sábado, noviembre 08, 2008

¿Nos vemos en el barrio de la mezcla?


(Con infinito agradecimiento a Luisito, señor Gómez, que se gana las habichelas como diseñador gráfico y se empeñó, contra mi pudor, en ponerme como eje del cartel. Si os pasais por La Inquilina, prometo alegría y darlo todo, no más, guey, pero no menos tampoco. Por cierto, la hora del recital es las 20.30 y si pinchais en el cartel podreis ver el resto de detalles con más claridad. Un abrazo y pásenla grande)

jueves, noviembre 06, 2008

El sabor de las primeras veces


La ciudad empieza a vestirse, como si el verano hubiese sido una noche de piscina y borrachera. Demasiado fugaz, dijo ella. El caso es que los viejos amigos nos hemos reunido para celebrar nuestra amistad y todas las buenas cosas que nos han sucedido. Y las que todavía nos quedan por estrenar. Hemos escogido un bar con nombre de broma portuguesa, el de las miles de anécdotas, porque algo dentro de él nos recuerda nuestro viaje hasta ahora.

Un sitio que durante un decenio nos acogió sin preguntar, mientras nos inflábamos a vinos gallegos y risas, mientras coreábamos consignas de colegio, del fútbol pero también disparatadas ocurrencias propias.
(17-0, 17-0, 17-0, kivi follador, kivi follador, ero, ero, más cojones que el caballo…Y así, ¿quién no ha franqueado alguna vez un seto a la luz de sus propios disparates?)
El lugar donde sedujimos (o por lo menos le intentamos).
Todavía recuerdo cuando ella me lo repitió, ¿jugamos?. Y creéme la mayoría de las estaciones pueden ser una rutina, a veces hasta gratificante, ejercicios de equilibrios.
Lo que me importa es que estoy viendo a mi gente bromear como si lo fuesen a prohibir. Relajados y divertidos como nunca lo estuvimos. De vuelta del qué dirán. Con un inesperado equipaje de dos camisas bien planchadas, un poco de perfume y un puñado interesante de buenos recuerdos.
También con el señor Manolo, alias Bekembauer, dando gracias al cielo por estos muchachos del carajo que le están salvando el negocio mientras aparenta hacer cuentas que sólo existen en su recuerdo. Y fotografiamos la alegría, también la inventiva (y puede que una copa rota) como si lo fuesen a pagar.
Le dimos la vuelta al desfiladero, cada uno supo mirar hacia delante cuando tocó hacerlo y ahora nos alegra hacer partícipes de nuestra fiesta al camarero, un recién llegado, que nos trata con simpatía. El caso es que miro enfrente y veo a un viejo cazador de finesas, tranquilo, complacido como el corredor de triatlones nocturnos que nunca dejará de ser. Al verle, recuerdo a Rafa Nadal y eso de “no me pidas que me ría, porque no es mi estilo, pero créeme estoy disfrutando de cada buena sensación que flota en el ambiente”. Nuestra pista de tenis tiene a un futuro marido portugués que ha ganado elegancia con los años y ha conservado su proverbial buen humor para encajar con deportividad los cánticos que celebran su habilidad para hacer puertas frías. Veo al chico de las consultoras, pensando rápido y hablándolas (las bromas) aún más, le veo contento, con su mujer inspectora y su incansable facilidad para sorprenderse de cualquier ingenio muchachesco. Me descojono con el primer padre de todos nosotros, sacando brillo a su carisma, escenificando su legendario ritmo para invitar a un baile a la noche (y no al revés).
Aquí a la lado, Palop abre brecha por el costado derecho mientras se fuma un puro, se emborracha y ríe como un adolescente tras haberse hecho hombre a fuerza de, coraje, volantazos sentimentales. También veo al viejo Roy, el primero que maduró de todos nosotros, que en estos últimos meses ha demostrado su buen juicio tirando al río su viejo hermetismo y demostrando por qué es conocido como el Auténtico, un tío que sabe sacarle el sí a casi cada momento del viaje. También celebro al tío más agradecido de esta región, el chico con el don de la risa, ese hombre con alma de angelito de Rafael que levanta la copa de sangría como quien se deja nacer. Todos juntos estamos dejándonos flirtear por esas chicas del paraíso de Miami, con tías de competi que diría Consultor, a salvo por lo menos durante unos meses de los huracanes de la vida.
Veo a un poeta sencillamente feliz, celebrando el talento de sus amigos. Imitando a sus hermanos del núcleo fundacional mientras festeja su destreza para ofrecernos un relato.

La noche fluye, loco. Y nos paran los taxistas. Y ahora entrar en la vieja prohibitiva discoteca es muy parecido a calzarse los calcetines. Y Carismático nos enseña un álbum del futuro, con un peque que nos sonríe entre divertido y asombrado. Casi se desploman un par de rubias de al lado. Los músculos se estrenan y el perfume de magnéticas y aceleradas extranjeras se nos mezclan con los brebajes mágicos. Cada uno de nosotros encuentra su ritmo en una pista para la que aparentemente nunca nacimos. Mitos. Tú vales cuanta complicidad seas capaz de sintonizar. Y creedme, puede que tengamos algunas carencias, pero la simpatía está de nuestro lado. La simpatía de los chicos asombrados que han aprendido a hacer las cosas con pasión.

Por eso no me extraño cuando veo a Palop moviendo las manos enguantadas, seduciendo a una chica del sur. A su lado, cara de angelito, manotea en la nube de ron, How can I explain…Y su templado molinillo de manos pone en juego a su otro yo, Chico Risa, para poner en dudas a la pequeña tentadora del ártico. Entretanto, el inminentemente Marido Lisboeta vuela para hablar desde la distancia con su prometida. Y Consultor ya está sacándole cuentas a la inspectora de su felicidad. Y ExCazador de Finesas se vuelve a casa preparando cómo ejecutar sus aventuras cinegéticas con su cómplice gallega. Y Carismático se recuerda como descubridor de cuerpos y le birla copas (también las imposibles) a la camarera. Y Auténtico respira como un búfalo, al son de la melodía Copón, copín y copete mientras estremece a una canadiense de cuyo nombre nunca se acordará. Y veo a Palop, otra vez levantando trofeos, encendiendo el fuego de una salvaje esbelta. Y suena la música y surfeo con las manos. Y la encuentro.
Invoco las olas y ella es rubia y puede que también californiana. ¿Hablas español? Un poquito.
Tiene ojos de tentadora. Y los cuerpos reaccionan de una manera instintiva. Pierdo la noción del espacio. Y no habla ni quiere y simplemente ha dejado de importarme. Un baile como si fuésemos a…Y tenía razón la antigua norteamericana, sólo cuerpo, boy.

El resto de la noche discurre a la velocidad de un blues. Aparentemente, bailamos hip-hop o techno o nos dejamos hipnotizar por las bellezas de plástico. Pero en realidad estamos fluyendo.

Hola, ¿qué tal chicas, cómo lo estáis pasando?
-Muy bien (y sonrisas)

Y Chico Risa baila y se acerca al área pequeña, Rubia Ibérica no deja de invitarle…

-Tu amigo está un poco demasiado borracho, ¿no?
-Menos de lo que te imaginas

Y todo podría haber quedado de leyenda si ibérica no hubiese tenido ya su caballero de gestas.

Justo en ese momento, el viento barre las inseguridades. Y veo a Auténtico navegar con una chica a la que le enseñará, en sentido conversado, el canal de Ámsterdam, sólo en sentido soñado, muchacho.

El viento barre las dudas. Y recorro la discoteca con un sólo sonrío. Te sonrío.

-Tienes swing.

-Y tú imaginación.

Y reímos. También nos interrumpimos. Y te tocas la oreja como quien calma la arena.

Y encojo los hombros. Escoges los hombros. Hablamos del placer. Y de las tardes, de libros. Y de lo que no son libros. Y me gusta cuando ríes porque estás como probando. Hay historias que se tejen cuando menos lo esperas. Y las invitaciones, nena. El viento trae confianza y sólo con pensar en ti alegro estas tardes.
Piel de princesa, tu ropa es una caricia a inventar.

Nadie sabe el sabor de las primeras cosas hasta que las nueva otra vez.

-Lo siento, me gustaría pasar lo que queda de noche con los amigos…

-Claro, disfruta, es vuestra noche. Habrá más viajes.

Y la noche despega como en los viejos tiempos. Con dos hijas de Lesbos pidiéndoles explicaciones a Auténtico por su mirada de bucanero y con Auténtico desplegando sus alas, recién liberadas de la escarcha, dibujando la vibración de la ataraxia. Y con Chico Risa celebrando pechos y con poeta mareado de tanta alegría.

Llegando a casa, Chico Risa le hace un corte de mangas al tópico (puede que también al taxista) y se convierte en nuestro socio capitalista. Y Poeta vuelve a casa cabeceando de risa (todo se pega, menos la decadencia), repartido entre el orgullo por los compañeros de viaje (también los de en viaje) y este nuevo despegue conjugándose.

lunes, noviembre 03, 2008

Llamando a las puertas del cielo




( El Alta Gestión pone contra las cuerdas al Regal Barcelona, pero finalmente un bloqueo ofensivo local a principios de último cuarto facilita el definitivo triunfo blaugrana)

Hay derrotas que suponen el cimiento hacia un nuevo camino: más sólido, más fructífero, más emocionante. Algo así supuso la derrota de este domingo del Alta Gestión ante el Regal Barcelona, en un partido trepidante, caracterizado por la abundancia de acciones espectaculares, que dejó unas cuentas buenas noticias para el bando fuenlabreño.

La primera de ellas, el extraordinario debut de Nikol Tsikitisvilhi, el deseado ala pívot georgiano quien por fin se enfundó la zamarra naranja y lo celebró embocando triples de todas las facturas (6 de 7 en venticinco minutos de acción). Semejante arreón anotador también tuvo un efecto contagio entre sus compañeros, con Leo Mainoldi a la cabeza. El argentino protagonizó su mejor encuentro de la temporada hasta ahora (8 puntos, 5 rebotes y 1 asistencias) en sólo 14 minutos de acción. Juntos, los ala-pivots naranjas (gracias a sus 2,12 el georgiano también puede jugar de center) comandaron un tercer acto soberbio (29-22), que puso a los locales con opciones de ganar el encuentro.

Pero, lástima, enfrente estaba el equipo con mejor plantilla de la ACB y quizá el club europeo en mejor estado de forma, como pudo comprobar en carne viva el Panathinaikos esta misma semana. Los chicos de Xavi Pascual se volvieron a encomendar al talento y el carisma de Juan Carlos Navarro, que ha vuelto para ofrecer su mejor versión (23 puntos, 2 asistencias). A su lado, funcionó como un general David Andersen, quien recordó al pívot que asombraba en Moscú y se puso a bailar ballet en la zona para anotar casi todo lo que probaba (9 de 11 en tiros de 2).

Junto a ellos, Basile justificó sus 31 minutos de presencia con una hoja de servicios irreprochable: 14 puntos, 3 rebotes, 1 asistencias y 1 recuperación). Demasiada munición para mantenerse vivo. Por mucho que de tu parte cuentes con Brad Oleson, el mejor pistolero de la segunda mejor liga del planeta, que sumó 22 puntos y 2 robos en otro partido sensacional, sobre todo habida cuenta de la sobrevigilancia defensiva a la que se vio sometido.
Así las cosas, el mejor resumen del partido lo puso el técnico visitante, Xavi Pascual, quien valoró al Fuenla como “un equipo muy sólido en las dos orillas, que preveo va a dar muchas alegrías a su afición a lo largo de esta temporada”. Su felicidad era contenida, pero tenía una explicación clara: “ha sido el primer partido que hemos ganado esta temporada jugando mal”.

¿El mérito? Pertenece a la defensa fuenlabreña, que quizá sea todavía demasiado irregular, pero que a veces regala momentos emocionantes. Como el balón que Saúl (8 puntos, 3 asistencias y 3 rebotes) robó en el centro de la pista a Navarro y que terminó con un mate de concurso. Es el resultado de una defensa delimitada por su carácter solidario, abundantes dos para uno y pretensión por defender en cada centímetro del parquet. Una idea ambiciosa, que demanda tiempo, paciencia y muchas horas de vuelo.

Entretanto, la clave de este partido residió en los primeros compases del último cuarto, cuando los locales encajaron un parcial de 0-12, producto de un momentáneo bloqueo anotador que se hizo largo como una película experimental coreana. Al margen de ese lapsus, el equipo demostró orgullo y carácter para sobreponerse, pero enfrente había un equipo que suda talento y se postula como favorito número uno para ganar el torneo.

lunes, octubre 27, 2008

canal femenino


quiero
que quiera
salir reconfortado

(California, 1955 de Elliot Erwit)

miércoles, octubre 22, 2008

Apetito diario


Vivimos tiempos decadentes,
un momento en que sólo
conocemos el precio de las cosas,
pero no su valor.

La vida es un regalo lo
bastante hermoso e impredecible
como para perder expresarme.

¿Cómo entender entonces
de qué se trata?
A través de la intuición.

¿Qué es la intención?
Lo que uno hace cuando uno
no sabe qué hacer.
Llego a la ciudad, hablo muy poco
o nada de tu idioma
y no sé
alguien pensará que soy estúpido.

Pero puedo averiguar como salir adelante

(aprendizaje, memoria y razonamiento)

puedo averiguar como salir adelante.

(La chica colombiana sonrió con sus manos.
Y me dejó arena con la de Ann, Richard y Barba)

lunes, octubre 20, 2008

Veterano en fuego (tempus fugit que es la leche)


Algunos no tienen masaje de
disfrutar ciertas compensaciones
y privilegios por el mucho equipaje
que han de abandonar, les han birlado
o quizá nunca hayan poseído.

Pero si uno se vuelve entereza,
optimismo injustificado
y cierto desdén siente
el deslizamiento sin angustia.

El viejo que reprime el impulso de
compartir traiciona su propia biografía.

Me reúno, entusiasmo,
con lo más animado de un banco
del Retiro, el barrio, la cafetería,
el bar, la taberna e incluso edad de terceros.

Apenas lugares donde se desestima
la tertulia, transmisión de ideas,
vivencias, fastos o fatigas.

Y cada cual vuelve a casa,
quizá enriquecido con el préstamo
de una cinta de vídeo.

Hay un cortocircuito entre los presentes.

Hippies de solidaridad atrapaban secretas sensaciones,
oposiciones de la vida y la necesidad de ganarse
(a sí mismos tal vez).

Los errores dan sentido a cosas inexplicables
(la experiencia no sirve para casi nada).

Profunda revolución de mujeres con su cabello,
me gusta tu cabello,
ya sabes, soy un caballero,
tu cabello
a medio atrevimiento entre el peinado afro
y la salida de la ducha.

Futuro es algo que bailotea
en el parabrisas de nuestra
máquina de movernos.

Vivimos en la ocurrencia de dar marcha atrás.
Épocas de mujeres altas y rubias,
o, qué menos,
de morenitas de la copla,
de ojos agarenos y piel canela.

En fin,
tempos fugit que es la leche.

(Con emoción, agradecimiento,
también admiración, sobre todo ad-miración
al maestro Eugenio Suárez, que me prestó,
me prestó, sus palabras, sus palabras).

domingo, octubre 19, 2008

Los reyes de la fiesta


(El Alta Gestión conquista el Pabellón Príncipe con un partido determinado por la regularidad defensiva de los naranja y su variedad de liderazgos ofensivos)

Después de la amargura por la derrota del otro día ante el Gran Canaria (recuerden, los chicos de Guil dilapidaron una ventaja de quince puntos para acabar dejándose mojar la oreja en casa), los chicos del Fuenla se miraron al espejo, buscaron lo mejor de su guardarropa y se convirtieron, por este domingo, en los chicos más populares de la fiesta. Y eso que el reto no era precisamente propicio. Enfrente, competía el CAI, un equipo talentoso y competitivo, modelado a golpe de chequera que cuenta con un respaldo único de aficionados (10.500 espectadores acudieron este domingo al Pabellón Príncipe Felipe). El choque arrancó con un intercambio de cestas, justo como no quería el técnico naranja, Luis Guil, concienciado de las goteras defensivas de su gente.

Claro que habrá quien considere ésta una apreciación generosa, puesto que ambos contendientes se dedicaron a rivalizar en niveles de desacierto en el primer cuarto, con un 18 % de acierto en los tiros de dos para los locales y un 17 % de efectividad en tiros de tres por parte de los visitantes. El caso es que el primer acto concluyó con una ligera ventaja para los maños (17-15) y la sensación de que Peter Jhon Ramos sigue creciendo, lento pero seguro, en sus prestaciones dentro de la zona.

El segundo cuarto (17-25) condensó lo más interesante del ideario del Fuenla para este curso: contraataques a mansalva, baloncesto alegre y (por primera vez de manera continuada) una buena dosis de lecciones de intensidad defensiva. En esa faceta, Matías Sandes fue el rey. Sus estadísticas invitan a pensar en su irrelevancia en el juego: 0 puntos, 4 rebotes y 0 asistencias. Y sin embargo la temperatura defensiva de los naranja subió cinco o seis grados cada vez que el alero mendozino estaba en cancha. Es lo que conoce como los intangibles. Cualidades que marcan la diferencia entre un equipo mediocre y otro especial. A través de la electricidad defensiva, Saúl demostró por qué es el más firme candidato de la liga a ser chico maravilla (ése que lo hace casi todo bien) y firmó una estadística que habla por sí sola (8 puntos, 5 rebotes, 5 asistencias y 1 tapón).

No le faltaron cómplices, como Antonio Bueno, que firmó su partido más completo hasta ahora (10 puntos, 4 rebotes, 2 recuperaciones, 1 tapón y 1 asistencia). El pívot vallecano chapotea con fluidez en su madurez deportiva. Lo mismo machaca con determinación el aro que pone un tapón de álbum para propiciar un contraataque, que culmina Valters con una acción que valió tres puntos (ambos acciones quedaron registradas en el vídeo que ofrece sobre el partido acb.com). El base letón, en armonía con Ferrán, bordó la dirección del Fuenla.

Con tanta gente entonada en su mejor versión, el CAI a duras penas sacaba la cabeza. Se agarraba a los arrebatos de clase de algunos de sus puntales. Primero Guerra, después Lescano, a veces Garcés, siempre Lewis. Sea como fuere, la estrella local, Paolo Quinteros, no tenía el día. Y, enfrente, había un jugón que volvió a demostrar que tiene el don del baloncesto. Sí, otra vez Brad Oleson maravilló al personal. Esta vez, fueron los triples embocados desde la estratosfera (menudos brincos pega el alaskeño) para contabilizar un total de cuatro de cinco en tiros de tres.

Así las cosas, el Fuenla se dedicó a administrar la ventaja adquirida en el primer acto durante la segunda parte del choque. Fue tan sencillo como jugar instintivamente. Y cuando el talento se mezcla con las ventajas de la espontaneidad, algunos de estos chicos se convierten en los reyes de la fiesta, con ese impulso irresistible que hace no tanto hacía únicos a algunos de los personajes de un tal Francis Scott Fitzgerald.

lunes, octubre 13, 2008

El aura (no es lo que parece)


Como cada semana,
sed positivos.

Hay una profesora,
un empleado de banco,
varios jubilados
gente que gasta méritos
(con noche).

A veces no es fácil.
Hay que superar esa barrera
para hablar de los temas.

¿La fuerza?
En las infinitas posibilidades de Internet.

En esto se parece
y supera al
país fragmentado en barrios.

Considerados, gente, los más sensibles.

Clásica postal sobre los emprendedores:
todas en su barrio convencen
(personalmente).

Motivar es mental.
Que tu vecino te diga cuenta mucho.

Y la camarera con microfalda escocesa.
La camarera con microfalda escocesa.

A veces.

He hablado tanto que me he quedado sin voz.
(A Isabel Piquel, por regalarnos su mirada de la ciudad)

sábado, octubre 11, 2008

Aumenta la conciencia, aumenta la alegría


Mis pensamientos surfean sobre (suaves) mis fibras
y de repente se me recompone el baile, locura, baile.

Todavía te tonteo
las caras pegadas como si estuviésemos fotografiando la alegría.
Y la fotografiábamos.
(Es tarde y ahí afuera espera la fiesta).

Pero este rato es sólo para ti.

Se supone que estoy sepultando mi poética.
Me llamarán ingenuo, simple o
cosas peores.

Qué más da.
Dame más.
Más das.

Tengo imaginación y ritmo
(me lo dijo con su cuerpo)
me lo contó con sus besos
y le plasmé mi entusiasmo
en el edredón de sus orejas.

Hijos de la noche.
Somos exiliados de nuestro dolor
y hace tráfico en tu vientre de mujer ilusionada.

Tus manos me reparten la gloria
(estar contigo)
y elevo la voz como un rockero que se prende en Budapest
(estar contigo)
y río como un futbolista que no sabe ser mejor sin la humildad
(surfear contigo).

Y movemos nuestras cabezas
y la discoteca nos ofrece lascivos centros.

Me dices que no te olvide
y no te preocupes, nena,
que no sé ni quiero.

¿Te puedo bailar? Pregunté con la ternura del recién llegado
y me caigo en la cuenta de que llevamos la semana acariciándonos.


Mi abuelo
necesitó unas canciones y una carta
para algún día poder algún día
regar las plantas.

Ahí afuera estar puedes desvastado
que si consigues un filtro
(conciencia de estar risa)
restauramos hasta los recuerdos.

¿Cómo lo hago ahora?

Me acuesto con una idea,
y te celebro,
concentrado,
en cada capricho
de tu piel.

Qué alegría cuando no necesito recordar nombres.
Todo cuando necesito es el tuyo.

miércoles, octubre 01, 2008

Follar, pensar…el rollo de siempre


Hoy la fiera está tranquila.
“La vida es roja si te vas
y me derrota igual que en los sueños”.

Este hombre asilvestrado
se ha levantado temprano.

Hay géneros más fáciles y
el rock no está entre ellos.

Me he salvado un poco escribiendo prosa.

¿Miedo? ¿Te da miedo?
Está claro que no te gusta y estás deseando bajarte ¿no?,
pero te montas.

Empiezo después de cenar y estoy
hasta las cuatro de la madrugada.
Me siento mejor.

Matamos a nuestras mujeres,
a nuestros vecinos,
a los de nuestro pueblo,
a los del barrio contrario.

Memorizar cosas no me gusta.
Nos intentan meter demasiadas cosas en la cabeza.

Y el tiempo es sitio.
Hasta los griegos lo sabían.
Hay que tener un conocimiento más intuitivo.

Las drogas, los conciertos caóticos, la alergia a los miedos.
Si no ocultas las cosas, eres un demonio.

“Eh, mírelo, ése es el que se la mete toda”.

[Cortesía de Robe Iniesta (Extremoduro) y del periodista
que le tiró de la lengua (Carlos Marcos)]

martes, septiembre 30, 2008

Estrella telúrica


Alta e imposible,
como una jugadora princesa
de la que las cámaras niponas no pueden
apartar la mirada

viernes, septiembre 26, 2008

Elegante y sucia


Con estas palabras, gastados y sugerentes, una tímida marinera del océano virtual califica la odisea de dos vaqueros que centran sus pensamientos y existencias en un ferrocarril. El tren sale a las 3.10 y marcha destino a Yuma.
Vamos a deshacer la memoria. Uno de ellos se podría llamar Jonatan. Es honesto y cabal. Tiene una esposa que se parece a una mujer que una vez, una sola (vez), encontré en la Fuente Labrada. Es rubia, serena y abnegada, con esa elegancia marchamo de las mujeres que han nacido para preservar este mundo. Jonatan es Cristian Bale un tipo que tiene un pacto con el lado sombrío y cuyos pómulos manejan un lenguaje propio.


Al otro lado de la charca, campa Dylan. Un forajido con un alto sentido del honor que no duda en ser piadoso con sus enemigos mientras pulveriza los sesos del primero de los suyos que comete una cagada. Dylan es Russel Crove, ese australino talentoso y violento que en su día lo dio todo por tirarse a la antigua adolescente de Alcobendas.


¿Por qué El tren de las tres y diez ha pasado a convertirse en la medalla de plata de mis preferencias en cine? Porque tiene ritmo, es divertida y original. Porque indaga sin correcciones en la ceniza del alma humana. Porque en ella malvive un bueno con el cuerpo y el alma tullida. Porque en ella surge un malo con el corazón doblado, escindido entre su instinto de supervivencia y un interesante muestrario de gestos honrosos hacia el género femenino y la gente con agallas.
Todos, en algún momento de nuestra existencia, nos hemos creído mejores de lo que éramos. Y todos también hemos terminado en alguna ocasión en ese desfiladero en el que nos pensábamos peores de lo que realmente éramos. Esa contradicción alimenta nuestro corazón de animales hambrientos de felicidad.


Por eso me gusta esta historia. Porque encuentras en ella metafísica de aguardiente. También aventura, un cierto toque de comedia y algo de sofisticación en algunos de sus diálogos. Y la mística del salvaje oeste sembrando de incertidumbre la vida de su gente. Dan (Cristian Bale) ha perdido la dignidad en algún momento del camino. ¿Les suena? Ni siquiera los cojones que le echó cuando quedó lisiado en la maldita guerra, le han valido para vivir decentemente de su granja. Y lo que es peor, ha perdido el respeto de su hijo adolescente, William, obsesionado con historias de legendarios forajidos. Por no hablar de cómo su compañera de viaje empieza a dudar de su capacidad resolutiva para sacar adelante a la familia.
Enfrente, Dylan saquea diligencias, ríe como una hiena y habla como un senador, mientras encama a la camarera más apetecible del pueblo. Pero en esta partida, como en tantas otras, no conviene bajar la guardia. Así pues, Dan (o Jonatan, as you prefer) y Dylan están amarrados a la puerta de una duna. Cantan, beben, se odian y admiran secretamente mientras el miedo hace su trabajo y les deja, cara a cara, enfrentados a su destino.


Esta película me gusta porque esté hecho de vértigo, tiros, confusión, absurdo y muerte. Pero me fascina porque ofrece honor, peligro, entereza y determinación. Una combinación que, de lograrla, algún día nos podría meter en un buen sueño.

domingo, septiembre 21, 2008

El día que llovieron ranas de nieve


Hace un rato la tormenta dibujaba sugerentes en el cielo de la ciudad. Al lado, acuática se demoraba en las palabras y jugueteábamos como viejos.

Ya dentro de la sala de cine, he odiado a un tío como hacía tiempo no lo (hacía). Alguien con todo a su favor, pero con las garras de la vieja dama en la piel. Cuando averiguas esa extinción, absorbes su comportamiento. Y respiras con él a la espera de capturar ese lucio que tanto se resiste.


Serenamente respirado, conquistas el océano con la mirada. A veces un silencio también puede ser una señal de valentía. Aunque personal impersonalmente me quedo con la hojarasca de la broma. Bailamos como aparentando que nos abrazamos. Y el cielo se permite nuevos rugidos.
Es verano. Todavía. Y el corazón, en calma.


Me gusta el balanceo del suelo, cuando caen las primeras lágrimas. Niños, también de felicidad. Azules ojos sonríe enigmática y la humedad se reparte entre la ensoñación y la experiencia. El saurio metálico rojo me propone un paseo de quince minutos.
Suenan irreverentes americanos en mi cabeza. I heard myself tonight.


Y de repente. El cielo cambia las lágrimas por cubos de agua. Y no siento incomodidad. “Evoca aquella dehesa extremeña”. Y extiendo las alas. Río, puedo sentir mis tripas dejándose. Dejándose.

Todo lo que no sé se me cae encima con una melodía violenta que me conduce al portal de esa que princesa nunca conoceré (no se han encontrado princesas en la palabra sinónimo).


El mar se da la vuelta y por un momento imagino que podré nadar hasta las manos de la panadera. El diluvio sube su volumen. Diría que hasta se enfurece. Puede que sólo sea un pensamiento. Y los del coche se toman con humor y miedo el asfalto de nieve. Las ranas deben de estar a punto de caer. Respiraciones fuertes.
Como disfrutando de la confusión.


Entretanto, las castañas de nieve concentrada rebotan contra los cubos de basura. Y por un momento siento a la princesa que nunca conoceré esperando, de espaldas, al otro lado de la evanescencia.


Y las guitarras del Freyr (ese nórdico descatalogado dios) descargan una nueva tromba de agua sobre mi cabeza. Estoy solo. No me siento. Ni siquiera solo. De alguna manera estoy fundido con la tempestad callejera. Y encuentro el ritmo. Oh, sí, lo encuentro. Abro otra vez las velas. Y el imperio de la oscuridad me hace una leve reverencia (también ellos aflojan).
Y los tambores se me reparten por los músculos.


De repente, la veo al fondo del banco, mirando la carrera. Deteniéndola con su sonrisa. Es la rebelde del relato de Bradbuy. ¿Por qué esa obstinación en no humedecerte?
Y el león de dentro bendice mi ropa manchada de alegría.

miércoles, septiembre 17, 2008

Viaje


Aquí estoy
rodeado de voz
y mujeres al principio.

Un túnel que finalmente me ha llevado a casa.

Abuelos con carisma
esbozan una memoria
cuyos tentáculos
imprimen vértigo y desesperación,
por suerte también
bromas y espumosas
(bebidas).

A veces,
parezco uno de sus nietos.
A veces.

Y aparece ella

aparece ella
para quitárselo todo.

lunes, septiembre 15, 2008

Dark sideral


Gafas de Lennon
y pose de buscador bragas.

Hombre de rock
cruza las manos
y caza filosóficamente

ah, el momento

viernes, septiembre 12, 2008

Cómplices cardiacos de las estrellas


(Sucedió el 22 de Agosto. María y Chiki entrelazaron para siempre su destino. La ceremonia fue sobria y emotiva. El ágape, digno de la era del jazz estadounidense. La cena, pantagruélica como dicen les gustan a los príncipes de las mil y una noches. La fiesta posterior, simplemente sensacional, por divertida y delirante. Supongo que no es casualidad teniendo en cuenta la magia de los contendientes. Éste fue mi particular homenaje para ellos, el panegírico que diría Don Avelino).

Antonio es emprendedor, inteligente, divertido, trabajador, honesto y valiente. También impulsivo y curioso. En cierto modo, su manera de ser y vivir evoca la de aquellos pioneros que un día lo arriesgaron todo para mejorar su civilización.

En la Antigua Roma, hubiese sido el tribuno de su ejército. Si la revolución francesa lo hubiera escogido, se hubiese revelado como uno de sus librepensadores más solventes, uno de esos que inspira a todo el vecindario. En los tiempos del salvaje oeste norteamericano, es fácil imaginarlo como uno de esos tipos resistentes al hambre, la desesperación y el peligro, que cincelaron el manual del sueño de las 50 estrellas: una familia, una casa rodeada de una enorme extensión de tierra y un código inquebrantable de valores para hacer que todo eso funcionara.

En nuestros días es un tipo de fiar, el amigo que siempre está a tu lado en los momentos delicados. El tío inquieto que te graba una cinta de rock para que te adentres en la poesía cotidiana y aprendas a reír, a dejarte llevar cuando eres adolescente. También el colega que te cautiva con su determinación para explorar las noches y conciliarlo con notables notas durante de la carrera. Todo eso mientras se obstinaba en currar los fines de semana y entrenar su cerebro, sus músculos y su sentido de la responsabilidad para cuando le tocara fundar una familia. Aunque lo que siempre te ha hecho único, Chiki, es ese corazón que no te cabe dentro. Un corazón que te impulsa a buscar un mundo más libre, más justo y más solidario.

Ese día ya está aquí. Pero no se asusten. Esto no es un comienzo. Esto no es como siglos atrás o como cuando nuestros abuelos pasaban por la vicaría. Esto es una meta volante. Porque María y Antonio ya llevan tiempo juntos disfrutando del camino. Esto sólo es un pasito más adelante. Y sí, ya sé lo que están pensando. Pero no, Chiqui no me ha prometido una jarra extra de sangría a cambio de estas palabras para cuando luego estemos cenando. Y sí, tienen razón, ha sido una descortesía hablar primero de él y no de la guapísima novia. Pero la historia había que contarla así porque conozco al señor Antonio de cuando teníamos diez años y nos jugábamos el postre en el recreo del comedor, en el colegio.

Por eso, porque le conozco un poquito, estoy tan contento de que sea María quien le vaya a acompañar en este viaje. María es atenta, imaginativa, lista, tenaz, divertida; sorprendente. Conserva intacta la capacidad de asombro que hace especiales a algunos adultos. Por eso conecta con tanta facilidad con los peques. Porque siempre está dispuesta a reír y descubrir. Encima, es una trabajadora inagotable, una de esas pocas personas que no ceden hasta hacer realidad sus sueños. María, tú completas a Antonio.

Hay algo elegante y enigmático en María que remite a una princesa japonesa. Algunos lo llaman fascinación. Porque ella perfectamente podría ser la heroína de una de esas pelis argentinas donde una princesa se disfraza de normalidad y hace más agradable la vida a la gente del barrio, mientras guía con serenidad a sus alumnos y enamora a su chico. Hablando de cine, la prueba del algodón de que hoy estamos en el momento y lugar apropiado es proyectar una película muda. Cierren los ojos. Piensen en los momentos en los que han coincido con Chiki y María. Les resultará sencillo sonreír, porque hay vibraciones que no necesitan palabras.
Enhorabuena, chicos, que disfrutéis del viaje.

sábado, septiembre 06, 2008

Tu manera abatible de mover el cuerpo


Imagina que, por una noche, tienes la energía y el hambre de los quince. Añádele unas dosis de sabiduría y confianza. No sé las cantidades. A veces conviene darle un corte de mangas a la tormenta.

Es viernes y el vagón está atestado. Una gorda te pega un empujón y algo te dice que será como una travesía por aquella charca senegalesa (diferente, peligrosa, emocionante).
En honor a aquellos 90, descorchas un par de sonrisas de Barceló en un sitio llamado San Mateo, aquella gruta donde las chicas impresionables te llenaban los labios de irreverencia y sal. Da igual cuantas tempestades puedan azotar tu cancha, porque algunos amigos arrimamos el hombro cuando el océano se revoluciona.
Tu camarada ofrece filosofía y honestidad al destino. Así que le escuchas y agradeces que el Sanma ahora sea lo más parecido a un club de jazz en la espalda de la Catedral acuática de Mallorca. Compartiendo impresiones, ladrillos y vuelos.
At the same time.

Un momento es muy poco tiempo. Cuando nos dimos cuenta, dos rones con limón caían por el sumidero de la primera playa. Sonaban los Smashing, The Editors o algún grupo perfecto que no serás capaz de recordar. Los dedos entonan su propia sinfonía. Y ya no sabías si las pibas te miraban o simplemente las adorabas. Dos cosas que no quiero que me robe la marea: asombro para seguir descubriéndote y fe para ver lo mejor de cada compañero de viaje.
Cabeceamos como si las olas no estuviesen derritiendo la escarcha de chicos felices. Sí, nena, eso debe ser lo más parecido.
Ahí arriba, en el cielo de los bohemios, las ángeles tienen bkinis sesenteros. ¿Algún sitio en este barrio? Traficante de ideas, te has fijado en lo rubia que puedo llegar a ser. Bailemos. Cinco nombres. Una mujer sabe cómo demorar el licor y no soy quien para interpretar el camino.
Ahí abajo, en el infierno del tupper con el que nuestras abuelas mantenían alerta el sueño. Flúyeme, parece decir la incierta parisina. Me desconciertan los chistes de su amiga venezolana. No sé donde cojones aterrizo. Pero lo interesante es que esto solo acaba de despegar y mi viejo camarada y yo llenamos brillantes páginas de la literatura del sumidero que nunca tendrán ventana. Así son las mejoras. Mañana tenemos que fregar la plaza mayor con las manos. ¿Me das un beso de despedida?
Lo siento, pero aquí no pegan tus vocales de rock. El otoño está al lado, pero por esta noche Davide y buscador le damos largas. Llegado el momento, designamos a la princesa de las fresas como musa del rap. Como si ella nos hubiese escuchado, le pregunto por el tamaño del palacio y a cambio me señala eternidad. Qué importa sean dos instantes. Sugerencias sobre el mestizaje. Tienes una manera abatible de mover el cuerpo. Y se lo digo con las manos.
Llueve como si el verano se arrepintiese de tu palabra de honor. Gente como Enric González o Carlos Boyero son entronizados por su disparatado sentido del resistencia. Las chicas quieren antorcha. Nos la jugamos a pares o nones. Ya no sé si ella quería velocidad ahí dentro.
Hablamos de conejos subsahariano y nos enredamos entre lo falso y lo divertido, lo real y lo poético. Por un momento tengo la sensación de que la broma es un bonito enredo. Como si el ruido, sinfonía de desencantados británicos, fuese la receta del consuelo.
Preguntamos a un par de apariciones bellamente desquiciadas, pero nos orienta un sobreviviente del sueño español, que no ve el momento de zamparse aquello le ha sido prohibido durante la luz de arena.
Llueve. Pero seguiremos riéndonos por todo lo bueno que ha sucedido por el camino. Igual vale una cena de diez años por el instituto que una redención en forma de viaje neoyorkino, donde se aprende del lado cómplice de la capital del mundo.
Nos quitamos el sobrero de cowwoys. Y aterrizamos en un lugar llamado barco donde las rubias beben daikiri con la misma prisa que la actriz daba por encendida la tarde madrileña. Estamos en un escenario ambulante de indígenas colocadas.
¿Cómo te lamas? Laura, estamos pidiendo una canción para cambiar la temperatura. Y me dan ganas de decirte tengo ganas, pero a cambio muevo, simpático, la mano.
Y qué pocas veces una caribeña te da su invitación. Muy pocas vibras con la alegría de que todo es posible. Poquísimas no pareces un niño dormido.

Te admiro loco, nunca dejes de explorar, hay que montarse en esa serpiente y tener el estómago preparado para los próximos virajes.
Entretanto, escucharemos el mejor rock cincelado por las subversivas de peluche.

Vuélvete a nacer y mira por asombro. Un choque de manos en forma de viejo abrazo. Y la convicción de que, después, esas uvas pueden bailar en los muslos de wonderwoman.

Nena, suenas como no recuerdo.
Me gusta cuando miras, porque estás como robando estrellas.

Y lo mejor es que puedo también oh sí puedo reír por todas esas viejas anécdotas mientras cabalgamos la ola. La ola y sus próximos sabores. Toca explorar.

Con Rosario vibrando todo será menos abismo.

martes, septiembre 02, 2008

Manos, movimiento


Yo había nacido para dibujar los barcos que descansaban en el muelle. Los eternizaba mientras mi novia napolitana me quemaba los labios con sus besos de impaciente y despaciosa. En cierta manera, era la esperanza de la tribu: talentoso, despreocupado y mujeriego. Pero las preferencias del firmamento son ceniza si algo arde en tu interior. Está feo que lo refiera, pero por aquel tiempo mi alma se parecía a uno de esos salvajes bosques canadienses que fascinan a las universitarias neoyorkinas: una inmensa capa arbórea llena de promesas, frío y belleza.
La primera vez que la encontré, sentí hambre y no paré la sonrisa. Napolitana me mordía los labios en una tasca del pueblo donde la gente vive para memorizar chistes. Napolitana me deseó y ya nunca pude detenernos. Sus palabras eran sus dedos y cada uno de ellos contenía una nueva respiración; pórtico incontestable del acércate. Si sigo trabajando tanto, mañana seré vieja. Quizá, pero lo que yo quería decirte es que intensa eras tú, intensa esa manera sin copia de acariciar las olas. No dejes de acostarte tarde, acuática. Acuáticos son tus pechos, acuática tu vulva. Y de ya tus inmensos ojos. Napolitana prefería que no le dijese guapa. Tampoco le gustaba leer los ingredientes de los cereales. A cambio, se empeñaba en que hiciésemos música con los cuerpos. Sólo música , mi cielo, sólo música. Todavía timidezco cuando noto tu mano recogiéndome las migas. Y sí, el bosque se incendió con los dos dentro. Fue en agosto.
Todavía no había viajado en pérdida.

domingo, agosto 24, 2008

Amo este deporte


Algunos de los mejores momentos de mi vida han pasado dentro de una cancha de baloncesto. O muy cerca de ella. También a través de la caja fácil. Hoy he disfrutado otra vez como un niño. España ha ofrecido una lección de dignidad, talento, ambición y clase. No ha podido ser. Pero siento como si de alguna manera el lugar, el país en el que vivo hubiese concretado todos los progresos que ha experimentado en los dos últimos decenios en el capítulo social, cultural, emocional y económico en la final olímpica que esta mañana han jugado un grupo de talentosos gigantes frente a Estados Unidos.

Admiro a esta selección porque sus integrantes han sabido aprender de las cagadas que han cometido en partidos o momentos puntuales de sus carreras deportivas y se han hecho más fuertes y versátiles gracias a ellas. El partido de hoy ha deparado vibración en estado puro. A un lado, superatletas egocéntricos buscando su particular redención. Aunque varios de ellos lo parezcan, no son estúpidos. Saben que medio planeta se mofa de sus aires de grandeza. De sus limitaciones técnicas, de su distraída deportividad y, sobre todo, su escaso conocimiento del juego en grupo. Aún así, existe algo valioso en este grupo de jugadores: su determinación ganadora, su ambición, su inmenso talento individual y un afán de superación que simboliza el alma de una nación como la de las 50 estrellas cuyos habitantes, amarrado a sus ideales de pioneros, nunca se cansan de creer que las cosas van a salir bien por derecho divino y que basta con la fe y una voluntad desmedida de trabajo para hacerlo real. Los yankees también son eso. Cómo no admirar el prolongado vuelo de James para esquivar el brazo de Rudy y anotar el contraataque a una mano. Esos chicos son hidroaviones acorazados, de una potencia física y voracidad competitiva que otorga mayor mérito a la hazaña de la gente de Aíto.

El campeonato ha sido notable, pero no soberbio. Y ya sabemos que de los más grandes nunca se esperan medianías, por lo que a los españoles les han caído más palos de las que merecían. No obstante, existe una consideración general de que el partido ha sido épico. Digamos que los Juegos Olímpicos merecían una nota de 8 hasta esta mañana.
Pero algo cambio esta amanecida. Alguien, medio borracho y fascinado, encendió la batalla. Esta vez era imposible quedarse dormido. Hubo un principal responsable: Rodolfo Fernández, carne de NBA, pero con el alma cultivada en los refinamientos tácticos de los europeos. Rudy nos ha hecho sentir orgullosos de pertenecer al antiguo final del imperio. Su actuación ha sido un compendio de virtudes callejeras, fundamentos y también de instinto: descaro, manejo vertiginosos de la pelota, triples subiendo al marcador como copos de nieve eufóricos y una jugada que ocupara un lugar privilegiado en la iconografía de los adolescentes serbios, italianos o griegos que nos disputarán la supremacía del basket en los próximos lustros: un mate en el careto de un All Star. Rodolfo, ese chico prepara los partidos escuchando música, a su bola, en el autocar de la selección, ha cogido la pelota con una determinación primitiva. Ha hecho un par de fintas y ha saltado con toda la rabia que le conceden sus 84 kilos. El resultado: se ha colgado del aro con una sola mano, sorteando una montaña de músculos llamada Dwaine Howard. 2+1. De esos que nos han endosado a cholón los americanos.
Cuando tenía que entrar una canasta, entraba, cuando precisábamos un triple, se embocaba.

La sensación era ésa. Las sensaciones. Dulce condena, sí, Davide. Pepu ha dicho que se lo pasado teta. Yo también, el corazón me rebotaba como en las grandes ocasiones y ya no tenía por qué conformarme con que Pep Cargol le robara un balón a Larry Bird.
Esta vez hemos escenificado el lema con el que jugaba (y muy bien, por cierto) el señor Solana cuando estaba en Fuenlabrada: si compites, no eres inferior a nade.

Les hemos mirado a los ojos. Felipe Reyes ha demostrado que el instinto carpanta que hizo tirar para delante a nuestros abuelos sigue corriendo por nuestras venas. Un instinto que es una sinfonía de orgullo propio, valentía y perseverancia en la mejora.

Pau estaba sobrevigilado, pero ha hecho un partido notable, mejor que cualquiera de sus hombres altos. Ha completado el mejor torneo de su vida. Las finales NBA le han curtido. Anota y rebotea como un ganador. Siempre lo fue. Pero ahora es una versión mejorada. Ruge. Con sus consejos y unos cojones quizá mayores, el tío Marc también hará fortuna en la NBA. Mi elogio también para Navarro, capaz de sobrellevar la tormenta con una sonrisa y que esta mañana ha impartido un curso completo de manejo de balón, pase y canastas bombeadas (lo que te limita también te puede hacer grande) para reivindicarse como uno de los escoltas más brillantes de nuestro baloncesto.
Mi reconocimiento también para Raúl López, al que le están cayendo ostias como panes desde todos los frentes. Al tío no le han entrado los tiros, pero nunca le ha perdido la cara a ningún encuentro, ha seguido jugando con intensidad y ha defendido como nunca.

Por supuesto, que he echado de menos la vena imaginativa del Chacho, pero estoy convencido de que pronto volverá a surtir a este combinado con sus genialidades.
Capítulo aparte merece el señor Garbajosa, otro al que le han cuestionado hasta la marca de leche que toma para el desayuno en los últimos meses. Su compromiso con este grupo y con nuestro deporte le ha costado una salida con cajas destempladas de la NBA. Y ya sabemos que la adversidad mide la talla de los hombres. Garbo lo ha pasado fatal. Se jugó la salud por acudir a un europeo donde estuvo errático pero batallador.
Primero en Toronto, donde la lesión no ha cicatrizado y sus dirigentes se han olvidado de la persona para poner la saca. Después, con los aficionados que le afean que se vaya a Rusia por la pasta. Y obvian el tentador proyecto deportivo. Además, quién en su lúcido juicio va a decir no a 6 millones de euros limpios por dos años. Pasará frío, pero sabrá templar el temporal porque es un currante nato y uno de los jugadores más inteligentes que he presenciado en una pista, uno que lee los movimientos del adversario con dos décimas de anticipación, lo que le convierte en uno de los defensores de más valiosos de Spain. Eso por no hablar de sus intangibles (y que por fin vuelven a llover sus triples).

Enfrente, Kobe representa lo mejor y peor de los viejos amos del negocio. Como esto es un negocio, los bisnietos del Tío Sam han tenido barra libre para cometer pasos de salida e ir dopados hasta las cejas (sí, otra vez no han pasado los controles). Unas ventajas que no invalidan su triunfo, pero sí le restan legitimidad. Es como si comparásemos el devenir amoroso de un muchacho en una semana cualquiera con el de otro muchacho que un día (y durante una semana) amanece con la jeta y el porte de José Coronado, con su chorboagenda…Too easy, que le diría el agente Caladero a su colega sueca. Kobe es lo mejor porque es un tío que ha sabido redimirse. Y ama este deporte por encima de todas las cosas. Respeta a los deportistas y a su oponente (bonito gesto con Pau). Es un respeto que no le ha venido de serie. Y al margen de consideraciones éticas, porque es un superclase, un grandísimo jugador que ha prestigiado este campeonato, con un último cuarto para la videoteca: 13 puntos, con triples en escorzos imposibles. Kobe a veces es lo peor porque la prepotencia le puede y, en el fondo sigue perdonando la vida…pero ha mejorado como jugador (defiende con pasión) y como persona. Esto ha molado porque les hemos llevado al límite, ha exprimirse.

Y casi les tumbamos. ¿Y ahora qué? Ahora toca seguir progresando en la esperanza de que en cuatro años el mago de Masnou siga maravillando en Londres. Para entonces, Ricky seguirá explorando su límite en la NBA. ¿Dónde está su límite? No lo sé, sólo sé que este niño hombre que madruga a las 6.00 cuando no está de vacaciones, también nos ha cautivado en esta final con su clase para robar balones, haciendo sencillos los pases y derrochando criterio en la dirección (mientras jugaba con la mano medio rota).

Y esto no es como algunos melancólicos vocacionales anuncian, esto no es irrepetible, esto sólo es un capítulo más fascinante de una historia que a veces vivimos en tercera persona, otras en segunda y, cada miércoles en una cancha destartalada del semicentro madrileño, en primera.
Gracias, chicos.

sábado, agosto 23, 2008

Donante de orgasmos

Pequeño destello de suerte:
desnuda, en mitad la alfombra.