domingo, julio 29, 2007

Paris


Rios luz fluyen

en el primer estanque.

Belleza nieve.

Nocturno de Copenhague



Bici complice.

Gestos para inspirarse.

Sin azucar (besos).

miércoles, julio 25, 2007

Malmo

Rubias azul calman
el cielo con sus parques.
Hay jazz en el alma.

Copenhague (Christiania)

Suenos murales
confinados en postal
evocan futuro.

domingo, julio 22, 2007

Brujas sin evocación

Colores inverosímiles que desafían el cielo,
gente tímida proclive a la broma

y casas cubiertas de bombones
y elegancia...

Así hasta que el cielo se nubló lo suficiente como
para que una preciosa nos descubriera en su

carruaje acuático donde los amantes se cumplen
gracias a unos pies desnudos en luz.

Amsterdam

La tentación es un escaparate que nunca se podrá consumar.

(cuando la prohibición no prohibida).

Somos seres fronterizos.

Intimi-dación y después cansancio...

Ahora lo veo:
las modelos también en las revistas,
y las cuevas me surgen tinieblas
y este concreto ailsamiento distorsiona la imagen
de una ciudad a medio

descubrir.

May be, some day también I Am-sterdam

Entretanto, rezaré para no bajarme de la lancha.

Brujas

Definitivamente
el principado del agua me recuerda a ti:

con cisnes en lugar de gondolas,
castillos encantados
y casas de chocolate habitadas por gente buena
con la risa a punto...

Buenas noches, Julie meridional

París

Piensa en los mejor de cada ciudad que conoces.
Ella es la inspiración de cada uno de esos aciertos.

París es un gigantesco guetto que da cuerda al mundo.

También una quimera de avenidas llenas de sangre

y promesas.

París es una chica blanca como una diosa
que se deja retratar por los desconocidos
a condición de que no intentes acaprar su luz.

El mejor resumen lo ofrece esa chica italiana
que sonríe enigmática en el fondo de su pirámide traslúcida:

no nací aquí pero sólo con mi inspiración podrás robarle el candado al

sueno.

miércoles, julio 11, 2007

Blues del revolucionario


Con el paso cambiado,
casi a cualquier hora de la noche,
levanta su maceta de whisky hirviendo.

Con toda facilidad,
apura el cigarrillo
mientras conduce la camioneta
hacia veredas imposibles:
un poco de rabia, algunos lo llaman rock,
algo de risa, mucho de risa espontánea,
a punto de crear nuevas escenas para la utopía.

Él sabe cómo hacer normal una revolución.
En su corazón las envidias son absurdas,
todo lo que necesita es una identidad
(mejor republicana)
y la terraza cubierta de Aurora.

miércoles, julio 04, 2007

Fracaso y atracción


Un niño viaja en metro con su madre. Está pendiente de todo. La diferencia está en su silencio. Es importante que espere y actúe. Su madre es carterista. Tiempo después, el chaval sale de un hogar de acogida. Pero hay impulsos que nunca desparecen del todo.
Jaime Marqués (premiado en diversos festivales por su labor como cortometrajista) se estrena en el mundo del largo con una pieza cautivadora en su propuesta estética. Es la historia de un chico condicionado por sus fantasmas. Con una coartada llamativa: el oficio de un ladrón a pequeña escala. Sus técnicas. Sus motivaciones. Y con algo más interesante: la historia de dos chicos que rompen los pronósticos y aprenden a cegarse.
Nadie sabe si Juanjo Ballesta será actor cuando cuarentón. Pero a día de hoy seduce a la cámara con una mirada llena de miedo y curiosidad. Gracias a esa facilidad conquista a una chica de familia bien confundida hasta límites un tanto autodestructivos. Quizá por eso sus cuerpos y sus miradas conectan. María Valverde tiene mucha culpa. Su personaje, ella misma quizá, reúne suficiente frescura y belleza como para hechizar con sus ganas de probarse y probar el mundo. Ambos buscan sentido a su hambre interior.
Hambre por encontrar un sitio. Hambre por no dejarse domesticar por el sistema.
Y la historia funciona, por concreción y ritmo, en su parte central. Pero falla en el nacimiento y desenlace; de postal. No obstante, la apuesta por el drama es plausible en un momento donde poca gente reniega del camino fácil. La música contribuye a la turbiedad, el magnetismo o lirismo, dependiendo de la fatalista irrealidad. Es pues una cinta llena de fascinación ante el determinismo animal que vincula a dos personas cuando el deseo crea una historia irrepetible. También resulta una novela negra algo superficial sobre como el instinto de autodestrucción nos lleva a repetir, una y otra vez, la misma estrategia a favor del fracaso vital. ¿La clave? Galaxias de cuando pequeños…

martes, julio 03, 2007

Vestida de negro

Vestida de negro se me olvida que tengo que estudiarte.

Tu piel prueba nuevos recorridos difíciles de negar.

Vestida de negro tus palabras siguen temblando y ya no
vértigo.

Tu piel es la de un animal impertinente
con la que quiero derrotar incertidumbre.

Cuando camino por la calle,
la gente me envidia en voz alta
por haberte engañado.

No se cómo devolverte a la tierra de las musas.

En el préstamo de tu talento
las chicas del poema respiran despacio
cómo si el cuarto fuera realmente un palacio.

Y las grutas se ponen melancólicas,
cómo si los pensamientos
tuvieran la creatividad de tus manos.

En aquel momento,
los lampiños atracadores de banco te querían
arrancar las gafas
y aquel otro mordía (silencio)
mientras improvisaba sabor de la Pampa.

Pero lo importante sucede entre tú (silencio)
y todos esos acaparadores del talento.

Déjame envolverte la cintura
mientras esquivamos los despacios de la muerte.

Vestida de negro eres la portada de mi sueño.

miércoles, junio 27, 2007

Hace once años


Hace un decenio, once veranos para ser exactos, un adolescente madrileño se pasaba la mano por la cara, invadido por el sol cuando hacía un par de horas que se había caído la noche.

La timidez estaba siendo de nuevo una tela de araña insaciable en sus atenciones.


Atenciones. Una chica irreverente con una brizna de viento solar en la nariz se acerca su amigo. La chica sonríe, con el ritmo despacioso de las actrices que engullen los focos. Cabecea.

Hubiera estado bien que sonara esta canción. Ceniceros de esperanza.

El niño, prematuramente lúcido, mira para todos lados. Y comprende que la maquinaria de la noche tiene su propio ritmo.

-¿Te lo estas pasando bien?

-Sí, muy bien, sonríe con una mezcla de timidez y belleza. (Tu amiga parece sacada de una revista).

Tantea también a la del anuncio de cosmética, pero algo de esa chica le dice sigue hablándome.

El niño, prematuramente asustado, se pierde en la brillantina de su cara y la calidez de su acento. Él no sabe que ella, su hermana y esa belleza de postal son unas transgresoras hirviendo de peligro. Y afincadas en firmamentos en forma de clandestinos apartamentos no muy lejanos de ahí.


-¿Alguna vez te has preguntado de donde vienen esos parpadeos de la techumbre?

El niño, prematuramente fascinado, improvisa una teoría sobre la gente buena que se va antes de tiempo y los seres de otros mundos aterrados ante la posibilidad de la incomprensión.


Tiene una cara limpia. Y los ojos asombro. Cuando parpadean se parecen a las luces de arriba. Y parece buena gente. Al principio me ha parecido que miraba con algo de condescendencia, pero se ha relajado y arrastra sus ideas de un modo inimitablemente ingenuo. Y sugerente.


El niño, prematuramente quemado, ya sabe que el baile no es lo suyo. Por eso prueba con poses conmovedoramente absurdas. Parecerse a Jhon Wayne.

Esa chica será la primera de una no demasiada extensa lista con la que conectará de verdad. Ella se ríe de un modo desmayado ante cualquier tontería que se le pasa por la cabeza.

Las guitarras encienden un escenario en forma de playa. Con un taxi emergiendo del océano para llevarse a las tres elegantes actrices isleñas.

-Espero que nos veamos pronto. Me ha encantado conocerte.

-A mi también. (Pero no creo vuelva a encontrarte).

Once veranos después, los niños siguen dudando. Y riendo. Hoy la chica es mamá de una bebita increíble llamada Nora. Sigue derrochando ternura y un humor absurdo y contagioso que contagia de buen rollo a cualquier desconocido. Es feliz junto a su chico, un simpático futbolista retirado antes de tiempo por la economía y los idiomas. Un chico de carisma con el que es fácil sentirse cómodo.

La nena es ésa que mira con asombro al viejo amigo que mira detrás las palabras.

miércoles, junio 20, 2007

Cielos con maquillaje japonés


Estas mañanas son como un video musical.

Me siento protagonista
y choco medio desnudo con mujeres decoradas de azul.

O de rosa. Ya no recuerdo.

Mis músculos son un pensamiento en fuga.

Al principio me cuesta
pero no tardo en resbalar sobre el movimiento.

Interpreto mi propio jadeo
y lo convierto en un signo de elevación.

Al poco
estrecho mi timidez
contra esa despaciosa,
la misma a la que el otro día casi ahogo.

Suenan desencantados británicos en mi cabeza.

La caja sentimental irradia futuro en cada en uno de
mis inaugurales músculos.

Ni siquiera tengo que girarme.

Belleza en movimiento.

Metido en esta rutina
me parece que el camino del agua
es el único momento del viaje
donde interiorizaré mi salvación.

Fluyendo con estos peces de titanio
se me olvida que tengo que preocuparme.

Puede que ni esté en el futuro.

Pero me buceo la conciencia
con el mismo éxito de cuando tumbaba olas de pequeño.

Y casi me ahogo de placer
con la espalda liberando tormentas.

Ojalá algún día yo también sepa cómo salvar a Kumiko.

sábado, junio 16, 2007

Carlos Boyero cabecea los jueves



En los peores momentos
leía a Mr Boyero


(uno de los sobrevivientes).

Ese tipo ha tragado cine para varias
generaciones

y de vez en cuando
proyecta algo
de esa luz
y su desgastada vida

en alguna frase innumerable
marcada por el ingenio, la inteligencia y
una desolación que ayuda y ayuda.

Todos los jueves
-ofrece esa voz desangelada-
es preguntado lo mismo cientos de veces
-así entrevistan ahora-

y responde

y confesa vicios que hace tiempo abandonó
por el gusto de jugar, recordar y quien sabe si reivindicar.

Reivindicar por ejemplo la tragedia de un crítico de cine
cansado del cine-casi todo-
pero cansado de la vida-casi toda-.

Y cansado como está,
sugiere mundos

sugiere mundos

lugares
donde
acercarse al
placer, la locura y los breves compases de completo delirio
-poco importa ya si sexual,
intelectual o al alcance de cualquiera-.

Lástima le pueda
a veces
la esclavitud
(el personaje)
y se pierda en fantasmas
o entre en absurdas provocaciones.

Poco importa,
estos jueves
una anónima tribu de inadaptados y
anhelantes
le preguntan
le preguntamos cómo

vivir.


(Para David)

lunes, junio 11, 2007

Cuando yo era negro


Cuando yo era negro
los taxis me ignoraban
no conseguía llegar al trabajo
tampoco encender mi rabia
y, sin darme cuenta,
una chica se estremecía.

Apaga la cámara
enciende la cámara te digo
trágate mi tristeza
porque a mi ya no me respira éste pegamento.

Eso es,
peces carnívoros
para vaciar mis lagos.

El firmamento promete extinción,
la jungla es una humana desgastada
y la locura unos ojos desiertos.

En este sitio no hacen faltas dudas.
El futuro es una perfecta negación.
Por eso, mi madre se está prostituyendo

y la barriga cada día se me hincha más

y todavía me acusas
porque
hoy me has visto
sonriendo.

De donde yo vengo
la televisión es el asombro
y el psicólogo un maestro melancólico.

Hablo de cuando
la noche significaba algo.
El mejor intercambiador de fuego,
cuando aprendíamos a soñarnos
camuflando nuestras memorias
con viejas leyendas afinadas por venerables.

Cuando yo era negro
me prohibían el acceso a las tiendas
y me enseñaban, lento pero lento,
la desconfianza con cara de normalidad.

El continente quedaba
a dos tres generaciones
casi tan lejos como esta cancha

donde la gente ahora me quiere

de rubias sedientas, piscinas y,
lo siento,
una vanidad con la que quiero relajarme quiero
después de tantas humillaciones.

Cuando yo era negro,
no tenía un pavo
pero maravillaba a algunos jóvenes
del Lavapiés o el Dos de Mayo.

Ya sabes, esa pelota de plástico
con la que estos días Josephine y yo mejoramos
el futuro de los nuestros.

Cuando yo era lejos,
sabía, no se como pero lo sabía,
que algún día pondría toda estas ganas de superficie sobre el cambio.

Un aullido.
Aullido humano.
El futuro de los nuestros.

miércoles, junio 06, 2007

Y el transgresor electrónico


¿Existe algo mejor que Paris celebrando tu talento? Algo así debe pensar estos días Javi Martín, el alma mater de Ultraviolet. No hace ni dos semanas decenas de franceses coreaban los estribillos de su segundo disco, Dos. Se acercaban medio intimidados a pedirle un autógrafo o una foto.Y quedaban alucinados con su simpatía. “No podía reaccionar de otra forma. Toda esa gente te hace sentir músico”. Y ya está de vuelta en casa. Este jueves, día14, actúa en La Sala, en la calle Nuestra Señora de Fátima 42 de Madrid (Metro Eugenio de Montijo, Línea 5).
Su estilo es rock electrónico, un género alumbrado en Inglaterra a mediados de los ochenta que hoy día arrasa en Europa central, sobre todo en Alemania. La música de Javi no entiende de barreras. Ha escogido el esperanto de nuestro tiempo, el inglés, para expresar con desgarro y un optimismo a prueba de lugares comunes su mundo íntimo. Ese lugar donde el amor tiene distintas velocidades. Una para cada estado de ánimo. Para eso sirven sus canciones. Para recuperar el tacto de una noche. Las bromas recientes. La melancolía de luego. O un lunes nuevo a estrenar con su chica. También hay acordes para blasfemias elegantes contra la violencia que ahoga al planeta. Y tantos interiores. En un tiempo donde reina el cinismo, él se dedica a componer odas cotidianas. Sencillas y emocionantes (gracias, en parte, a la expresividad de su voz). Con este segundo disco ha ganado madurez. Se nota en la música, con arreglos más sofisticados y originales. Se percibe en las letras. Canta a lo bueno que ya sucedió. Con sencillez y la sugerencia de una música electrónica que aquí es transgresión.

martes, mayo 29, 2007

Excursión/Incursión


Excursión es cuando dos timbrazos de una chica de catálogo te impulsan a mirarla a poco centímetros mientras inventas frases poco convincentes para seducirla.

Incursión es cuando piensas “tienes una cara perfecta. Y triste, como si te hubieran robado la luz. Y tu curiosidad me pone más curioso”

Excursión es una cena diez años después de haber dejado el nido. Un lugar inexistente, porque ese patio y la gente con la que sueñas hace tiempo han dejado de existir.

Incursión es la pereza de revisar las celebraciones y miedos del pasado. Al final, comprendes, es un problema de actitud. No siempre tienes la confianza suficiente para seguir tu camino. Menos aún con diecisiete años.

Excursión es una noche con los muchachos. Un lugar donde te sientes cómodo, disparatado o impredecible. Pegando bromas por las cabezas de todos tus viejos amigos.

Incursión es cuando agradeces tantas frases irónicas sobre lo que no está sucediendo. Y una particular reivindicación de la creatividad de unas copas, una canción o, claro, unos pechos batallando con la blusa recién manchada.

Excursión es tomar la cámara y probar encuadres imposibles que sólo salen bien en tu cabeza. Besos arrebatados de una antigua compañera. Caras de enfados simulados. Manteamientos al chico más carismático y fustigado de la camada.

Incursión es pensar ha merecido la pena viajar a esta noche. Por ejemplo para confirmar las risas y anécdotas de ese viejo amigo que había desparecido del mapa. Uno de tus compinches de cuando una mesa de escritorio hacía de helicóptero y te cagabas de risa inventando un programa de radio contracultural en un colegio de curas.

Excursión es hacer el tonto como en la universidad. Pelear con el aburrido de turno para que a tu amigo le dejen sacar la copa medio lleno, quizá la décima, aquí sí, de la noche. Cuando todos sabemos que ahora viene el camazo.

Incursión es pensar “que bien te queda el rojo”, o “me gusta cómo te ríes” cuando conoces a la chica buena de la película. Esa con la que hablarás de debilidades, mientras algo te dice sigue acercándote, y compartirás bailes y paseos marítimos. Hasta que sus amigas de la alejan de la galaxia. Quizá para siempre. Todo en la misma noche.

Excursión es guardar en la maleta los buenos recuerdos. Las pequeñas fiestas con los de baloncesto, los disparates absorbentes de cuando proyectabas cimbreantes escenas con algunas de las mejores desconocidas en cada uno de los recreos. El temblor de las primeras borracheras, cuando nos estábamos inaugurando. Algún destello de calidad en clase de literatura o historia.

Incursión son tus amigos. Tu gente. Los que te han visto perder el control, llorar en silencio o levantar la copa. La gente con la que te formaste, hermanos, tíos con las que puedes reírte por lo más absurdo y emprender las mejores pequeñas hazañas. Los que te acompañan en el hospital o celebrando el humo de algunas fugaces en los recitales.

Excursión, también incursión, es escuchar al señor Johnny Cass a las tres de la madrugada de un lunes cualquiera, cuando acabas de estrenar trabajo. En armonía.
Por fuera. Y por dentro.

martes, mayo 22, 2007

Dentro de su falda

José Hierro y Claudio Rodríguez tienen compañía. En vida ya fueron amigos de Ángel García López y ahora el Centro de Poesía José Hierro de Getafe ha decidido hermanarles con la edición de una antología homenaje para cada uno. La última en salir a la luz es la de García López, un tipo que escribe con la mayor sencillez posible para robarle besos a las desconocidas que prueban alguna de sus historias en el metro.
A los 72 años, el poeta sabe bien de la importancia de decir las cosas en voz baja. Como si la luna hubiera exprimido la luz en alguno de sus versos: frases sencillas depuradas en la música de un soneto, imágenes llenas de insinuación con las palabras de toda la vida. Son historias al alcance de cualquiera y, al mismo tiempo, exigentes. Demandan toda la concentración y sentimiento.Lo mejor de este bardo es su aparente falta de pretensiones. A través de ese disfraz despliega su ironía, esa medicina para el alma, y convierte cada declaración de amor en una carga de profundidad. Recuerda el mundo y sugiere lo mejor de varias ciudades para descontar alegrías a los recuerdos, materia esencial de sus sueños, estos cantos donde convergen soles profundos y blusas descubriendo el verano. A veces, tienes la sensación de que es una poesía mil veces gastada, bella pero con un deje tópico o melifluo. Por suerte, esa impresión queda desterrada cuando encentras pequeñas maravillas como Trasmundo, Memoria amarga de mí o Himno para empezar la primavera.Última luna tiene la frescura de quien recurre a la naturaleza como la paleta de colores más elocuente. Algunos de los versos asombran a la memoria (“Esta tarde, no hay duda, está bien empleada./ Estuve paseando detrás de una muchacha/ que, al andar, deslumbraba por dentro de su falda”). Supongo que la poesía sirve para eso, para dejarnos con la boca abierta cuando alguien recuerda algo de todos y filtra unas notas de luz para explicar con belleza, desde un encuadre inédito, la violencia del deseo.Para los que prefieren entristecerse: “Ya ves que no soy yo./ No soy el mismo./ Aquél que fui no está. Se fue. No existe./ Soy otro. Soy mi sombra. Un espejismo./ Soy un dolor con el pijama triste”. Una crítica, se supone, es una pequeña nota escrita en el mejor de los casos con un poco de criterio, sobre los atrevimientos del de al lado. Pero, por suerte, a veces podemos abreviar los pasos y soltar algunas ventanas abiertas con palabras gastadas donde el amor, la fiebre o el cansancio suenan a descubrimiento.

viernes, mayo 18, 2007

Cuerpo hambriento


Al sur de Madrid acaban de ser editadas las notas de un náufrago. Su nombre resultará familiar a los lectores de este periódico: Eugenio López García, el escritor maldito de Griñón, el hombre lobo de nuestros tiempos. De día, educado librero; por la noche, escritor voraz. Entre medias, mujeriego melancólico. Con un estilo sencillo, Eugenio retrata al detalle la conquista del cuerpo femenino. Una excusa para fijar su adoración por la inocencia de las adolescentes, la derrota de las meretrices y los mejores arañazos junto a su compañera.
No sé si alguien se animará, pero López merecería una película como Ed Wood, aquella genialidad de Tim Burton en la que se daba cuenta de la vida de un cineasta lleno de ingenio, un tipo entregado a su obra, tan involuntariamente desastre como el autor de Nada de nada (Ediciones Calipso). La experiencia es la gasolina de estos relatos pero no es la vida de su autor. Más bien, es la disección de sus obsesiones. de ahí esa mujer repentinamente confinada en un asilo. O los guiños a sus hijas. Estremece esa historia donde sentimos, simultáneamente, como un secuestrador y su víctima. Hay demasiada repetición, pero, de repente, surgen deslumbramientos como un “miedo nuestro que estás en los cielos”, el monólogo de una cabeza sin cuerpo o una autoparodia quijotesca.

lunes, mayo 07, 2007

Donde no pasa nada


Tumbado donde hace cuatro siglos jóvenes escogidos por el absurdo impresionaban a las cortesanas con algunas bestias, un par de apenas lagos y la altura de unos árboles entristecidos. No me gusta alardear de ello, pero hoy día esos dominios me pertenecen. Me basta con preguntarme por aquello que no funciona, es suficiente con respirar, un sitio del que no he tenido que huir, un palacio donde cualquier seducción funciona. Payasos dudando, universitarias emborrachándose o niños filmando. Si me dejan elegir, me quedo con el sonido de los europeos africanos convocando una danza multitudinaria. Me quedo con esta gruta a la vista de todos. Uno de esos sitios donde mezclas expectativas con tierra mojada. El lugar donde no pasa nada porque es lo justo. Y lo exacto.