Llegas al cine con las expectativas a raya; existe mayoría absoluta en el parlamento de los entusiastas de La bola negra, la última peli de los Javis (Ambrossi y Calvo). Gracias a la colaboración de la gente querida y cercana, llegas lo más virgen posible a la gran pantalla.
La historia discurre fulgurante como un cometa terrenal: hecho de sangre, deseo, destrucción y floraciones contra todo pronóstico. Hablamos de un caleidoscopio en el que se entreteje la historia de tres hombres en tres épocas diferentes con sus propios retos y peligros.
Por el camino, se hilvana un homenaje a las personas del colectivo LGTBTIQ+ que nos precedieron. Se honra a los pioneros, con todas sus luces y sus sombras. Y, lo más importante de todo, se canta a una vida digna de ser vivida, con la libertad por bandera, que funciona como antídoto contra el encerramiento y estímulo de una vida libre, diversa y plena, con el deseo abriéndose paso entre prohibiciones, silencios y barreras de todo tipo.
Te crees a los actores y las actrices. Gitarricadelafuente tiene un mapa del mundo en la mirada; Miguel Berardeu aporte porte y riqueza emocional a sus expresiones; Milo Quifes hace de la ambigüedad, la desubicación y la elegancia un arte; Penélope Cruz lo borda como cupletera que pone de acuerdo el entusiasmo y la amenaza; Glen Close hace creíble la figura de una hispanista que reivindica el talento español para sentir y elevarlo con el arte; Carlos González transmite veracidad como hombre a la deriva con cierto centro y Lola Dueñas compone una madre desnortada que todavía conserva un resquicio de dignidad.
La peli ofrece un dinamismo narrativo admirable y entremezcla las tramas con precisión de relojero. Por no hablar de la belleza de sus imágenes, el suave y arrebatado lirismo de su música y su tono combativo sutil. Y ensamblando todas esas piezas, bulle el talento narrativo de los Javis, que alcanza nuevas cotas con esta historia.
Hay ayuda mutua en el borde mismo de la extinción y la desesperación. También, un ajuste de afectos entre madre e hijo. Y novio y novio. Y hay una comprensión poética sobre montañas nevadas que vale para salvar a toda una generación.
Perdonen que no sea más explícito. Creo que Lorca habrá sonreído desde ahí arriba por la sugerencia que despliega esta obra. Recorrer sus pasos merece entonar un misterio que se acaricia, que va más allá de géneros y predilecciones afectivo sexuales. Hablamos en suma, de un canto a la vida que emociona y conmueve más allá de fronteras sentimentales.
Fuentes de foto: FilmAffinity, BBC y El Confidencial.



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