para tener
presente algunas ideas aplicables en la construcción de un proyecto vital, del
tipo que sea, en el día a día. Necesitas dar continuidad a lo que tienes (lo que
has elaborado, progresado, recibido, compartido, aprendido…Ese río de vivencias
que hace que las cosas funcionen de una manera bastante fluida) y, al tiempo,
tener presente que la vida (el deporte) es cambio. La vida es un deslizamiento
suave que no debes apresar; si te agarras demasiado a ella (la nostalgia, el
apego, los miedos, la ansiedad por lo que viene o te gustaría que viniera),
antes o después te estancarás o te darás un batacazo.
La vida, como el proyecto de una selección, funciona cuando
estás presente y agradecido, y la vives con confianza y serenidad. En el caso
de la selección ha faltado (palabra de Xabi Alonso) intensidad y hambre. Limpieza
mental. Algo inconsciente que es difícil cuidar cuando estás en la cima (pienso
en el retiro de Jordan en plenitud tras ganar tres anillos o la apatía
premundialista de Messi este año). La motivación necesita de líderes valientes,
reflexivos e imaginativos (ya sea líderes exteriores o nuestro liderazgo
interior).
Del Bosque, del que admiro tantas cosas, esta vez tampoco ha
estado a la altura. Ha primado el amiguismo por encima de la meritocracia (Gabi,
Carvajal, Isco, Llorente, Negredo y Navas o Delofeu nos habrían dado mucho más
margen de reacción tras el batacazo contra Holanda).
De todo se aprende. Ya sea
él el que pilote el cambio generacional o un nuevo técnico. Sea como fuere,
harán bien en tener presente esa idea de continuidad y cambio con la que hemos ‘encapsulado’ esta reflexión. En esta
selección todavía hay mucho jugador válido (incluidos varios veteranos que
ahora mismo están en la picota, como Xabi Alonso o Iker Casillas).
Haremos bien en no apuntarnos al deporte nacional de la
bipolaridad. Somos los mejores. Somos un desastre. La vida no está en los extremos,
por eso espero que esta noche los aficionados al baloncesto viajantes
recuperamos nuestra primera noche milanesa y volvamos a ver desplegada la magia
del Chacho, la juventud crepuscular de Felipe o el instinto de acertar sin
pensar de Rudy y Lllul.
Quién sabe, puede que hasta a Laso le haya sentado bien su
rotura del talón de Aquiles y, entre la maleza de sus flamantes muletas,
visualice un partido con mayor agresividad defensiva, mejor circulación de
balón, más flexibilidad para dar continuidad a los que se lo merezcan (las
rotaciones dejan de ser sagradas en las finales) y un repertorio estratégico
más matizado cuando aterricen los finales ajustados.
Ya lo dijeron los clásicos, en la vida, como en deporte: continuidad
y cambio J.
Etiquetas:
aprendizajes,
ataraxia,
continuidad y cambio
domingo, junio 01, 2014
Qué significa ganar
Adoro el deporte. Desde que era pequeño. El deporte ha sido
muchas cosas para mí. Me pasaba los recreos regulares en el colegio y los del
comedor jugando al fútbol y el baloncesto. Se me daba mejor el deporte de la
canasta. Supongo que por eso hoy día soy entrenador de baloncesto. El deporte
ha sido una escuela de vida para mí. Me ha enseñado a superarme. El valor del
compañerismo, la importancia de disfrutar del momento y estar centrado. Así
como de compartir y aprender a leer al otro para avanzar juntos. También ha
sido un canal para expresar mis emociones y desarrollar mi disciplina.
Por eso disfruto tanto todavía jugándolo. Casi más
entrenando (es lo que tiene la edad, te confiere aspecto de druida). Esta
temporada he tenido-tengo la suerte de entrenar junto a mi amigo Pepe a unos
chavales con una serie de cualidades difíciles de juntar: son buena gente, son
simpáticos y divertidos, lo dejan todo en la pista (seamos sinceros, sobre todo
en los partidos) y tienen talento para jugar al baloncesto. También son
bastante dispersos y pierden los papeles por las chicas y un refresco parecido
a la coca cola. Nadie es perfecto. Con esos ingredientes, ganamos el sábado
pasado el Campeonato Municipal en Madrid. La hostia en verso.
Sobre todo, después de ganar en un partido en el que
perdíamos por cuatro al entrar en el último cuarto. Por eso me produce tanta
satisfacción el equipo que hemos desarrollado. Son chavales que han progresado
en el aspecto físico, mental y emocional a lo largo del año. Y nosotros con
ellos. Son chavales de muchas nacionalidades (bolivianos, ecuatorianos,
colombianos, españoles…)pero con un solo objetivo: jugar bien, pasarlo bien.
Ganar.
El sábado lo conseguimos gracias a buenas dosis de esfuerzo,
intensidad y acierto. Conseguimos lo más difícil: pasarlo bien bajo presión.
¿Cómo se consigue eso? Amando lo que haces. Repitiendo y repitiendo hasta que
te salen las cosas fluidas. Haciendo las cosas por inercia, de tan grabadas que
las tienes en tu forma de moverte, tirar, pasar, botar...
Ese instinto lo hemos trabajado en los entrenamientos y
luego ellos en las canchas del barrio con sus colegas. También hemos logrado
que se respeten (al menos, que tengan claro que tienen que hacerlo porque ya
sabemos cómo es la adolescencia, y lo que no es la adolescencia pensará alguno
con razón) y que reine un ambiente de camaradería y buen rollo que hace todo más
fácil. El caso es que el sábado nos coronamos como campeones de Madrid. Y
Garbajosa nos dio el premio. Buen tipo este Garbajosa. Grande como en castillo
y cercano como dicen que son los grandes de verdad.
El caso es que este domingo teníamos partido. La final del
Torneo de Primavera. Y uno de nuestros jugones sólo podía jugar la mitad del
partido porque tenía la comunión de su hermano. A priori, eran más flojos que
los del sábado. Les habíamos ganado los dos partidos de liga. Al descanso,
ganábamos por seis. Pero no pudimos más. Llegamos hasta donde física y
mentalmente nos dieron las fuerzas. Perdimos por uno.
Más de uno de los nuestros rompió a llorar. Hubo quien
quería consolarles. Y yo le pedí a la gente que les dejaran tranquilos. Esas
lágrimas también forman parte del aprendizaje de la vida. Ha sido el primer KO
de la temporada. Las derrotas duelen. Son jodidas. Pero más fáciles de digerir
cuando has dado todo lo que estaba en tu mano para ganar.
De eso va el asunto ese de ganar algo. Aprender a perder.
Vivirlo, para luego aprender a ser más generoso en la victoria. Al final, lo
que te define no son los fracasos que encuentras en la vida, sino la forma en
la que los digieres, aprendes de ellos y te sirven como inspiración para ganar
en fortaleza, dedicación y superación.
Gracias chavales, ha sido una temporada del copón.
martes, mayo 27, 2014
viernes, abril 11, 2014
Caudal de cambio
Un latido limpio de luz.
Es una manera de mantenerte a ti mismo
en vuelo.
Y puede ser tan fácil.
Vuelos vacíos de violencia.
También una flecha sutil de camino diverso.
Una puerta sin cansancio que baila en espiral.
El origen fluyendo sentimiento.
Un minuto, una mirada.
Una decisión suave y segura.
Un puente de momentos.
Cada emoción de vuelta a casa.
Un encuentro de corrientes circulares.
También una tormenta dispuesta a ayudar.
Suficiente con sentirlo así.
Somos trompetas de bambú,
una manera sutil de necesitar calor.
También de compartir agua.
Un pájaro llamado posibilidad.
Piedra que necesita ser acariciada.
Amiga, amigo,
hace rato que lo sabemos:
la música es el tejido donde todo el mundo se encuentra.
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