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jueves, septiembre 14, 2023

El hombre de la tierra (2007)

 Vida que late. 

Cambiando perspectivas.

Asombro que une. 



miércoles, marzo 29, 2023

Bóvedas de acero (1954)

 Mundos del futuro.

Los robots que cooperan. 

Tipos audaces. 


Es expandirse. 

La ciencia medicina. 

Humana síntesis.



lunes, diciembre 20, 2021

Ciencia Ficción

 Mundos lejanos. 

Dar mayor perspectiva.

Jugar, aprender. 

sábado, julio 04, 2020

Estoy vivo: la ciencia ficción que da el arraigo


Fuente de foto: espinof.com 

Un día acaba tu vida con amor.
Los del cielo te premian con otra luz.
No te reconoces, pavor de avestruz.
Te salva currar con tu hija y el humor.

!Bang bang!: neutralicemos al agresor.
Eres bueno con tu moderno arcabuz.
Admiro tu perspicacia a contraluz.
Poco a poco te curas el resquemor.

Yago te complementa muy bien, Márquez.
Laura es tu horizonte luminoso.
Ella da sentido a cualquier boludez.

Susana es la noble: salir airoso.
Bea es futuro ya: ciao creepy memez.
Tu viejo y amigos dan fuerza de oso.

viernes, noviembre 04, 2011

Las no fronteras de los sentimientos


El futuro descansa en una localidad bañada por copiosas cantidades de nieve. El cambio climático sí ha salido como en nuestras más inspiradas pesadillas.

Por lo demás, la gente se desplaza en unos automóviles bastante parecidos a los de nuestra época. La principal diferencia estriba en la presencia de robots que hacen la vida más sencilla con una eficiencia que convierte nuestros movimientos en los de un bebé.

En ese ambiente se cimenta ‘Eva’, ópera prima de Kike Maílo, el cineasta que ha pilotado una película española de ciencia ficción que merece el calificativo de interesante.

La historia cuenta el encuentro entre dos hermanos, brillantes en el campo científico, al tiempo que distantes en el ámbito personal. Entre ambos, dos vínculos con un extraño magnetismo; de un lado, una mujer hermosa y pegadiza por su forma de estar, también científica, y una niña cuyo carisma es inversamente proporcional a su irreverencia y temeridad.

Con esos ingredientes, la película nos adentra en una atmósfera fascinante, donde nada es exactamente como parece. La historia tiene un despegue cautivador y hace de la necesidad una virtud para trazar un futuro sugerente, no tan diferente del nuestro y, al tiempo, con bastantes más posibilidades.

Una edad de hologramas y pensamientos como deseos. Un tiempo en el que los humanos podemos escoger a discreción una conciencia para nuestra inteligencia artificial o, por ser más cotidianos, donde una abandonada casa se convierte, en el curso de una sola mañana, en una cabaña palaciega.

La película se deja ver con agrado. Lástima que le falte épica y conflicto en el tramo decisivo de la historia. Sea como fuere, posee ingredientes que no se encuentran todos los días en nuestro supermercado audiovisual. A saber: ritmo, imaginación, sugerencia y sabia dosificación de la información a través de unos diálogos depurados.

También merece admiración algunas interpretaciones (Lluís Homar, Daniel Brül, Claudia Vega), la fotografía de la cinta y el deje poético de algunas frases y juegos que se establecen entre humanos y robots. Si queréis pasar un rato entretenido este fin de semana, daros un garbeo por esta historia; os llenará la cabeza de futuro. 

martes, noviembre 09, 2010

Galáctica: personalidad y tormentos de nuestra especie


Bienvenidos a un futuro poco edificante, donde la humanidad está al borde de la extinción. Nuestra especie a duras penas sobrepasa los cuarenta mil individuos. Esta comunidad ha sobrevivido por puro azar a un holocausto nuclear que ha arrasado el planeta en el que vivíamos. Los responsables de semejante atrocidad no hemos sido exactamente nosotros. Pero sí fuimos los autores de su génesis. En un momento dado, creamos a una serie de humanoides para que nos hicieran el grueso del trabajo.

Tan humanas diseñamos a nuestras criaturas que les conferimos emociones como la conciencia del yo, el resentimiento o la búsqueda implacable del poder. Así las cosas, ahora nos toca poner las naves en polvorosa por medio universo, mientras escapamos de mala manera del acoso de unos robots con apariencia humana que sólo piensan en aniquilarnos. Aún reducidos a los escombros, este viaje nos demostrará que algunas cosas nunca cambian en nosotros: el afán de trascendencia, las tensiones para mantener una armonía en la comunidad o el amor abriendo brechas entre las obligaciones.

En suma, la búsqueda de belleza, verdad y justicia colocadas frente a nuestras pulsiones autodestructivas harán de esta odisea una interesante lectura sobre la personalidad y tormentos que caracterizan a nuestra especie. ¿Cómo llegué hasta esta historia? Gracias a uno de los mejores regalos que he recibido en mi historia de cumpleaños. El detalle corrió a cargo de Davide y Fran. He tardado medio año en recorrer esta experiencia, pero la despaciosidad ha merecido la pena.

Con una serie que te engancha ocurre algo parecido a lo que sucede cuando empiezas a salir con una chica: no sabes como has podido vivir sin ella hasta entonces. Los últimos meses con Galáctica han sido de necesidad. Quería averiguar cosas de esos personajes que habían pasado a ser postes de mi personalidad. Necesitaba sentir a través de ellos. Averiguar detalles de mi limitado mundo a través de sus comportamientos.

Battlestar Galactica (Reimaginada) saltó al ring televisivo en 2003. Su madre era una popular serie también estadounidense de 1978. Pero la nueva versión ha resultado más audaz, más compleja y mucho menos predecible. La nueva Galactica coge algunos hilos argumentales y muchos nombres de la mitología griega, pero le agrega personalidades en conflicto, diálogos llenos de chispazos metafísicos y una profundidad política y psicológica que se enmarca en la edad de oro de este género televisivo.

El tipo que parte el bacalao en el bando de la humanidad es el Comdante Adama. Adama, encarnado por Edward James Olmos (el Teniente Castillo de Miami Vice), es un tipo entregado a las bondades de la ataraxia. O lo que es lo mismo: alguien que controla sus pasiones, equilibra sus emociones y afirma su ánimo a través de una gimnasia mental diaria que le permite gobernar Galactica con pulso firme y por lo general bastante lucidez.

Si tengo que quedarme con sólo un personaje de la odisea, me quedo con éste. Cuando media humanidad está desesperada, hace falta tener mucha templanza, también valentía, para guiar con juicio sereno a tu tribu. Adama pertenece a la estirpe de nuestros abuelos, que preferían reventar por dentro a expresar algún síntoma de debilidad de puertas para afuera. Sea como fuere, el comandante no es inmune a las debilidades humanas: tiene accesos de ira, le gusta el poder más que a un ponsetti una bella latina y tiene una relación más que problemática con su hijo Apolo.

Apolo es quizá el personaje con el que más fácilmente se puede identificar la audiencia media de la serie. Es íntegro, está en conflicto (a medio camino entre el hedonismo y el que busca ‘ponerle corazón’ a las cosas cuando éstas vienen mal dadas) y es valiente. También tiene un amor (casi) imposible que puede llevarle a incinerarse, pero no evita fácilmente la pelea, por lo que todo puede suceder para este espléndido piloto de vippers (algo así como cazas espaciales).

Aunque si hablamos de alguien sobresaliente en el pilotaje, artístico incluso, ésa es la señorita Starbuck, que es algo así como una amazona de las estrellas. Starbuck está hecha con los retales de todas las mujeres fatales y atormentadas que alguna vez se cruzaron en nuestra vida. Es sensual, divertida, irreverente, brillante, caótica y autodestructiva. Una mujer agresiva pero al tiempo vulnerable, que se crece ante las situaciones límite. También es una criatura clarividente, lastrada por su pasado pero vitalista hasta decir carcajada. Un bombón de personaje. Al que no te cansas de intuirla.

También merecen mención propia la presidenta Laura Roslin, algo así como el alter ego femenino de Adama, y el doctor Baltar, un reputado científico, fornicador compulsivo, que se verá en el vértice de buena parte de las intersecciones entre cyborgs y humanos. En el bando de los primeros, también hay modelos con un magnetismo especial. Es el caso de Caprica 7, una despampanante rubia cuyas habilidades seductoras pondrán en el desfiladero de la destrucción al género humano.

Pero mejor no entrar en mayores detalles sobre los personajes; corremos el peligro de desvelar broches clave de la trama. La gracia de este artículo descansa en la formulación de una invitación: echadle un ojo a esta Galactica, la indiferencia no será vuestra respuesta. Quizá os intimide su propuesta tenebrista de inicio, pero a los pocos minutos (tal vez capítulos) lo más probable es que os cautive.

Galactica es esencia de ciencia ficción. Plantea un escenario irreal de nutrientes reales (psicología, sociedad, relaciones personales) que nos ayuda a entender mejor nuestro destino como especie y como individuos. Al final, como bien explica Elisa Puerto, la ciencia ficción es análisis heterodoxo de política. Se emplean tramas aparentemente alejadas de nuestro día a día, para hablar de temas universales como el respeto de los derechos humanos, las fricciones entre poder civil y militar o los desafíos que implica articular una comunidad cuando los recursos escasean.

Factores que de una u otro manera nos resultan familiares. Hay también lugar para las paradojas y un sutil sentido del humor, también de la indagación, cuando se abordan de manera velada asuntos como la religión o la ocupación (y sometimiento) de territorios y poblaciones ajenas, lo que en el caso de Galactica, por el periodo en el que se facturó la serie, resulta una alusión clara a la invasión que EEUU hizo de Irak.

Reflexiones también en clave antropológica. En ese sentido, la ciencia ficción es el caldo de cultivo más propicio para proyectar una mirada llena de perplejidad ante las maneras laberínticas que muchas veces empleamos para relacionarnos y organizarnos. También para definir nuestro destino como comunidad, con esa constante batalla que la gente que lidera nuestros pueblos debe establecer entre lo actual y lo que vendrá.

Por el camino, una preferencia: contemplad la serie en versión original. Mejoraréis, reforzaréis vuestro conocimiento la lengua llave de este mundo y de paso apreciaréis más matices de unos personajes inflamados, que cómo suele suceder con el común de los intérpretes yankees, tienen un timbre de voz hipnótico.
Cavernoso. Como el mismo dilema humano.