martes, septiembre 30, 2008

Estrella telúrica


Alta e imposible,
como una jugadora princesa
de la que las cámaras niponas no pueden
apartar la mirada

viernes, septiembre 26, 2008

Elegante y sucia


Con estas palabras, gastados y sugerentes, una tímida marinera del océano virtual califica la odisea de dos vaqueros que centran sus pensamientos y existencias en un ferrocarril. El tren sale a las 3.10 y marcha destino a Yuma.
Vamos a deshacer la memoria. Uno de ellos se podría llamar Jonatan. Es honesto y cabal. Tiene una esposa que se parece a una mujer que una vez, una sola (vez), encontré en la Fuente Labrada. Es rubia, serena y abnegada, con esa elegancia marchamo de las mujeres que han nacido para preservar este mundo. Jonatan es Cristian Bale un tipo que tiene un pacto con el lado sombrío y cuyos pómulos manejan un lenguaje propio.


Al otro lado de la charca, campa Dylan. Un forajido con un alto sentido del honor que no duda en ser piadoso con sus enemigos mientras pulveriza los sesos del primero de los suyos que comete una cagada. Dylan es Russel Crove, ese australino talentoso y violento que en su día lo dio todo por tirarse a la antigua adolescente de Alcobendas.


¿Por qué El tren de las tres y diez ha pasado a convertirse en la medalla de plata de mis preferencias en cine? Porque tiene ritmo, es divertida y original. Porque indaga sin correcciones en la ceniza del alma humana. Porque en ella malvive un bueno con el cuerpo y el alma tullida. Porque en ella surge un malo con el corazón doblado, escindido entre su instinto de supervivencia y un interesante muestrario de gestos honrosos hacia el género femenino y la gente con agallas.
Todos, en algún momento de nuestra existencia, nos hemos creído mejores de lo que éramos. Y todos también hemos terminado en alguna ocasión en ese desfiladero en el que nos pensábamos peores de lo que realmente éramos. Esa contradicción alimenta nuestro corazón de animales hambrientos de felicidad.


Por eso me gusta esta historia. Porque encuentras en ella metafísica de aguardiente. También aventura, un cierto toque de comedia y algo de sofisticación en algunos de sus diálogos. Y la mística del salvaje oeste sembrando de incertidumbre la vida de su gente. Dan (Cristian Bale) ha perdido la dignidad en algún momento del camino. ¿Les suena? Ni siquiera los cojones que le echó cuando quedó lisiado en la maldita guerra, le han valido para vivir decentemente de su granja. Y lo que es peor, ha perdido el respeto de su hijo adolescente, William, obsesionado con historias de legendarios forajidos. Por no hablar de cómo su compañera de viaje empieza a dudar de su capacidad resolutiva para sacar adelante a la familia.
Enfrente, Dylan saquea diligencias, ríe como una hiena y habla como un senador, mientras encama a la camarera más apetecible del pueblo. Pero en esta partida, como en tantas otras, no conviene bajar la guardia. Así pues, Dan (o Jonatan, as you prefer) y Dylan están amarrados a la puerta de una duna. Cantan, beben, se odian y admiran secretamente mientras el miedo hace su trabajo y les deja, cara a cara, enfrentados a su destino.


Esta película me gusta porque esté hecho de vértigo, tiros, confusión, absurdo y muerte. Pero me fascina porque ofrece honor, peligro, entereza y determinación. Una combinación que, de lograrla, algún día nos podría meter en un buen sueño.

domingo, septiembre 21, 2008

El día que llovieron ranas de nieve


Hace un rato la tormenta dibujaba sugerentes en el cielo de la ciudad. Al lado, acuática se demoraba en las palabras y jugueteábamos como viejos.

Ya dentro de la sala de cine, he odiado a un tío como hacía tiempo no lo (hacía). Alguien con todo a su favor, pero con las garras de la vieja dama en la piel. Cuando averiguas esa extinción, absorbes su comportamiento. Y respiras con él a la espera de capturar ese lucio que tanto se resiste.


Serenamente respirado, conquistas el océano con la mirada. A veces un silencio también puede ser una señal de valentía. Aunque personal impersonalmente me quedo con la hojarasca de la broma. Bailamos como aparentando que nos abrazamos. Y el cielo se permite nuevos rugidos.
Es verano. Todavía. Y el corazón, en calma.


Me gusta el balanceo del suelo, cuando caen las primeras lágrimas. Niños, también de felicidad. Azules ojos sonríe enigmática y la humedad se reparte entre la ensoñación y la experiencia. El saurio metálico rojo me propone un paseo de quince minutos.
Suenan irreverentes americanos en mi cabeza. I heard myself tonight.


Y de repente. El cielo cambia las lágrimas por cubos de agua. Y no siento incomodidad. “Evoca aquella dehesa extremeña”. Y extiendo las alas. Río, puedo sentir mis tripas dejándose. Dejándose.

Todo lo que no sé se me cae encima con una melodía violenta que me conduce al portal de esa que princesa nunca conoceré (no se han encontrado princesas en la palabra sinónimo).


El mar se da la vuelta y por un momento imagino que podré nadar hasta las manos de la panadera. El diluvio sube su volumen. Diría que hasta se enfurece. Puede que sólo sea un pensamiento. Y los del coche se toman con humor y miedo el asfalto de nieve. Las ranas deben de estar a punto de caer. Respiraciones fuertes.
Como disfrutando de la confusión.


Entretanto, las castañas de nieve concentrada rebotan contra los cubos de basura. Y por un momento siento a la princesa que nunca conoceré esperando, de espaldas, al otro lado de la evanescencia.


Y las guitarras del Freyr (ese nórdico descatalogado dios) descargan una nueva tromba de agua sobre mi cabeza. Estoy solo. No me siento. Ni siquiera solo. De alguna manera estoy fundido con la tempestad callejera. Y encuentro el ritmo. Oh, sí, lo encuentro. Abro otra vez las velas. Y el imperio de la oscuridad me hace una leve reverencia (también ellos aflojan).
Y los tambores se me reparten por los músculos.


De repente, la veo al fondo del banco, mirando la carrera. Deteniéndola con su sonrisa. Es la rebelde del relato de Bradbuy. ¿Por qué esa obstinación en no humedecerte?
Y el león de dentro bendice mi ropa manchada de alegría.

miércoles, septiembre 17, 2008

Viaje


Aquí estoy
rodeado de voz
y mujeres al principio.

Un túnel que finalmente me ha llevado a casa.

Abuelos con carisma
esbozan una memoria
cuyos tentáculos
imprimen vértigo y desesperación,
por suerte también
bromas y espumosas
(bebidas).

A veces,
parezco uno de sus nietos.
A veces.

Y aparece ella

aparece ella
para quitárselo todo.

lunes, septiembre 15, 2008

Dark sideral


Gafas de Lennon
y pose de buscador bragas.

Hombre de rock
cruza las manos
y caza filosóficamente

ah, el momento

viernes, septiembre 12, 2008

Cómplices cardiacos de las estrellas


(Sucedió el 22 de Agosto. María y Chiki entrelazaron para siempre su destino. La ceremonia fue sobria y emotiva. El ágape, digno de la era del jazz estadounidense. La cena, pantagruélica como dicen les gustan a los príncipes de las mil y una noches. La fiesta posterior, simplemente sensacional, por divertida y delirante. Supongo que no es casualidad teniendo en cuenta la magia de los contendientes. Éste fue mi particular homenaje para ellos, el panegírico que diría Don Avelino).

Antonio es emprendedor, inteligente, divertido, trabajador, honesto y valiente. También impulsivo y curioso. En cierto modo, su manera de ser y vivir evoca la de aquellos pioneros que un día lo arriesgaron todo para mejorar su civilización.

En la Antigua Roma, hubiese sido el tribuno de su ejército. Si la revolución francesa lo hubiera escogido, se hubiese revelado como uno de sus librepensadores más solventes, uno de esos que inspira a todo el vecindario. En los tiempos del salvaje oeste norteamericano, es fácil imaginarlo como uno de esos tipos resistentes al hambre, la desesperación y el peligro, que cincelaron el manual del sueño de las 50 estrellas: una familia, una casa rodeada de una enorme extensión de tierra y un código inquebrantable de valores para hacer que todo eso funcionara.

En nuestros días es un tipo de fiar, el amigo que siempre está a tu lado en los momentos delicados. El tío inquieto que te graba una cinta de rock para que te adentres en la poesía cotidiana y aprendas a reír, a dejarte llevar cuando eres adolescente. También el colega que te cautiva con su determinación para explorar las noches y conciliarlo con notables notas durante de la carrera. Todo eso mientras se obstinaba en currar los fines de semana y entrenar su cerebro, sus músculos y su sentido de la responsabilidad para cuando le tocara fundar una familia. Aunque lo que siempre te ha hecho único, Chiki, es ese corazón que no te cabe dentro. Un corazón que te impulsa a buscar un mundo más libre, más justo y más solidario.

Ese día ya está aquí. Pero no se asusten. Esto no es un comienzo. Esto no es como siglos atrás o como cuando nuestros abuelos pasaban por la vicaría. Esto es una meta volante. Porque María y Antonio ya llevan tiempo juntos disfrutando del camino. Esto sólo es un pasito más adelante. Y sí, ya sé lo que están pensando. Pero no, Chiqui no me ha prometido una jarra extra de sangría a cambio de estas palabras para cuando luego estemos cenando. Y sí, tienen razón, ha sido una descortesía hablar primero de él y no de la guapísima novia. Pero la historia había que contarla así porque conozco al señor Antonio de cuando teníamos diez años y nos jugábamos el postre en el recreo del comedor, en el colegio.

Por eso, porque le conozco un poquito, estoy tan contento de que sea María quien le vaya a acompañar en este viaje. María es atenta, imaginativa, lista, tenaz, divertida; sorprendente. Conserva intacta la capacidad de asombro que hace especiales a algunos adultos. Por eso conecta con tanta facilidad con los peques. Porque siempre está dispuesta a reír y descubrir. Encima, es una trabajadora inagotable, una de esas pocas personas que no ceden hasta hacer realidad sus sueños. María, tú completas a Antonio.

Hay algo elegante y enigmático en María que remite a una princesa japonesa. Algunos lo llaman fascinación. Porque ella perfectamente podría ser la heroína de una de esas pelis argentinas donde una princesa se disfraza de normalidad y hace más agradable la vida a la gente del barrio, mientras guía con serenidad a sus alumnos y enamora a su chico. Hablando de cine, la prueba del algodón de que hoy estamos en el momento y lugar apropiado es proyectar una película muda. Cierren los ojos. Piensen en los momentos en los que han coincido con Chiki y María. Les resultará sencillo sonreír, porque hay vibraciones que no necesitan palabras.
Enhorabuena, chicos, que disfrutéis del viaje.

sábado, septiembre 06, 2008

Tu manera abatible de mover el cuerpo


Imagina que, por una noche, tienes la energía y el hambre de los quince. Añádele unas dosis de sabiduría y confianza. No sé las cantidades. A veces conviene darle un corte de mangas a la tormenta.

Es viernes y el vagón está atestado. Una gorda te pega un empujón y algo te dice que será como una travesía por aquella charca senegalesa (diferente, peligrosa, emocionante).
En honor a aquellos 90, descorchas un par de sonrisas de Barceló en un sitio llamado San Mateo, aquella gruta donde las chicas impresionables te llenaban los labios de irreverencia y sal. Da igual cuantas tempestades puedan azotar tu cancha, porque algunos amigos arrimamos el hombro cuando el océano se revoluciona.
Tu camarada ofrece filosofía y honestidad al destino. Así que le escuchas y agradeces que el Sanma ahora sea lo más parecido a un club de jazz en la espalda de la Catedral acuática de Mallorca. Compartiendo impresiones, ladrillos y vuelos.
At the same time.

Un momento es muy poco tiempo. Cuando nos dimos cuenta, dos rones con limón caían por el sumidero de la primera playa. Sonaban los Smashing, The Editors o algún grupo perfecto que no serás capaz de recordar. Los dedos entonan su propia sinfonía. Y ya no sabías si las pibas te miraban o simplemente las adorabas. Dos cosas que no quiero que me robe la marea: asombro para seguir descubriéndote y fe para ver lo mejor de cada compañero de viaje.
Cabeceamos como si las olas no estuviesen derritiendo la escarcha de chicos felices. Sí, nena, eso debe ser lo más parecido.
Ahí arriba, en el cielo de los bohemios, las ángeles tienen bkinis sesenteros. ¿Algún sitio en este barrio? Traficante de ideas, te has fijado en lo rubia que puedo llegar a ser. Bailemos. Cinco nombres. Una mujer sabe cómo demorar el licor y no soy quien para interpretar el camino.
Ahí abajo, en el infierno del tupper con el que nuestras abuelas mantenían alerta el sueño. Flúyeme, parece decir la incierta parisina. Me desconciertan los chistes de su amiga venezolana. No sé donde cojones aterrizo. Pero lo interesante es que esto solo acaba de despegar y mi viejo camarada y yo llenamos brillantes páginas de la literatura del sumidero que nunca tendrán ventana. Así son las mejoras. Mañana tenemos que fregar la plaza mayor con las manos. ¿Me das un beso de despedida?
Lo siento, pero aquí no pegan tus vocales de rock. El otoño está al lado, pero por esta noche Davide y buscador le damos largas. Llegado el momento, designamos a la princesa de las fresas como musa del rap. Como si ella nos hubiese escuchado, le pregunto por el tamaño del palacio y a cambio me señala eternidad. Qué importa sean dos instantes. Sugerencias sobre el mestizaje. Tienes una manera abatible de mover el cuerpo. Y se lo digo con las manos.
Llueve como si el verano se arrepintiese de tu palabra de honor. Gente como Enric González o Carlos Boyero son entronizados por su disparatado sentido del resistencia. Las chicas quieren antorcha. Nos la jugamos a pares o nones. Ya no sé si ella quería velocidad ahí dentro.
Hablamos de conejos subsahariano y nos enredamos entre lo falso y lo divertido, lo real y lo poético. Por un momento tengo la sensación de que la broma es un bonito enredo. Como si el ruido, sinfonía de desencantados británicos, fuese la receta del consuelo.
Preguntamos a un par de apariciones bellamente desquiciadas, pero nos orienta un sobreviviente del sueño español, que no ve el momento de zamparse aquello le ha sido prohibido durante la luz de arena.
Llueve. Pero seguiremos riéndonos por todo lo bueno que ha sucedido por el camino. Igual vale una cena de diez años por el instituto que una redención en forma de viaje neoyorkino, donde se aprende del lado cómplice de la capital del mundo.
Nos quitamos el sobrero de cowwoys. Y aterrizamos en un lugar llamado barco donde las rubias beben daikiri con la misma prisa que la actriz daba por encendida la tarde madrileña. Estamos en un escenario ambulante de indígenas colocadas.
¿Cómo te lamas? Laura, estamos pidiendo una canción para cambiar la temperatura. Y me dan ganas de decirte tengo ganas, pero a cambio muevo, simpático, la mano.
Y qué pocas veces una caribeña te da su invitación. Muy pocas vibras con la alegría de que todo es posible. Poquísimas no pareces un niño dormido.

Te admiro loco, nunca dejes de explorar, hay que montarse en esa serpiente y tener el estómago preparado para los próximos virajes.
Entretanto, escucharemos el mejor rock cincelado por las subversivas de peluche.

Vuélvete a nacer y mira por asombro. Un choque de manos en forma de viejo abrazo. Y la convicción de que, después, esas uvas pueden bailar en los muslos de wonderwoman.

Nena, suenas como no recuerdo.
Me gusta cuando miras, porque estás como robando estrellas.

Y lo mejor es que puedo también oh sí puedo reír por todas esas viejas anécdotas mientras cabalgamos la ola. La ola y sus próximos sabores. Toca explorar.

Con Rosario vibrando todo será menos abismo.

martes, septiembre 02, 2008

Manos, movimiento


Yo había nacido para dibujar los barcos que descansaban en el muelle. Los eternizaba mientras mi novia napolitana me quemaba los labios con sus besos de impaciente y despaciosa. En cierta manera, era la esperanza de la tribu: talentoso, despreocupado y mujeriego. Pero las preferencias del firmamento son ceniza si algo arde en tu interior. Está feo que lo refiera, pero por aquel tiempo mi alma se parecía a uno de esos salvajes bosques canadienses que fascinan a las universitarias neoyorkinas: una inmensa capa arbórea llena de promesas, frío y belleza.
La primera vez que la encontré, sentí hambre y no paré la sonrisa. Napolitana me mordía los labios en una tasca del pueblo donde la gente vive para memorizar chistes. Napolitana me deseó y ya nunca pude detenernos. Sus palabras eran sus dedos y cada uno de ellos contenía una nueva respiración; pórtico incontestable del acércate. Si sigo trabajando tanto, mañana seré vieja. Quizá, pero lo que yo quería decirte es que intensa eras tú, intensa esa manera sin copia de acariciar las olas. No dejes de acostarte tarde, acuática. Acuáticos son tus pechos, acuática tu vulva. Y de ya tus inmensos ojos. Napolitana prefería que no le dijese guapa. Tampoco le gustaba leer los ingredientes de los cereales. A cambio, se empeñaba en que hiciésemos música con los cuerpos. Sólo música , mi cielo, sólo música. Todavía timidezco cuando noto tu mano recogiéndome las migas. Y sí, el bosque se incendió con los dos dentro. Fue en agosto.
Todavía no había viajado en pérdida.

domingo, agosto 24, 2008

Amo este deporte


Algunos de los mejores momentos de mi vida han pasado dentro de una cancha de baloncesto. O muy cerca de ella. También a través de la caja fácil. Hoy he disfrutado otra vez como un niño. España ha ofrecido una lección de dignidad, talento, ambición y clase. No ha podido ser. Pero siento como si de alguna manera el lugar, el país en el que vivo hubiese concretado todos los progresos que ha experimentado en los dos últimos decenios en el capítulo social, cultural, emocional y económico en la final olímpica que esta mañana han jugado un grupo de talentosos gigantes frente a Estados Unidos.

Admiro a esta selección porque sus integrantes han sabido aprender de las cagadas que han cometido en partidos o momentos puntuales de sus carreras deportivas y se han hecho más fuertes y versátiles gracias a ellas. El partido de hoy ha deparado vibración en estado puro. A un lado, superatletas egocéntricos buscando su particular redención. Aunque varios de ellos lo parezcan, no son estúpidos. Saben que medio planeta se mofa de sus aires de grandeza. De sus limitaciones técnicas, de su distraída deportividad y, sobre todo, su escaso conocimiento del juego en grupo. Aún así, existe algo valioso en este grupo de jugadores: su determinación ganadora, su ambición, su inmenso talento individual y un afán de superación que simboliza el alma de una nación como la de las 50 estrellas cuyos habitantes, amarrado a sus ideales de pioneros, nunca se cansan de creer que las cosas van a salir bien por derecho divino y que basta con la fe y una voluntad desmedida de trabajo para hacerlo real. Los yankees también son eso. Cómo no admirar el prolongado vuelo de James para esquivar el brazo de Rudy y anotar el contraataque a una mano. Esos chicos son hidroaviones acorazados, de una potencia física y voracidad competitiva que otorga mayor mérito a la hazaña de la gente de Aíto.

El campeonato ha sido notable, pero no soberbio. Y ya sabemos que de los más grandes nunca se esperan medianías, por lo que a los españoles les han caído más palos de las que merecían. No obstante, existe una consideración general de que el partido ha sido épico. Digamos que los Juegos Olímpicos merecían una nota de 8 hasta esta mañana.
Pero algo cambio esta amanecida. Alguien, medio borracho y fascinado, encendió la batalla. Esta vez era imposible quedarse dormido. Hubo un principal responsable: Rodolfo Fernández, carne de NBA, pero con el alma cultivada en los refinamientos tácticos de los europeos. Rudy nos ha hecho sentir orgullosos de pertenecer al antiguo final del imperio. Su actuación ha sido un compendio de virtudes callejeras, fundamentos y también de instinto: descaro, manejo vertiginosos de la pelota, triples subiendo al marcador como copos de nieve eufóricos y una jugada que ocupara un lugar privilegiado en la iconografía de los adolescentes serbios, italianos o griegos que nos disputarán la supremacía del basket en los próximos lustros: un mate en el careto de un All Star. Rodolfo, ese chico prepara los partidos escuchando música, a su bola, en el autocar de la selección, ha cogido la pelota con una determinación primitiva. Ha hecho un par de fintas y ha saltado con toda la rabia que le conceden sus 84 kilos. El resultado: se ha colgado del aro con una sola mano, sorteando una montaña de músculos llamada Dwaine Howard. 2+1. De esos que nos han endosado a cholón los americanos.
Cuando tenía que entrar una canasta, entraba, cuando precisábamos un triple, se embocaba.

La sensación era ésa. Las sensaciones. Dulce condena, sí, Davide. Pepu ha dicho que se lo pasado teta. Yo también, el corazón me rebotaba como en las grandes ocasiones y ya no tenía por qué conformarme con que Pep Cargol le robara un balón a Larry Bird.
Esta vez hemos escenificado el lema con el que jugaba (y muy bien, por cierto) el señor Solana cuando estaba en Fuenlabrada: si compites, no eres inferior a nade.

Les hemos mirado a los ojos. Felipe Reyes ha demostrado que el instinto carpanta que hizo tirar para delante a nuestros abuelos sigue corriendo por nuestras venas. Un instinto que es una sinfonía de orgullo propio, valentía y perseverancia en la mejora.

Pau estaba sobrevigilado, pero ha hecho un partido notable, mejor que cualquiera de sus hombres altos. Ha completado el mejor torneo de su vida. Las finales NBA le han curtido. Anota y rebotea como un ganador. Siempre lo fue. Pero ahora es una versión mejorada. Ruge. Con sus consejos y unos cojones quizá mayores, el tío Marc también hará fortuna en la NBA. Mi elogio también para Navarro, capaz de sobrellevar la tormenta con una sonrisa y que esta mañana ha impartido un curso completo de manejo de balón, pase y canastas bombeadas (lo que te limita también te puede hacer grande) para reivindicarse como uno de los escoltas más brillantes de nuestro baloncesto.
Mi reconocimiento también para Raúl López, al que le están cayendo ostias como panes desde todos los frentes. Al tío no le han entrado los tiros, pero nunca le ha perdido la cara a ningún encuentro, ha seguido jugando con intensidad y ha defendido como nunca.

Por supuesto, que he echado de menos la vena imaginativa del Chacho, pero estoy convencido de que pronto volverá a surtir a este combinado con sus genialidades.
Capítulo aparte merece el señor Garbajosa, otro al que le han cuestionado hasta la marca de leche que toma para el desayuno en los últimos meses. Su compromiso con este grupo y con nuestro deporte le ha costado una salida con cajas destempladas de la NBA. Y ya sabemos que la adversidad mide la talla de los hombres. Garbo lo ha pasado fatal. Se jugó la salud por acudir a un europeo donde estuvo errático pero batallador.
Primero en Toronto, donde la lesión no ha cicatrizado y sus dirigentes se han olvidado de la persona para poner la saca. Después, con los aficionados que le afean que se vaya a Rusia por la pasta. Y obvian el tentador proyecto deportivo. Además, quién en su lúcido juicio va a decir no a 6 millones de euros limpios por dos años. Pasará frío, pero sabrá templar el temporal porque es un currante nato y uno de los jugadores más inteligentes que he presenciado en una pista, uno que lee los movimientos del adversario con dos décimas de anticipación, lo que le convierte en uno de los defensores de más valiosos de Spain. Eso por no hablar de sus intangibles (y que por fin vuelven a llover sus triples).

Enfrente, Kobe representa lo mejor y peor de los viejos amos del negocio. Como esto es un negocio, los bisnietos del Tío Sam han tenido barra libre para cometer pasos de salida e ir dopados hasta las cejas (sí, otra vez no han pasado los controles). Unas ventajas que no invalidan su triunfo, pero sí le restan legitimidad. Es como si comparásemos el devenir amoroso de un muchacho en una semana cualquiera con el de otro muchacho que un día (y durante una semana) amanece con la jeta y el porte de José Coronado, con su chorboagenda…Too easy, que le diría el agente Caladero a su colega sueca. Kobe es lo mejor porque es un tío que ha sabido redimirse. Y ama este deporte por encima de todas las cosas. Respeta a los deportistas y a su oponente (bonito gesto con Pau). Es un respeto que no le ha venido de serie. Y al margen de consideraciones éticas, porque es un superclase, un grandísimo jugador que ha prestigiado este campeonato, con un último cuarto para la videoteca: 13 puntos, con triples en escorzos imposibles. Kobe a veces es lo peor porque la prepotencia le puede y, en el fondo sigue perdonando la vida…pero ha mejorado como jugador (defiende con pasión) y como persona. Esto ha molado porque les hemos llevado al límite, ha exprimirse.

Y casi les tumbamos. ¿Y ahora qué? Ahora toca seguir progresando en la esperanza de que en cuatro años el mago de Masnou siga maravillando en Londres. Para entonces, Ricky seguirá explorando su límite en la NBA. ¿Dónde está su límite? No lo sé, sólo sé que este niño hombre que madruga a las 6.00 cuando no está de vacaciones, también nos ha cautivado en esta final con su clase para robar balones, haciendo sencillos los pases y derrochando criterio en la dirección (mientras jugaba con la mano medio rota).

Y esto no es como algunos melancólicos vocacionales anuncian, esto no es irrepetible, esto sólo es un capítulo más fascinante de una historia que a veces vivimos en tercera persona, otras en segunda y, cada miércoles en una cancha destartalada del semicentro madrileño, en primera.
Gracias, chicos.

sábado, agosto 23, 2008

Donante de orgasmos

Pequeño destello de suerte:
desnuda, en mitad la alfombra.


martes, julio 29, 2008

Sólo cogí la pelota


Algunos árboles contienen música



(“Sólo cogí la pelota. Corrí lo más rápido que pude. Miré el reloj. Ví a los dos que me perseguían. Pensé que había una mínima posibilidad. Muy pequeña. Era difícil. Muy difícil. Pero lo hice porque confiaban en mí. Y entró. Pude no haber tenido éxito, pero pasó». El chico del Masnou, tras embocar una canasta desde el medio del campo que guió a unos adolescentes al campeonato europeo).

domingo, julio 27, 2008

Viernes


Viernes es la nueva señorita del paraíso

martes, julio 22, 2008

Confraternizando con la España profunda


Hubo un tiempo en el que sólo me sentía catalán. Suena a broma, pero no lo es. Detrás de esa imagen arquetípica que asocia al polaco con un agarrado y un insolidario emerge una cultura llena de seducciones y vanguardia. Uno de esos lugares que fascina por su conciencia cívica. Una de esas conciencias colectivas que atrae por su manera algo ingenua e idealista, pero sobre todo, tenaz de buscar el pacifismo, una identidad propia, una creatividad en permanente reinvención…

En suma, un lugar donde lo sofisticado y el inconformismo lo mismo se funden en un parque de bicicletas que te dejan turulato con los edificios borrachos de lascivia de un tal Gaudí.
También podría hablar de su estadio olímpico, de sus chicas de ojos nórdicos o de esa manera inconcebiblemente moderna con la que sus jóvenes renuevan la elegancia. Pero son virtudes pegadas a otras limitaciones como una cierta curvación al victimismo y el aire adolescente de los que prefieren dar la espalda a una parte de su entorno.

Por eso me ha gustado visitar esta mañana el Viso de San Juan, en Toledo. El Viso es un pueblo de poco más de 2.000 personas. Elena es una madre que puede que no se llame así y que tiene una niña dispuesta a depositar caramelos en forma de risa a los desconocidos del ayuntamiento. El caso es que mis desempeños periodísticos me obligan últimamente a explorar el lado caricatura de nuestro centro país. Esa postal que habla de un pueblo pequeño y acogedor, cargado de banderas españolas y repentinamente colonizado por decenas de coches de recién llegados. Tengo que hacer un periódico de 14 páginas. Y aquí me han exigido hacer el trabajo mirándoles a los ojos.

Lo entiendo. También me gustaría tener tiempo y paciencia y sentido diplomático para explicarles que no siempre esos deseos pueden cumplirse. Pero prefiero sonreír a Marimar, una chica de cuarenta y tantos que ejerce de concejala de hasta tres departamentos distintos. Marimar se esconde en su personaje de me agobia todo, para hacerlo casi todo (la sensación es que razonablemente bien). El buen humor no para de saltar en su cara. Si ella es traviesa, María José es seria y responsable y ya tiene una niña que estudia arquitectura y le cubre el despacho homenajes a Frank Lloyd Wright (tan bueno es Tito Fran?).

María José es guapa, me gusta esa manera de cruzarse el pelo y mordisquear una de sus dos gafas. El caso es que la música desliza sus dedos por sus detalladas explicaciones, salpicadas de divertidas interrupciones (reconozco que esta noche tuve una buena almohada). Pero no, no me voy a poner ese disfraz. El pueblo. Sí se supone que lo tengo que llamar municipio, pero esto es un bolg y en el blog se pueden decir cosas como Charlize Theron es una diosa con las alas rotas y sus ojos homenajean a la calmada furiosa ola africana.

El caso es que he presenciado a muchas personas, he aparentado muchas cosas, he sonreído unas cuantas veces y alguna menos he reído como si fuese un delfín. Por eso puedo decir que a veces algo funciona y esta gente es más educada y relajada que los humaoides, la mayoría de humanoides que habita la ciudad.

Lo importante es no vacilar en el fraseo, me dijo el rapero venezolano y entonces se me apareció Sara Da Pîn Up y construyo esta abstracción para, centrémonos, percibir y celebrar una sincera alegría de querer hacer las cosas bien en estas mujeres con estructura de mujeres sujetadoras de vida.

Son amables de una manera rugosa y espontánea. Como si la no agitación del suburbano les hubiese privado de lo poderes de la imaginación pero les hubiese regalado la habilidad de ser agradables como un ser de agradecimientos. A veces la educación es algo más que un formalismo. Se puede sentir.

El pueblo era ese lugar donde emborracharse lanzando viejos conjuros de calimocho frente al frontón. El lugar donde recuperar el sentido primigenio de una cueva (charla y diversión, vino y divagación, whisky y sorpresa). Quiero un ritmo. Miremos para adelante. Lucen estos híbridos. Y ya no queda pasta. Entretanto, se vendieron algunas parcelas que sirvieron para que el ayuntamiento sea un elegante coladero de luz. También se emergió un pabellón, se mejoraron futuros con colegios y guarderías y PAUs y sabe dios qué más (aquí no parece, y como esto es un blog me permito el lujo, aquí no parece arraigado el chanchulleo).

La música me está santificando el estómago Puede que también otras cosas. Y la mitad del día hace parada en el bus bar donde una señora te trata como un día cálido. Mientras, sorbe un ligero sorbo de queja hacia un entorno cincelado con sol del Sahara. Y, lo reconozco, este bocadillo de bacon con queso, mezclado con inverosímil aquarius tiene uno de los sabores más conciliadores que he probado en mucho tiempo.

Y sí, sigo sintiendo catalán, sigo un poco seco y entrañable como de Toledo y otro poco desordenado y prometedor como de la capital. Seguiremos aspirando. Dale ronquera.

lunes, julio 21, 2008

Refrescos pendientes




El verano despega con una sabiduría más templada, quizá menos reluciente, pero definitivamente más divertida. Hace tres o cuatro semanas se cumplieron los sueños de dos, tres generaciones y España levantó la copa de los campeones del Viejo Continente. España, ese equipo de perdedores talentosos, le dio calabazas a su destino y ganó generando belleza. Como se supone que no se puede, según los aguafiestas purpurados.

Refresco es un pase de Cesc Fabregas deteniendo el tiempo, doblando el tobillo de goma mientras silba, mirando a la rubia rusa de la grada mientras comba la pelota para que Guiza se gane el contrato de su vida embolsando la pelota, creando una vaselina como quien se bebe el rebujito de media tarde.

Refresco es ese casi adolescente de Arenys del Mar hablándole a la pelota, con el estadio de 80.000 almas volcando sus expectativas mientras él libera de complejos a su gente y de paso invita a los italianos a tragarse su fanfarronería. Seguro que a partir de este verano su ya discutible índice de éxitos con las nuestras morenas empieza a declinar. Gol de manual: Bufón a un lado, la pelota a la otra esquina en virtud de un disparo raso. Sencillo como hacer las cosas y no pensarlas más de la cuenta. Sencillo como el arrebato de inspiración del señor Collan elevando a una neumática quinceañera en el concierto de Pereza, mientras esos rockeros mascota nos demostraban que la fiereza de postal no está reñida con la camaradería con los tuyos. La plaza se llenaba de chicas pijas pintadas como guerreras y groupies de treinta mientras los príncipes del preferiría no hacerlo reventaban el escenario con sus letras desencantadas y optimistas.
En esta España que causaría asombro a nuestros abuelos seguimos buscando, pero cada vez con mejores argumentos. Davide desnuda algunas de las ciudades leyenda del planeta con sentido del humor, familiaridad y precisión (Lo mejor NO ES DORMIR). Precisión de doctor que tiene claro el conjunto de contraindicaciones y que sin embargo consume los licores más desgarrados para que su chica no pase por alto ninguna de las maravillosas posibilidades de Alexander Platz. Momentos envueltos en una música especial, donde Casillas evoca a sus ancestros de la sierra y pone cara de mala uva cuando le hablan de El Dorado. Así, cuando toca alegrarse, no puede salir de su calma zen y el mundo vibra con sus estiradas imposibles. Un chico de barrio que simboliza a una selección de la que sentirse orgulloso. También importa el cómo. A Torres le pueden llamar lelo, malqueda o tímido. Pero el tío metió el gol definitivo porque tuvo fe, coraje, determinación y dejó sin adherencia a Lahm en una carrera donde agregó a sus condiciones de felino el toque visionario de los grandes.

Tres semanas antes dos rockeros politoxicómanos emocionaban a decenas de centenares de desconocidos con unos retratos musicados del nirvana sentimental. Sensaciones familiares. Cuando estas bien con tu piba y al tiempo estás aburrido. Explosiones de placer y miedo a que todo deje de ir tan bien. Quién no ha sentido alguna vez algo así. La luna deslumbra a un grupo de buscadores y engullimos perritos calientes con la alegría de los inaugurales mientras hay tiempo para debatir sobre el hambre de los bostonianos o las bellezas de Argentina.
Refresco es celebrar un título con más amigos que nunca. Pakillo, el culé; Luisito el colchonero y los clásicos de las celebraciones merengues, todavía me acuerdo de cuando Collan, Luisja y este recolector de alegrías colonizamos la Cibeles a la salud del señor Herreros…Y el país se llenó de banderas y altavoces y tías y tíos borrachos de felicidad. No se por qué, nena, no se por qué, pero intuyo que esa lista es solo el principio del despegue. Próxima estación: Cambados, donde brindaremos por los bikinis caribeños, las gallegas ignotas y la próxima genialidad de un tal Ricard Rubio.

lunes, julio 14, 2008

Complicidad


El sujetador lleno de vocación
y la imaginativa de renaciente.

miércoles, julio 09, 2008

Chica rock


Chica rock se muerde las uñas
Huele a fresas
y está sentada aquí al lado.
Su rumor presagia asombros
mientras musica sus labios con
música prohibida.
Bonitas piernas
(y saborea el cara-me-lo)

lunes, julio 07, 2008

Mareas del corazón


(Con palabras de Fernando Lorente, buscador de bellezas, sabio entrañable, poeta compulsivo y hombre recto y cabal de los que pelean en vías de extinción. También podría decir que cincuentañero con pinta de recién licenciado, cincelador de algunos versos para el asombro. Gracias amigo, por tus consejos, tus escritos y tu actitud. En próximas fechas incluiremos el link de su blog para que comprueben que no exagero.

Estas palabras son también para María, corazón caliente y coco lúcido, que me recordó algunos acordes clave cuando el piano se llenaba de polvo. Mujer valiente que nunca frecuentará los hábitos del club mirar para otro lado y chica de las boardillas paradisíacas. Gracias amiga, por estar ahí, por tu guía y tu lucha; por esos poemas tuyos, trazos de enigma y fascinación. Por girar juntos en la noria de los versos de vino y humo. Gracias por esos ojos que descubren a cada instante).


La noche, su silencio seco.
Sol y sombra, sed y agua.
Un mundo entre costuras
con portada y colofón de centinelas.

Ella sabe leer
la clave exacta de mi jurisdicción.

María,
no pienses viva no dudes viva vive,
dos millones de miradas por venir.

Elegido por tu voluntad de ser
como un corazón desorientado y bueno.

domingo, julio 06, 2008

Melancólica viste de ajedrez


No es guapa
tampoco apagada.


Su timidez desabrocha

recuerdos

con el mismo ritmo
que un camaleón prestigia el sol.

viernes, julio 04, 2008

Camino de casa


Dedos cruzados

hurgan en el

vientre anochecido.


Tonteamos con belleza sueño.


martes, julio 01, 2008

Gemelas andinas


Cara subrayada por
el de ejecutiva corte de pelo.

El cuerpo de rosa
y las piernas liberadas.

Manos buscadoras
y blasfemias recitadas
con el tranquilo último arrogante
de quien
se está merendando
la ciudad.