Mostrando entradas con la etiqueta España. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta España. Mostrar todas las entradas

martes, noviembre 05, 2024

Mapaná: la búsqueda de la belleza con significado


 Un grupo de amigos, sanitarios pertenecientes a la ONG Médicos sin fronteras, despliegan sus buenos oficios en una localidad llamada Pie de Pato, ubicada en el selvático departamento de Chocó, donde está teniendo lugar una crisis de carácter humanitario.  

En este contexto, un médico perteneciente a ese conjunto humano, Pedro, se debate en una encrucijada amorosa: sus apetencias oscilan entre seguir aspirando al amor de su vida, Pilar, o sucumbir a los voluptuosos encantos de un atractiva colombiana, Luz Gabriela. Ese es uno de los ejes vertebradores de esta apasionante historia. El otro tiene que ver con conocer (y enamorarse) del pueblo colombiano y sus gentes. Al tiempo que indagamos en algunas de las realidades más difíciles y violentas del país de García Márquez y la biodiversidad con mayúsculas.


Con estos mimbres, el novelista madrileño Sergio Fernández Frey compone una historia llena de matices y claroscuros, que cautiva la imaginación del lector gracias a su pulso certero, vibrante por momentos, a través del que hilvana esta historia con un aroma cinematográfico, de manera que logra que leas esta narración con fruición. En esa línea de compleja sencillez, resulta muy estimable la construcción de los personajes de esta novela, hechos con rasgos poliédricos, en los que se combinan a un tiempo la cercanía, la simpatía, las sombras, la nobleza, la valentía y un amplio abanico de matices emocionales que te sorprenden en cada esquina. En un escenario adverso por momentos, también desfilan seres humanos dañados por la codicia y el afán insaciable del deseo de venganza. 


La historia funciona a muchas capas. Perfectamente, podría encarnarse en una película para el cine o en una serie para alguna de las grandes plataformas televisivas del momento. Tiene momentos de comedia y mucha acción, así como buenas dosis de drama y suspense. A pesar de la visión desesperanzada que a veces se filtra en la voz del autor a través de algunos de sus personajes, sobre todo el principal y el narrador omnisciente que nos relata la historia, prima una sensación de futuro abierto y esperanza para quien visite esta historia y los personajes centrales que la pueblan. 


La esperanza, eso sí, no siempre funciona con las coordenadas estrictamente existenciales. Hay en esta epopeya un canto a la vida. Hablamos de un relato que es ejemplar es la manera tan minuciosa en la que se relatan los pliegues de los usos costumbres y carácter de pueblo colombiano y español, así como detalles vinculados a las herramientas del arte de la guerra y la curación que ponen en juego los artífices de la historia. Hay fe en la infancia como recipiente primigenio de nobleza y maravilla humana. Hay confianza en la fuerza de los sueños, el afecto y las más nobles causas. Hay también estupor y horror cuando acaba imponiéndose el sinsentido que a veces deben afrontar los cooperantes en entornos muy adversos. 


Y, por encima de todo, hay un suave perfume de búsqueda más allá de las apariencias. Una singladura en la que nada es exclusivamente como lo habíamos imaginado. Hay una esencia (que se desliza en esos juegos metaliterarios, llenos de humor, en los que el autor revela sus aprendizajes laboriosos sobre los excesos de primeras veces) en los que late un deseo genuino de buscar más allá de lo superficial. Hay, en definitiva, una búsqueda de la belleza con significado que solo se puede encontrar en la vida cuando metes el cuerpo (y el alma) en la tarea que te propusiste. Por eso deja poso este libro: porque entretiene sí, pero sobre todo porque algunos de sus personajes muestran una íntima rebelión contra la violencia y las injusticias. De ese manantial incandescente, hecho de intención y bondad, están conformados esos personajes que nos muestran lumbre de futuro a esa Comunidad que construimos cada día, en un camino hecho de pequeños detalles, en el que acaba emergiendo la esperanza de un porvenir que dé sentido a este viaje de aventura, sufrimiento, dolor y esperanza que llevamos algún tiempo componiendo como especie. 


jueves, septiembre 07, 2023

Campeonas del mundo

 El juego coral.

Toque y decisión. 

Valiente empuje. 








Fuente de foto: Diario Sport 

martes, julio 04, 2023

España, campeona del mundo sub-19 de baloncesto. Spain world champion under-19 basketball

 El juego coral. 

Talento y valentía.

Arte en defensa. 


The choral game

Talent and courage.

Defense art.








Fuente de foto: as 

lunes, junio 19, 2023

Primera UEFA Nations League para España

 Paciente en toques. 

Macerar la jugada. 

Y resolverse. 







Fuente de imagen: El Español 

miércoles, julio 13, 2022

España sub-17, subcampeona del mundo de baloncesto en Málaga








Son supersónico. 

 Disfrutar y compartir. 

El don de aprender. 

Fuente de foto: ACB.com

domingo, septiembre 15, 2019

Oda a los campeones del mundo de baloncesto: cuando la rebelión a los determinismos se convierte en una inspiración


       Fuente de foto: El Diario El Mundo 

España ha ganado el campeonato mundial de baloncesto. Lo ha hecho por segunda vez, esta vez en China. La primera fue en 2006, en Japón.

Los amigos orientales y nuestro equipo nacional de basket tienen algunos rasgos en su comportamiento y su actitud ante la vida que describen por qué nos hemos entusiasmado con el juego de esta selección: el espíritu de superación, el trabajo en equipo y una determinación para hacer las cosas que despierta admiración y a veces se presta a la parodia. Es lo que nos sucede cuando nos encontramos ante personas y colectivos que inspiran por sus cualidades y que nos causan extrañeza con algunos rasgos y acciones ejemplares.

Seguramente, este es el triunfo que más he disfrutado desde que soy aficionado al baloncesto. España no partía entre las grandes favoritas. No tenía el talento despampanante de otras ocasiones. Pero cobijaba en su interior una virtud que marca diferencias, en la vida y el deporte: la fe en si misma y en sus posibilidades. 

Claro que esa cualidad no sería gran cosa si no la adobara con dos igual de importantes: una inagotable capacidad de trabajo y, aún más importante, la atención y la sed necesarias para superarse en cada entrenamiento y cada choque.

El equipo ha gravitado en torno a la fluidez anotadora de Ricky Rubio, Marc Gasol y Sergio Llull, a los que, cuando la ocasión lo requería, se sumaban sin grandes dificultades Juancho, Rudy, Claver, Willy u Oriola. El resto de los jugadores han aportado cantidades industriales de defensa, entrega y unión en los ánimos desde el banquillo o los minutos con cuentagotas (gracias Colom, Beirán, Rabaseda y compañía por hacer posible todo esto con vuestro compromiso y rendimiento durante las ventanas FIBA, esas partidas de poker a cara de perro en la que quedaron descartados en el camino previo del mundial equipos tan ilustres como Eslovenia, vigente campeona de Europa). Ese espíritu de equipo ha marcado diferencias en los momentos más difíciles del campeonato.

Casi nos quedamos tirados en la cuneta contra equipos de la clase obrera de la élite mundial, como Irán o, en algún momento, Puerto Rico. Hubo otros partidos en los que parecía que el rival nos iba a avasallar (primer cuarto contra Serbia) o pintar la cara (la mayor parte del partido contra Australia). Sin embargo, en ninguna de esas situaciones bajamos los brazos. Mantuvieron (mantuvimos, si hacemos caso a la física cuántica y los experimentos que documentan cómo el espectador modifica la realidad con su mirada :p) la templanza y siguieron jugando con orden, vigor y ese algo más de valentía, lectura de juego y acierto que da campeonatos.

También ha jugado un papel muy relevante en este triunfo el seleccionador nacional, Sergio Scariolo y su cuerpo técnico (grande Luis Guil, el tipo que también hizo jugar, en su momento, al Baloncesto Fuenlabrada y las selecciones nacionales de formación como los angeles), que ha agregado al equipo un plus táctico en defensa y ataque, con algunos movimientos clave para neutralizar a los jugones de equipos como Serbia o Argentina.

Hoy ha sido la guinda contra la Argentina de mi amigo Ezequiel: desactivamos bastante de su arsenal de jugadores caviar (con Luis Scola y Facu Campazzo como principales damnificados) y repartimos la anotación en una nueva demostración coral, con los tres magníficos arriba celebrados partiendo la pana en ataque.

Ha sido emocionante. Y muy inspirador para la vida cotidiana. ¿Por qué? Porque te recuerda que no es tan importante el talento o lo que la genética te haya regalado. Ni siquieta no son tan importantes los fracasos que hayas cosechado. Ahí algo que va más allá de lastres del pasado, determinismos del presente o expectativas del futuro.

Algo que tiene que ver con la humildad y la cuidadosa búsqueda. Con los aprendizajes y la experiencia que cada uno de nosotros tejemos en nuestro recorrido vital. Con la fraternidad y la complicidad que da el compartir los veranos con los amigos desde hace muchos años, haciendo lo que más te gusta. Algo que habla de compromiso y de amar lo que haces, y con quien lo haces, cada día.


                 Fuente de foto: La Sexta 

Para mí el mayor ejemplo de esta demostración de superación, de tirar por el sumidero las etiquetas o los prejuicios, ha sido Ricky Rubio. El chico del Masnou irrumpió como un prodigio en el baloncesto profesional. Parecía que se iba a comer el mundo con 17 años.

Personalmente, me maravillaba esa chispa con la que jugaba, ese atrevimiento para inventar pases imposibles o convertirse en míster elástico, atravesando montañas de músculos made in NBA gracias a su destreza para el bote. Después vino la meseta de jugar en el Barsa (nadie es perfecto) y cierto estancamiento, tanto con los blaugranas (sobre todo en el capítulo individual) como en los últimos años en Minnesota.

Sin embargo, todo eso ha cambiado en los últimos tiempos. Se ha consolidado como base titular en una de las 30 franquicias que integra el firmamento NBA. Y ha agregado bastante regularidad en su tiro de media y larga distancia, sin perder su destreza para entrar a canasta (a la que ha agregado un talento impar para anotar a tabla desde casi todos los ángulos),  optimizando también su cualidad para defender (producto de su trabajo en el gimnasio).

Todos esos avances han quedado de relieve en este campeonato. Me alegro especialmente por él (más después de haber afrontado tan joven el drama de perder a su madre, hace tres años; esas perdidas tan tempranas traen también la contrapartida de apreciar lo esencial en la vida, unirte más a los seres queridos que se quedan y ganar en perspectiva).

Ya no hace falta que sea el nuevo Pete Maravich, le basta con ser un tipo que comienza a brillar a la altura de su potencial y que ha dejado atrás la sombra para jugar con con tanta versatilidad como acierto (con unas medias de 16,4 puntos, 6 asistencias, 4,6 rebotes de media, 1,5 robos y 17,5 de valoración durante todo el campeonato), tanto que ha sido designado MVP (jugador más valioso) del campeonato.

A su lado, ha sido un lujo contemplar el temple para responder en los momentos importantes y la armonía para pasar de Marc Gasol (el grandullón con más garbo para asistir desde Arvydas Sabonis), los triples de fe (tras una ristra de mandarinas) del Increíble Llull, que en este campeonato ha recobrado su mejor versión tras la lesión de rodilla, para demostrar que también puede brillar en modo on fire con la selección, o la versatilidad y valentía de Juancho, la fuerza de Willy o la defensa de Rudy o Ribas (los chicos más espabilados de la clase, con un 'chip' que les permite adivinar pases un segundo antes que el resto de los mortales).

He dejado para el final el caso de Claver. Que nos ha demostrado que nada está escrito. Que todos esos años jugando como secundario silencioso le permiten ahora ponerse el traje de Batman cuando la aventura requiere de intangibles, defensa o, por qué no, primeros planos anotadores. 

Cuestión de madurez y carácter.
Prueba de evolución vital. Gracias muchachos, por vuestra obra de arte. Por recordarnos que los conjuntos mejoran a los individuos y que siempre hay tiempo para crecer y afinar detalles en la escuela de la vida.

viernes, julio 06, 2012

Un espejo en el que mirarse


Después de la glaciación de las frustraciones, el fútbol se puso sinfónico. Y escogió a unos perdedores con carisma (autodestructivos, poetas y hedonistas) como embajadores. Esta selección suma al talento del Brasil del 70 o la Holanda del 74, la rapidez mental de los supervivientes y el racimo de unos valores que mantienen a raya al Impostor (más conocido como Éxito): humildad, compañerismo, respeto, paciencia  y sentido del humor (también para reírse de uno mismo).

La mayoría de sus los intérpretes de la Roja, como si la belleza cupiese en un sueño, tienen algo de los más grandes. Casillas gasta la autoconfianza (y la elegancia disuasoria) de Gordon Banks. Ramos concilia la serenidad majestuosa de Maldini, con el carisma de Camacho. Piqué es un cromo sin precedente, como si pusieses a un jugador de baloncesto a jugar con esa suficiencia ganadora que le lleva a golpear el balón como si llevase el batín y las zapas de casa, con momentos de inconsciencia para ir al ataque, locuras que remiten al patio de colegio.

¿Jordi Alba? Bueno, un periódico alemán lo calificó como un ángel sin alas y no existen motivos para desautorizarles. Álvaro Arbeloa es como ese empleado de correos que, sin levantar la voz, cumple sus encargos con la precisión de un cirujano.  Xabi Alonso es la quintaesencia de la elegancia, con los cambios de orientación de Schuster, la mala hostia de Odín y el primer toque de Guardiola. Otro que imita el nen de Samptedor es Busquets, cuya mitad de cuerpo es una escoba y la otra mitad procesa el balón con la sensibilidad de un violinista con pies.

Claro que si hablamos de dualidades pocos pueden presumir de ellas como Andrés Iniesta, que puede hacer de Xavi y de Messi (con mucho menos gol, cierto) en el mismo talento., que es tanto como decir que puedes ser Quentin Tarantino y David Fincher en la misma película.

Xavi es Magic Johnson camuflado en el cuerpo de un Shin Chan adulto; cada control orientado, cada pase que emprende este tipo es susceptible de abrir horizontes inéditos de juego; no extraña que sea uno de los alfareros más admirados por sus compañeros de gremio. Silva es un prestidigitador al que a veces le puede la timidez, pero que, cuando se deja fluir, es creatividad en movimiento. Y, arriba, tenemos una bicefalia que pone de los nervios a los centrales adversarios: Cesc es Platini en el siglo XXI y Fernando Torres, tan brillante como muchas veces impreciso, nos evoca (en algunos de sus galopadas, en algunos de sus goles plásticos) la figura del gran Marco van Vasten.

Qué quieren que les diga, el asombro se ha puesto la camiseta de España y uno no acaba de acaba de creérselo. Lo que quizá sea parte de la cima; luchar y jugar ahora, ignorando el pasado.