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domingo, agosto 07, 2022

lunes, diciembre 31, 2012

El hombre que dice sí a la vida


¿Para qué sirve escribir? Woody Allen siempre lo ha tenido claro: para seducir al mayor número posible de mujeres. Hay quien se metió a este oficio con la idea de cambiar el mundo o, más modestos ellos, con la intención de sobrevivir a los días, cuando no habitarlos. Todas esas opciones son legítimas, interesantes y hasta necesarias; pero no incluyen mis favoritas: escribir para encontrar una broma que le pinte la sonrisa a la sombra y encontrar palabras que inauguren la gratitud hacia las personas que te han hecho feliz.

El protagonista de estas líneas es mi amigo Óscar. Corti para sus colegas de Benidorm. Óscar Cortina para los aficionados del Getafe que frecuentan a señorita nostalgia en el (por el momento) vano intento de recuperar en las voces de su transistor esa dupla de jugones (tripleta si pensamos en el alquimista Rafita) que les relataron las hazañas del equipo azulón a través de las ondas de Globo FM.

¿Cómo definir a Óscar? Hablamos de uno de esos tipos que pertenecen a ese exclusivo club de personas que pueden ser lo que se propongan. Intelectual del lado exótico de la literatura (los comúnmente conocidos como cómics), buen futbolista, (ex)mujeriego, reportero de entrevistas imposibles, profesor fuera de los convencionalismos, bebedor plusmarquista, cocinero talentoso y amigo para las buenas, las duras y también las regulares. De pequeño, puso a prueba a la vida y ésta le bendijo con un don para conquistar momentos y abrir sugerencias las esquinas de las mujeres, los campos de fútbol y el cinematógrafo casero.

No me gusta meter mi imagen en el blog, pero si quería hablar de Óscar el ánimo me pedía meter una foto de mi colega. Y cualquiera que lo conozca, sabe que el señor Cortina es un cazador de momentos, que disfruta más de la vida en la medida en la que la gente de su alrededor está contenta. Es bastante sintomático que habiendo dejado la práctica regular de los licores hace años, para ilustrar este homenaje sólo encontrara fotos en compañía de mi colega con una copa o una botella. Es un poco exagerar...O quizá no tanto.

Por el camino, hemos recorrido media Europa y Madrid entera en el noble arte de celebrar noches, mujeres, literatura y posibilidades. Porque de eso se trata, cuando este truhán está presente todo es factible; es lo que tienen los optimistas profesionales, que ríen con ganas y dibujan tramas sugerentes, con tipos tan brillantes como reservados, tan expansivos como amablemente atormentados. Su pasión por la comida china y los superhéroes también le delatan. Son pasiones que hablan de un amante de lo sencillo y lo sabroso, lo excepcional y lo vulnerable, en una búsqueda llena de humo, ron y timbas donde tiene la rara costumbre de salir con saldo favorable y la risa contenida de quien sabe que la arrogancia no tiene por qué llevarse mal con el temple.


Hubo un tiempo en el que los dos nos inventamos una historia llamada cinema nuit, que no duró mucho, pero que nos dejó el buen gusto de los que se acercan a los márgenes. Hubo otro momento, cuando la tierra se empeñaba en bailar el twist sobre mis miedos, en el que él me enseñó el valor auténtico de la amistad.

Porque, como ya sabe mi colega, lo importante no es lo que te espera al final del camino (que también) sino lo que eres capaz de disfrutar durante el trayecto, ahí reside uno de los trucos de esa vida (llámala Marta) a la que él seduce con la atención a los pequeños detalles que contienen el secreto de la gente que mejora a aquellos que comparten su búsqueda. En los últimos tiempos, además, mi amigo se ha reinventado.

Ha colgado las botas como uno de los cronistas más ingeniosos del deporte, ha dicho hasta luego a la literatura (busquen, si pueden, su 'Alfil Negro') y se ha esmerado en dejar boquiabierto al personal en su nueva faceta como profesor. Allí, en Benidorm, en su casa, en compañía de su chica, se ha ganado una reputación como profesor fuera de los convencionalismos. Hoy es una gymkana intelectual que cautiva a los alumnos y deja con la lengua fuera a los padres, ayer fue una clase de ajedrez que dio lógica y equilibrio a algunas cabecitas dispersas, mañana será un recorrido hipnótico por el Madrid de Alatriste; todos los caminos conducen a la suma si sabes activar la palanca del interés. Y él parece conocer el secreto.

Este sábado mi viejo colega ha tenido que pasar un trago muy amargo y quizá sea uno de los momentos más apropiados para vindicar al tipo más imaginativo y entrañable del viejo este mediterráneo.

Mucho ánimo y mucha fuerza, amigo

lunes, noviembre 19, 2012

La literatura es un banco de historias con intereses variables...

miércoles, noviembre 10, 2010

Estrellas distantes y poemas contra uno mismo


A veces ‘los que miran’ tiene ocasión de sacar su curiosidad a través de una ventana cultural llamada televisión pública. Ya sabemos que la segunda cadena nunca fue muy popular. Probablemente, ahora que la han despojado de los deportes, lo sea menos. Si yo fuera ella, no me preocuparía demasiado por las expectativas de los demás. Por fin, La 2 está siguiendo su vocación con la energía necesaria para desarrollar algo que realmente merezca la pena. Le diría que tenga cuidado con la autocomplacencia del ‘todo es arte’, pero seguramente esa observación sea gratuita porque la piba debe tener más o menos mi edad; puede que alguna castaña más.

Claro que no siempre llegas en el momento adecuado al vientre de una cómplice. Por eso, este mundo nos ofrece ver los programas que nos interesan por Internet. En la web de RTVE puedes encontrar los episodios de un programa con valor propio: Imprescindibles (imperdibles diría mi amigo Ezequiel). En sus primeras aproximaciones he encontrado dos retratos de dos escritores a tener en cuenta (por lo que compusieron y por cómo se comportaron): de un lado, Roberto Bolaño, alias ‘me voy a llevar la literatura por delante’; de otro, Jaime Gil de Biedma, alias ‘el humor me absolverá de mi mismo’.

Ambos escritores compartían su fascinación poética. Bolaño dedicó sus primeros vuelos a esa corriente y luego canalizó su hambre por medio de la prosa. Gil de Biedma tuvo el buen gusto de escribir poco y depurar hasta la excelencia. Sus himnos, como ‘Contra la Juventud’, pueden consultarse en la antología ‘Las Personas del Verbo’, que compendia toda su obra publicada y que es una demostración de buen gusto, contención y sugerencia. Con palabras cinceladas a través de la inteligencia y un oído privilegiado.

Me gustó más el documental de Bolaño. O quizá debería decir que simpaticé más con él. B fue contestatario punk en su juventud. Se cagó en Octavio Fuentes (no es nada personal, Octavio, el influjo todos los grandes precisa siempre de unas gotas de blasfemia) y vagabundeó de allí para allá mientras pensaba (y luchaba por) un mundo mejor. Como (casi) todos los jóvenes expansivos se emborrachó más de la cuenta y viajó por innumerables cuerpos y puede que también territorios.

Cuando joven, en Chile soltaban hostias como deportaciones. Y B prefirió iniciar un viaje vital que le conduciría finalmente a Blanes, un pueblo de la Costa Brava donde la vida tiene un tatuaje de amabilidad en sus gentes y sus mareas. Alí malvivió. Apenas se ganaba vida vendiendo cosas que no caben la imaginación.

En realidad, él no buscaba el favor de la realidad. Lo que quería era cortejar grandes historias. Cuando conoció a su mujer, se presentó como ‘escritor’. Y cuando sus colegas bromeaban con el hecho de que malviviera en la 2-B de la literatura él, simplemente, se encogía de hombros y aventuraba que algún día jugaría en la Champions.

Como el ‘nobelado’ Vargas Llosa (que no duda en glosar las cualidades del contador chileno en la pieza reseñada), Roberto tenía una poderosa autoconfianza fundada en sus castillos de lecturas, su talento y una intuición más allá de la normalidad. Con estos materiales, creó una literatura singular, a prueba de obviedades. Compleja y pegadiza, rítmica y múltiple, donde la realidad aparecía ligeramente intelectualizada para poder recorrerla con la apropiada fantasía y entrega.

He visitado dos libros suyos. El primero, ‘Los detectives salvajes’ como ‘tardouniversitario’. El segundo, un muestrario de relatos literarios y vidas del pueblo. En ambos demuestra elegancia y fantasía, también una capacidad de concreción que sólo se formula después de haber encajado algunos golpes a pie de tierra.

Roberto era un maestro de la sugerencia. Su corazón bombeaba humanidad pero él no se permitía la exhibición; lo conseguía gracias a unas palabras recortadas y pujantes donde dibuja el carácter de la gente con la misma destreza con la que sentencia sobre las cualidades de una buena novela o una criatura a tener en cuenta. Roberto era el que no se rinde. El que enferma. Aquel que sentía orgullo cuando el frío cercaba sus dedos y enfermaba comiéndole los pechos a su madura computadora, mientras recitaba estrellas distantes que luego prestaban su nombre a sus libros.

Gil de Biedma, por su parte, tenía la vida a favor. Un columpio de dinero y respetabilidad social que le dejó tiempo en su infancia para birlarle horrores a la guerra a través de la lectura y la buena vida de una familia burguesa con el corazón repartido entre Barcelona y Castilla. Jaime era un tipo simpático y ocurrente. Gran bebedor y mejor conversador que cuando ingresó en la universidad lo pasó en grande mientras le robaba secretos al mecano literario, en compañía de camaradas veloces como Carlos Barral, Ana M. Moix y, más tarde, gente como José Agustín Goytisolo o Juan Marsé.

Tenía suficientes medios. Abundancia como para que su vida fuera filmada cuando anónimo o como para permitirse el fracaso en su asalto a la vida diplomática. También bendiciones sudor como la entrega en carne y alma al trabajo como secretario de la Tabacalera filipina, oficio que de algún modo heredó de su madre. G parlaba perfectamente el inglés. Era elegante, diletante y despegado. También homosexual en un mundo que censuraba (sospechaba en el mejor de los casos) la diferencia.

Pero por encima de esas etiquetas era un escritor con garra. De esos que ponen la testosterona en los escritos para ponerle espejo al alma y por el camino dan palabras y un relato a los ‘sin consuelo’. Su voz era como un búfalo de agua, enérgica y dúctil. Y esa facilidad para la sugerencia a través de las palabras justas e irónicas le procurará un lugar en el futuro.

Gil de Biedma sobrevivirá como aquel que se pintó en el agua y se perdonó arrogancias con el recurso de la deportividad y el insulto amable. Bolaño viajará por siempre en la memoria de su chica y sus dos hijos a través de relatos de invención y cariño. Retratos de un fotomatón de una playa cualquiera que no se cansa de pensarle como una posibilidad. La posibilidad de qué otra cumbre podría haber cincelado tras 2666.

jueves, noviembre 04, 2010

Príncipe de las tormentas


Príncipe siempre intuyó que algo especial pasaba en torno a sí. Pero pasaba de darle muchas vueltas al asunto. Simplemente, peleaba por pasar un buen rato. Un día era jugando al fútbol. Otro, flirteando con sus compañeras de clase. Había tiempo también para balancear su cabeza expansiva en algunos pedazos afilados de literatura.

Sus momentos de complicidad, hablamos de adolescencia, lo conducían invariablemente a su grupo de amigos. Un grupo con el que pasarlo bien. Algo mejor, una manada con la que sentirse fuerte. Una camada con la que las mejores juergas podían aparecer en cualquier momento. Y, por encima de todo, una colección de cómplices con los que las risas, la confianza y la aventura estaban garantizadas.

Dice príncipe que la primera vez que nos conocimos le miraba con cara rara. Dando por bueno el diagnóstico, es seguro que esa cara de pocos amigos no se debía a su presencia. Por aquel tiempo, tenía demasiadas cosas en la cabeza. No digo que el problema se haya resuelto con el discurso de los años. Pero al menos ahora disimulo mejor.

Mi amistad con P se fraguó en innumerables viajes a Miraflores, una localidad del norte de Madrid en cuya radio cometieron la imprudencia de dar el mando de sus programas de deportes a un puñado de joveznos universitarios, comandados por el tío Charlie. P era compañero de CH en la Facultad de Periodismo CEU y desde el principio fue pintado por mi viejo amigo como un tipo fuera de lo ordinario.

Puestos a hacer guasa, podría afirmar que normal no era ni la cantidad de gomina que empleaba para domeñar su irreverente melena ni las bellas mujeres con las que le alternaba en las primeras noches de botellón que compartimos. Tampoco era muy normal su afición por las poses de tipo atormentado y pegadizo, una suerte de River Phoenix en versión amable de las calles madrileñas.

Ese personaje, tan cautivante como generador de envidias, le valió un día el apelativo de “grunchero de postal” de parte de un desconsolado compañero de facultad. Desconsolado porque no podía soportar la popularidad de nuestro retratado. Sea como fuere, el secreto de ese éxito social y ese aura de enigmático descansaba precisamente en que P pasaba de esa receta tan común en todas las edades de “ganas de caer bien”.

P era un buen tipo, pero pasaba de exhibir sus credenciales con un molde convencional. Ya desde muy joven, tenía conciencia de su singularidad y cultivaba su diferencia con cantidades demenciales de literatura, música, cine y…Viajes. Si algo le gustaba a P era jugar. Recuerdo un garito de los entonces espumosos Bajos de Arguelles donde nuestro protagonista se sentía feliz y motivado.

En aquel tugurio los minis de calimocho tenían un precio democrático. Sonaban con frecuencia Los Héroes del Silencio (después serían Los Planetas y a día de hoy grupos como Belle & Sebastian) y solían abrevar un par de dulcineas que personificaban la dualidad de gustos de este buscador. De un lado, una chica rubia, bella como una Christina Rosenvinge y etérea como una criatura de Dante. Que jugaba al sí pero no. De otro, una morena juguetona, que se dejaba querer con una fórmula de sí pero sí.


Al final, no pasó nada con ninguna de las dos. En el caso de la morena, mi amigo respetó que le molaba mucho a un colega suyo. En el de la rubia, me resulta difícil recordar qué pasó exactamente. Quizá ya tenía novio. Tal vez simplemente le gustaba otro muchacho.

Sea como fuere, esa atonía era la versión menos frecuente en la vida de este trepamuros nocturno. P también podría ser definido como Mister Feromonas. En mi vida he visto un imán semejante para atraer el interés de las mujeres: camareras que le invitaban a una copa, desconocidas escándalo que jugaban a tirarle la caña con la convicción de que el pez merecía ser pescado, criaturas misteriosas que se desnudaban sentimentalmente en la primera conversación…

Como buen epicúreo, P tiene algunas historias delirantes que recordar. Me precio de haber compartido unas cuantas con él. Si me preguntan el secreto de su éxito vital, no sólo mujeriego, diría lo mismo: cuestión de actitud. Pocas veces he conocido a alguien con una personalidad tan definida y con un abanico de intereses vitales tan diversos.

Pongo un ejemplo reciente para ilustrar de lo que hablo. Los dos últimos veranos, P ha viajado en compañía de su alma paraíso, Natalia, a Guatemala y Nepal para realizar voluntariado. De acuerdo, por el camino ha descubierto territorios y comunidades fascinantes. Pero por encima de esa inquietud de antropólogos espontáneos se ha impuesto la humanidad de mi amigo y su novia. Su enorme corazón.

En ambas experiencias han acompañado a chavales con muy pocos recursos. Han jugado con ellos a través del lenguaje universal de la broma. Han enriquecido y se han enriquecido con esa moneda de cambio tantas veces ignorada: desinterés afectivo. Un lujo que gente a la que se lo comento estos días envidian (nadie es perfecto) en voz alta.

Llegados a este punto, es justo y necesario hablar de Natalia. N es guapa como esa actriz recién llegada a millones de hogares una noche de lunes. Guapa y elegante. Es discreta, divertida y generosa. P encontró a N detrás de una barra. Y el flechazo fue instantáneo, con velocidad de ida y vuelta. Fue de este modo como la Gwyneth Paltrow de la acera de los gatos se colocó en el centro de la vida de nuestra protagonista.

El mejor resumen que puedo hacer de su irrupción en la existencia de mi amigo es que desde entonces Príncipe ha ido perdiendo sus tormentas. Sus ansiedades de hombre en traslación se han ido diluyendo en la serenidad que confiere haber encontrado tu lugar en el mundo.

Como dijo Juan Bonilla (uno de los primeros de autores de cabecera de P, cuyos cuentos-y algunos de sus poemas- son brillantes edificaciones), la patria es ese lugar en el que fundas tu alegría. Natalia es la patria de Paco. Y es una patria con la que es muy fácil simpatizar y sentirse cómodo. Así pues, viva la península Natap.

No le quedan muchas líneas a este pergamino. Así que iremos al turrón: Muchas felicidades Sir Paco. Felicidades por esas flamantes 32 castañas. Felicidades por tu trabajo de escribano cualificado en el Diario Marca, en el Plus, en el Mundo. Felicidades por los principios y la imaginación. Felicidades por esa familia que te contagió una manera recta y generosa de entender la existencia. Felicidades por tu alegría. También por esos gruñidos de hombre ajeno a lo ritual con los que la disimulas. Felicidades por esa unión con Natalia, siempre en perfecta reinvención de los días.

Tres imágenes de postre.

Un caserío en León. La generosidad de tus padres con el forastero. Contagio de lecturas. El olor de la bahía gallega. Un abundante plato de berberechos en Sansenxo. Las risas y el disparate. Los enfados por el sueño del poeta dormilón. Un millón de copas en la madrugada. Sentimentalismo de exploradores. La epifanía. Aquel bombón con acento.

Aquella chica rubia. El apartamento lleno de explosiones de luz.

La playa de Lanzada. Horas fuera de brújula. Una sensación de lentitud y posibilidades.

Y, por encima de todo, la amistad. Amistad es cuando tu amigo se lía a pegarle hostias a tus primeros escritos, criticando su vena fantasiosa y la falta de rigor o lecturas que arrastran. Y te jode y te picas y…Cambias de registros simplemente por llevarle la contraria. Amistad es cuando te regalan ‘Las Flores del Mal’ cuando todavía no tienes veinte. O cuando te invitan a un concierto de ‘La buena vida.’

Amistad es cuando no tienes un pavo y tu colega se lía a retirar copas como una prolongación de la noche. Siempre con elegancia y asombro por todo lo que está sucediendo o podría suceder alrededor.

Amistad es cuando tu colega te devuelve a casa en un buga más mamado de la cuenta. Amistad es cuando tu colega te da ideas para salir de tu atolladero profesional. Amistad es cuando P te cuenta experiencias y situaciones dolorosas pero que también conectan. Amistad es cuando, sin pretenderlo, Príncipe te enseña el arte del flirteo. Amistad es cuando tu viejo camarada te presenta a tu mujer musa y no se enfada (al menos no más de la chanza) cuando partes rumbo al palacio de ella.

Amistad es cuando cualquier camiseta se presta para montar la broma y ríes sin pensarlo. Amistad es cuando tienes a un colega con el que compartir el hambre vital. Amistad es ese amigo que te guía en nuevos gustos musicales. Amistad es cuando P fuerza el protocolo de libranzas para ver recitar a su viejo amigo. Amistad es la fidelidad de un colega que nuca falla a la fiesta de tu cumpleaños.

Gracias por todo, compañero. Ojalá tres veces 32 en el cómputo global de este viaje.
Por bromas, curiosidad y canciones no va a quedar.