jueves, noviembre 30, 2006

Profundidad de cómplice (Para Juan Yuste, cazador de momentos perfectos)

El relato de un par de personas te sobrevuela
(las venas)
y aterrizas en un río atestado de cuerpos

y concordia.

Apenas si chapurreas un poco de indie,
lo suficiente para comer un bocata
junto a ellos en una destartalada tarde de otoño.
Esta gente está muerta de risa, también de hambre,
pero nadie dirá que carecen de eso

tu llamas encanto.

Imposible memorizar su profundidad
un destello les cubre de
risa por cualquier gesto cómplice.

¿Cuánta tristeza es capaz de registrar la cara?
Me pregunta el fotógrafo que nunca ha salido de

su laberinto.

No me importa eso
por esta tarde
estoy por encima de mis miedos.

La invención del recuerdo habla
de un sabio hindú con
los ojos tristeza.

Miedo y la infinita tristeza.

Pierdes conciencia del tiempo
reconociendo buena parte
del sufrimiento
y espanto.

Y sin embargo
si hubieras estado
sabrías
el tipo sonríe como un reflejo
como si el desconcierto se le hubiese
reventado
en alguna parte del cerebro y ya solo supiera
celebrarlo.

Celebrar el cansancio
como ensayo dulce de muerte.

Celebrar el deseo
como arañazo triunfal
a través del que prolongar nuestras oportunidades.

Sí, algo así, como tambalearnos de placer.

Celebrar la conciencia de
estar vivo y limitado
esclavizado a la determinación cósmica
donde
(no te preocupes)
también es posible escaparse.


No tienes desperdicio
no tienes estrellas que incinerar
ahora mismo
con alguna parte de cuerpo.

Y así
con unas bromas silenciosas
aprendes a no precipitar el momento

¿para qué esconderse?

¿para qué desmentirse?

El río se retuerce sobre su exceso
y aquel sabio indio sigue ofreciéndote
su lejanía cercana mientras aspira
la calma propia de quien sabe que
estamos a tiempo.

Dicen la clave es no tener elección.

Poco importa
porque este tipo sabe como acompasarte
una inspiración.

Ya sabes,
inspirarse es ponerse cómodo por dentro.

miércoles, noviembre 29, 2006

Dubrovnik


Alguien dijo una vez, no te escondas y las excursiones marítimas (un decir) se hicieron prometedoras. Algunos veranos después, miles de noches más tarde, aquel talentoso jugador de instituto, y eso era lo de menos, seguía botando la pelota. Había escogido la ironía y nadie podía reprochárselo. Tampoco su afición a las mujeres bellas y urgentes. Debe ser difícil sentirte especial, dominar las palabras con la fiebre de la gente fanática del juego. Pero él lo consigue. Por eso aquel verano quedó halagado por la insinuación del Meditaraneo a orillas de un país virgen, lleno de canchas de baloncesto y ruinas en equilibrio. Por segunda vez en el viaje dejó de buscar la risa fácil y se dedicó a memorizar el océano. Algo medieval surgió con el encanto de la gente en apertura que sabe lo que vale una convivencia. Se supone no debería hacer nada, pero ella le buscó con los ojos. Y no era nada fácil esconderse. Es sólo todo tiene su ritmo. Ha merecido la pena sonreírte le dijo con la mirada cuando llevaban un par de bromas. Hablas en inglés y es una lástima que los misterios de tu piel guarden su propio ritmo. Conforme discurra el hechizo, ella le prometerá una visita a la capital mundial de la juerga, pero nunca llegará a partir. Es melancólico imaginarlo. Pero de vez en cuando alguien olvida el hielo y en algún descuido el príncipe de la radio cae rendido ante una sirena croata.

martes, noviembre 28, 2006

Deshecho


Al sur de Madrid existe un lugar donde pintar en las paredes es un síntoma de buen gusto. Un viejo bohemio camina por sus calles y se encuentra esto. Está lleno de rabia, natural. Pero también de insinuación. Y terror. Dicen es un homenaje al Guernica, plasmación inmortal del horror, mayor legado de Picasso. El veterano coleccionista de belleza se detiene, contiene el escalofrío. Difícil control. Una mano de sangre (no hace falta inventar) está a punto de sepultarlo. No encogerse no puede con tantas caras deshechas. El coleccionista es ahora un coleccionista de muertes. Quizá no se hayan extinguido. Su cuerpo aúlla. Pero casi todas las fibras emocionales han estallado. No les pidas empuje. Hay algo roto creciendo en el ambiente. El surtidor de gasolina sigue inyectando sangre en el bebé. ¿Dónde está la luz? Sangre nos sobra. Caretas para olvidar también. Pero en el centro del mar hay una mujer. Está flotando. El cuerpo tensado y los labios sellados. Busca el cielo porque sus ojos buscan al bebé. Si aguanta, tendremos una oportunidad. Pero quién aguanta sin vida. Tiene lagrimas. Dignidad. Un misterio invencible que funciona desde milenios. Y emerge, emerge de la sangre, su grito es el nuestro. Y, nadie sabe como, pero habrá oportunidad. Nadie sabe como pero el color se filtra en alguna avenida de Leganés, a través del tubo de luz de Suso 33.

viernes, noviembre 24, 2006

Un Bardem para Goya (for the next time, I hope)


Algunos directores disfrutan del privilegio de representar por sí solos una marca que remite a una idea de cine de calidad, intransferible. Algunas veces, esa marca crea películas memorables, momentos que sirven de inspiración para toda una vida. Otras, sin embargo, la marca se limita a regalar algunos destellos llenos de promesas, sin el merecido desarrollo. Milos Forman pertenece a esa estirpe de creadores. No es precisamente prolífico. Pero le ha regalado a la historia del cine dos piezas singulares: Amadeus y Alguien voló sobre el nido del cuco. Hace siete años cinceló la desigual pero de alguna forma conmovedora Man on the moon. Y acaba de volver a primera plana con Los fantasmas de Goya. Una cinta que arranca muy bien, repleta de sugerencia, con unos personajes fascinantes: densos y turbadores. Interpretados con clase por Stellan Skarsgard (Goya) y Natalie Portman (Inés y Alicia). Lo de Javier Bardem está en otra categoría. Crea una piel para el personaje y le compone una historia y un acento. Estremece en pantalla. En la versión original se aprecia con más nitidez su lograda dicción inglesa; el personaje del Padre Lorenzo, dueño de historia y escena, está lleno de ambición, dobleces, sentido estético y magnetismo. Por sí solo valida el coste de la entrada. La fotografía también es sobresaliente, mérito que corresponde al también español Aguirresarobe. Y qué comentar de la genialidad de los lienzos de Goya, intercalados con sabiduría a lo largo de la narración.Pero la historia sufre varios lastres. Alterna momentos de brillantes escenográfica y ambiental (como el preludio a la tortura del Padre Lorenzo, donde José Luis Gómez incendia la pantalla) con discutibles hitos argumentales y problemas para manejar la elipsis narrativa. La banda sonora resulta bastante pobre. Sobre todo por el contraste con la belleza de las imágenes. Las licencias históricas y argumentales que se toman Forman y Jean-Claude Carrière (guionistas) acaban cayendo en el tópico (España como gran prostíbulo, vivero del fanatismo religioso occidental) y restan verosimilitud al desarrollo de los personajes. Aún así, surgen algunos momentos de liberación espiritual y actoral.
Pero, siendo honesto, lo que de verdad uno espera es un yankee con talento para acceder a las entrañas del genio aragonés: visionario, contradictorio, arraebatado y, por qué no decirlo, un poco afrancesado. El sueño es tuyo Javide.

Y además es imposible


En algún rincón del futuro, las imágenes
te aceleran y aceleran

(por dentro).

No sabes muy bien donde estás,
pero aparece en la video pantalla una cara amiga.
Sonríe
(y no necesita más ceremonia)

para hacerte sentir en casa.

Por eso el cerebro consigue que los cuerpos
viajen solo con un chasquido

(de manos, espero).

Nadie como ella


sus ojos profundos y asustados
permanecen intactos

pero es la risa lo que nunca falla

(tu risa es una ducha en el infierno).

Acosado por los uranianos,
seres melancólicos y agresivos,
no se me ocurre

reconocerte

ya sabes
idéntico desconcierto.

Me gusta verte
agarrar tus manos
mientras el viento solar
aguarda su momento para extinguirme.

este momento.





Sigues convocando la potencia de las olas
con cada timidez de tus manos.
y no se por qué
te beso


te beso

No hay peor cárcel que
alejarte

como única guía
para sobrevivirme.

Entonces lloras
algo te anima a acercarme
y algo aún más irremisible
te empuja a volverte

Y lloras

(24 imágenes de tristeza por segundo).

Y me sigues pareciendo dulce

dulce entre las imprecisas

con una imposible propensión a la melancolía
que me pone
melancólico.

Qué raro cuando
tu tristeza es el único lugar donde puedo sentirme.

Lejano, alegre

y torpe como un pegaso que reniega de su velocidad.


Por eso,
porque no recordaré todo esto
me besas
se nos caen los besos

te beso.

miércoles, noviembre 22, 2006

Sucedió una noche (primer intento)

Cuando la era adolescencia era eterna
surgían noches-miedo sin descanso;
piensa en noches como alegría abierta,
sitios donde bailar lento descalzo.

El firmamento desciende de estos miedos
y ellas, dulces rotundas como promesa,
anuncian queremos algo más que el cielo;
difícil no mezclar sonrisa y cerveza.

No, nadie nunca te creerá muchacho
pero ellas ella se acerca sin miedo.
Y, rabia, no cede tu desencanto.

lunes, noviembre 20, 2006

Punk lento

“Estar centrado. Ésa es la clave. El mundo está lleno de poetas ágrafos, gente con ingenio, brillantes, que parece que pueden con todo a través de las palabras. Los encuentras en las barras del bar. Pero lo difícil es vencer la apatía y plasmarlo. Esto vale también para la música o para la pintura. No basta con tener una facilidad, hay que trabajarla”. Reflexiones de este estilo son habituales en Ezequías Blanco (Paladinos del Valle, Zamora, 1952), un poeta nacido para pulverizar algunos estereotipos mientras consume la vida a dentelladas.
Un rato de charla con Blanco es algo muy parecido a una conferencia distendida de lírica. Quizá le pueda su otra vocación (es profesor de Lengua y Literatura española en el IES Matemático Puig Adam de Getafe). Sea como fuere, se agradece. De una tacada entremezcla poemas y anécdotas de algunos de los más grandes. Gente como José Hierro. Y cuando te quieres dar cuenta, anota (un decir) en la servilleta: Aníbal Núñez. “Un poeta maldito del que se hablará mucho. Ya es conocido pero lo será mucho más. Escribe rabiosamente bien”.

Desdén hacia el sistema
Ezequías tiene casi todo el pelo de nieve, sí. Pero gasta unos ojos quemados de cerveza y humo que revelan su verdadera condición: la de un adolescente que ríe con facilidad y que se maneja con acierto en el desdén hacia buena parte del sistema. “No hay estética sin ética”. Por eso rechaza contratos que le obligan a promocionar sus libros y por motivos parecidos se niega a entrar en el juego de los premios preasignados. O rechaza cortesmente participar en programas como el de Sánchez Dragó.
“Con la libertad no se juega. Quiero formar parte de cosas con las que me sienta a gusto, donde pueda expresarme libremente, sin pontificar ni ser pontificado”. Cincuenta y cuatro con actitud punk. A veces, parece que se enfada. Harto como está de zarandajas. De la maquinaria de promoción de bodrios. “La mayoría de los escritores costumbristas de aquí y ahora escriben lastimosamente mal. Pero tienen detrás los imperios mediáticos. Así no vamos a ninguna parte”.
Le pides ejemplos y no se corta. “Rosa Montero tiene problemas con la sintaxis. Javier Marías suple su falta de biografía con lecciones pseudofilosóficas que cansan. Antonio Múñoz de Molina crea símiles sin sentido, irreales y absurdos, carentes de profundidad”. Y así podría continuar.
Pero no sólo habla Ezequías el desencantado. Al menor descuido, surge el chico de provincias, fascinado por cada centímetro de la piel nocturna. “La noche está muy bien, en Getafe y casi en cualquier sitio. Su magia te permite conectar con gente con la que de otro modo nunca hablarías. Algunas veces te sientes cómodo y puedes liberar ideas y bromas, con las que lo pasas realmente bien. Y, bueno, ya sabes, por la noche puede pasar casi cualquier cosa”.

Zumos de cebada
Imposible negar la evidencia. Revitalizado como está por los zumos de cebada en uno de esos bares donde le saludan por el nombre. Así pues no extraña demasiado su combinación perfecta para un poema: “mitad frescura, mitad técnica. Cuando eres joven, derrochas espontaneidad. Conforme pasan los años, dominas la técnica y te refugias un poco en ella. La clave está en conseguir un equilibrio”.
Queda la duda de si hoy día la gente ya no se expone cuando escribe y por eso igual ya no hay la misma conexión que antes. “Puede ser. Pero eso de poner las tripas no lo es todo. Vale para muchas cosas. Y también ayuda a la poesía, pero volvemos a lo de antes, a la idea del trabajo y el talento, si no hay técnica, si no hay sugerencia, exponerte no sirve de nada”.
También juegan un papel capital las lecturas. Blanco cita de corrido nombres de toda condición, un baratillo de sensibilidades donde conviven “Gil de Biedma, Rimbaud o San Juan de la Cruz”. Pero siempre con una reverencia especial para los clásicos del siglo de oro: “Quevedo, Garcilaso y Fray Luis de León son esenciales”. Su montaña de adoración tiene aromas clásicos: “La generación del 27, Bécquer, que sé yo, los grandes de la historia”.
La charla se enciende cuando Blanco diserta sobre su labor como director de Cuadernos de Matemático, una de las revistas más singulares del ámbito literario. Un lugar donde confluyen “escritores consagrados y chicos que están empezando”.
En un rapto de honestidad, reconoce que si por el fuera “no publicaría un número considerable de colaboraciones. Pero la idea es que esto sea un espacio de encuentro, no una colección de afines. La ventaja de esta publicación es que no es esclava de una editorial o de unas directrices. Es multidireccional”.
De nuevo surge la determinación de no subyugarse al gran negocio en el que parece haberse convertido la literatura. “He recibido ofertas para mejorar y amplificar la distribución. Pero a cambio de que nos esclavicemos a las exigencias de la editorial de marras y reseñemos sus libros”.

Matemáticas poéticas
Cuadernos de Matemático representa algo así como la encarnación del espíritu autogestionario. Una publicación donde los miembros del consejo de redacción nunca se reúnen y trabajan de manera autónoma, coordinando sus talentos a través de la figura unificadora de Blanco. Se tiran 2.000 ejemplares y ha convocado a “prebostes como Ángel González , José Ángel Valente o Seamus Heaney”. Una caterva de ilustres a la que ahora se suma el hispanista Ian Gibson, que es entrevistado en el último número, a punto de ser publicado.
El milagro es posible gracias a la diversificación de gastos. Con el apoyo central del Instituto Matemático Puig Adam y suscripciones de pequeños comercios y amigos, Y algún que otro canal convencional de distribución.

Aventuras pendientes
En el plano personal, Blanco está a punto de publicar el poemario Otras tribus urbanas y mantiene inédita su última novela, Islandia 2004. Su aventura no cesa. Casi al final de la noche, sentencia: “La literatura es la verdad de las mentiras”, una sugerencia contemporánea de otra de Ángel González: “Escribir un poema, marcar la piel del agua”, que sirve para incitar a la seducción de las palabras en desconcierto.

viernes, noviembre 10, 2006

Caos futurista y verosímil


Hijos de los hombres, la nueva película de Alfonso Cuarón
(Y tu mamá también) es una fábula futurista que será vista dentro de diez o quince años como un clásico del cine de ciencia ficción. Y como sucede con la mayoría de las historias del género, el arranque está repleto de sugerencia. El director mejicano dibuja un mundo irreal pero verosímil, donde los odios, miserias, discriminaciones, guerras y nacionalismos se han desarrollado hasta tal punto que la humanidad se ha colapsado; desde hace poco más de dieciocho años no ha nacido ningún niño.
El protagonista (Clive Owen) es un tipo que a duras penas se agarra a la rutina del trabajo. No permanece ajeno a la miseria moral y física que le rodea, pero ha decidido entregarse al whisky y la apatía como tablas de salvación. Por suerte, cuenta con la comprensión y el estímulo de un extravagante sabio (Michael Caine) que vive escondido en el bosque, entregado a brillantes sentencias cósmicas y el alivio de la música mezclada con hierbas de sabor a fresa...Un respiro de humor y optimismo en medio de tanta tiniebla.
La acción pues se desarrolla en un escenario planetario convertido en una distopía integral: los refugiados y los inmigrantes ilegales han aumentado exponencialmente, y ya no hay guetos, ni gobiernos, ni esperanzas que puedan detener el instinto de autodestrucción de la raza humana. Hay también fugitivos, denominados solidariamente fugis por los menos sobornables. Entre ellos destaca una chica.
Esa chica cuenta con la protección de la ex-novia, o puede que ex mujer, del protagonista (Jualiane Moore). Pero todo empieza a salir mal. De esa forma en la que vida te demuestra que las cosas siempre pueden ir un poco peor.
Y durante ese descenso, la película cobra su dimensión metafórica más estremecedora. El espectador muta en refugiado, caminando hacia ninguna parte, con la gasolina de la desesperación como única forma de no extinción. Más drama bélico. Lástima no haber desarrollado un escenario y unos personajes más sugerentes que la media. Pero ha habido espacio para fascinarse con la mirada de Clive Owen y los encuadres y diálogos, tan sutiles como envolventes.

sábado, noviembre 04, 2006

¿A qué te refieres exactamente?


La gente dice que soy una chica guapa

Y no voy a negar que me gusta mirarme en el espejo
hasta siento placer cuando no necesitas palabras
y me encuentras

la piel se me subleva y...

No
no te equivoques
esta conciencia no se me nota

Entre ellos, dicen que soy una tía enrollada

Lo soy, soy
una chica
una niña quizá
enrollada en mi sufrimiento

Y sí, lo he intentado
pero no se,
no me sale detenerlo

mi angustia por agradar
detener el instinto de
salir corriendo la mitad de las tardes que

me quedo sola con las amigas


Y sonrío para que no me noten

(las ruinas)

no
no es un problema siempre

Es sólo a veces
me aburro
y hasta me cansan
y no soporto

Porque otras
reímos sin querer
es tan fácil
basta mirarnos
como si para nosotras sentir lo mismo
fuese un acto reflejo como el boqueo del pez en

río abierto.





me noto cambiante
y a veces me sorprendo
mirando la techumbre vacía del cielo
buscándote

Necesitas una jarra de estrellas
me dijo Eli el otro día
y nos reímos
nos salvamos con esa facilidad
con la que ella me pinta los labios

Y sí ya se lo que estas sintiendo

pero no es eso

porque cuando nos olvidamos
verdad no necesitamos nada
no nazca aquí dentro

Nada que no sean nuestras explosiones de ternura
donde modificamos universos

Lástima estemos tan lejos del Atlántico
y la barcaza se hunda cuando
las palabras
se nos caen

porque no sabemos
nombrar el susto

no todo lo que podría siento podría acercarme.


Tan lejos, tan sueño.


Quizá sólo tendría que relajarme



me parece
que tengo estas manos

y la música suave
de cuando nadie puede entrar en palacio

y los labios que dejan de llevar miedo.

Y lo digo esta noche
porque
papá parece un poco más alegre

y por la calle he cruzado mis caras favoritas con los nanos
y cuando me he querido
dar cuenta
se me ha olvidado que tengo que estudiarte


No, no me preguntes eso
tan sólo quería
perder conciencia


Ahora que los diecisiete me decoran
con un traje
pensado para la pelea

Y no, no es arrogancia,
es el miedo
aunque creo que con las bromas
y el calor de tus invitaciones
ya no necesitaré las alas esta noche.

martes, octubre 31, 2006

Retratarse retratando


“Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio.” Desde luego, Truman Capote (1924-1984) no conocía la contención cuando se trataba de hablar de sí mismo, una honestidad y una brillantez que tampoco le faltaban cuando miraba por la ventana del papel en blanco y vertía sus testimonios sobre la vida que discurría ahí afuera.
En su momento, a Capote se le estudiaba como uno de los referentes del nuevo periodismo, esa escritura donde convergía la verosimilitud de los reporteros y el arte de los creadores. Ahora se intenta explorar su personaje con películas notables donde queda de relieve su hambre de reconocimiento y la entrega con la que se abandonaba a la literatura y los excesos.
Pero sí de verdad quieres conocer al ser humano, a ese escritor que rebosaba frescura y acierto a la hora de filtrar sucesos y conciencias con las palabras, leelo. Visita por ejemplo Música para camaleones, un muestrario de cuentos, rarezas, reportajes y autoconfesión que conmueven e inspiran casi sin descanso.
Surgirá algún pero, claro. El exceso de localismos o algunas pegajosas obsesiones: los asesinos y sus motivaciones o el envanecimiento personal. Pero apenas si se nota, porque lo importante discurre durante una lectura donde te puedes sentir más inteligente, más sensible, más desolado también, más lúcido y consciente en suma. Y el mérito corresponde, claro, a esa implacable retratista del mundo real, el señor Capote, el tipo que crea relatos fantásticos y sugerentes solo con ejercitar la memoria y su talento para la puntuación y los diálogos.
El libro contiene vida y desgarro en cantidades industriales, pero hay dos piezas que conmocionan por encima del resto: Día de trabajo y Hola desconocido. En la primera, acompaña a una mujer de la limpieza durante su jornada. Lejos del aburrimiento, Capote compone un fresco lleno de sugerencia (por los sitios que visitan) y ternura (por la latina mujer que se confiesa). La segunda, rezuma inquietud y poesía con una rara conexión personal entre un cuarentañero y una quinceañera.

domingo, octubre 29, 2006

Entra frío


Algunas veces
algunas noches

la memoria me inventa días felices

instantes donde reíamos por todo lo que no sucedía

lunes eternos

donde nos caían cervezas
como latigazos de luz,

mientras nos abandonábamos
a la rotunda relajación de un secreto
o el sabor de unas bravas.

Tres amigos, unas pocas notas de rock
y la sensación de que todo debería ser así de despacio.

Esos momentos.
Cuando se escapan un par de alegrías,
el calor de tu piel detenida en unos ojos profundos y tristes.

También las bromas del escritor con mejores ambientes
alguien con quien explorar salvajes princesas

noches en las que me quedaba mirando pared
confiando en que los dibujos detuvieran su movimiento

mientras estos miedos
me seguía desenjaulando

todos.

No digo que no me estuviese haciendo daño
ya sabes
por dentro.

Pero nos bastaba con la luz del parque
en
cualquier duda de Aluche.

Las ventajas del cartón de vino y
la certeza de que nuestros cuerpos no podrían
soportar tantas incertidumbres.


No eran los mejores tiempos
pero sirven para venerarlos
porque eran los nuestros.

La risa de cuando disparatas,
sus despistes cargados de genialidad
o el modo en que ignorábamos las tormentas.

Poco aire

parecida tristeza

y la rabia de
cuando nos hemos
ignorado con tanta tarde esta cordialidad.

Tarde que ya no puede ser noche.

Supongo
no era para tanto.

aunque a veces

siga entrando frío.

lunes, octubre 23, 2006

Niños llave


Los niños caminan lentos
lentos
como si el mundo se hubiera televisado sin descanso.

Toda la prohibición
surge sin condiciones
basta la electricidad
de un pensamiento.

El reflejo movimiento de una curiosidad


(antipoderes del ordenador)


¿De dónde vienen esos adultos prematuros?

Una mujer joven y madura
los protege con su

tristeza de lunes reciente.


Pero no es fácil
despertarse con la voz metalizada de una
rock celebridad.
Sigue siendo un despertador.

El problema de cuando
la radio
habla por los que no conoces.

Meditabundo como
un adelantado.

Sólo.

Mareado por una responsabilidad con la calle

Y continúa

sin hermanos tampoco.

Esta gente con la llave anclada en el pecho.


En fin que nueve años es
demasiado rápido
demasiado rápido para entristecerse sólo.

Vacío


Ya no cuentan los años. Ni siquiera la expansión de las decepciones. Mirando esta agua irreal que arañaste de la realidad puedo descansar. Descanar del mundo. Descansar de mi. Cuarenta años y un hijo y un par de novelas. Pero no puedo librarme de tu recuerdo. De tu tacto. Por eso esta noche me pienso refugiar en el calor de esta botella. Y no, no te creas tan importante. Es sólo que las ruinas están aquí dentro.

sábado, octubre 14, 2006

Animal sagrado


La mirada de la Mujer de Agua explora la belleza de otros cuerpos. Mujeres con la piel tersa y el cerebro hecho de laberintos. Arquitectura de infinitas invenciones que cuando baila parece un mito en movimiento. Y esta ejecutiva intocada también es infiel con la mirada. Y por dentro. Con convulsiones de deseo. Dos mujeres distanciadas en el espacio se recorren esta noche con el despacioso tacto de las bailarinas en ascensión. Y algo te impide dejar de escucharlas.

Algo parecido a la felicidad

Aplastada en las rutinas de la familia
y la moral miseria de
una industria en declive
sonríe con miradas tristeza
una chica con alma cristal
de Bohemia.

Desde el principio,
casi desde cuando no acierto a recordar
el niño la mira con
secreta fascinación como
quien divisa una promesa
en medio del océano

allí donde ella le pide que siga el juego.

El chico es bueno
muy bueno
pero tiene agallas
y una de esas miserias
que acaban no importando.

Su manera de inclinar la espalda
como si todo le sobrepasase
le consume en un orgasmo de ascensor.

El chico bueno
con la melancólica mirada que
inventa los monstruos más interesantes
para el nuevo y mejor día de los
peques desamparados.

Y puede que nada salga como en las
leyendas

quizá porque esta es una leyenda
tan sutil

que lloras por dentro.

Y lo haces porque estas
con esa expectante silencio
de los instantes en que sientes
liberación




Y más contento
trabajas duro para impulsar una
Granja
mientras te lías un porro
y la chica que deseas
la chica que te incendia
se enamora de cada detalle

Y afirma con la mirada
y niega con las palabras.

Cómo no vas a ensoñarte
de esos azules
con los que ella no detiene la fascinación
mientras cubre de ternura
el sueño de los enanos.

Hay tanta incertidumbre
y una de esas borracheras
esclavizando te acaba

En el piso de sesentañeros
se extinguen sin descanso

Pero la historia de Monika
sin treinta todavía
te libera,
esa manera en la que mueve las manos
me ha permitido fotografiarla
esta noche
en un breve resplandor.

La leyenda lo insinúa

Y cuánto vale una insinuación

con tu insinuación sobra para todo
para mi al menos
será que no tengo no me importa una checa corona
será que mi corazón sigue sin llenarse
o que no puedo parar de celebrarte
y tu me lo notas

más que mis carencias
notas
el increíble cambio
esa manera en la que podemos hacernos

esa manera en la que nos contagiamos la risa



A veces hace falta eso
unos cuantos momentos
unas manos te santifiquen la espalda
y la sola insinuación de ese tren que has cogido
Un tren que vale por lo que hubo

y todo lo que habrá

jueves, octubre 05, 2006

La niña de las preguntas imposibles


Cuando su padre se descuida, ella trepa por su pierna como si fuera el único rascacielos que la puede proteger del jabón que le está picando en los ojos. Natalia sonríe al verla así, hecha un guruño que no deja de trastear mientras le pasa nuevos playmobiles a su hermano Javi. Cuando se quedan juntos, no necesitan más de un par minutos para vivir una historia con el barco que les regalaron los reyes el año pasado. Con el mismo final de siempre: la barcaza hundida y los muñecos por los aires mientras compiten por ver quien es el que se pone antes el pijama. La pequeña Natalia sale corriendo a la cocina y mira como hipnotizada a su madre. Cuando cree que está suficiente ensimismada, le pregunta. ¿Mamá por qué no puedo casarme con el primo cuando sea mayor? Una mezcla de sorpresa y ternura la recorre. ¿Te gusta? Sí, mucho. Natalia se conmueve. Recuerda como cuando pequeña le pasó algo parecido. Pero nunca se hubiera atrevido a decirlo. Así que decide actuar justo de la manera en la que seguro no lo hubiera hecho su madre. Primero la sonríe, luego le acaricia el pelo y enseguida le explica que no se puede casar con él porque si no sale de casa nunca podrá encontrar al chico con el que mejor se lo pasará en toda su vida. Complacida, la pequeña Natalia le suelta un beso y le dice, casi sin pensarlo, sabes mamá, a veces tengo miedo que se me rompa el corazón, porque os quiero tanto a ti y a papá, bueno y también a Javi que no se…Mira, mira, tócamelo, a que parece va a estallar? Con los ojos bañados, Natalia la levanta muy alto y sonríe y…Pero qué personaje que estas hecha y empieza a morderla..Ay no, mamá para, para, mientras ríe con esa magia con la que deben estar hechas las fibras de los movimientos más afortunados del universo.

martes, octubre 03, 2006

Fuera de ti


Si miro las inscripciones de tu piel, debo pensar en ti como una mujer elegante. Inconclusa por elección. Vives en Nueva York porque todos necesitamos alguien enigmático y atormentado que sacuda la rutina de nuestras tristes mañanas de triste. Hasta alguien americano como Hopper. Y sí, te conozco. Bella como para provocar diferencias. Inteligente como para asustarte por todo lo que no sientes. También desgarrada como para temblar dentro. Dentro. Aquí, tal vez. Una sola vez. Apretando los labios traes momentos. La risa y el escándalo serán nuestra única salida. No dejo de mirar esos pies desnudos. Puede que notes enseguida mi impostado acento, pero ahora sé que no puedo indiferenciarme ante tus expectativas enjauladas. Simplemente no saber donde estas. El anhelo que te electrifica los pulmones. Mientras imaginas. Unos instantes. Ya no lo intentas. Tan sólo te sabes. Tus emociones y tu esclavitud. Con suerte, no seremos mucho más que eso: esclavos cardiacos de las estrellas. Pero ya no podré rescatarte de aquel cine saqueado, en el que la energía de tu silencio sugiere un lleno de vacío y placer. El alma de una coleccionista de detalles. Detalles para reír más, lástima ese cazador de angustias haya atrapado también el placer de tu cerebro. Ninguno conocerá ya tu sala de cine. Esa en la que a veces no puedes aguantar la historias porque liberan tu cuerpo y con él la tristeza de todos los momentos prohibidos. Esa en la que a veces yo también pruebo a refugiarme olvidando todo lo que podría haber sido.

viernes, septiembre 29, 2006

No lo pienses, hazlo


Superado el vértigo, vive en Barcelona y gana una cantidad de dinero algo más que razonable. Ha conseguido dejar de lado la angustia. Angustia por todo lo que jamás será capaz de alcanzar. Angustia para paralizarse por las cosas cotidianas: afeitarse, comprar todo lo necesario del super, enfadarse. Le gusta esta ciudad. Con esas avenidas donde mujeres elegantes beben con descuido la luz de los sábados. A media tarde. Las risas con los amigos recientes. Gente con la que las bromas ofrecen un juego continuo. Ya por la noche, transportado por una serenidad apenas inaugurada. Sentado. Como si de repente se hubiese apaciguado el brillo del lobo. Hambriento. Vitalista también. Sucede entonces, la música se desmorona y las conversaciones fragmentarias marean. Al salir del baño. La reconoce. Parpadea y sonríe con esa extrañeza que inspira a la gente que vive de madrugada. Le hace gracia que él se dedique a la publicidad. Pero no sé inventar un eslogan para que la gente sonría sin pensarlo. Miente. Ella lo sabe. Declinan los bares y alguien interrumpe. Parece que lo está pasando bien. A punto de quedar sin sangre. Casi toda atragantada en su sonrisa. La mira. Se miran. Demasiada luz. No te vayas. Intenta no detenerse. Las sombras interiores. Se acerca. Ella parece un hermoso ciervo. Ya no sonríe. No averigua nada. Despacio. Noche en los ojos. Sangre fluyendo. Quiero llevarte a un sitio. Y ella no necesita palabras. Ninguno las necesita ya.

viernes, septiembre 22, 2006

City of blinding lights




Algunos días resulta divertido ser estrella del rock. Esas canciones con las que puedes hablar de ti mismo con algo de distancia y alegría. Un ciclo que encuentra la cima en esos encuentros con el público. Momentos en los que te entra frío y una desconocida te sonríe como si te conociera de antes. Intentas entonces, sí lo intentas, entrecerrar el horizonte con todo lo que podría cambiar y bailas con una energía invencible. Te cubre el cielo de Berlín. En ese instante te recuestas en la butaca y te enamoras de la equilibrista, cómo detener el estremecimiento de esa bella criatura recostándose sobre la cama. Melancólica cuando se alegra, una niña cuando ríe. Princesa cuando apura la copa de vino frente a un desconocido. Es extraño. Nunca imaginaste fascinarte con un cineasta yankee enfermado con la poesía visual de los europeos. Win Wenders. Y en alguna fracción de segundo te parece que sus imágenes y tu cultura de los resplandores diarios encajan. Arrodillado, con una ciudad hambrienta y legendaria, la encuentras mirándose en el espejo. Viene del futuro. Y cuando te sonríe otra vez decides hacer todo lo posible para hacerte el encontrandizo. Aunque sea a costa de quebrarte las costillas en tu descenso desde el cielo.

jueves, septiembre 21, 2006

El desplazamiento de los dioses


Alguien algún día te prometió el gobierno de los días. Una situación en la que las tardes se inclinaban sobre tus rodillas, mientras despachabas casi sin pereza a las princesas que requerían tus favores. Una mezcla de pasado y promesas incumplidas. Hasta que una noche te levantas impulsado por un malestar incurable. El universo ha decidido que el único vehículo para tu progreso será el sufrimiento. El sufrimiento hasta límites incontenibles, cuando te acercas a la barra y ya no te llega la borrachera. En el olimpo ya no te reservan el palco para conmoverte con la insistencia de los humanos por destrozar sus límites y sus cuerpos. De repente, se te agotan los sueños. Descubres por ejemplo que esa sirena no gastaba sonrisas tan especiales y que ni siquiera era capaz de hacerte estremecer cuando os abandonabáis en las ruinas de la espuma. Ha sido un largo viaje. Momentos donde la conciencia no inventaba palabras, ni cuerpos, ni emociones. Los ojos impedidos para pintar nuevos estados del alma. Instantes en las que sentiste que la desolación sería definitiva, como esa foto que William Blake te tomó en mitad del XVIII. Y, sin embargo, esta noche la has encontrado envuelta entre las sombras. Inesperada. Vulnerable. Fascinante. Una humana que no te confunde con un dios. Una cómplice, al fin.