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lunes, junio 06, 2011

Dirk Nowitzki


Evolutivo.
Talento depurado.
Karma que viaja.

LeBron James


Cuerpo de tractor.
Velocidad de Mercedes.
Arrogancia de rey.

lunes, mayo 16, 2011

Energía, calidez, impacto


La iglesia de nuestro tiempo está abarrotada. Cinco mil feligreses largos cantan, bailan, celebran. Sus deidades profanas frisan los dos metros de armadura corporal. Esta parroquia pertenece al sur de la masificación de la Península. Es una colección de gladiadores fuera de la norma. Funciona porque ponen su ego al servicio de una causa más trascendente que su individualidad. Baloncesto coral, lo llaman. Viven de naranja.

Juegan con energía, calidez, impacto. Hacen honor al tono de su recortada túnica. Kris Valters, hijo de una leyenda del pilotaje de grupos, enciende el juego a una velocidad que no cabe en las mentes de los hombres ordinarios. Su facilidad para el pase es una imaginación que propicia alegrías colectivas. Para dar sentido a su creatividad, Caballero Mainoldi ajusta la mirilla y emboca canastas donde otros sólo ven lejanía.

También está ‘Titán Ayón’, heredero de antiguos chamanes aztecas. Un tipo que juega sin miedo. No piensa, actúa. Fluye por encima del aro. Ora tapona, ora machaca, ora capturas balones huérfanos, ora salta en vertical (Pegaso cambia el caballo por los músculos) y anota con la elegancia de un Humano Real. Podríamos mencionar más cosas, la elegancia de Cortaberría, el talento de Rabaseda o la clase de Barton.

(Con Mr Maldonando poniendo el criterio en las coordenadas)

Pero por encima de esos chamanes y sus buenas artes, bulle la geometría de un juego con algo de ajedrez emocional, con la precisión apuntando al cielo. Esta religión no espanta a los librepensadores porque incluye la diversidad y la confluye en una vibración colectiva donde la gente interioriza valores. Afán de superación, humildad, paciencia, cultura del trabajo, compañerismo y, por qué no, afán de espectáculo.

Enhorabuena Fuenla,
suerte en tu dibujo de la excelencia.

miércoles, mayo 11, 2011

Un buen día


Es soleado por este miércoles. El periodista trapero ha dado un pequeño recorrido envuelto en la expectativa. Esta tarde entrena a su equipo de jóvenes (simpáticos, extravagantes y muy jóvenes) guerreros en el partido más importante de la temporada. El primer partido en el que contará con los 10 chavales que conforman la plantilla (ventajas de los miércoles no madrugadores) y con el pabellón poblado de su gente.

Es una aventura entrenar a un equipo. Periodista sabe que debe encontrar un equilibrio entre la pasión con la que se anima a los tuyos y la serenidad y mano izquierda (personalizar mensajes, reforzar aciertos y atrevimientos, corregir ofuscaciones) de quien ha sido escogido para guiar a la manada. Enfrente, un adversario propiciatorio. El mismo al que han llevado al límite de la derrota en dos oportunidades.

¿Fortalezas de este colectivo? Buen rollo entre la generalidad de sus integrantes. Talento para crear bromas: “estamos estéticos, digo estáticos”. Irreverencia para liderar juergas amablemente tóxicas. Picardía para aventurarse con sus coetáneas amazonas. Y, lo más importante, afán de juego. Vocación de lucha. Habilidad para interpretar (“nos va a estallar la cabeza con tanta táctica, mister”) mensajes codificados…

Y lo menos negociable. Fiebre por el baloncesto. Piernas de gato (“somos un equipo bajito, toca correr”) para robar la bocha en primera línea de pase para anotar en posiciones acrobáticas y el corazón “de los jugadores grandes (Lele Molin dixit)”, que juegan todos los partidos como si fuesen una cuadrilla de soldado vietnamitas; sólo con un afán: preservar su aldea del horror trasatlántico. En suma, piensa fácil, instinto.

¿El partido más importante de la temporada? Porque el contador a cero en una fiesta llamada Torneo de Primavera. Aunque las mentes más libertinas estén imaginando a hawaianas bailando en mitad de las piscina, hablamos de baloncesto. Sí, baloncesto. Puede que estos guerreros no sean los más puntuales o que a veces se dejen seducir por el pueblo, la falta de rigor de un tiro o un despertador. Pero esta tarde demostrarán su halo y desplegarán las alas para jugar en un teatro llamado cámara lenta de los sueños.

jueves, febrero 10, 2011