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martes, diciembre 07, 2021

Casablanca

 Prohibido amor. 

Relojería maestra. 

Sutil probidad. 







Fuente de foto: Siente Marruecos 


sábado, septiembre 05, 2020

El apartamento: la mezcla perfecta entre comedia y drama, el atractivo de poner de acuerdo denuncia moral y dignidad

 


                                                                 Fuente de foto: espinof.com

El apartamento (1960) es una de las obras maestras del cine de todos los tiempos. Tanto que es un clásico de ese otro clásico que son las listas de películas que uno no debería dejar de visitar antes de cambiar de estado vital (adolescencia, soltería, paternidad, estómago demandante de empleo…).

La película lleva la rúbrica de Billy Wilder (que es laúnica persona-entidad por la que el cineasta Fernando Trueba dice profesar unsentimiento religioso), uno de los grandes artesanos-genio del séptimo arte (ganador de siete óscar durante toda su carrera, tres de los cuales corresponden con El apartamento, por cierto). Wilder (Polonia, 1906-Estados Unidos 2002) compuso junto a I.A.L Diamond un guión prodigioso con esta historia, en el que el humor funciona en equilibrio con el drama, la denuncia social y unas cuantas gotas de ternura, cinismo, amargura y romanticismo, en un delicado ecosistema de giros argumentales. 


                                                    Fuente de foto: elcinedeloqueyotediga.net

La historia nos cuenta los desvelos y la ambición de C.C Baxter (interpretado magistralmente por Jack Lemmon), un gris oficinista que ha empezado a dejar la llave de su apartamento a algunos de sus jefes más cercanos y libidinosos para que puedan llevar allí a sus amantes fuera del matrimonio. La película tiene el mérito de que podamos reconocernos en la evolución de Baxter, que primero nos irrita y divierte son su servilismo trepador (con algunos momentos cómicos memorables, derivados de su incapacidad para decir no), y que va ganando en complejidad, matices y dignidad conforme se va enamorando de una de las ascensoristas de su oficina, Fran Kubelik (interpretada de manera portentosa por Shirley MacLaine, capaz de entremezclar en un mismo plano tristeza, alegría y determinación) y pasa a ser la mano derecha del gran jefe de la empresa (Fred MacMurray), que funciona como paradigma de unos tiempos de miseria moral, que no parece que precisamente hayamos abandonado en este momento, en el que los empleados son manejados como objetos, en función de caprichos y necesidades de unos mandamases abonados a la lógica insaciable del qué hay de lo mío

                                                               Fuente de fotogramas.es

En cualquier caso, uno de los grandes méritos de esta historia es que la mayoría de los personajes están lleno de aristas y se les dibuja como corresponsables de su situación, sin perder de vista su humanidad, todo ello adobado con unas dosis de humor tan elegante como inesperado (qué divertidos son los diálogos hilvanados por el doctor Dreyfruss, encarnado por Jack Kruschen, donde se entrecruzan alcohol, ciencia y equívocos admirativos…).


                                                           Fuente de foto: elpais.com

La película funciona también gracias al estado de gracia de la mayoría de sus secundarios y por la economía con la que están elaborados los decorados, a medio camino entre lo grandioso y la fineza de los elementos del apartamento, que es otro de los grandes protagonistas de historia. Una arquitectura que posibilita críticas al sinsentido de la televisión y momentos de plenitud, como cuando mece a Baxter, armado con una raqueta de tenis, mientras prepara un plato de espaguetis en uno de esos momentos en los que la felicidad se retrata como brindar lo mejor de uno para la más deseada compañía.

                                                          Fuente de foto: elmundo.es

En pocas palabras: El apartamento enamora por lo que se cuenta (un túnel-puente para salir de la soledad) y también por cómo se cuenta (con sarcasmo, inconformismo, compasión y comicidad) en donde el futuro es una carrera de liberación, donde resulta que el destino se construye con acciones más conscientes, que ponen de acuerdo la cabeza y el corazón.

domingo, septiembre 22, 2019

Gilda: el perfume de lo sugerente y unos diálogos para asombrarse




Fuente de foto: zeleb.es 

Gilda es el símbolo por excelencia del glamour y la sofisticación. La historia, filmada en 1946 por Charles Vidor, narra la historia de un jugador compulsivo (Jhonny Farrell, al que da vida el magisterio actoral de Glenn Ford) redimido en director de un casino, del ricachón mafioso (Bulin Madson, encarnado por George Macready) que lo rescata y de una mujer tan bonita como agradable y jugona, Gilda (interpretada por Rita Hayworth), que ahora está casada con el ricachon pero que en su momento fue el amor incandescente de Jhonny, al que dejó hecho puré el corazón con sus variables apetencias...

Gilda es de esos animales hermosos para los que el flirteo con desconocidos es la brasa con la que alimenta el fuego de la atracción y el deseo con su amor imposible, hecho de contrastes y ambigüedades. Un idilio a medio rehacer durante la peli, resaltado por unos diálogos depurados hasta la genialidad, como esa escena en la que Gilda afea a Jhonny su proteccionismo (el bueno de Farrel intenta que la mujer de su jefe no se la lie parda con el primer desconocido guaperas y galante que se cruza en su camino) con estas palabras: "si yo fuera un rancho, mi nombre sería Tierra de Nadie..." ).

Gilda es también, durante la mayor parte del rato, una oda al cine negro y la psique torturada de esas parejas que juegan al gato y el ratón en el grueso del tiempo compartido.

Visualmente es hipnótica, con una puesta en escena teatral, y sobreabundancia de copas y fumeteo. En cuanto al contenido, resulta instructiva: muestra cómo las pequeñas venganzas sentimentales acaban tiñiendo de un clima emotivo atormentado a sus protagonistas. Y, a pesar de todo eso, es una película que engancha, por el carisma de sus personajes y la tensión que emanan sus escenas... Donde nada es exactamente lo que parece.


                      Fuente de foto: Wikipedia 

Una historia adelantada varios decenios a su tiempo. Co-escrita (Marion Parsonet) y producida (Virginia Van Upp) por dos mujeres. Un canto a la liberación de las féminas (una insinuación al menos). Una protesta a la huelga de amor y de atención de algunos hombres hacia sus mujeres, en un tiempo en el que una parte significativa de las chicas eran exhibidas como objetos o trofeos de caza...

Gilda nos cae bien por su simpatía (memorables los diálogos con el tío Pío, una suerte de filósofo  de ocasión entre bastidores del casino y Pepito Grillo también de Jhonny), su ansia de libertad, su belleza y su talento para la insinuación (la manera en la que se quita el guante mientras canta Put the Blame on Mame es una de las cumbres de la sugerencia y el erotismo del cine todos los tiempos).

Además de cine negro, esta camaleonica historia es también drama, comedia, aventura y... Romance, es lo que ocurre con las obras maestras, que adquieren una tonalidad nueva conforme las revisitas. Y celebras ese encanto que perdura.