miércoles, noviembre 17, 2010

La presentación de los personajes: el arte de la sugerencia


Antes de entrar en materia, una aclaración importante sobre la esquiva definición del antihéroe: estamos hablando de un personaje marginal y que tira por la no acción. La aclaración vino de parte de la generadora de estas reflexiones, Elisa Puerto. E se pasó la semana dándole vueltas al escurridizo concepto del antihéroe y nos regalo dos importantes matices: éste nunca elige, se deja arrastrar por la corriente. Asimismo, tiene una peligrosa tendencia a hacer o decir algo inapropiado en la común de las situaciones, con una inevitable tendencia al escapismo. Por ponerle nombre a esta especie, podéis pensar en la mayoría de los personajes interpretados por Woody Allen en sus películas.

Es decir, estamos hablando de aquél que va a destiempo. El que no aspira a más. El que es conformista. Si pensamos en la adalid de las antihéroes femeninas, surge Bridget Jones V 1.0: gordita, bebedora, hedionda y con incontinencia verbal…

Si pensamos en masculino, un paradigma podría ser: Edward Norton en el primer tramo de ‘El club de la lucha”, cuando se manifiesta como la viva imagen de la resignación y el conformismo y pide ayuda para dormir. En suma, estamos hablando del antihéroe como sinónimo de perdedor. Las circunstancias no le dejan cambiar. Cede a la resignación y deja de tomar decisiones.

Aclarado esto, despegamos con el trazo de cómo presentar a un personaje. Cuando organicéis una escena, es importante que tengáis en cuenta que estamos hablando de una unidad dramática. A la hora de escribir, debemos estructurar el párrafo en esta triple coordenada: temporal, espacial y de acción. Tenemos la opción de realizar el cambio de espacio a través de una elipsis. A nivel simbólico, es importante pasar de un espacio a otro. Por ejemplo, para representar la soledad de nuestro personaje podemos colocar ésta en el dormitorio. Ah, y ya sabéis, varias escenas componen una secuencia.

El estilo con el que debemos configurar una escena haría sonreír a gente como Azorín. Debemos escribir de manera impersonal. Nada de valoraciones. Describiendo lo que se ve. Relatando los hechos, no haciendo interpretaciones. Además, es importante formular nuestras frases en estilo directo.

En cuanto a cómo presentar un personaje, empezaremos con una obviedad: éste debe estar bien construido. Para ello debe tener ingredientes como estos:

-Cualidades
-Defectos
-Círculo social
-Tics
-Manías

También es clave que el guionista escoja meticulosamente el momento de la vida del personaje en que lo presenta y lo inserta en su historia. Por ejemplo, en Titanic, se nos presenta al personaje de Jack (Leonardo di Caprio) como a un muchacho que cree en la vida. Con poco oficio y menos beneficios pero que contempla la existemcia como regalos. Como oportunidades. Intuiciones así flotan en la manera en la que él se relaciona con el mundo. La presentación de un personaje siempre debe ir ligada con la trama de la historia que estamos relatando.

En la primera y segunda secuencia de un largometraje deben introducirse la temática y los personajes. Resulta esencial definir con tiento los gestos, colores y postura ante la vida. Es importante escribir escenas sin diálogos. El cine, como la vida, es más interesante cuando entran en juego variables como la sugerencia, las no aclaraciones, el misterio. En esa línea, para definir un personaje es importante perfilar lo siguiente:

-Su manera de hablar
-De moverse
-Los colores que lleva en su ropa, por la carga simbólica que estos comportan.
-La clase social

Se trata de presentar su personalidad de un modo orgánico. A través de su comportamiento. Y de no tomar por tomar por idiotas a los espectadores. Lo mejor es ir racionándoles la información. La idea es ser sutiles, no abusar en el perfilado de los personajes. Si nos excedemos con los subrayados, el espectador percibirá a nuestras criaturas (aunque sea de un modo inconsciente) como burdas y acabará desconectando.

También es importante elegir la estancia donde presentamos al personaje. Por ejemplo, la habitación-puede que salón donde el señor Sherlock fuma en pipa- es una proyección de su mente. Inquirida por un par de ejemplos modélicos de cómo introducir un personaje, nuestra sherpa apuntó dos: ‘Azul’ y ‘Deseando Amar’. En ambos casos, queda de relieve que la esencia de una presentación radica en sugerir. Hablamos de luces. Microcosmos. Arcilla. Entorno. Atmósfera.

Es importante definir bajo qué luz se presenta a los personajes. El mundo en el que viven. Y los colores que definen su mundo y vestimenta. ¿Y a todo esto, qué agrega la dirección? Un componente orgánico fundamental. Hechos. Gestos. Textura. E considera que el cometido primordial de un director consiste en dirigir, guiar y orientar a sus intérpretes para que den el máximo de verosimilitud y sustancia a la historia.

¿Y después? ¿Cómo movemos a nuestros personajes? A través de una sinfonía de preguntas. No podemos dejar un solo hueco sin una sola pregunta. El plan es que el espectador no quiera dejar de mirar hasta el mismo final de tu historia.

Por el camino, hubo tiempo para preguntar por los colores. ¿Cómo saber lo que representan en un mundo que tiende a multiplicar y diversificar sus interpretaciones? Aquí van algunas sugerencias a tener en cuenta.

El rojo puede ser sinónimo de mentes que se estropean. De tensión y de peligro. Tendencias que aparecen magistralmente representadas en ‘El sexto sentido’. Pero si buscamos algo así como un baremo incluyente de las representaciones que pueden tener los colores principales, merece atender al ejercicio de condensación que nos ofreció E.

Rojo

-Eros (atracción sexual, amor, sexo)
-Pasión
-Vida
-Empuje
-Promoción de la estirpe
-Thanatos (muerte no violenta)
-Peligro
-Seducción
-Locura (ejemplo, amenaza psicótica)

Blanco

-Muerte
-Pureza
-Virginidad
-Simpleza
-Ingenuidad
-Inocencia

Negro

-La luz
-Pulcritud
-Control

Verde

-Esperanza
-Creatividad
-Espiritualidad
- Armonía con su naturaleza

Azul

-Tranquilidad
-Hogar
-Serenidad
-Nobleza

En concreto, el azul es el color más profundo. Da cadencia al sentimiento. Tranquiliza y seda. También proyecta alegría. Pero, al tiempo, en según qué circunstancia, también puede transferir sufrimiento y dolor. Es capaz, por ejemplo, de cobijar todo el dolor de la protagonista de la película de Krzystof Kieslowski. Estamos hablando del color más completo.

Asimismo, cuando hablamos del perfilado de personajes sería importante realizar un acercamiento competente al mundo de la psicología, para conocer así los principales modelos, esquemas y prototipos en los que está cartografiada la psicología humana. Tampoco está de más bucear en disciplinas como derecho y criminología. De todos modos, a la hora de abordar este trabajo E se refirió a un manual de referencia: ‘Estrategia del Guión Cinematográfico. Viaje del Héroe’, de Antonio Sánchez Escamilla.

¿Qué más darle a nuestro personaje? Meter dentro de él lo orgánico. Por ejemplo, el Gran Lebowski es un perdedor (palabra muy grande que podemos cambiar sin grandes pestañeos por la de pasota) pero cae simpático. Su presentación, al inicio de la película que lo incluye y baquetea, es de manual. Los hermanos Cohen no necesitan diálogos para decirle a los espectadores: señores, van a viajar ustedes con este personaje.

Con sus pantuflas. Su barba de siglos y su pelo de la edad antigua. Su andar perezoso, arrastrando los pies. Sus movimientos de ‘preferiría no hacerlo’. Su patanería para sorber algo de leche. O su excentricidad: el pago de una pequeña cantidad con cheque. También la tele que, temáticamente, no sitúa en el contexto de la película, con George Bush padre alentando sus ejércitos contra el Irak de principios de los 90… O la falta de sintonía entre ‘El Gran’ y la cajera, mientras que el primero prueba un flirteo, la chica que lo atiende ha puesto su mirada en modo evasión…. También merece la pena ver la presentación de ‘Lolita’ en la versión que Kubrik hizo del mito de Nabokov; en palabras de E “son infinitas las presentaciones de personajes que merecen la pena”.

Seguidamente, vimos diversos pasajes del arranque de la película ‘En la Ciudad’. Ejercicio muy recomendable para adiestrar la mirada y entender mejor cómo los pequeños detalles componen las realidades de unos personajes y los entornos en los que se desenvuelven. Por contra, si queréis contemplar un drama (literal) de presentación de personajes, escoged ‘Mi gran boda griega’, donde se satura al espectador de torpezas y subrayados en la introducción de los protagonistas.

La clase culminó con el visionado de dos momentos dicientes de ‘Apocalipsis Now’, esa obra cumbre del maestro Coppola. El primero, la presentación del Vietnam donde una generación de lugareños y estadounidenses se dejaron el alma. Y en bastantes casos la vida y también algún trozo importante del cuerpo y la salud mental. El despegue de la historia es espectacular. Grandilocuente. Sensual. Los helicópteros surfean sobre las olas. Hay magnificencia. Imágenes y sonido. Los diálogos estarían de más. Por eso es cine soberbio. Sugerencia donde la belleza del mar y la vida tranquila de los asiáticos está a punto de saltar por los aires al entrar en colisión con el virus de la guerra transportado por los norteamericanos.

La cumbre de lo sugerido en esa primera secuencia llega, unas cuantas decenas de sensaciones después, con la aparición del Coronel Kurtz, interpretado por Marlon Brando, que es tanto como decir hombre-dios hombre-abismo. Kurtz concentra en sí mismo una cantidad impensable de mitos: es la cueva más profunda, también el mayor miedo, un monstruo; pero al tiempo su personaje funciona como princesa que el protagonista debe rescatar. K ha estado omnipresente en toda la historia. Es un oráculo. Es vidente. También druida. Por supuesto chamán. Ha trascendido su humanidad.

K es el superhombre de Nietschze, aquella propuesta hiperrealista de un mesías. Asimila el dolor como parte de la vida y lo mira cara a cara. Un tipo que ha perdido la cabeza y la escala de valores que le convertían en alguien admirable cuando estaba en el trance diario de la vida occidental. Ha enloquecido, sí. No busca ser juzgado por nadie. Ni siquiera por sí mismo. En mitad de la violencia y la muerte, ha depositado su espíritu en un lugar llamado cinismo. Es un maestro de la lucidez, también un príncipe del sinsentido. Y del desencanto.

Él es el dolor, el dolor se lo ha tragado; lo ha bebido trago a trago hasta instaurarse en rey de su propia existencia. Se ríe del absurdo, se ríe del orden con el que se mueven las guerras. Horror. Horror. Se ríe de todo. Se ríe del ser humano. Está quebrado.

Y tiene el poder de objetivizar a las personas:

Coronel Kurtz: “Eres un chico obediente”.
Conciencia del capitán Villard (Martin Sheen): “Si yo seguía vivo era porque él quería”.

Un personaje convertido en guionista de su propio destino y el de su comunidad. Supongo que por eso triunfan esa clase de iluminados. Porque pasan de contar historias y prefieren la textura de la realidad para vivir su propio delirio de complacencia y satisfacción. Malos llenos de aristas. Malos que, en algún momento-varios momentos, caen simpáticos. Malos para la identificación. Por ahí funciona la cadena evolutiva de los guionistas. Personajes autosuficientes que transgreden la academia para dictar su propio lugar en el mundo. Buscad. Busquemos.

martes, noviembre 16, 2010

Delfín


Pïel fluyente.
Lenguaje sentimientos.
Ojos salados.

Rasguño


La noche densa.
Intimidad cansancio.
Inflamada luz.

lunes, noviembre 15, 2010

La música, el baile, el ritmo


Sin prisa y sin descanso.
¿A dónde me quieres llevar?
Aconsejaría que te atrevas.

Estamos predestinados a la dispersión.

Tengo sueño.
Estamos cerca.
Los dragones bailan en la pared.

Me encanta tu ceño cuando te

concentras.

Tengo sueño.
Tú y yo a la vista del mundo.

Haz conmigo
haz.

La música, el baile, el ritmo.

sábado, noviembre 13, 2010

Lobo


Tambor instinto.
Velocidad del mundo.
Música de agua.

viernes, noviembre 12, 2010

Memoria de Lucrecia


Caribeña víctima.
Absurdo miedo y odio.
Mujer de cambio.

En, por, para Lucrecia Pérez, víctima de un asesinato racista y xenófobo en 1992, para que su memoria nos recuerde la alegría y el ejemplo que tanta gente nos trae desde fuera.

jueves, noviembre 11, 2010

Esquina favorita


El pianista le transmite la herida a su atmósfera.
Y esquina se pone algo perezosa y complaciente.
Dos deseos por adelantado y las manos rítmicas.

Noches de cuando la sombra es un refugio.

miércoles, noviembre 10, 2010

Estrellas distantes y poemas contra uno mismo


A veces ‘los que miran’ tiene ocasión de sacar su curiosidad a través de una ventana cultural llamada televisión pública. Ya sabemos que la segunda cadena nunca fue muy popular. Probablemente, ahora que la han despojado de los deportes, lo sea menos. Si yo fuera ella, no me preocuparía demasiado por las expectativas de los demás. Por fin, La 2 está siguiendo su vocación con la energía necesaria para desarrollar algo que realmente merezca la pena. Le diría que tenga cuidado con la autocomplacencia del ‘todo es arte’, pero seguramente esa observación sea gratuita porque la piba debe tener más o menos mi edad; puede que alguna castaña más.

Claro que no siempre llegas en el momento adecuado al vientre de una cómplice. Por eso, este mundo nos ofrece ver los programas que nos interesan por Internet. En la web de RTVE puedes encontrar los episodios de un programa con valor propio: Imprescindibles (imperdibles diría mi amigo Ezequiel). En sus primeras aproximaciones he encontrado dos retratos de dos escritores a tener en cuenta (por lo que compusieron y por cómo se comportaron): de un lado, Roberto Bolaño, alias ‘me voy a llevar la literatura por delante’; de otro, Jaime Gil de Biedma, alias ‘el humor me absolverá de mi mismo’.

Ambos escritores compartían su fascinación poética. Bolaño dedicó sus primeros vuelos a esa corriente y luego canalizó su hambre por medio de la prosa. Gil de Biedma tuvo el buen gusto de escribir poco y depurar hasta la excelencia. Sus himnos, como ‘Contra la Juventud’, pueden consultarse en la antología ‘Las Personas del Verbo’, que compendia toda su obra publicada y que es una demostración de buen gusto, contención y sugerencia. Con palabras cinceladas a través de la inteligencia y un oído privilegiado.

Me gustó más el documental de Bolaño. O quizá debería decir que simpaticé más con él. B fue contestatario punk en su juventud. Se cagó en Octavio Fuentes (no es nada personal, Octavio, el influjo todos los grandes precisa siempre de unas gotas de blasfemia) y vagabundeó de allí para allá mientras pensaba (y luchaba por) un mundo mejor. Como (casi) todos los jóvenes expansivos se emborrachó más de la cuenta y viajó por innumerables cuerpos y puede que también territorios.

Cuando joven, en Chile soltaban hostias como deportaciones. Y B prefirió iniciar un viaje vital que le conduciría finalmente a Blanes, un pueblo de la Costa Brava donde la vida tiene un tatuaje de amabilidad en sus gentes y sus mareas. Alí malvivió. Apenas se ganaba vida vendiendo cosas que no caben la imaginación.

En realidad, él no buscaba el favor de la realidad. Lo que quería era cortejar grandes historias. Cuando conoció a su mujer, se presentó como ‘escritor’. Y cuando sus colegas bromeaban con el hecho de que malviviera en la 2-B de la literatura él, simplemente, se encogía de hombros y aventuraba que algún día jugaría en la Champions.

Como el ‘nobelado’ Vargas Llosa (que no duda en glosar las cualidades del contador chileno en la pieza reseñada), Roberto tenía una poderosa autoconfianza fundada en sus castillos de lecturas, su talento y una intuición más allá de la normalidad. Con estos materiales, creó una literatura singular, a prueba de obviedades. Compleja y pegadiza, rítmica y múltiple, donde la realidad aparecía ligeramente intelectualizada para poder recorrerla con la apropiada fantasía y entrega.

He visitado dos libros suyos. El primero, ‘Los detectives salvajes’ como ‘tardouniversitario’. El segundo, un muestrario de relatos literarios y vidas del pueblo. En ambos demuestra elegancia y fantasía, también una capacidad de concreción que sólo se formula después de haber encajado algunos golpes a pie de tierra.

Roberto era un maestro de la sugerencia. Su corazón bombeaba humanidad pero él no se permitía la exhibición; lo conseguía gracias a unas palabras recortadas y pujantes donde dibuja el carácter de la gente con la misma destreza con la que sentencia sobre las cualidades de una buena novela o una criatura a tener en cuenta. Roberto era el que no se rinde. El que enferma. Aquel que sentía orgullo cuando el frío cercaba sus dedos y enfermaba comiéndole los pechos a su madura computadora, mientras recitaba estrellas distantes que luego prestaban su nombre a sus libros.

Gil de Biedma, por su parte, tenía la vida a favor. Un columpio de dinero y respetabilidad social que le dejó tiempo en su infancia para birlarle horrores a la guerra a través de la lectura y la buena vida de una familia burguesa con el corazón repartido entre Barcelona y Castilla. Jaime era un tipo simpático y ocurrente. Gran bebedor y mejor conversador que cuando ingresó en la universidad lo pasó en grande mientras le robaba secretos al mecano literario, en compañía de camaradas veloces como Carlos Barral, Ana M. Moix y, más tarde, gente como José Agustín Goytisolo o Juan Marsé.

Tenía suficientes medios. Abundancia como para que su vida fuera filmada cuando anónimo o como para permitirse el fracaso en su asalto a la vida diplomática. También bendiciones sudor como la entrega en carne y alma al trabajo como secretario de la Tabacalera filipina, oficio que de algún modo heredó de su madre. G parlaba perfectamente el inglés. Era elegante, diletante y despegado. También homosexual en un mundo que censuraba (sospechaba en el mejor de los casos) la diferencia.

Pero por encima de esas etiquetas era un escritor con garra. De esos que ponen la testosterona en los escritos para ponerle espejo al alma y por el camino dan palabras y un relato a los ‘sin consuelo’. Su voz era como un búfalo de agua, enérgica y dúctil. Y esa facilidad para la sugerencia a través de las palabras justas e irónicas le procurará un lugar en el futuro.

Gil de Biedma sobrevivirá como aquel que se pintó en el agua y se perdonó arrogancias con el recurso de la deportividad y el insulto amable. Bolaño viajará por siempre en la memoria de su chica y sus dos hijos a través de relatos de invención y cariño. Retratos de un fotomatón de una playa cualquiera que no se cansa de pensarle como una posibilidad. La posibilidad de qué otra cumbre podría haber cincelado tras 2666.

martes, noviembre 09, 2010

Galáctica: personalidad y tormentos de nuestra especie


Bienvenidos a un futuro poco edificante, donde la humanidad está al borde de la extinción. Nuestra especie a duras penas sobrepasa los cuarenta mil individuos. Esta comunidad ha sobrevivido por puro azar a un holocausto nuclear que ha arrasado el planeta en el que vivíamos. Los responsables de semejante atrocidad no hemos sido exactamente nosotros. Pero sí fuimos los autores de su génesis. En un momento dado, creamos a una serie de humanoides para que nos hicieran el grueso del trabajo.

Tan humanas diseñamos a nuestras criaturas que les conferimos emociones como la conciencia del yo, el resentimiento o la búsqueda implacable del poder. Así las cosas, ahora nos toca poner las naves en polvorosa por medio universo, mientras escapamos de mala manera del acoso de unos robots con apariencia humana que sólo piensan en aniquilarnos. Aún reducidos a los escombros, este viaje nos demostrará que algunas cosas nunca cambian en nosotros: el afán de trascendencia, las tensiones para mantener una armonía en la comunidad o el amor abriendo brechas entre las obligaciones.

En suma, la búsqueda de belleza, verdad y justicia colocadas frente a nuestras pulsiones autodestructivas harán de esta odisea una interesante lectura sobre la personalidad y tormentos que caracterizan a nuestra especie. ¿Cómo llegué hasta esta historia? Gracias a uno de los mejores regalos que he recibido en mi historia de cumpleaños. El detalle corrió a cargo de Davide y Fran. He tardado medio año en recorrer esta experiencia, pero la despaciosidad ha merecido la pena.

Con una serie que te engancha ocurre algo parecido a lo que sucede cuando empiezas a salir con una chica: no sabes como has podido vivir sin ella hasta entonces. Los últimos meses con Galáctica han sido de necesidad. Quería averiguar cosas de esos personajes que habían pasado a ser postes de mi personalidad. Necesitaba sentir a través de ellos. Averiguar detalles de mi limitado mundo a través de sus comportamientos.

Battlestar Galactica (Reimaginada) saltó al ring televisivo en 2003. Su madre era una popular serie también estadounidense de 1978. Pero la nueva versión ha resultado más audaz, más compleja y mucho menos predecible. La nueva Galactica coge algunos hilos argumentales y muchos nombres de la mitología griega, pero le agrega personalidades en conflicto, diálogos llenos de chispazos metafísicos y una profundidad política y psicológica que se enmarca en la edad de oro de este género televisivo.

El tipo que parte el bacalao en el bando de la humanidad es el Comdante Adama. Adama, encarnado por Edward James Olmos (el Teniente Castillo de Miami Vice), es un tipo entregado a las bondades de la ataraxia. O lo que es lo mismo: alguien que controla sus pasiones, equilibra sus emociones y afirma su ánimo a través de una gimnasia mental diaria que le permite gobernar Galactica con pulso firme y por lo general bastante lucidez.

Si tengo que quedarme con sólo un personaje de la odisea, me quedo con éste. Cuando media humanidad está desesperada, hace falta tener mucha templanza, también valentía, para guiar con juicio sereno a tu tribu. Adama pertenece a la estirpe de nuestros abuelos, que preferían reventar por dentro a expresar algún síntoma de debilidad de puertas para afuera. Sea como fuere, el comandante no es inmune a las debilidades humanas: tiene accesos de ira, le gusta el poder más que a un ponsetti una bella latina y tiene una relación más que problemática con su hijo Apolo.

Apolo es quizá el personaje con el que más fácilmente se puede identificar la audiencia media de la serie. Es íntegro, está en conflicto (a medio camino entre el hedonismo y el que busca ‘ponerle corazón’ a las cosas cuando éstas vienen mal dadas) y es valiente. También tiene un amor (casi) imposible que puede llevarle a incinerarse, pero no evita fácilmente la pelea, por lo que todo puede suceder para este espléndido piloto de vippers (algo así como cazas espaciales).

Aunque si hablamos de alguien sobresaliente en el pilotaje, artístico incluso, ésa es la señorita Starbuck, que es algo así como una amazona de las estrellas. Starbuck está hecha con los retales de todas las mujeres fatales y atormentadas que alguna vez se cruzaron en nuestra vida. Es sensual, divertida, irreverente, brillante, caótica y autodestructiva. Una mujer agresiva pero al tiempo vulnerable, que se crece ante las situaciones límite. También es una criatura clarividente, lastrada por su pasado pero vitalista hasta decir carcajada. Un bombón de personaje. Al que no te cansas de intuirla.

También merecen mención propia la presidenta Laura Roslin, algo así como el alter ego femenino de Adama, y el doctor Baltar, un reputado científico, fornicador compulsivo, que se verá en el vértice de buena parte de las intersecciones entre cyborgs y humanos. En el bando de los primeros, también hay modelos con un magnetismo especial. Es el caso de Caprica 7, una despampanante rubia cuyas habilidades seductoras pondrán en el desfiladero de la destrucción al género humano.

Pero mejor no entrar en mayores detalles sobre los personajes; corremos el peligro de desvelar broches clave de la trama. La gracia de este artículo descansa en la formulación de una invitación: echadle un ojo a esta Galactica, la indiferencia no será vuestra respuesta. Quizá os intimide su propuesta tenebrista de inicio, pero a los pocos minutos (tal vez capítulos) lo más probable es que os cautive.

Galactica es esencia de ciencia ficción. Plantea un escenario irreal de nutrientes reales (psicología, sociedad, relaciones personales) que nos ayuda a entender mejor nuestro destino como especie y como individuos. Al final, como bien explica Elisa Puerto, la ciencia ficción es análisis heterodoxo de política. Se emplean tramas aparentemente alejadas de nuestro día a día, para hablar de temas universales como el respeto de los derechos humanos, las fricciones entre poder civil y militar o los desafíos que implica articular una comunidad cuando los recursos escasean.

Factores que de una u otro manera nos resultan familiares. Hay también lugar para las paradojas y un sutil sentido del humor, también de la indagación, cuando se abordan de manera velada asuntos como la religión o la ocupación (y sometimiento) de territorios y poblaciones ajenas, lo que en el caso de Galactica, por el periodo en el que se facturó la serie, resulta una alusión clara a la invasión que EEUU hizo de Irak.

Reflexiones también en clave antropológica. En ese sentido, la ciencia ficción es el caldo de cultivo más propicio para proyectar una mirada llena de perplejidad ante las maneras laberínticas que muchas veces empleamos para relacionarnos y organizarnos. También para definir nuestro destino como comunidad, con esa constante batalla que la gente que lidera nuestros pueblos debe establecer entre lo actual y lo que vendrá.

Por el camino, una preferencia: contemplad la serie en versión original. Mejoraréis, reforzaréis vuestro conocimiento la lengua llave de este mundo y de paso apreciaréis más matices de unos personajes inflamados, que cómo suele suceder con el común de los intérpretes yankees, tienen un timbre de voz hipnótico.
Cavernoso. Como el mismo dilema humano.

lunes, noviembre 08, 2010

Serenidad y movimiento



A principios del mes de junio de este 2010 tuvo lugar la boda entre Raquel&Sergio. El enlace fue una dedicatoria a la elegancia y la emotividad. Una condensación de las mejores emociones tuvo lugar cuando tomó la palabra uno de los abuelos de Sergio. Su discurso, rimado y creciente, hablaba de conceptos como el respeto y la constancia. Invitaba a los novios a no emplear el orgullo como refugio vital y a vivir cada día como un regalo donde la conciencia, el trabajo y la alegría fueran los ejes. Contemplar su dignidad para transportar el antiguo cuerpo y percibir la emoción de sus depuradas palabras fue una inspiración cuya textura contagió la cena y el baile posterior.

La emotividad estaba cincelada conforme al carácter de la pareja homenajeada. Comenzaré hablando de Sergio, viejo amigo del instituto. Sergio ingresó en mi colegio cuando éste se había metamorfoseado en instituto (algunos tuvimos la suerte de trazar de forma continuada el recorrido de primero de EGB a COU por obra y gracia de la configuración de nuestro centro educativo). Desde el principio, S me pareció un tipo simpático. Excelente conversador y con esa cualidad que delata a los que viven con fiebre vital: mucha curiosidad y capacidad de asombro.

Recuerdo con cariño aquellas primeras conversaciones en las convivencias que teníamos la gente que estábamos emprendiendo el camino de la confirmación (como católicos pensaba entonces, como cristiano prefiero señalar ahora). Sergio quería un mapa del poder, también de la amistad y la belleza, con la que funcionaba nuestro curso. Rulo y yo le introducimos lo mejor que supimos; por el camino, empezamos a forjar una camaradería de roble.

Transcurrió el tiempo y compartimos algunos hitos importantes en nuestra biografía. S, dos o tres amigos más y este que consigna inauguramos nuestro viaje nocturno, con unos primeros vuelos rasantes en los Bajos de Arguelles. Nunca olvidaré el sabor incitante de un mini de kalimocho que se mezclaba de colores con las miradas huidizas de aquellas chicas con las que tanta timidez nos daba conversar miradas. Tampoco las bromas que compartíamos en el sentimiento pionero de robarle mediocridad a las semanas de estudio y tedio.

Hacíamos cosas que nos conectaban con la noche y nuestra alegría: partidos al futbolín, saltos que ponían a prueba la energía de los Offspring y fotografías mentales de guapas inaugurales que tenían la romántica costumbre de vestirse de blanco. Ya sabéis, inocencia, deslumbramiento, idealización. También la irreverencia de quien está empezando. Como cuando el tío Alex se inventó como portero de un garito y las bellas incautas le entregaron, una por una, su documento nacional de identidad, que nuestro creativo gamberro aprovechaba para escanear a las principiantes con una prometedora mezcla de complicidad y juego.

Hubo también primeros viajes de aprendizaje, nieve y noches. De esquí durante la jornada diurna (donde S se manejaba con notable pericia). De noches no autorizadas en las que a los dos nos gustaba aquella enigmática grunchera del curso anterior.

O como cuando Charlie y yo no podíamos evitar estallar de risa (perdona amigo) por las expresividades de nuestro entregado colega cuando jugaba al futbolín. O cuando veíamos el fútbol…Donde, por cierto, no había consenso. Pero así es mi colega, simpatizante de los momentos cumbre de la vida. Indio irredento. Consciente de las cantidades industriales de repetición en el vencimiento que contiene una existencia cualquiera.

Pero también romántico y sabio como para celebrar las esporádicas grandes alegrías de este viaje (de su equipo, prolongación orgullosa de la común de las existencias) con toda la entrega y diversión que merece el evento (Neptuno temió por la integridad de su barba cuando mi viejo camarada estaba encaramado en su lomo, celebrando esta primavera esa Europa Leage que el Atlético le ganó con justicia, 2-1, al Fulham).

Pasaron los años universitarios como quien vive en el trópico. Pero S y yo mantuvimos un hilo irrompible de amistad, que nos llevó por ejemplo a seguir emborrachándonos y disparatando cuando la fiesta nos hermanaba. Siempre me hizo la gracia la risa de Sergio.

El tío ve broma donde el resto ven curso inexcusable de naturaleza. La sonrisa de mi camarada, por ejemplo, de cuando nos encontramos un día en Alonso y yo estaba con una recién incauta me hizo darme cuenta de las posibilidades de un salón que entonces no conocía.

Así podríamos seguir numerando anécdotas. Pero lo importante es que por el camino S ha conservado su risa y su asombro y les ha agregado buenas dosis de conciencia y aguante. Conciencia de las cosas realmente importantes. Conciencia, por ejemplo, del valor sagrado de unos principios para conducirse por esta vida.

También aguante, llámalo fortaleza, para soportar las tentaciones del camino fácil en el trabajo y comportarse como un tipo íntegro. Estamos hablando de un dedicado industrial que, a base de gastar nuestras modernas luces de ya no petróleo conoce, maneja y mejora las mañanas como consultor; o lo que es lo mismo, que se ha convertido en un master de los secretos de la negociación y la eficiencia en los procesos de una empresa. Por el camino, punto crucial de esta historia, Sergio tuvo una revelación. Envuelta en la niebla de la discoteca palacio encontró a Raquel.

Raquel es una extraordinaria conversadora. Paciente, muy trabajadora y llena de sentido común. También divertida. Las veladas que hemos compartido me han transmitido una impresión de cabalidad y serenidad poco frecuente. Pasar un rato con ella y Sergio es envolverte en ‘lo agradable de vivir’. R ahora está trabajando duro en Barcelona para labrarse un porvenir próspero en Madrid junto a su marido…

Ya veréis como todo va a salir bien, chicos. Vuestra calidad personal, paciencia y esfuerzo lo merecen. Irradiáis alegría y templanza, algo así como serenidad y movimiento. Cualidades que componen este retrato que os tomaron en pleno corazón de la fiesta de vuestro enlace. Ahora que se cumplen los cinco meses del mismo, aquí va mi homenaje de celebración y agradecimiento del mismo.

Disfruten del viaje.

domingo, noviembre 07, 2010

Ancianidad


Conciencia del fin.
Rezadora se aferra a él.
Él puede ser un joven, un Dios, un cuarto a oscuras.

Necesidad de descanso.
Necesidad de atención.
Necesidad de sentido.

La bahía está temblando de cambio.

alma


Cuerpos de música.
Horizonte en la mirada.
Despacio.

jueves, noviembre 04, 2010

Príncipe de las tormentas


Príncipe siempre intuyó que algo especial pasaba en torno a sí. Pero pasaba de darle muchas vueltas al asunto. Simplemente, peleaba por pasar un buen rato. Un día era jugando al fútbol. Otro, flirteando con sus compañeras de clase. Había tiempo también para balancear su cabeza expansiva en algunos pedazos afilados de literatura.

Sus momentos de complicidad, hablamos de adolescencia, lo conducían invariablemente a su grupo de amigos. Un grupo con el que pasarlo bien. Algo mejor, una manada con la que sentirse fuerte. Una camada con la que las mejores juergas podían aparecer en cualquier momento. Y, por encima de todo, una colección de cómplices con los que las risas, la confianza y la aventura estaban garantizadas.

Dice príncipe que la primera vez que nos conocimos le miraba con cara rara. Dando por bueno el diagnóstico, es seguro que esa cara de pocos amigos no se debía a su presencia. Por aquel tiempo, tenía demasiadas cosas en la cabeza. No digo que el problema se haya resuelto con el discurso de los años. Pero al menos ahora disimulo mejor.

Mi amistad con P se fraguó en innumerables viajes a Miraflores, una localidad del norte de Madrid en cuya radio cometieron la imprudencia de dar el mando de sus programas de deportes a un puñado de joveznos universitarios, comandados por el tío Charlie. P era compañero de CH en la Facultad de Periodismo CEU y desde el principio fue pintado por mi viejo amigo como un tipo fuera de lo ordinario.

Puestos a hacer guasa, podría afirmar que normal no era ni la cantidad de gomina que empleaba para domeñar su irreverente melena ni las bellas mujeres con las que le alternaba en las primeras noches de botellón que compartimos. Tampoco era muy normal su afición por las poses de tipo atormentado y pegadizo, una suerte de River Phoenix en versión amable de las calles madrileñas.

Ese personaje, tan cautivante como generador de envidias, le valió un día el apelativo de “grunchero de postal” de parte de un desconsolado compañero de facultad. Desconsolado porque no podía soportar la popularidad de nuestro retratado. Sea como fuere, el secreto de ese éxito social y ese aura de enigmático descansaba precisamente en que P pasaba de esa receta tan común en todas las edades de “ganas de caer bien”.

P era un buen tipo, pero pasaba de exhibir sus credenciales con un molde convencional. Ya desde muy joven, tenía conciencia de su singularidad y cultivaba su diferencia con cantidades demenciales de literatura, música, cine y…Viajes. Si algo le gustaba a P era jugar. Recuerdo un garito de los entonces espumosos Bajos de Arguelles donde nuestro protagonista se sentía feliz y motivado.

En aquel tugurio los minis de calimocho tenían un precio democrático. Sonaban con frecuencia Los Héroes del Silencio (después serían Los Planetas y a día de hoy grupos como Belle & Sebastian) y solían abrevar un par de dulcineas que personificaban la dualidad de gustos de este buscador. De un lado, una chica rubia, bella como una Christina Rosenvinge y etérea como una criatura de Dante. Que jugaba al sí pero no. De otro, una morena juguetona, que se dejaba querer con una fórmula de sí pero sí.


Al final, no pasó nada con ninguna de las dos. En el caso de la morena, mi amigo respetó que le molaba mucho a un colega suyo. En el de la rubia, me resulta difícil recordar qué pasó exactamente. Quizá ya tenía novio. Tal vez simplemente le gustaba otro muchacho.

Sea como fuere, esa atonía era la versión menos frecuente en la vida de este trepamuros nocturno. P también podría ser definido como Mister Feromonas. En mi vida he visto un imán semejante para atraer el interés de las mujeres: camareras que le invitaban a una copa, desconocidas escándalo que jugaban a tirarle la caña con la convicción de que el pez merecía ser pescado, criaturas misteriosas que se desnudaban sentimentalmente en la primera conversación…

Como buen epicúreo, P tiene algunas historias delirantes que recordar. Me precio de haber compartido unas cuantas con él. Si me preguntan el secreto de su éxito vital, no sólo mujeriego, diría lo mismo: cuestión de actitud. Pocas veces he conocido a alguien con una personalidad tan definida y con un abanico de intereses vitales tan diversos.

Pongo un ejemplo reciente para ilustrar de lo que hablo. Los dos últimos veranos, P ha viajado en compañía de su alma paraíso, Natalia, a Guatemala y Nepal para realizar voluntariado. De acuerdo, por el camino ha descubierto territorios y comunidades fascinantes. Pero por encima de esa inquietud de antropólogos espontáneos se ha impuesto la humanidad de mi amigo y su novia. Su enorme corazón.

En ambas experiencias han acompañado a chavales con muy pocos recursos. Han jugado con ellos a través del lenguaje universal de la broma. Han enriquecido y se han enriquecido con esa moneda de cambio tantas veces ignorada: desinterés afectivo. Un lujo que gente a la que se lo comento estos días envidian (nadie es perfecto) en voz alta.

Llegados a este punto, es justo y necesario hablar de Natalia. N es guapa como esa actriz recién llegada a millones de hogares una noche de lunes. Guapa y elegante. Es discreta, divertida y generosa. P encontró a N detrás de una barra. Y el flechazo fue instantáneo, con velocidad de ida y vuelta. Fue de este modo como la Gwyneth Paltrow de la acera de los gatos se colocó en el centro de la vida de nuestra protagonista.

El mejor resumen que puedo hacer de su irrupción en la existencia de mi amigo es que desde entonces Príncipe ha ido perdiendo sus tormentas. Sus ansiedades de hombre en traslación se han ido diluyendo en la serenidad que confiere haber encontrado tu lugar en el mundo.

Como dijo Juan Bonilla (uno de los primeros de autores de cabecera de P, cuyos cuentos-y algunos de sus poemas- son brillantes edificaciones), la patria es ese lugar en el que fundas tu alegría. Natalia es la patria de Paco. Y es una patria con la que es muy fácil simpatizar y sentirse cómodo. Así pues, viva la península Natap.

No le quedan muchas líneas a este pergamino. Así que iremos al turrón: Muchas felicidades Sir Paco. Felicidades por esas flamantes 32 castañas. Felicidades por tu trabajo de escribano cualificado en el Diario Marca, en el Plus, en el Mundo. Felicidades por los principios y la imaginación. Felicidades por esa familia que te contagió una manera recta y generosa de entender la existencia. Felicidades por tu alegría. También por esos gruñidos de hombre ajeno a lo ritual con los que la disimulas. Felicidades por esa unión con Natalia, siempre en perfecta reinvención de los días.

Tres imágenes de postre.

Un caserío en León. La generosidad de tus padres con el forastero. Contagio de lecturas. El olor de la bahía gallega. Un abundante plato de berberechos en Sansenxo. Las risas y el disparate. Los enfados por el sueño del poeta dormilón. Un millón de copas en la madrugada. Sentimentalismo de exploradores. La epifanía. Aquel bombón con acento.

Aquella chica rubia. El apartamento lleno de explosiones de luz.

La playa de Lanzada. Horas fuera de brújula. Una sensación de lentitud y posibilidades.

Y, por encima de todo, la amistad. Amistad es cuando tu amigo se lía a pegarle hostias a tus primeros escritos, criticando su vena fantasiosa y la falta de rigor o lecturas que arrastran. Y te jode y te picas y…Cambias de registros simplemente por llevarle la contraria. Amistad es cuando te regalan ‘Las Flores del Mal’ cuando todavía no tienes veinte. O cuando te invitan a un concierto de ‘La buena vida.’

Amistad es cuando no tienes un pavo y tu colega se lía a retirar copas como una prolongación de la noche. Siempre con elegancia y asombro por todo lo que está sucediendo o podría suceder alrededor.

Amistad es cuando tu colega te devuelve a casa en un buga más mamado de la cuenta. Amistad es cuando tu colega te da ideas para salir de tu atolladero profesional. Amistad es cuando P te cuenta experiencias y situaciones dolorosas pero que también conectan. Amistad es cuando, sin pretenderlo, Príncipe te enseña el arte del flirteo. Amistad es cuando tu viejo camarada te presenta a tu mujer musa y no se enfada (al menos no más de la chanza) cuando partes rumbo al palacio de ella.

Amistad es cuando cualquier camiseta se presta para montar la broma y ríes sin pensarlo. Amistad es cuando tienes a un colega con el que compartir el hambre vital. Amistad es ese amigo que te guía en nuevos gustos musicales. Amistad es cuando P fuerza el protocolo de libranzas para ver recitar a su viejo amigo. Amistad es la fidelidad de un colega que nuca falla a la fiesta de tu cumpleaños.

Gracias por todo, compañero. Ojalá tres veces 32 en el cómputo global de este viaje.
Por bromas, curiosidad y canciones no va a quedar.

miércoles, noviembre 03, 2010

Armado con una guitarra


Carisma sin molde.
Música de impulso y barro.
Desnudos sentimentales.

La rabia de una generación.
Cenas que sólo se beben.
Mujeres con teatro espejo.

El oleaje de los cambios.
La vida en una camioneta.
El orgullo de la vibravida.

Conciencia de la postración.
Alegría en el sabor cotidiano.

El emblema de muchos sueños.

martes, noviembre 02, 2010

Mapa despierto


Superficie de límites.
Ángeles sin prisa.
Calle de búsquedas.

La intermitente melancolía
te recordará el camino.

lunes, noviembre 01, 2010

Vitoria


Sabores privilegiados
encienden la noche
mientras te entra un ataque de niebla;
nostalgia de una vida que no encontrarás.

También elegancia para todos.
Y una ciudad decididamente bosque.
Catedral de personas que no insultan su destino.

Entretanto,
la amistad se abre paso con la discreción de
unas sonrisas
colocadas al lado del milagro.

viernes, octubre 29, 2010

Desafío y juego


Bienvenido.
Bienhallado.
Bien siempre, pequeño.

Ya desde el principio,
se ve claro que eres un Antonius:
“aquel digno de alabanza y estima”.

Bonita manera de reverenciar el legado de los
tres Antonio fundadores que antes te precedieron.
Tu abuelo también te acaricia con la mirada y el orgullo.

Los ojos de luz y panorámica para ver lo que viene.
La mano con aventura para vibrar y visitar desde ya.
El gorrito para darle calabazas a las tormentas que esperan.

Y la lengua como sinónimo de tu carácter de hombre futuro.
Un poco de irreverencia para darle un susto a los que fastidian.
También juego para timbrar a todas las ‘enfermeras’ que te esperan.

Lo mejor está por llegar, pequeño. Y tienes todo derecho a heredar muchas cosas.
Heredarás por ejemplo la curiosidad y el buen humor y el gran corazón de tu madre.
Heredarás por ejemplo la fortaleza y los principios y el heroísmo cercano de tu padre.

Buen vuelo, pequeño.

(Para Antoñito, recién llegado, que tantos buenos momentos va dar a María&Chiki y a sus amigos)

jueves, octubre 28, 2010

Ser guionista, ser sugerente; la importancia de inducir en una historia


La segunda clase a cargo de Elisa Puerto en La Piscifactoría tuvo como eje inicial la revisión del primer ejercicio que nos había propuesto. La idea era describir en cinco líneas un momento de indiscreción. Y relatarlo en primera persona. Primero en prosa de toda la vida y luego plasmar la situación en el terreno visual. Por el camino, encontré una vieja vía para disolver el bloqueo creativo: pedirle a una amiga que rebusque en su memoria y filmar con palabras su anécdota más divertida y comprometida.

No voy a aburriros con los pormenores de mi primer fracaso. Pero sí os contaré algunas de las cosas que aprendí. Primero, de mis compañeros. A dibujar las emociones a través de lo concreto: un objeto, una mirada. En el cine lo mejor es no interpretar. Basta con acotar la vida con sus expresiones y situaciones. Tan sencillo, tan complicado.

El mejor resumen de esta lección lo condensó Elisa: “si una escena parece que va de lo que va y va de lo que va, fallo gordo. Estamos tratando a los espectadores como estúpidos y más pronto que tarde, de un modo casi inconsciente, ellos se desconectarán de lo que les estamos contando”. Dicho de otra forma: “La clave para evaluar si una escena merece la pena es valorar el subtexto (lo que sucede debajo de lo que aparentemente está sucediendo, lo que no aparece en el diálogo). Si una escena aparenta ir en una dirección pero en realidad se está fraguando en otra, ahí empezamos a obtener un principio de éxito en nuestro propósito de atrapar el interés del espectador”.

Llegados a este punto, debo incidir en lo que ya os advertí el otro día. Esta prosa nunca llegará a las rodillas de la lucidez y encanto de las enseñanzas de Elisa. Pero un buen escribano ya sabe que sus palabras a duras penas captan el fulgor y desgarro de la vida. Y no por eso cesa en su intento de cartografiar el mundo…En línea con lo ya comentado, E nos explicó que un buen guionista nunca lo da todo masticado.

En esa dinámica, se inscribe el concepto de prop (objeto con carga dramática). En algún momento de la trama, introduciremos éste (acción conocida en el gremio como “planting”), y más adelante le conferiremos sentido, cerraremos el círculo (lo ‘retribuiremos’ en palabras de nuestra sherpa), lo que expresado en la jerga cinematográfica es un ‘pay off’. Explicado con un ejemplo rudimentario (corre de mi cuenta), en una película de asesinos en serie, contemplamos a la que parece una dulce ama de casa limpiando un cuchillo talla XXL (el cuchillo es el prop y la situación un planting).

Cuarenta y cinco minutos más adelante del metraje, cuando la historia ha entrado en una dinámica enloquecida, esa misma ama de casa se carga a una amiga (de manera que ‘cerramos el círculo’ del prop con un pay off’). Tu misión como guionista, amigo lector, consiste en plantear una pregunta tras otra, un conflicto tras otro para mantener encendido el interés del espectador. La idea es que “nunca tiene que haber un aspecto hueco en vuestro relato”.

Llegados a este punto, surge un viejo dilema metafísico en el arte de contar historias en una pantalla grande. ¿Hasta qué punto no debe mi historia contener ‘la vida real’? ¿Hasta qué punto no estás legitimado para imitar a la vida e introducir momentos de tedio en tu relato cinematográfico?

Si la pregunta la respondiese Jerry Bruckheimer (productor especializado en reventar las taquillas con productos como ‘Prince of Persia’, ‘Piratas del Caribe’, o la televisiva ‘CSI’ por mencionar sólo algunas de sus criaturas más sobresalientes) nos diría algo así como: “iros a tomar viento fresco. La gente no va al cine para que les contéis vuestras neuras o conflictos. Tampoco los de la gente que lo tiene peor. El público, simplemente, quiere pasar un buen rato en el cine. Quiere subirse en una montaña rusa de entretenimiento y aventura, mientras trepida con una acción que le deja hipnotizado y le aleja durante hora y media de las limitaciones de su mundo cotidiano”.

Por el contrario, si la respuesta procediera de algunos de los ‘popes’ de la Nouvelle Vague, gente como Truffaut, Godard o Rohmer, éstos apostarían porque de vez en cuando el arte imite a la vida, la deforme, la lentifique, la descuadre, la haga más interesante, la excite…

A fin de cuentas, uno piensa que un poco de imaginación siempre nos ayudará mirar con más perspectiva los tiempos muertos y el sentido que éstos pueden aportar a nuestra existencia. En ese sentido, funciona ‘Atrapado en el Tiempo’, esa odisea de la repetición que vale como comedia, drama y viaje iniciático. Difícil no estar de acuerdo con la valoración que sobre esta cinta ofrece
el señor Boyero: “espléndida, compleja y subvalorada”.

Por el camino de estas divagaciones, surgieron nuevos términos técnicos que precisaban de una aclaración; ‘zoom in’ equivale a cerrar el foco sobre uno de los actores, objetos, paisajes de una película. Es decir: enfocar. ¿’Zoom out’? Abrir el campo visual; el foco.

En el cine, como en la vida, hay gente que apuesta a fuego por la acción, el ritmo incesante del “hazlo”. En la vida, como en el cine, hay gente que prefiere una manera melodramática de sentir y explicar las cosas. Entre ambas corrientes, siempre emerge el impacto de las obras maestras, películas que triunfan en todas las latitudes del planeta.

Películas-saga como ‘El Padrino’. Quizá algún día me anime a escribir sobre ella. Entretanto, conviene consultar el pulso certero con el que la describe oráculo Davide. Al sacar la película a colación, E la definió como “sensación de cine noble”, de esos que provocan, o pueden provocar, una catarsis vital en la gente que se acerca a verlo. También nos habló un poco de Sir Francis Ford Coppola, uno de los creadores de la cubana escuela de cine donde ella adquirió parte de los conocimientos que hoy día imparte.

Mujer Sherpa habló de Coppola como ese personaje que ya intuimos: socarrón, divertido y alegre. Alguien también afectuoso a la italiana; encantado de repartir abrazos y cariñosas provocaciones.

Con el repaso del primer ejercicio, E también nos transmitió un sencillo esquema de trabajo que nos podría dar mucho orden en el futuro. “Escribe con párrafos esbeltos, son el ritmo de tu narración”. Al tiempo, estructuró el andamiaje de nuestras descripciones: estancia, personaje, acción. Espacios, ritmo…

También nos explicó que ha cambiado bastante el modus operandi en el que se mueve un guionista. En los años 30, las productoras compraban un guión o era el propio guionista el que se las vendía a ellas. Hoy las cosas funcionan de un modo mucho más ‘manufacturero’ y mediocre si pensamos en la ‘industria oficial’.

En opinión de E, la clave de éxito de una película se fragua en la coordinación y confluencia del trabajo entre sus tres principales hacedores: guionista, director y productor. En esa línea, considera que infinidad de imprevistos del rodaje quedarían mejor solventados si se llevara al guionista ‘ a pie de obra’; puesto que éste es el que conoce en profundidad el arco emocional de los personajes y el que puede dar una solución más apropiada a según qué escenas para que éstas guarden coherencia con la estructura del relato.

Hablamos también de la importancia que tiene el sonido en un relato audiovisual; una fuerza viva de lo que estamos contando. Más que en grandes alardes sonoros, estamos pensando en esos chasquidos que delatan actitudes y adelantan situaciones.

La siguiente parte de la clase la pasé en fuera de juego. Con la vergüenza que da estar out of game por dejadez. No había visto ‘El Gran Lebowski’. La idea consistía en que teníamos que haberla ‘visitado’ durante la semana para luego comentarla en clase. Es cierto que la había visto con algún chacho tiempo atrás. Pero tengo memoria de pez cuando se trata de recuperar detalles de la mayoría de las películas que ya he visto.

El Gran Lewboski dibuja un antihéroe con el que la mayoría de nuestra generación compartiría de buena gana unas cuantas bromas y cervezas. Un vago que viste algo parecido a un pijama. Que se droga. Pasota. Un hombre que simplemente quiere estar tranquilo. El novio perfecto para que una chica alegre el día a su hermano adolescente. El deseo de ‘El Nota’ (Jeff Bridges) es estar tranquilo. Su necesidad, recuperar su nombre (su vida) para poder volver a tomárselo con calma.

El deseo de su sancho panza de acción, John Goodman: volver a las intensidades de la guerra, que va buscando en cualquier conflicto que aparezca en su monótona vida. Su necesidad: dejar atrás el pasado. Lo que desea por un lado, lo que de verdad necesita como individuo en proceso de evolución, por otro. Todos tenemos una necesidad. También un deseo. Por lo menos. Y sobre esos ejes tenemos que edificar nuestras existencias. Quizá, si nos paramos a pensar en ello, podamos ‘interpretar’ mejor el papel que nos ha tocado en esta tragicomedia.

“Todo es un despropósito” es el mensaje que encubre este disparate de película, que parodia las historias del cine negro en las que Humprey Bogart era el rey. En cierto modo, recogiendo la lectura que hizo mi compañero Carlos, podríamos decir que la premisa temática de la película haría bueno el viejo adagio formulado por Guiseppe Tomasi, príncipe de Lampedussa: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

A partir de esta película, hubo pie para hablar de las claves del género de la comedia y de los rasgos generales que definen a un antihéroe. Las claves del humor, motor de toda comedia que se precie de serlo, descansan en estas características:

-Contradicción (lo que se dice, lo que se hace)
-Contraste (cuánto más acentuado, mejor, ejemplo: El gordo y el flaco).
-Corte brusco con lo esperado. Ruptura de la lógica (Aquella mítica frase del Señor Lobo tras el post lavado del ‘coche fiambre’ en Pulp Fiction: “Caballeros -tono educado, respetuoso-, no nos chupemos todavía las pollas" -tono soez, directo-. La mezcla de tonos crea un momento divertido y caracteriza el carisma del personaje, capaz de manejar diferentes códigos y capaz de hacerlo con retranca.
-Banalización de los hechos más importantes (‘La vida de Brian, de los Monthy Python, parodia de la vida de Jesucristo)
-Los equívocos (pensad en los enredos-malentendidos de las comedias del señor Allen)
- También se puede dar del contraste entre voces: lo que sabes tú, lo que sabe el tipo al que estás viendo…

Asimismo, se trazó un acercamiento al antihéroe. Un arquetipo escurridizo, con rasgos difíciles de perfilar. Por suerte, E arrojó algo de luz sobre el tema. Un antihéroe tiene la mochila cargada de cobardías. Somatiza sus miedos. Huye de las situaciones comprometidas de la vida por regla general. Es también un tipo inmaduro: un niño grande enjaulado en el cuerpo de un adulto, con presiones cotidianas que le superan.

El anti-héroe es incapaz de cambiar su suerte, de evolucionar como persona. En el mejor de los casos, no le interesa afrontar esta evolución.

El antihéroe no toma decisiones. No espabila a tiempo. Es alguien con conflictos internos que no acierta a solventar. También se puede definir a un antihéroe por lo que no es. No es por ejemplo alguien que sufre por un trauma. Alguien cuyo torpe o siniestro comportamiento se explique por un padecimiento. Alguien como ‘El Joker’ de Batman, que es el antagonista del héroe; algo así como un héroe del lado oscuro (tiene guasa la descripción si uno piensa que estamos hablando del antagonista de Batman, uno de los héroes más sombríos de la historia de la imaginación).

Cerramos este capítulo con una frase que induce. Una sugerencia que podría valer como título para un poema: “Postura de héroe”. Ante una circunstancia concreta y adversa, todos necesitamos una de esas posturas antes o después en nuestro recorrido vital.

La esencia de cualquier personaje es la de tomar decisiones.

miércoles, octubre 27, 2010

Gran Canaria


Vestida de verano en octubre.
La estrella novia se pone atenta
y baña de gratitud a los que viven
(viento).

Mientras
agua
es
jungla
en
lo
azul.

martes, octubre 26, 2010

Pau Gasol y la importancia de la evolución


Ha pasado ya más de medio año desde que mi colega Álex y yo pusiéramos en órbita una aventura llamada Fiebre Baloncesto. Por decirlo con nuestras propias palabras, se trata de una aventura que pivota sobre tres ejes: imaginación, humor y reflexión. Una cancha alternativa de análisis de baloncesto.

Tras unos meses de rodaje, estamos entrando en una nueva fase de impulso a la página. Dentro de ese marco, me animo a pediros que le echéis un ojo a la web. Si os gusta, podéis haceros fan de la misma en facebook. De ese modo, tendréis disponibles todas las actualizaciones que vayamos haciendo de la página.

El caso es que está a punto de despegar la temporada regular de la NBA y se me ha ocurrido que este artículo sobre Pau Gasol que os dejo un poco más abajo puede funcionar como puerta de entrada a Fiebre. Lo escribí cuando el hermano mayor de la saga conquistó su segundo anillo (título) de la NBA. No demasiada gente en su vida pone la energía y trabajo necesarios para experimentar varias evoluciones en su persona hasta lograr la conquista de unos sueños que años atrás parecían vida ficción. Por eso nos cae bien el señor Gasol. Porque corteja sus sueños.

Porque no se rinde a la primera. Porque siempre está buscando nuevos desafíos. Y los persigue con una rara mezcla de determinación, paciencia, sentido común…Y calidad humana.

Clica aquí para leer el artículo sobre Pau Gasol.

lunes, octubre 25, 2010

Masdar


Ciudad con gancho.
Rendiros, gente fósil.
Sentir la tierra.

viernes, octubre 22, 2010

La lectora


Se rasca las páginas
como quien encuentra alivio.

Su cuerpo es una geometría
a favor de la concentración.

Seduce al silencio
con la diversidad de sus abiertas
(preferencias).

Separa lo importante de lo esencial
con su mirada regalo de parpadeo.

miércoles, octubre 20, 2010

Aprendizajes para todos


Esta bitácora está pidiendo una evolución. Y no seré yo quien se la niegue. Uno de los alicientes de esta temporada es el taller de guión que estoy cursando en la Piscifactoría, un vivero de actividades creativas gestionadas por el maestro Escarpa. El taller corre a cargo de Elisa Puerto, guionista en trance, transportista de conocimientos y una profesora con un criterio propio con la que pronto intuyes que destripar las claves de un guión te puede desvelar algunas paradojas de tu propia existencia.

Inspirado por la futura máxima de leer y aprended todos de ella, a partir de esta semana plasmaré los conocimientos e información que vaya adquiriendo en los talleres de Elisa. La esencia de estas reflexiones se nutre del magisterio y lecturas de Puerto. Si aprendéis algo de mis balbuceos para traducir su conocimiento, deberéis mantener la correspondencia con ella, cartógrafa delicada de emociones visuales. Esta serie de artículos pues será una forma de reverenciar su método y ordenar las ideas que ella va depositando en nuestras cabecitas con cada nueva sesión.

Despegamos esta senda con el repaso de la primera clase. En toda primera lección que se precie, acaba surgiendo una interesante colección de sugerencias densas y (a menudo) pertinentes llamada bibliografía. El taller de Elisa no es una excepción. En la primera clase nos habló de los siguientes libros como manuales de obligada referencia:

-‘El Guión: sustancia, estructura, estilo y principios de la escritura de guiones de Robert McKee
-‘El Punto G del Guión Cinematográfico’ de Miguel Machalski.
-‘Creación de Personajes Cinematográficos’, de Raúl Serrano
- ‘La construcción de los diálogos y su función en la narrativa cinematográfica’.
Javier Rodríguez de Fonseca.
-‘El héroe de las mil caras’, de Joseph Campbell

La buena noticia de estar en un taller de guión es que no sólo trabaja el departamento abstracto e imaginativo de tu cerebro. Es decir, que también hay lugar para relajarse con una droga llamada cine, que nuestra mentora resumió en las siguientes películas, de obligada visión para los alumnos de su taller de Guión Avanzado (I):

-‘Azul’ de Krzysztof Kieslowski
-‘El piano’ de Jane Campion
-‘Deadringers’ de David Cronenberg.
-‘Deseando amar’ de Wong Kar-Wai
-‘Las diabólicas’ de Clouzot
-‘Match Point’ de Woody Allen
-‘El quimérico inquilino’ de Roman Polanski
-‘El Gran Lebowski’ de los Hermanos Cohen.

La idea de ‘El viaje del héroe’, formulada por Joseph Campbell, se convirtió en el eje de nuestra primera clase. Los más curiosos ya habréis clicado en los 12 puntos básicos que conforman este molde analítico que compendia la estructura narrativa de los grandes relatos orales, literarios y cinematográficos de la historia de nuestra especie. Al final, estamos hablando de la estructura de cualquier historia bien contada, en la que se plasma el tránsito de niño a adulto que debe afrontar el protagonista del relato.

Asimismo, en esta primera sesión abordamos varios conceptos que sospecho serán recurrentes en las próximas lecciones. Por ejemplo, la figura del aliado mayor del protagonista, que quiere y necesita lo mismo que éste. Y que se define por complementarle. Normalmente, el protagonista lleva la acción de la historia y su aliado lo completa con su conciencia. Nada nuevo bajo el sol. Estamos hablando de El Quijote y Sancho. Holmes y Watson. Batman y su mayordomo Alfred. En esa línea, Elisa nos explicó que los aliados funcionan también como mentores; el paradigma ya sabéis que es ese ‘Pepito Grillo’ que tantos tormentos y decencia sigue repartiendo por el mundo.

También hubo ocasión de abordar algunos arquetipos en la inmemorial tarea de fabricar historias para todos los públicos. Una labor en la que inevitablemente se han edificado infinidad de lugares comunes en los personajes. Uno de los más recurrentes es aquel que dibuja a la mujer rubia como princesa (objeto a rescatar) y como símbolo de pureza y virginidad. Afortunadamente, siempre ha habido rubias singulares, pienso en Marylim o Scarlett, que le han introducido al tópico las dosis suficientes de picante como para apreciar en las blonde woman de este mundo el reverso de experiencia y tentación que actualiza y pone interesante aquel ideal que anhelaban nuestros tatarabuelos.

Eso sí, si hablamos de personajes, existe un dualismo que mueve el alma de los actores de cualquier narración. Por un lado, el deseo, que es la búsqueda consciente del personaje. Por otro, la necesidad, que es la motivación interna inconsciente que guía sus acciones. Pongamos algunos ejemplos para comprender mejor este dualismo. El deseo de Rose, la protagonista de Titanic encarnada por Kate Winslet, es escapar. Su necesidad, encontrar su propio camino.

El deseo de Clarice Starling, la heroína de ‘El Silencio de los Corderos’ es atrapar al asesino en serie que galvaniza el primer caso que le toca resolver. Su necesidad: emprender ese viaje interior que le lleve a acallar los corderos de su infancia-adolescencia, es decir encontrar la llave de paso que resuelva el trauma que la inició en su carrera policial.

Al final, se trata de encontrar nuestra pasión; es decir, la esencia que nos hace estar vivos, que nos conecta con nuestra existencia. En esa dinámica, cada uno de nosotros tenemos nuestra madeja de obsesiones, que nos definen por su presencia o por su fantasma. Alguien habló del incesto como premisa recurrente de sus historias. Y lo explicó por su necesidad de encontrar un espejo vital. La necesidad de verse reflejado, explicado, descifrado en otra persona. ‘Temo’ que la mayoría de vosotros vais a veros identificados en esa búsqueda de espejo. Negaré haberlo escrito, pero el ‘transcriptor’ de estas líneas también forma parte del club. Obsesiones de humanos, que sin darse mucha conciencia fabrican historias para tratar de entender algo de la suya y encontrar así una intuición de hacia donde orientar sus pasos…

martes, octubre 19, 2010

Te debo un baile



Misterio, noche.
Sentimientos espejo.
La próxima vez.

lunes, octubre 18, 2010

Dos amigos


A veces los días se ponen de inercia y quedan postergadas postales justas y necesarias. Víctimas de ese descarrilamiento, quedaron sin comentar en su momento las dos islas en las que tuve la suerte (buena) de pasar mis vacaciones este año.

Por suerte, esta semana vamos a reparar esa afrenta. En primer lugar, toca hablar de Tenerife, imán de paraísos y la tierra donde vive la mayor parte de mi familia. Hay un buen número de motivos por los que me gusta visitar la isla dos o tres veces al año. Uno es la hospitalidad y el cariño de mis tías. También la opción de compartir más experiencias y momentos con mi hermano Javi. Otro la amistad que me une a unas cuantas lugareñas (la isla de los perros es un matriarcado, no me pregunten por qué). Asimismo, merece la pena mencionar las posibilidades de un clima tan seductor que convierte el año en un verano sin ínfulas de castigador.

Cuando era adolescente, me atormentaba la imposibilidad de emular el acento de los insulares. Supongo que no me gustaba la etiqueta de godo. Ni el distanciamiento que a veces ese resumen podía suponer. Conforme discurrieron los años, me di cuenta de que esa singularidad era mi ventaja. “Qué acento más bonito”. O expresiones como “la gente de aquí no es tan culta como tú” pasaron a jugar a mi favor. No me engaño. Eran otra vez las arbitrarias miradas. Pero si esta vez contaban a mi favor y no dañaba a nadie con ellas no iba a ser yo quien desmontara el encanto.

Estas líneas me sirven de preludio para enmarcar este verano, que ha sido sencillamente espectacular. Por un lado, he tenido la suerte de pasar grandes momentos con la familia; también con el matriarcado de lugareñas: Guaci, Ana, Silvia, pequeña Nora, o Rosario. Por otro, he contado el privilegio de estar con dos amigos que llevan un año poblando la isla con su simpatía e instinto aventurero: Aurora y Rubén.

Hablar de Rubens y Auro es hablar de la pareja perfecta. Periodistas. Lúcidos. Amigos. Divertidos. Compañeros. Inconformistas. Gente que cree en la vida. Todo empezó hace un lustro cuando encontré al señor Rubens en la redacción de un modesto periódico del sur de Madrid: ‘El Iceberg’. Allí cultivamos una sólida amistad. El tío Rubens podía darte la matraca con su sentido del humor, punzante y juguetón, a trasvés de dos o tres bromas que sólo él sabía convertir en una buena carcajada. A veces te mareaba un poco. Pero por encima de esa expansividad, brillaba un tipo noble y brillante; capaz de convertir una noticia anodina en un pedazo de literatura.

Por aquella época, empezó también nuestra fiebre por las bitácoras cibernéticas. Rubens se abrió una en la que figuraba como ‘nuevos perros guardianes’, apodo por el que todavía le conocen un par de buenos amigos. El blog es el medio natural en el que nuestro protagonista puede expresar su depurada habilidad para desvelar la realidad, de un modo espontáneo y ameno.

Hay varios aspectos de la personalidad de este buscador de ‘sanse’ que brillan con vivencia propia. Pero si me tengo que quedar con uno, escojo dos: su sentido del humor y su energía con talla XXL. Una energía que lo mismo le sirve para currar como un cabrón en un bar, un súper o escribiendo artículos como si éstos fuesen piezas de manufactura en una fábrica de automóviles. Así es Rubens, que emplea esa misma energía para beber como un búfalo por la noche, dormir tres horas mal contadas y llevar su auto hasta el sur de la isla al día siguiente para acariciar así las olas de una playa indómita. Con el señor Rubens se puede hablar de cualquier cosa. Mantener amplias conversaciones en las que el mundo deja, por un rato, de ser un animal salvaje.

Contribuye a entender mejor las cosas. Y te ayuda a conservar intactas las ganas de revolucionar la mediocridad. Sin perder de vista el sentido común y, al tiempo, reconciliándote y haciéndote amigo de tus debilidades.

Hasta el día de hoy he tenido el privilegio de hilvanar un número importante de aventuras con el tío Rubens. Gracias a él aprendí a conducir un poquito mejor. También tuvo el detalle de transportarme del nido al trabajo y viceversa en los días de oro del reporterismo en el sur de Madrid. Otra vez fue un fin de semana disparatado e impredecible; ora en Málaga, ora en Asturias. Este año un carnaval en Tenerife. Hace dos la celebración del último título de liga del Madrid. Y así podríamos continuar.

Por el camino, tuve también la suerte de conocer a Aurora, Auro para los colegas. Este domingo ha sido el cumpleaños de nuestra amiga. Felicidades ‘venteañera’. Esta semana, además, tuve la suerte de presenciar una conferencia que impartió en la Asociación de la prensa de Madrid. La charla entremezclaba voluntariado y periodismo, dos actividades en las que nuestra protagonista es una fuera de serie. Es decir, alguien que se sale de la cultura de adocenamiento en la que ha crecido nuestra generación.

Con Aurora es muy fácil sentirse cómodo. Es divertida, inquieta y conoce la alquimia de la escucha y la comprensión. ‘Calidece’ a la gente. También posee la elocuencia de las inmortales contadoras de historias. Estas cualidades se concretan en empresas como su bitácora: ‘Por fin en África’, un prodigio de sensibilidad, conocimiento y ganas de buceo en la realidad africana. Una realidad que, gracias a sus palabras deja, por un rato, de ser una gran desconocida para la gente que nos asomamos a sus páginas.

‘El Mundo’, Sudáfrica, Tenerife…Esta mujer no para. Quiere conocer el mundo. Vivirlo. Comprenderlo. Vivirlo y detestarlo. Estrecharlo y amarlo. En sus venas borbotea la sangre de exploradores como el maestro Kapusinsky. Siempre con el depósito lleno de asombro y pasión por la diversidad. A veces extraviándose por su entrañable facilidad para el despiste. También con un saludable punto de escepticismo, que la fortifica contra el desencanto. Busca la vida inflamada.

Pero tiene la suerte de vivir en el amor. Junto a Rubens conforman el dueto con mejores proyecciones del mar canario, que se ha quedado fascinado con su afán por conocer las 7 emergencias de tierra conocidas como Islas Canarias. Iniciativa, complicidad, aventura y relatos. Difícil encontrar cuatro puntos vitales mejor cardinados.

Gracias chicos. Este verano Tenerife se ha puesto más guapa con vuestra alegría.

sábado, octubre 16, 2010

galletas


salud sustento
esencial combustible
come despacio

viernes, octubre 15, 2010

amistad


proyectar cambios
beberse viejas dudas
reír salvaje

jueves, octubre 14, 2010

Working class begenning


Venderte fiable.
Responder crucigramas.
Venid vocablos.

Mirada dulce.
Ropaje de elegante.
Mujer con mano.

Sospecha, duda.
El futuro, mecánico.
Sobrevivencia.

miércoles, octubre 13, 2010

Los remolinos de tu pantalón


Pies que ascienden,
palabras ignotas
y unas manos expectantes.

Exiguo balance para
morder tu misterio de
no lectora.

Cuando esquinas la belleza,
al tren sólo se le ocurre demorarse.

Efectos de un domingo vaciado.

lunes, octubre 11, 2010

El que premia la diversidad


La mano de su hija descansa en el muslo
y la actriz bucea en sus ojos acuáticos.

El compositor de pentagramas
tiene una carpintería de
emociones universales.

Las comparte con un estilo estilo.
Cartografía el poder y sus desviaciones,
el poder y sus hiponosis,
con el rigor de un humilde ilustrado.

El escritor reza a Víctor Hugo,
empieza muchas curiosidades y ordena con
la concreción de un buscahistoras.

Reproduce mundos,
inflama enfados,
se cura rencores.
Algún chupito de humor.
También.
Se permite.

‘El que mira’ recordó el mundo
con el arte de la tribulación.

Hoy socialdemócrata, mañana liberal,
pasado marxista.
Opinar el mundo, cartografiar
nuestros fracasos.
Reconocer el acierto.

El escritor sopla excitación, arte
y miedo.

Desnuda alguna dama,
bromea algún pueblo, dignifica la tribu.

Hoy le han distinguido:
premio premia la diversidad del viaje
con unas palabras evolucionadas.

Medio telúrico: la sensibilidad, el llanto.
Pasión. Imagina.

Medio cristal: nitidez del alma, taquígrafos.

viernes, octubre 08, 2010

Instinto


Salvaremos montañas.
Perdonaremos ríos.
Engañaremos extinciones.

Tanto todo en tanta nada.

Acércate


Más suave.
Más cerca.
Olor de necesidades.

jueves, octubre 07, 2010

Espera


Chica preciosa.
Maravillas desnudo.
Duplicado arte.

miércoles, octubre 06, 2010

Pérdida


Incredulidad.
Buenos recuerdos, siempre.
El sufrimiento.

Inexplicable.
Mantener composturas.
Muro existencial.

Indecible agua.
Un mundo sin aliento.
Jodidos cambios.

Importar la luz.
Siempre contigo. Siempre.
Principios guía.