lunes, junio 29, 2009

Desanclar en nosotros una materia que quiere soñar



Madrid tiene unas gotas de sudor. Madrid se desordena y es elegante. Madrid está cansada. Pero sonríe viendo a la gente a medio camino de la libertad. La plenitud de gente que descansa, tiene un cigarrillo a mano y prefiere olvidarse de todo riendo con los colegas, justo en ese momento en el que la cerveza absuelve la garganta.

En algún lugar de ese centro gastado y con predilección por los artistas, existe una gruta. Es una cueva gestionada por insurgentes. La gente camina con despreocupación, pisando con delicadeza las emociones de un puñado de desconocidos.

Dentro no hace mucha luz, pero gobierna un calor imbatible. El público se ha puesto de acuerdo para robarle espacios al escenario sumergido en las alas de la contracultura. Las sillas están completas y la gente se asienta encima de la espalda del desconocido.

Sale a escena un chico desgarbado. Tiene la mirada de un conquistador extremeño. Pero el corazón de un mago fascinando quizá en la época equivocada. Tiene sentido del humor y lo emplea para presentar a sus alumnos. Probablemente, con cada pausa que hace, cuatro o cinco ideas le circulan por la cabeza. Al final, suele optar por la opción más enigmática. En ese ambiente, comienza la función.

La primera en salir es Marisa. Lo hace desde un asiento esquinado de la última fila. Prefiere que su poemario abreviado hable de ella. Se llama ‘Otra noche en urgencias’. Belleza infartada. Es un relámpago de sugerencia. Sus palabras son la crónica de alguien desbordado de sensibilidad. Buscando algo hermoso donde otros sólo ven aburrimiento. Así es Marisa, cuyo poemario disfrutó de la elegancia de una pieza de jazz. Pero a quien estos eventos no acaban de hacerle justicia, porque su ingenio para hacer maravillas con los objetos quiebra la rutina y abre el día a las posibilidades.

Después, entra Malicia. Alicia tenía el corazón abarrotado de sensibilidad pero la vida se puso fiera y le obligó a cambiar la postura. Ahora ofrece recitales llenos de exceso, donde ruge con una delicadeza que cautiva la atención. Habla en inglés, pero su lenguaje es de todos los mundos: amor en cantidades imposibles, simpatía, ritmo y la imprevisión de una creadora extrema, que pone swing a la noche.

El chico miradas sale con cierta timidez. Pero pronto se da cuenta de que la táctica no cuela, porque la chica de los silbidos le está coloreando. Se siente nerviosamente cómodo; el micrófono le permite suspirar mientras cincela, milagro, las palabras. Palabras que vienen del barro, palabras que buscan cómplices. Sensaciones seducciones secretas. Retratos tropicales de compañeros de viaje. O restauraciones de recuerdos. Y, por qué no, algo de futuro: invocaciones a una noche neoyorkina que algún día vivirá.

Entonces toma posesión del ambiente un consolidado a quien la vida no ha podido robarle vibración. Al contrario, conforme discurren sus experiencias, se afina su talento para revolucionar la imaginación de la gente con palabras ignotas. Su reino es el de la precisión elegancia. Relata con la cadencia de un melancólico e impacta a las mujeres por su habilidad para poner versos al sentimiento que ellas acostumbran a esconder. También hace gala de talento ajedrecista, cuando pone juego al poema para clarificar situaciones y ejerce el sagrado oficio del ritma-ritmo-espectáculo.

Suddenly, aparece ella. Ella es mejicana, pero podría venir de cualquier sitio porque se le entiende a la primera. Ella se llama Anel y tiene un apellido imposible que para algunos ha sido algo más que un dulce presagio. Anel no habla, Anel bromea.

Es una seductora que baila con el público, también lo desconcierta. Cuando nos queremos dar cuerda, tiene a tres talentosos que están poniendo música y movimiento a unas palabras que triplican su belleza gracias al desgarro de la trovadora que los alumbra. Anel tiene chiste y confunde a la gente.

Pero detrás habla una mujer sabia que está dolida, pero que por encima de todo es una experta en celebraciones. Mujer inteligente ha decidido exponerse, cuentan sus labios, y el escenario se llena de condones, antidepresivos y el encuentro de quien permite a su piel y palabras sublevarse. Con el inevitable contagio.

Cuando parece que estamos en la cima de ese momento llamado Madrid, aparece Sara. Hay mujeres cuyo nombre sugiere una imagen inconfundible. Sara pertenece a esa estirpe. Sara es alta como una amazona en rebeldía, Sara es singular a través de su elegancia. Elegancia que se prolonga a su manera de mirar y escuchar.

Lo más interesante es que esa cadencia descubre nuevas sugerencias en sus versos. Pose princesa en rebeldía, Sara compone imágenes arrebatadas. Momentos de descontrol, que ella exprime al límite de la belleza y vibración. Es una estrella de rock por su pose y sus palabras, pero también la amiga de barrio que te da confianza y provoca ternura. Mujer izándose.

La liturgia tiene a una poeta en letras capitales como punto hasta luego. Se llama María y sus ojos son una ventana encendida en medio de la madrugada. Domina la escena, pero le gusta vestirse de tímida.

Cuando recita poemas, su privilegiado discurso encuentra la mecha y hechiza a las edades de toda la tribu. María es parsimoniosa en su declinación, pero es su forma de ser profunda. Agita el árbol absurdo de la existencia. Compone himnos para las compañeras africanas. Pero al tiempo es una mujer ciudad que nunca bajará la cabeza ante las injusticias.

Su sonrisa es un himno a la multiplicidad de miradas; así hasta poner todo patas arriba, dar la vuelta a las cosas y ponerlas a gritar de belleza.

(Para Cristian, amigo talento, compañero de búsquedas, con el cariño de quien aprende con su temprana afición por la vida y sus músicas. Para Roxana, compañera de versos que en cualquier momento puede volver. Para Gonzalo Escarpa, enorme poeta, sabio maestro y generoso compañero de fatigas líricas. Para mis compañeros de taller, por haberme regalado tantos buenos momentos y permitirme la alegría de compartir el lado asombro de este viaje).

“La primera tarea de un poeta es desanclar en nosotros una materia que quiere soñar”. Gastón Bachelard.

miércoles, junio 24, 2009

Precio a la belleza y los sueños


La nieve negra
brillaba en los pies
de esa mujer con las suelas de viento.

A su lado, sonreía un gladiador.

Los gladiadores del XXI
extenúan sus reservas de oro
y tienen ocurrencias con los pies.

La elegancia y el movimiento.

Chica espectáculo sonreía
como una mujer francesa.

Y viste
jerseys de vocación mar.

Me gustan tus silencios.
Y luz.

Chica espectáculo
eleva la barbilla
y tiene piel para ruborizarse
por todas sus educadas insinuaciones.
Insinuaciones dedicadas.

viernes, junio 19, 2009

Lagrimas de cansancio


Me dijiste que lo había dejado.
Es verdad, lo había.
Pero las noches se vuelven cielo
Y no puedo ignorar esas aberturas.

Diletante comía galletas
y miraba su carnet de estoy empezando.
Sus ojos eran invitación en tempo lento.

Dos mujeres hablan de los hombres que se follan.
No percibe un atisbo de ternura en sus miradas.
Y, oleajes, se me hacen simpáticas;
quizá por su deseo de haber nacido hace décadas.

La libertad es muy variable.
Por eso los ojos me están de luz.
No creo que pueda con todo este desconcierto.
Ella era sincera y mi dispersión el viejo problema.

Amo a las mujeres que dicen lo que sienten.

domingo, junio 14, 2009

El presidente que anda como si estuviese escuchando a Charlie Parker


Después vino el largo asalto a la presidencia, donde desbarató las previsiones y acabó por poner a Hillary trabajando a su lado. También, las explosiones de entusiasmo que generaba su oratoria y su dudoso gusto para hacer según que chistes mientras, eso sí, exhibía una simpatía natural ganadora para ganarse la complicidad del camerano o el obrero con el que conversaba en medio de una extenuante campaña.

Ganó, el mundo se encendió. Y de momento no ha defraudado demasiadas expectativas. Obama consigue los primeros puntos cuando desciende por la escalerilla del avión. Ha decidido no tomarse muy en serio a sí mismo. Baja como si estuviese escuchando a Charlie Parker, con ese ruido interior que provoca un elegante movimiento.

Luego, en el cara a cara, no tiene problema en sonreír y choca las manos. Mientras habla de multilateralismo y cooperación necesaria, exhibe una habilidad inaudita para cartografiar los puntos de vista del otro.

Humillación palestina y la crítica como herramienta honesta

El otro día empezó a ganarse el corazón de esa gente que vive en el corazón del odio y el misticismo de la humanidad, Oriente Medio. Habló del sufrimiento y de la humillación de los palestinos. De su intolerable situación de abandono. Al tiempo, señaló los lazos irrompibles con Israel. Evocó el exterminio de millones de judíos y su derecho legítimo a tener un estado mientras argumentaba la crítica, con aquello de que los amigos honestos son aquellos que también te dicen cuando te equivocas.

Hablando de amigos, este par de posts se los dedicó a Davide, que en los últimos meses me ha preguntado varios millones de veces: Peeeeeeeeeeeete, para cuando un post de más de 5 palabras?, pues aquí lo tienes compañero, gracias por tu insistencia, sin ella quizá me hubiera abandonado para siempre a los brazos de las musas del vino poético.

Un educado corte de mangas a los empresarios petroleros


Obama ha cerrado (lo intenta al menos) Guantamano, le ha pegado un educado corte de mangas a los viejos empresarios petroleros que tanto disfrutaban con las prebendas de Bush (y la subsiguiente contaminación planetaria). Ha dado luz verde a la investigación de las células madre. Se ha reconocido cristiano como el que más, pero ha sabido entender que en una sociedad del siglo XXI los poderes tienen que estar separados…

Para que haya llegado Obama, que combina el lenguaje de un chico de barrio con el de un profesor de Harward, ha sido necesaria no sólo una crisis económica, sino moral. El mandamás que nació en Hawai habla de respeto, exigencia, ética, trabajo diario y cosas extraordinarias hechas por gente normal. Difícil no estar de acuerdo.

sábado, junio 13, 2009

Obama o la revolución de las palabras con gestos pacientes y determinados


El mundo atraviesa por su peor crisis económica en los últimos 70 años. Algunos sociólogos, como Vicente Verdú, se refieren a esta brecha como la tercera guerra mundial. El mundo en el que crecieron (a veces sobrevivieron) nuestros padres ha cambiado de paradigma. Durante decenios, la gente próspera se reía de los sueños de cambio que gobernaron los corazones de los jóvenes europeos a finales de los sesenta.

Se imponía la ética del saqueo personal. No fiscalicen, por favor. Los empresarios jefes hablaban de desregulalización de la economía. Aléjate Estado, decían, y la defunción de la pesadilla comunista parecía darles la razón. Pero aquél fue también el reino de la especulación. El imperio del dinero virtual. Poco a poco los involucionistas ganaron terreno. Y así llegó hasta el poder George W. Bush, que hizo del imperio de nuestro tiempo un lugar para tener miedo. Porque los ocho años de mandato del amigo fueron una perpetua exaltación de la desconfianza, el fanatismo religioso y el onanismo militar.

Europeos amantes del escapismo y la no aceptación del sufrimiento

A Europa no le va mucho mejor. Enganchada a un cómodo nivel de vida para la mayoría de sus clases (la clase media, milagro, existe en este continente), su gente se ha convertido en gente acomodada y temerosa del otro. Más si luce, reza o piensa con otras raíces. Aquí nos hemos convertido en pequeños burgueses enganchados a la televisión, el escapismo y a un síndrome de Peter Pan que llena nuestro corazón de dolores multiplicados en la no aceptación del sufrimiento.

Mejor no hablar de otros continentes. Aunque uno siempre siente una simpatía especial hacia los hermanos africanos. Cuando ves algunas de las películas del África subsahariana, comprendes que, a pesar de la miseria material, su corazón está lleno de alegría, nobleza y una desconcertante mirada ingenua.

Con este caldo de situaciones, después de haber padecido al peor presidente de la historia de los States, ha surgido lo más parecido a un líder de nuestro tiempo. Se llama Barak Obama Hussein. Tiene jeta de blanco, corazón de negro y mirada multiplicada. La mirada de un líder. No diremos aquí que es un ángel. Como nos ha ocurrido a casi todos, hubo un tiempo en la vida de este popular dirigente en el que las cagadas eran frecuentes: hoy es un par de rayas de cocaína, mañana la vergüenza de no reconocerme negro, pasado el aislamiento del que cae en la permanente autocompasión.

Chicago, las manos en el barro e incitación al despertar cívico

Pero algo cambió en el joven Obama. Abandonó el nomadismo de sus primeras experiencias vitales y se instaló en Chicago, donde se arremangó y metió las manos en el barro. Pronto simultaneó su trabajo como brillante abogado con las incursiones como activista social. También tuvo tiempo para enamorarse y conquistar a su jefa, la imponente Michelle. El tío Obama recordó, quien sabe si también enseñó, la dignidad a decenas de mujeres de la comunidad donde vivía. Chicas y mujeres de familias desestructuradas. Puso su granito de arena en su despertar laboral y cívico.

Seguro que en aquel tiempo hubo más movilizaciones. Cuando un día Obama se hizo famoso e inspiró a miles de demócratas en un discurso dentro de una de las convenciones de aquel partido, los periodistas rastrearon su pasado y encontraron opiniones de sus antagonistas en las que éstos celebran su capacidad para escuchar.

miércoles, junio 03, 2009