jueves, febrero 20, 2020

José Ortega y Gasset: el rigor del hombre despierto que pondera legados y vislumbra futuro



Fuente de foto: Wikipedia 

Uno de los mayores regalos que me hizo mi padre (a él le dedico este artículo) fue el gusto y la afición por la obra de José Ortega y Gasset (1883-1955), considerado por la mayoría de estudiosos como el filósofo español más lúcido de cuantos deparó el siglo XX.

Leer a Ortega es abrir la puerta del entendimiento para comprendernos mejor y entablar un diálogo más fructífero y posibilitador con la realidad que nos rodea. Alérgico a los determinismos, el pensador madrileño era un pedagogo de primer orden, que explicaba sus ideas con tanto rigor en las formulaciones como riqueza en las imágenes.

Don José nos llegó el perspectivismo: la verdad es una suma de puntos de vista, que son ciertos (sentidos y pensados como verdaderos por cada individuo) y se complementan entre sí...en palabras de Goethe: "lo verdamente humano sólo se expresa a través de todas las personas". Es decir, tal y como apunta Ortega en 'Meditaciones del Quijote' (1914), estamos en "un bosque...en el que los árboles impiden ver el bosque entero. Necesitamos la perspectiva de la totalidad de nuestros compañeros de viaje para acceder a la integridad del bosque".


            Fuente de foto: biografiasyvida.com

Otra de sus aportaciones fue el raciovitalismo: logrando armonizar la facilidad para lo sensible (el disfrute de "la llamarada los sentidos"-el gusto por la vida social y la sensualidad de los españoles) con lo profundo ("la potencia interna", el rigor, la ciencia y el civismo de los alemanes).

Además, nos regaló un aforismo para guiar toda una vida: "yo soy yo y mis circunstancias, y si nos los salvo a ellas no me salvo a mí". Es decir, Ortega nos apela a rasgar la ilusión del velo que nos separa y, a veces, hasta nos enfrenta para encontrar caminos que unifican y velan por el bien comun; un destino compartido, dicho sea de paso, que el maestro de filósofos como Julián Marías, Xavier Zubiri o Maria Zambrano (entre otros insignes pensadores) apostaba por elevar a través del cultivo del librepensamiento cultural, existencial y los horizontes del ciudadano promedio, para evitar así que este cayera en la manipulación y el borreguismo, como declamó certeramente en 'La rebelión de las masas (1929)'.

Otra faceta que merece también unas líneas rápidas de nuestro protagonista es su labor como divulgador cultural y difusor de las ideas y producciones culturales más valiosas de su tiempo. Labor que bordó en su condición de director de la Revista de Occidente (que él mismo fundó en 1923), y en la que también se afanó como principal responsable del semanario España o articulista del diario El Sol, entre otros proyectos.


             Fuente de foto: elnacional.cat

El guía espiritual de la generación del 14 nos invita a construir complementariedad entre los individuos y los pueblos, de ahí su europeísmo convencido (muy adelantado a su tiempo); una senda en la que su pasión por rescatar logros de la historia de los que nos precedieron nos conecta con la necesidad de responsabilizarnos de ese legado para "preservarlo y ensancharlo" con nuestras aportaciones,  a través del compendio de "aspiraciones y proyectos" que es cada individuo, mientras conjuramos "el riesgo de dilapidarlo".

Esa conciencia de nuestra condición de seres sociales y la gratitud por quienes confirmaron el peldaño que nos sitúa en una situación más posibilitadora respecto a quienes nos precedieron, late a lo largo de toda su obra. Dicho con sus palabras, es crucial "poner el oído a los seres del humano de la historia, que nos precedieron, y que nos complementan con su sensibilidad y sus búsquedas".

Estas semanas he estado repasando dos obras capitales de su pensamiento, 'El espectador' (1916) y la ya mencionada 'Meditaciones del Quijote'. A continuación, comparto, en forma de cita, algunos de los hallazgos que contienen ambas obras. Como acertadamente apunta el filósofo Fernando Savater, el reto con Ortega es que representa "un semillero de ideas" que nos pone en situación de incorporarlas y desarrollarlas para habilitar ese tejido humano que nos vincule con el "chorro luminoso de la vida", en palabras orteguianas. Se trata de afrontar cada jornada con "valentía para escuchar lo nuevo en la vida y afirmarlo". Al tiempo que pone en valor  la importancia de la meditación y la acción reflexiva.


Fuente de foto: Wikipedia

También es muy interesante la mirada que despliega hacia el hombre de su tiempo, al que cataloga como "teatrero, de puertas para afuera, y empresario de su vida...", en contraposición a" la vertiente íntima de la mujer, que decide cuando se entrega, auténtica, y faro de lo individual".

Así mismo, inspira su mirada hacia el arte como fuente de deleite personal, su búsqueda de lo genuino de cada representación cultural. Por ejemplo, pondera la fuerza que emana del teatro como escena insustituible de lo vivo, en el que los intérpretes "deben convertirse en mil cosas: juglar, acróbata, danzarín, mimo...haciendo de su cuerpo elástico una metáfora universal".

Además hace hincapié en el valor de "profundizar en la esencia de las cosas y las personas, para acceder a su interioridad, o lo que es lo mismo: a su verdad intangible".
En esa vertiente, Ortega y Gasset apuesta por el "ver activo que es mirar: en palabras de Platon, una idea. Leer es interlegere, oler lo profundo. En la meditación abandonamos la superficie para internamos en lo esencial".


                  Fuente de foto: Revista de Libros

Otro aspecto que llama la atención de sus meditaciones es la reivindicación que teje de "lo helénico. Así como su interpretación del Imperio Romano como" cultura refleja, un Japón occidental" que bebe sus mejores esencias de la civilización griega.

Su búsqueda intelectual vibra con chispazos de ingenio y lucidez en el que "cada concepto es un órgano sobre el que captamos las cosas". Respecto al Quijote, que da nombre a su primera meditación en forma de obra pública libresca, lo cataloga como "libro profundo de aire burlesco, que Cervantes construye a través de un colosal equivoco" . Al tiempo que lo contrapone con la obra de Shakespeare, que evalúa como "pauta delicadisima de conceptos en los que orientar el horizonte. Shakespeare siempre explica a así mismo".

Seguidamente, explica que: "un pueblo es un estilo de vida: una organización creadora. Cervantes es una plenitud española. En su cima espiritual, España rezuma una inquebrantable solidaridad. Es la más alta de las promesas".

Adicionalmente, reflexiona sobre el arte moderno de contar historias: "el novelista, como hace Balzac, logra su objetivo cuando logra untarnos en lo concreto lo que ya conocíamos en abstracto". De esta manera, pondera y celebra la gracia y el genio narrador de los grandes clásicos de la literatura. También deja una alentadora mirada a lo que viene, que invita a estar atentos..."pretender que la sensibilidad de nuestro tiempo va a ser la misma que en el futuro es una vanidad: mejor una indócil diversidad que una monótona uniformidad".

2 comentarios:

  1. Leído e interiorizado el artículo me parece de una profundidad muy orteguiana. Se nota la mano de otro filósofo del mismo nombre y apellido que su autor.

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